¿Es cierta la cita sobre Marco Tulio Cicerón “El presupuesto debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida”? Falsas citas (II).

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Bueno, vamos a empezar con algo suave.

Como prometí en la anterior entrada, voy a proceder a descargar poco a poco de contenido mis redes sociales (la única que tengo, facebook) y a traspasarlo a mi dominio. Nótese que ello va a implicar que el contenido, revisado, completado y ampliado (no va a ser un mero traslado de información) que vuelque en mi web, pasará a ser privado en mis redes sociales o, directamente, borrado. Así que sólo podréis consultarlo aquí. El porqué, justamente en mi anterior entrada.

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0. Introducción.

Hoy vamos a volver a tratar el tema de las citas falsas por internet.

Ésta que os traigo, me puse a investigarla tras encontrarla en el muro de facebook de uno de mis contactos. Sí, ya sé que fue debunkeada en 2017 pero la noté como falsa desde un primer momento siguiendo unas pautas y quiero detallar el proceso para que podáis hacer lo mismo. Nótese que, desde que se demostró como falsa, no circula transcrita sino en formato de imagen. Y eso es para que no se pueda recomprobar fácilmente con una búsqueda cómoda de cortar y pegar texto. Es más difícil desmentir un meme hecho con imágenes que una cita escrita.

En la imagen destacada tenéis la cita que circula por las redes sociales en español.

Transcripción:

Ya lo decía Cicerón

Esta frase tiene 2067 años… Es una cita de Marco Tulio Cicerón: “El presupuesto debe equilibrarse, el tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada y la ayuda a otros países debe eliminarse, para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe nuevamente aprender a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado.” Año 55 a. C.

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Con el análisis que os voy a hacer, lo que pretendo es que aprendáis a detectar citas falsas y, muy especialmente, la técnica de desinformación tan utilizada hoy en día en las redes sociales por elementos como la alt-right o nacionalpopulismo, los hackers rusos pro-Putin o los conspiranoicos, antisistemas, etc., conocida popularmente en inglés como quote bombing, que consiste en que cuando se está tratando un argumento (en las noticias, en una discusión, en un discurso, ensayo, etc.), en lugar de decir de dónde se obtiene la información, se lanza una cita, a menudo falsa pero con apariencia de certidumbre. La persona o personas que están al otro lado de la discusión a menudo no tienen conocimiento (o no tienen medios en el momento) para darse cuenta de si la cita es cierta o no.

Vamos a seguir el mismo procedimiento que cuando analicé para vosotros la frase falsamente atribuida a Mayer Rothschild “dadme el control del suministro de dinero de una nación y no me importará quien haga las leyes” pero en un formato algo más rápido, más sencillo. Lo que voy a decir también es válido para detectar las llamadas fake news o “noticias falsas.”

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1. Respuesta corta para los que no quieran leer mucho. ¿Es cierta esa frase de Marco Tulio Cicerón?

No. Es rotundamente falsa. Los que tengan más cultura general habrán podido detectar de inmediato que es falsa porque en ella aparecen en boca de Cicerón conceptos e invenciones humanas que no existían en su momento, en la época en la que vivió. Vamos a ver a lo largo de este artículo un proceso minucioso pero relativamente rápido sobre cómo podemos comprobar la veracidad de una cita.

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2. Norma general siempre presente: escepticismo.

Lo primero que quiero reseñar, es que hay que ser desconfiado. No me trago nunca ninguna cita a la primera o porque sí. Se recomprueban todas. No podemos caer en lo que se llama sesgo de confirmación que es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar, y recordar, la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas. Es muy difícil de evitar para los seres humanos debido a nuestra configuración evolutiva neurológica pero, sabiendo que existe y que nos podemos ver influenciado por él, ya tenemos una mayor posibilidad de combatirlo.

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3. Fuente y autor.

Lo principal que hay que comprobar es: fuente y autor.

a) Nótese que no aparece la fuente de la cita. Eso es de lo más sospechoso: no aparece la obra (y se debe citar la obra original) de donde proviene la cita textual, tal y como se formuló, sin añadidos ni pérdidas. Recordad: nunca, nunca, nunca, jamás, se pone una cita sin la fuente original.

b) Sí aparece el nombre del supuesto autor.

¿Quién fue Marco Tulio Cicerón?

Cicerón Museo Capitolini
Busto de Marcus Tullius Cicero (en castellano: Marco Tulio Cicerón; 106 a.C. – 43 a.C.). Esta escultura de mármol del famoso orador, político y filósofo romano autor de las “Filípicas” se encuentra en la Sala de los Filósofos del Palazzo Nuovo de los Musei Capitolini de Roma. Es una copia posterior, del siglo I d. C., de un original romano de su época. Nº de inventario: inv. MC0589. Fotografía: página web oficial de los Museos Capitolinos.

Normalmente deberíais conocerle, insisto, si tuviérais una cultura general medianamente decente, ya que fue un autor romano bastante prolífico, uno de los más importantes en latín, modelo de retórica y un grandísimo prosista… y el estudio de su obra era obligatorio cuando cursábamos Latín como asignatura obligatoria en 2º de BUP (también lo tuve en 3º).

