¿Qué significa “hispano” o “latino”? Definición, similitudes y diferencias entre ambos términos. Uso popular y académico. Ejemplos.

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0. Introducción y trasfondo.

Para todos mis amigos, contactos y lectores, vuelvo a exponer una serie de notas sobre afiliación étnica y cultural de índole académica que nos afecta porque veo que los términos no se emplean igual a un lado u otro del Océano Atlántico. Y digo “nos” porque sí, yo también como español e hispanoparlante soy hispano y latino.

La decisión de redactar este artículo surge a raíz de que la cantante Rosalía se ha convertido en la primera española en recibir un MTV Video Music Award en agosto de 2019. Ello ha traído una encendida discusión en las redes acerca de si puede ser considerada “latina”, hay quien dice (especialmente desde EE.UU.) que ella no es latina sino europea):

Rosalía twitter

Vamos a dejarlo clarito ya desde el principio: tanto a Rosalía como a mi persona se nos puede calificar tanto de hispanos como latinos como europeos.

Porque somos todo ello a la vez.

Lo que no somos es “latinoamericanos”.

Digo esto porque llevamos décadas observando desde Europa que se está empleando, cada vez más, el uso absolutamente erróneo de la palabra “latino” para referirse sólo y exclusivamente a latinoamericanos, desconociendo que ese término engloba a más personas y países fuera del continente americano (me he llegado a encontrar comentarios en YouTube de mexicanos y dominicanos que se asombraban tremendamente o desconocían, directamente, que hubiera gente que se considerara “latina” en Europa). También sucede que muchísimas personas confunden o incluso identifican “latino” o “latinoamericano” con “hispano” (un error muy común, especialmente entre anglosajones estadounidenses). No son lo mismo.

Paso a explicar similitudes y diferencias, centradas principalmente en torno al uso del idioma y, en menor medida, la cultura asociada a éste.

Cantantes latinas

Tan latinas son la estadounidense “nuyorricana” Jennifer López (arriba, izquierda) como la española Rosalía (arriba, a la derecha), la italiana Laura Pausini (abajo, izquierda) y la cubana Celia Cruz (abajo, derecha). Todas estas mujeres son latinas por hecho y por derecho, ya que todas ellas hablan una lengua latina.

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I. Definiciones de “latino” y “latinoamericano”.

I.1.) “Latino, na”, según la Real Academia Española:

RAE latino

Los significados que más nos afectan en esta discusión son éstos:

5. adj. Dicho de una persona: De alguno de los pueblos que hablan lenguas derivadas del latín. U. t. c. s.

6. adj. Perteneciente o relativo a los pueblos que hablan lenguas derivadas del latín. 

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I.2.) “latinoamericano, na”, según la RAE:

RAE latinoamericano

1. adj. Natural de Latinoamérica, conjunto de los países americanos cuya lengua y cultura son prioritariamente latinas. U. t. c. s.

2. adj. Perteneciente o relativo a Latinoamérica o a los latinoamericanos.

Fuente.

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II. Comentarios técnicos a las definiciones de “latino” y “latinoamericano”.

Distribución de lenguas latinas en América

Esto es Latinoamérica propiamente dicha, en términos lingüísticos (los colores azul, verde y rojo). Aquí podemos ver la distribución geográfica de las lenguas latinas en América según sean éstas lenguas oficiales o se hallen presentes importantes minorías que las hablen en el territorio. Fuente: revista La Alcazaba. En líneas generales y en el uso común, cuando se habla de “lenguas latinas” en América se sobreentiende que nos estamos refiriendo al español, portugués y francés. Pero recordemos que existen muchos hablantes de otras lenguas latinas: por ejemplo, muchos inmigrantes italianos continúan hablando italiano o dialectos derivados, como el taliano (idioma reconocido incluso oficialmente a nivel municipal en Brasil). Esos hablantes de lenguas latinas también son latinoamericanos.

“Latino” (refiriéndonos a personas) es cualquiera que hable una lengua de origen latino, la que sea (español, portugués, italiano, francés, rumano, gallego, sardo, etc.), venga del país que venga y viva en el país en el que viva.

“Latinoamericano”, aplicado a un país, hace referencia a los países del continente americano cuya lengua mayoritaria u oficial es de origen latino (por ejemplo, México con el español, Brasil con el portugués, Quebec con el francés). Eso se aplica principalmente a aquellos que fueron colonizados por países europeos de origen latino (España, Portugal y Francia) y donde éstos últimos dejaron como impronta cultural principal su lengua, de origen latino. “Latinoamericano” también se aplica a las personas procedentes de los mismos, más específicamente, a los que hablen una de las lenguas mayoritarias de estas antiguas potencias coloniales (español, francés, portugués) o lenguas criollas derivadas de éstas (el Papiamento es la más conocida, de origen supuestamente portugués pero también existen el kreyòl ayisyen (criollo haitiano, de origen francés), el palenquero, que se habla en Colombia y deriva del español, etc.

Muchas personas creen que “latinoamericano” hace referencia sólo a personas del continente americano que hablen español (algunos quizás logren tener en cuenta también al portugués).

Falso.