Un alto en el camino antes de proseguir… qué importante es y qué infravolarada está actualmente el tener una cultura general amplia con lo útil que es, especialmente para evitar que nos engañen como en este caso que estamos tratando.

Para aquellos que no lo conozcan, lo hayan olvidado o ni les suene, lo normal que deberíamos hacer en estos casos es acudir a las enciclopedias (recordad: comprobamos siempre de varias fuentes) y consultamos:

Marco Tulio Cicerón (Arpino, actual Italia, 106 a.C. – Formia, id., 43 a.C.) Orador, político y filósofo latino. Perteneciente a una familia plebeya de rango ecuestre, desde muy joven se trasladó a Roma, donde asistió a lecciones de famosos oradores y jurisconsultos y, finalizada la guerra civil (82 a.C.), inició su carrera de abogado, para convertirse pronto en uno de los más famosos de Roma. […]Formado en las principales escuelas filosóficas de su tiempo, Cicerón mostró siempre una actitud antidogmática y recogió aspectos de las diversas corrientes. La originalidad de sus obras filosóficas es escasa, aunque con sus sincréticas exposiciones se convirtió en un elemento crucial para la transmisión del pensamiento griego. Al final de su De Republica contrasta su probabilismo con una exaltación religiosa de signo neoplatónico. Como literato, se convirtió en el modelo de la prosa latina clásica, con un estilo equilibrado y de largos y complejos períodos, aunque perfectamente enlazados (De divinatione).

Fuente.

Marco Tulio Cicerón, fue un importante estadista romano, abogado, erudito y escritor que en vano trató de mantener los principios republicanos en las guerras civiles finales que destruyeron a la República romana. Sus escritos incluyen libros de retórica, oraciones, tratados filosóficos y políticos, y cartas. Es recordado en los tiempos modernos como el más importante orador romano y como el más grande y el mejor innovador de lo que se conoce como la retórica ciceroniana.

Fuente.

Marco Tulio Cicerón (Arpino, 3 de enero de 106 a. C. – Formia, 7 de diciembre de 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado como uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.
Reconocido universalmente como uno de los más importantes autores de la historia romana, es responsable de la introducción de las más célebres escuelas filosóficas helenas en la intelectualidad republicana, así como de la creación de un vocabulario filosófico en latín. Gran orador y reputado abogado, Cicerón centró —mayoritariamente— su atención en su carrera política. Hoy en día es recordado por sus escritos de carácter humanista, filosófico y político.

Haskell, H. J. (1946). This was Cicero. Greenwich, Conn. USA: Fawcett publications, Inc.

Ríos Pedraza, Francisco; Haya Segovia, Fernando (2009). «La filosofía medieval y renacentista». En Amodeo Escribano, Marisa; Scott Blacud, Elizabeth; López Vera, Eduardo et al.. Historia de la Filosofía. San Fernando de Henares: Oxford Univesity Press España, Sociedad Anónima. p. 102.

Rawson, Elizabeth (1975). Cicero, A portrait. London: Allen Lane.

Así pues, está demostrado que existió aquel a quien mencionan como autor.

Continuemos.

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4. Intención de la cita. Estilo.

Otra de las cuestiones relacionadas con la desconfianza y el escepticismo. Cuestionémonos la intención de la cita. Pongámonos en el papel del autor (en este caso, Marco Tulio Cicerón) al que se le atribuye la cita: ¿es ése el tipo de lenguaje que utilizaría? ¿Utilizaría ese tono? La cita es demasiado larga, demasiado elaborada, demasiado espectacular y tiende claramente hacia determinada idea básica en contra de la intervención estatal. Observad: leedlo tranquila y calmadamente. Es una cita que se nota enseguida que está demasiado cargada de intencionalidad (aunque no sepamos todavía si es cierta o no).

Quiero que notéis que este autor fue una persona muy relevante en vida y que tuvo una gran trascendencia en el desarrollo de la cultura occidental.

Normalmente no os encontraréis con citas falsas que provengan de autores desconocidos. La inmensa mayoría de las citas falsas que circulan por internet se atribuyen a gente muy famosa, muy conocida, muy relevante en su campo. A nadie le importa la opinión de mi prima sobre la gestión del Estado como institución que es de lo que trata esta cita. Pero sí la de Cicerón.

¿Por qué? Porque fue un autor muy relevante, especialmente en lo tocante a lo que menciona esta falsa cita: manejo y evolución del Estado, sus características como institución, moral y ética públicas, política, etc.

A buen seguro muchos de los que os tragasteis como cierta la cita no conocíais en profundidad a Cicerón pero seguro que os sonaba de que fue un señor romano muy importante que hizo cosas muy importantes en la Roma antigua, ¿verdad?

El que se inventa estas citas lo que intenta es aprovecharse del prestigio que como autoridad (moral, profesional, etc.) logró ese personaje famoso. Poniendo falsedades intencionadas en su boca, el que se las inventa intenta atraer hacia su punto de vista (falacia de falsa autoridad o de apelación a la autoridad). O incluso aunque de verdad lo dijera (que no es nuestro caso) pero el argumento en sí es falso. Véase la falacia de argumentum ad verecundiam: se presenta un argumento como cierto porque lo dijo una autoridad. Que lo haya dicho una autoridad no hace necesariamente cierto un argumento por él esgrimido. Si Alan Turing hubiese manifestado que dos más dos es igual a cinco, el argumento sigue siendo inválido aunque él fuese una autoridad en Matemáticas.

Como supongo os podréis imaginar, una cita falsa que habla de gestión económica y manejo de dinero del Estado… tiene elevadas probabilidades de no ser un error sino de tener un interés detrás. De haber sido imparcial, se habrían utilizado citas auténticas, textuales y sin modificar.

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5. Cronología. Anacronismos e incoherencias. Veracidad de la cita en sí misma.

Es una de las cuestiones más decisivas para poder vislumbrar si se trata de una cita falsa o no. Ésta que estamos tratando, “canta” o debería alertar al momento para quien sea un especialista de la materia (jurista, economista, administrador, filólogo clásico, etc.) pero también para quien, sin tener grandes conocimientos, disponga de una cultura general relativa.

a) Para el que no… cuestionémonos la cronología.

Veamos si la cita contiene incoherencias y anacronismos. Situémonos en la época. Según la cita, ésta se enmarca en la Roma antigua (la República), más concretamente en el 55 a. C. Cicerón vivió en esa época (106 a. C. – 43 a. C.).

Efectuamos comprobación en enciclopedias pertinentes y sí, la cronología corrobora la posibilidad de que esa cita se dijera en el momento en el que se nos ha dicho. Hasta ahí, de acuerdo.

Ahora bien…. ¿en esa época existía el concepto de deuda pública? ¿Los romanos emitían bonos y títulos de deuda a cargo del Estado? Eso sucedió en Occidente en torno a los siglos XVI (antecedentes) y XVII (propiamente dicho).

Fuentes:

H. Roseveare, The Financial Revolution 1660–1760 (1991, Longman), p. 34

Ferguson, Niall (2008). The Ascent of Money: A Financial History of the World. Penguin Books, London. p. 76.

¿Funcionarios en la época de la República romana? Había cargos públicos, pero no funcionarios. El funcionariado de carrera pública es un invento chino que no se desarrolló plenamente en occidente hasta el siglo XVIII. Podría ser una mala traducción pero es altamente sospechoso, especialmente en combinación con la idea de “deuda pública”… y especialmente teniendo en cuenta que en mi diccionario de latín clásico no aparecen los términos “deuda pública” o “funcionario.” Luego de ahí se deduce que… ¿cómo carajo podrían aparecer esos términos en una cita de un autor de la época si ni existían en latín, que era el idioma en el que el autor de la supuesta cita escribió?

Fuentes:

China’s Examination Hell: The Civil Service Examinations of Imperial China. History Today. 25 de octubre, 2011.

Confucianism and the Chinese Scholastic System: The Chinese Imperial Examination System. California State Polytechnic University, Pomona. Archivado desde el original del 18 de abril de 2000. Recuperado el 7 de diciembre de 2011.

Bodde, Derke. “China: A Teaching Workbook”. Columbia University.

The Official History of the British Civil Service: Reforming the Civil Service, Volume I: The Fulton Years, 1966-81 (Government Official History Series).

Tal y como me mencionó uno de mis contactos, Ruben Prol Mariño, experto en Derecho:

Lo que existía en la época de Cicerón es justo la figura contraria, los publicanos, ciudadanos romanos, normalmente del orden ecuestre, que sustituían a los funcionarios de recaudación de impuestos proporcionando una suma de dinero directamente al erario a cambio del derecho a recaudar en nombre del Estado un determinado impuesto en una provincia. Sus «paralelas» eran bastante escandalosas, y su gran celo recaudatorio llevó a más de una revuelta contra Roma de los agradecidos indígenas en proceso de romanización.

La idea de que fuese un cuerpo de funcionarios que no tuviese un interés directo en recaudar de más, porque no ingresaba en su bolsillo lo que recaudaba, fue un gran avance para evitar la voracidad en el cobro de impuestos, dado que no les era necesario «maximizar el beneficio».

Ya por ahondar en cultura general y conocer más sobre los publicanos en Roma, una tesis en español.

Significación jurídica de manceps, redemptor y publicanus en las fuentes romanas (tesis). Mateo Sanz, Antonio Mariano, 1994.

b) Nos queda por ver si la frase es cierta la dijera Cicerón de verdad o cualquier otra persona.

Cualquier economista, jurista y técnico de la administración pública os podrá dar centenares de argumentos concernientes a lo relativo de la exactitud de la misma.

En un principio, al lector casual y sin mucho conocimiento en profundidad en las materias que he mencionado, le podrá parecer que lo que aparece en la cita es incontestablemente cierto o deseable. A lo que hay que responder que depende. En Ciencias Sociales, rara vez hay blancos o negros.

Puede haber momentos puntuales de la evolución económica de una sociedad en los que sea deseable endeudarse desde el Estado e incluso desequilibrar el presupuesto de manera coyuntural. Sí, con deuda pública. Por ejemplo, para salir de una recesión económica o para cimentar las bases de un posterior crecimiento económico.

Si un Estado ha firmado unos convenios de ayuda mutua con otros Estados, tiene que respaldarlos: es lo justo. No puede romper unilateralmente relaciones… no sin esperar consecuencias, al menos. Es el concepto, precisamente y de manera irónica, que tiene su origen en el Derecho romano del do ut des (“doy para que me des”). Por no mencionar lo inhumano, inmoral e incluso falto de ética que es dejar de ayudar a los demás (en líneas generales).

La cita no es que sea totalmente falsa en sí misma, en su argumentación… pero no deja de ser una frase inspiracional facilona al estilo de Paulo Coelho que redactaría cualquiera sentado en el salón de su casa, alguien que no entiende de las dificultades intrínsecas que tiene gestionar un Estado para beneficio de todos los que lo integran.

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6. Recomprobación física.

Dependiendo de vuestro grado de conocimiento y de cultura, este paso lo podéis hacer antes o después. A mí se me demostró como falsa la cita desde el primer momento pero porque yo tengo conocimientos en Economía y algo de Derecho, Historia y administración pública.

Para los que no tengáis los conocimientos que os hagan detectar desde primera hora que es falsa o, simplemente, tengáis dudas y/o queráis comprobar el origen (como me pasó a mí), tomemos la cita (escribiéndola tal cual) y comprobémosla en los buscadores por internet. Revisemos los puntos anteriores a través de fuentes múltiples para corroborarla. No dependamos de una sola fuente.

a) Recomprobémosla en otro idioma a través de búsqueda a través de internet de términos booleanos y, si puede ser, en el idioma original del autor (en mi caso, inglés y latín). En latín aparece imposible de comprobar por el simple hecho de que ya vimos que muchos de los términos que aparecen en la cita no existían en la época (una prueba de que es falsa, al menos, textualmente). En inglés y en español sí que aparece.

b) Observemos el primer lugar de donde parten esas citas de no ser originales.

Después de contrastar, nos encontramos con que la cita no la dijo Cicerón. Proviene de una novela histórica en la que Cicerón, como personaje literario, ficticio, dice eso. La novela se llama A Pillar of Iron (1965), de Taylor Caldwell.

Comprobado ya por todas partes… la cita es falsa, el Cicerón histórico nunca dijo eso. Y recordemos: imposible que la dijera por la simple y sencilla razón… de que menciona conceptos y de una manera muy elaborada que no existían en la época y lugar en los que vivió.

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7. Profundizando en esta cita falsa. Quién se la inventó y por qué.

Los que hayáis leído el post de facebook original donde traté la falsedad de esta cita os vais a encontrar con más cuestiones nuevas que no traté en ese momento.

Ya la había demostrado como falsa así que no profundicé más. Mal hecho. Porque había mucho más detrás. Más concretamente, una intencionalidad muy, muy perversa.

Me precio de tener un olfato muy fino para detectar citas falsas. La mejor forma para hacerlo es, obviamente, tener mucho conocimiento y cultura previos… pero también, práctica y experiencia. Si os acordáis, Isabel y yo empezamos con la divulgación científica al tratar el denunking de Zeitgeist, the Movie, la película conspiranoica por antonomasia de su época. Pues bien, si en algo adquirí experiencia al desmontar aquella monstruosidad de conspiraciones ultraderechistas libertarians y anticiencia fue… que todas sus citas eran falsas o estaban tremendamente tergiversadas.

Y la experiencia me decía que esta falsa cita sobre Cicerón tenía algo más detrás. Sospechaba de ella porque, aparte de los anacronismos, como he mencionado más arriba, la cita es demasiado contundente, demasiado concisa y enfocada en una determinada dirección ideológica, con una evidente intención de hacer propaganda sobre un determinado punto (más específicamente, criticar al Estado y conceptos como el funcionariado, los subsidios, la ayuda estatal y la deuda pública). Es una cita muy, muy, muy cargada de intención, de emocionalismo político ideológico. Una cita con tan mala leche tiene que tener a alguien con muy mala leche detrás que la escribiera.

Y el hecho de que trate sobre Economía y Política, que son de los temas más delicados y que más pasiones levantan en todo tipo de discusión, ya me convenció de que “había algo más.” No profundicé más en su momento porque el post de facebook me quedó muy largo, así que me guardé mis sospechas para cuando pudiera explayarme en un formato más cómodo para escribir mucho, como en mi página web.

Ni yo me esperaba encontrarme tanta mierda tras la cita falsa. Pero primero, lo primero.

Lo que dije en su momento fue esto:

“Mi opinión personal es que la cita circula por las redes sociales porque refuerza el sesgo de confirmación que muchas personas tienen contra el intervencionismo estatal, ejemplificado y maximizado en el funcionariado y en el gasto público. A mi parecer, la cita la ha estado prodigando una persona de tendencia ultraliberal.”

Pues me quedé corto. La persona que se la inventó fue una auténtica hija de puta. Por otra parte, era de esperarse: una cita tan cargada ideológicamente no podía provenir de alguien de posturas moderadas.

a) Quién se la inventó.

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Como podéis comprobar, la cita aparece tal cual en inglés incluso en webs dedicadas a registrar “citas inspiradoras”, como A-Z QUOTES. En este caso, no es que no hayan verificado la cita, al contrario, hacen lo correcto: se la atribuyen a su verdadera creadora, Taylor Caldwell, NO a Cicerón. No he podido encontrar la autoría de la fotografía de la izquierda pero por lo visto es una imagen promocional de la autora para uno de sus libros.

Cuando realicé la búsqueda por internet del autor de la cita, me apareció como Taylor Caldwell… y lo presentaban en las primeras búsquedas como un hombre. Pues no, es una mujer. Su nombre completo es Janet Miriam Holland Taylor Caldwell (7 de septiembre de 1900 – 30 de agosto de 1985), aunque también escribió bajo los seudónimos de Marcus Holland, Max Reiner y por su nombre de casada, J. Miriam Reback. Fue una autora británico-estadounidense de novelas (best-sellers) pero de novelas un poco especiales: usaba personajes históricos en ellas… para contar lo que a ella le diera la gana. Si usó tantos seudónimos masculinos hasta el punto en que mucha gente cree que el autor de esos libros era un hombre fue porque en su época estaba muy mal visto que una mujer fuera escritora (su primer marido le quemó muchos de sus manuscritos cuando se enteró de que publicaba). De hecho, en su época hubo un escándalo cuando el público se enteró de que la autora de esos best-sellers era una mujer.

Se la conoce sobre todo por Dynasty of Death, que narra las peripecias de una familia americana en la Guerra Civil pero tocó muchos otros momentos y personajes históricos, como ya hemos visto con Cicerón en A Pillar of Iron. También utilizó a Gengis Khan, el cardenal Richelieu, Pericles, etc.

Hasta ahí seguramente podríamos decir: “bueno, ¿y qué pasa?”

Pasa que la señora, por lo horriblemente que las pasó en la primera mitad de su vida (hija de inmigrantes pobres, huérfana de padre, tuvo que hacerse pasar por hombre para que le publicaran, se divorció en medio de un escándalo de su primer marido, una de sus hijas se suicidó, su tercer marido que era más joven que ella le sacó todo el dinero que pudo)… se nos pasó al radicalismo pero en vez de para el radicalismo de izquierdas, para el de derechas. Trabajó para el Ejército de EE.UU. y en el servicio de inmigración y eso, sumado a su continua racha de penurias, la volvió más… no sé cómo decirlo suavemente: “facha.” Je, me hace gracia una inmigrante antiinmigración y una mujer maltratada en todos los ámbitos, antifeminista. Cuéntame historias sobre incoherencia. Como iremos viendo, tal parece que la señora cada vez se le fue yendo más y más la cabeza (se hizo fanática de creer en la reencarnación y en las vidas pasadas, incluso se dejó hipnotizar para comprobar la regresión parapsicológica). Me inclino por pensar que “se le fue la olla” debido a tanto sufrimiento.

Tan ultraconservadora era que estuvo afiliada a la John Birch Society (más concretamente, recibía su revista mensual, el American Opinion… y se asoció al organización antisemita Liberty Lobby (que se declaró en bancarrota en 2001).

No os tengo que decir que ambas organizaciones son archiconocidísimas por su odio al comunismo y al intervencionismo estatal, su racismo, antisemitismo y, muy especialmente, por su divulgación de teorías de la conspiración. Liberty Lobby, en concreto, fue de las primeras organizaciones ultraderechistas en negar el Holocausto judío. Y no hablemos de lo que pensaban sus componentes sobre los negros.

Nunca ocultó su ideología ultra. Es más, sus memorias, tituladas como On Growing Up Tough (1971), no eran más que artículos reeditados por ella del American Opinion. Hasta el mismísimo FBI la tenía bajo vigilancia de puro radical que era la señora.

Ni qué decir tiene que su temática literaria fue lo que le dio su éxito como creadora de best-sellers… porque trataba temas que le encantaban a sus lectores ultraconservadores americanos en el contexto de la Guerra Fría, mezclando cuestiones personales, follones familiares y situaciones novelescas con enrevesados argumentos de complots, conspiraciones y “los peligros en la sombra.”

Le he estado echando un vistazo a su bibliografía, y los temas son de echarse a reír si se tiene en cuenta la ideología de la señora. Por ejemplo, The Devil’s Advocate, (1952) se sitúa en una distopía futura donde los EE.UU. se han convertido en una dictadura comunista. Ni que decir tiene que la novela tiene influencias muy claras de Ayn RandSí, 1952… en plenísimo auge de la Guerra Fría. Vamos, vendió la novela como churros.

Por supuesto, no podían faltar las novelas de inmigrantes blancos self-made men que vinieron a los EE.UU. pobres como ratas y se hicieron ricos gracias al American Dream. En otras, aparece un tema muy particular de los EE.UU. y que ayuda a comprender el cómo piensan los ultraconservadores en aquel país y es la decadencia del campo y la sociedad conservadora típica asociada a éste frente a los voraces depredadores de la ciudad industrial y moderna representados por los banqueros judíos. Al reflejar las penurias de los granjeros blancos de la América rural y las tensiones familiares que conllevaban, Taylor Caldwell se metió en el bolsillo a muchos lectores por simple, llana y pura identificación. También aprovechaba para criticar mucho en sus obras la falta de disciplina por parte de los padres, la importancia de la familia, etc. Vamos, temas que harían que a un conservador estadounidense se le hiciera el culo agua.

La otra característica de su temática y que es la que aquí nos atañe es que sus novelas donde aparecen personajes históricos tienen un elemento bastante común. Presenta a sus héroes como el objeto del odio de una cábala oculta de hombres ricos y poderosos que dominan en secreto al mundo.

Sí, conspiracionismo. O “conspiranoia” (estoy deseando que la RAE acepte el neologismo): creencia en las teorías de la conspiración falsas o sin pruebas.

b) Y ahí ya sí que es cuando acabamos de rematar el asunto y encontramos las conexiones que nos hacían falta para entender el tono de la cita falsa y todos los porqués.

La cita tiene tanta carga ideológica contra la intervención del Estado, el subsidio, el funcionariado y la deuda pública porque la escribió una activista y militante ultraconservadora y antisocialista para la que el sector privado debe predominar sobre todo y el intervencionismo es anatema. Para ella, el self-made man está por encima del bien común.

La cita tiene tufo conspiracionista porque la creó alguien que cree en las conspiraciones.

La cita expresa rechazo a ayudar a otros países porque la escribió una racista antiinmigración.

La cita tiene tantos fallos de cultura general porque quien la escribió era lo suficientemente ignorante como para caer en los engaños de la pseudociencia y la parapsicología.

Y ahí voy a parar. Haced vosotros todas las demás asociaciones pertinentes.

Pero, eso sí, quiero antes de seguir hacer una última apreciación personal. Llevo once años dedicado a esto de desenmascarar fraudes, especialmente los dedicados a la conspiranoia, las ideologías radicales, la pseudociencia, etc., y cuanto más investigo, más me inclino por pensar que la inmensa mayoría de quienes que creen en estas cuestiones… “no están bien del tejado.” Sí, hay gente que busca aprovecharse de incautos e ignorantes y gente con intereses tras estos temas pero no son la mayoría o a mí me lo parece. Por lo que observo es una cuestión más física, más cerebral, más neurológica, que meramente de ignorancia o falta de educación. Ya trataremos esa cuestión en otro artículo, uno más centrado en la neurología y la ciencia de laboratorio… porque no soy el único que se ha dado cuenta en el mundo científico (tanto en Ciencia “dura” como social) que este fenómeno de la retroalimentación entre creencias radicales, ocultismo, teorías falsas de la conspiración, emocionalismo ideológico, pseudociencia, etc., está sospechosamente relacionado con problemas psicológicos o el desarrollo de mecanismos mentales muy ineficientes. Que no necesariamente locura, mucho ojo.

c) Ahora bien, una cosa sí digo en defensa de esta mujer… y es que ella no dio como verdadera la cita, que yo sepa. Ella escribió una novela, una ficción. Sus obras no están registradas como documentos históricos veraces ni las vendió con esa intención (una vez más, que yo sepa). Sí es cierto que las vendió, entre otras cosas, para dar a conocer sus puntos de vista radicales y con una intencionalidad ideológica y política más que clara… pero, siendo justos, no se puede decir que engañara adrede. Las aventuras del barón Munchausen, por ejemplo, no son un documento histórico por más que se mencionen en esa obra algunas cuestiones históricas; es una obra de ficción. El que eso se crea tiene un muy serio problema de comprensión.

La cita la ha dado como cierta o, directamente, la ha propagado sin vergüenza alguien que leyó su novela A Pillar of Iron. Y ahí sí que esa persona tiene la culpa desde un punto de vista jurídico: porque la está propagando a sabiendas de que procede de una novela.

Y, esto ya es mi opinión personal, pero viendo el público de esas novelas de ideología tan radical, mucho me temo que el lector/difusor de las mismas tiene la misma ideología o parecida a quien las escribió. Eso, o se creyó que estaba leyendo un documento histórico y que Cicerón dijo esa frase de verdad. Pero si alguien se ha llegado a creer eso, insisto… es que ese alguien no distingue, por las causas que sea, ficción de realidad. Lo cual es un peligro. Para él y para los demás.

d) ¿Cuál es el problema de que esté circulando esta cita? Que se están divulgando mentiras, se están divulgando conocimientos falsos.

El problema más básico es que hay muchas personas que, tras haber leído la cita, han establecido esos conocimientos como sesgo cognitivo y ahora, póngase usted a corregirlos. Van a presentar resistencia psicológica a admitir que se han tragado una mentira como la copa de un pino. Ahora, muchas personas, habrán establecido que hay que tener desconfianza a cuestiones tan típicas y normales de un Estado como la existencia del funcionariado o de la deuda pública que sirve para pagar un Estado del Bienestar “porque lo dijo Cicerón.”

Y es mentira.

 

8. Un ejemplo de hasta dónde llega la mentira.

Un caso extremo de utilización de esta cita es que llegó a ser empleada como veraz por el presidente chileno Sebastián Piñera (por cierto, conservador, “algo” le gustaría en la cita) en su cuenta de Twitter en 2017 para defender con argumento de autoridad sus posturas políticas.

Afortunadamente, ya se le llamó la atención en su día por parte de otro usuario de esa red social.

Cuando me encontré con que ya la habían desmentido, pensé en no redactar más al respecto. Pero como observé que al corregir la cita el otro debunker cometió el fallo de creer que Taylor Caldwell era un hombre, que no escribía correctamente el nombre de la obra original y que no profundizaba más en el asunto (insisto, ése es el problema de las redes sociales), me decidí a redactar este artículo y aprovechar para divulgar cultura general y enseñar procedimientos para combatir la desinformación.

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Este hombre se llama Miguel Juan Sebastián Piñera Echenique y es, a fecha de 2018, presidente de Chile (democristiano, conservador). Estudió Ingeniería Comercial con mención en Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile y posteriormente obtuvo un máster y doctorado en Economía en la Universidad de Harvard. Este tipo se ha creído una falsa cita sobre Cicerón hablando de deuda pública y funcionarios. Como político no voy a comentar. Como economista, está claro que no vale un pimiento. Me imagino que difundió la cita porque encajaba con sus ideales en vez de molestarse en comprobarla.

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Una nota más… dice mucho de la (in)capacidad de Sebastián Piñera, que tiene un doctorado en Economía por la universidad de Harvard, el no haber reconocido a la primera como falsa una cita que cualquier economista digno de tal nombre debería haber reconocido como falsa.

¿¿¿Deuda pública en la República romana, Sebas???

Manda cojones.

Y, por supuesto, todas las implicaciones que ello conlleva:

-¿Cómo es que no la comprobó?

-¿No tenía asesores que le corrigieran?

-¿Con qué cara se presenta ante el pueblo chileno cuando ha fallado tan evidente y miserablemente… en SU propia área de conocimiento especializado? Yo no le consentiría a un cirujano o no me fiaría de él si me dijera que el esófago se encuentra a la altura del fémur.

-¿Qué garantías se me ofrecerían a mí de ser ciudadano chileno para considerar que ese hombre esté capacitado para ocupar un puesto de tanta responsabilidad?

-¿De dónde sacó la cita? ¿Cuáles son los libros, textos y fuentes varias que lee para informarse? Porque de puro tendenciosa que es y los orígenes tan nefastos que tiene la susodicha cita, me extraña que la haya sacado de algún lugar de prestigio o que se precie de objetividad. Ése es otro punto en contra de Piñera.

-Se ha mostrado como que se tragó la falsa cita… porque le gustó. Porque se acomodaba a su sesgo cognitivo, a sus preferencias ideológicas y gustos personales, sus verdaderas intenciones políticas. Lo cual es hasta normal: como que fue redactada por una autora ultraconservadora. Como decimos en España, “se le ha visto el plumero.”

Vamos a parar aquí porque si no, no termino.

Resumo como aviso para navegantes: aquellos que utilicen citas tan marcadas y cargadas ideológicamente… están mostrando un evidente sesgo cognitivo, no una intención objetiva e imparcial.

Mi consejo personal es que frenemos nuestras emociones y enfrentamientos ideológicos, nos serenemos y aprendamos a ser escépticos y a tratar de buscar lo más parecido a la verdad de las cuestiones de manera racional, atendamos a los argumentos en sí mismos, sin falacias, y empleando el método científico, la lógica y datos asépticos empíricamente recomprobables.

En resumidas cuentas, que nos comportemos más como seres racionales, fríos y lógicos en vez de pensar con las tripas como los animales más irracionales.

Menos ideología y emociones y más ciencia y asertividad.

Aunque yo mismo hago autocrítica y admito que hasta a mí me cuesta no liarme a gritos contra la maldad, la ignorancia o el absurdo. Los que me conocen ya saben cómo las gasto.

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9. Consejos sobre el uso de las citas. Los peligros de utilizar “citas famosas.”

Aquí voy a repetir lo que digo siempre sobre las citas: pretendo que mis artículos sirvan para algo más que dar información y “culturilla general” y así le puedan servir de asesoramiento a cualquiera. Aunque ese cualquiera sea el presidente de Chile.

NO soy partidario de incluir citas de famosos (el citar textualmente sí lo hago a menudo). Me parecen un argumento facilón y prácticamente estético. Sólo las utilizo en contadas ocasiones y cuando es muy, muy relevante al caso.

A mucha gente le gusta incluir citas a montones, especialmente de gente famosa o reconocible porque ayudan a dar “argumento de autoridad” y a reforzar el argumento en el que suelen incluirla, como homenaje o signo de admiración hacia el autor de la cita y su trabajo, como inspiración para el lector, o como clarificación, etc.

Desconfiad horrores de quien cita continuamente. Si hay algo sospechoso de verdad es alguien que recurre continuamente a citas de famosos y personajes históricos. Si los argumentos que te dan son ciertos… ¿para qué necesita ese individuo que te está hablando o escribiendo de tanta cita para reforzar sus argumentos?

Desconfiad de la gente que pone citas de referencias “pop”, “frikis”, del mundo del espectáculo, etc., cuando tratemos temas serios. También son muy sospechosas las referencias continuas a filósofos (especialmente los más “vagos”, del estilo de Nietzsche) y no a científicos.

Desconfiad de las citas que aparecen en calendarios, cabeceras de periódicos, libros y webs sobre política, libros con listados de citas del estilo Las 1000 citas más famosas (suelen ser los peores y los que menos contrastan las referencias, son los grandes responsables de citar incorrectamente).

Desconfiad de las citas que tengan faltas de ortografía y lingüísticas en general.

-Cuantas más variantes haya de una cita circulando, tanto más sospechosa es de ser falsa. No es normal que existan decenas de frases más o menos parecidas. Las citas, de ser ciertas, deberían permanecer invariables.

-Permaneced alerta ante posibles anacronismos en las citas. En más de una ocasión me he encontrado con cosas como citas de Sun Tzu donde los generales hacían uso de un cañón o de filósofos griegos que hablaban de integrales… o políticos de la República romana que hablaban de funcionarios y deuda pública.

-Si os es posible, leed la cita en la lengua original. Ahí ya entra un poco de “avispamiento personal”, pero os recuerdo que no todas las traducciones son correctas. Contrastad la cita en vuestro idioma materno y el que conozcáis (a estas alturas, la inmensa mayoría de la gente que conozco sabe chapurrear al menos otro idioma), a ver si coinciden más o menos. Las citas son, precisamente, el último sitio donde uno puede permitirse una “traducción libre” (¿a que no se permitiría “traducción libre” en un juicio?). Muchos de los que utilizan citas las “traducen” a su conveniencia. Como ya hemos visto en el caso de Aaron Russo, por mucha traducción libre que hagamos, la palabra “suministro” no aparece por ninguna parte en la cita en la cual se “inspiró”.

-Tened un poco de inteligencia, informaos sobre el autor de la cita, y tened el suficiente sentido común de poneros en el papel de ese autor y pensar si él diría eso. Por ejemplo, si os encontráis una cita de Donald Trump diciendo que hay que ser tolerante con la inmigración ilegal, hacedme el maldito favor de desconfiar, ¿vale?

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Cuando queráis incluir una cita:

No abuséis de ellas. Vuestros argumentos deben ser veraces y tener peso propio. No deberían depender de lo que dijo otro en su momento para tener autoridad o veracidad.

-Deben ser textuales, esto es, fieles a los que el autor dijo en su momento. Que no varíen las palabras originales. El cambio de un artículo o de un verbo puede hacer cambiar totalmente el significado y la intención del autor de la cita. Y eso no es justo: a ninguno nos gustaría que tergiversaran nuestras palabras y nos citaran diciendo que somos unos asesinos con las manos manchadas de sangre, ¿verdad? Normalmente, el autor de la cita no está aquí para leernos y echarnos en cara lo mal que interpretamos sus palabras.

-Toda cita que incluyáis en vuestros textos, que incluyan la referencia o enlace consultable… a la obra original donde aparece la susodicha cita. No incluyáis segundas fuentes. Si queréis citar una frase de Aristóteles, poned el enlace o referencia bibliográfica de la obra de Aristóteles donde aparece, no el blog de un tipo que dice que la cita de Aristóteles es tal o cual o un libro de edición de bolsillo.

No me seáis mala gente y saquéis la frase de contexto y la apliquéis donde no pegue ni con cola. Carl Sagan sí es una fuente de autoridad sobre Física… Joaquín Sabina NO, ¿vale?

Comprobad las fuentes por vosotros mismos, nos os fiéis. Varias veces. De todas las fuentes posibles o a vuestro alcance (nunca de una sola). Y en los idiomas que conozcáis.

-Vuelvo a insistir: no os fiéis ni de vuestra sombra a la hora de poner una cita. Comprobadla.

-La directiva 2001/29/EC del Parlamento europeo y del consejo del 22 de Mayo de 2001 sobre la armonización y buen uso de las citas con respecto al copyright y derechos relacionados en la sociedad de la información, reflejan las normas para una correcta utilización y un uso justo de las citas para los medios de información y los ciudadanos de la Unión Europea:

Official Journal L 167 , 22/06/2001 P. 0010 – 0019

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Espero haber servido de utilidad. Hasta la próxima.

Recordad que todos los textos de este dominio están registrados.