Una cuestión que muchas personas ignoran es que, técnicamente, “latinoamericano” es también válido para hablantes de, como hemos mencionado, francés que es un idioma relativamente extendido en América… pero también para italianos, rumanos y otros pueblos de lengua latina que se asentaron en el continente, principalmente a través de la emigración. Dato muy importante: siempre y cuando continúen hablando una lengua latina.

Ejemplos: tan latinoamericano es un mexicano, un brasileño, un haitiano, un quebequés de Canadá o un descendiente de emigrantes italianos que viva en Brooklyn (y que aún hable italiano). Pero ese término NO se aplicaría, por ejemplo, a un habitante neerlandófono de Surinam o algunas de las islas caribeñas asociadas al reino de los Países Bajos (antiguas Antillas holandesas), un sioux oglala de Dakota que sólo hablara su lengua nativa, un anglófono de Vancouver o un yankee de Nueva Inglaterra… porque hablan principalmente lenguas de origen no latino.

Un ejemplo especialmente claro es el de los francófonos de Quebec. Viven en América y hablan una lengua latina (el francés) desde hace siglos. Así que son tan latinoamericanos como los mexicanos de Aguascalientes o los argentinos del Gran Buenos Aires. Sin discusión alguna.

Así que si algún mexicano hispanoparlante intentara decir de un francófono quebequés: “sí, vale, habla una lengua latina y vive en América pero es que con latinoamericano yo entiendo que sólo nos referimos a los de Río Grande para abajo”… hay que decirle que lo sentimos mucho pero está equivocadísimo. El francófono quebequés tiene todo el derecho del mundo (académico, técnico, moral, incluso jurídico en algunas jurisprudencias como la canadiense) para poder calificarse y ser calificado como “latino” y “latinoamericano”. Los dos términos. Porque los dos se le pueden aplicar perfectamente. Otra cosa es que el quebequés elija ignorar tal hecho o no hacer uso de él. Pero que derecho, tiene. Y sobrado.

Nótese que la simplificación abunda incluso para los mismos latinoamericanos de lengua española. Un ejemplo: un mexicano de lengua española materna corriente tiende a pensar que sólo son “latinos” todos aquellos originarios de más allá del sur de la frontera estadounidense. Pero, aparte de ignorar que existimos latinos fuera del continente americano, pocas veces cae en el hecho de que tiene que incluir obligatoriamente con ese término a los brasileños (que hablan una lengua latina: el portugués), a los francófonos de Quebec, Haití, Santa Lucía, la Guayana francesa y otras dependencias americanas de Francia e incluso suelen englobar incorrectamente (o ignorar su existencia, ya puestos) a los habitantes de la Guayana o el Surinam que hablan lenguas de origen no latino. Como mucho, incluirá a los inmigrantes latinos en EE.UU., californios y tejanos hispanos (si es que sabe de su existencia desde hace dos siglos) y habitantes hispanoparlantes de las Antillas (Cuba, República Dominicana y Puerto Rico), y descartará, ahí sí, correctamente a los habitantes anglófonos y neerlandófonos del Caribe. Por ejemplo: me he encontrado con muchos mexicanos (de tendencias conservadoras) que no consideran latinoamericanos a los haitianos. No lamento informarles de que sí lo son, independientemente de su xenofóbica opinión. Los haitianos hablan francés o una lengua criolla descendiente de éste. Son, pues, latinos y latinoamericanos de pleno derecho.

¿Es Latinoamérica igual a Sudamérica, como dice mucha gente? No, esa creencia es incorrecta, propia de gente que no sabe ubicar países en un mapa. Existen muchos países de Latinoamérica que están en Norteamérica: desde la mitad norte de Panamá hasta México (lo que incluiría a todas las repúblicas centroamericanas), Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Haití y alguna isla caribeña que habla francés o lenguas criollas derivadas del mismo. También quedaría incluido, por supuesto, el Quebec francófono.

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Nota 1: En términos lingüísticos estrictos, un mexicano que sólo hablara náhuatl, un peruano que sólo hablara quechua o un descendiente de italianos que ya no hablara italiano sino sólo inglés, por ejemplo, no serían latinoamericanos propiamente dichos aunque, por comodidad y casi que por tradición de uso, a estas personas se las suele englobar también dentro de ese término porque han nacido, viven, se han educado en o sus antecesores proceden de un país que habla mayoritariamente un idioma de origen latino.

Pero en términos académicos (que no populares), insisto, no sería muy correcto calificar como “latino” a un mapuche chileno que no hablara español u otra lengua latina. ¿Proviene esa persona de un país latinoamericano? Sí, proviene de Chile que es un país latinoamericano pero él, como individuo, no debería ser calificado como latinoamericano. “Indígena americano”, “nativo americano”, “aborigen americano”, “amerindio”, “miembro de las Primeras Naciones” (término legal en Canadá) o simple y llanamente su denominación propia de “mapuche” serían términos más correctos para calificarle. Otra cosa sería que el mapuche en cuestión, hablara también español (caso muy frecuente) u otra lengua latina. Entonces sí que podría ser calificado total y absolutamente como “latinoamericano” sin lugar a dudas.

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Nota 2: La abreviación tan usada hoy en día a nivel popular y coloquial en las Américas de “latino” no sería pues, correcta, para designar con ella SÓLO a los latinos del continente americano, dado que ese término incluiría a todo pueblo cuyo idioma tuviera unos orígenes en la lengua de la antigua Roma: el latín.

Repetimos porque esto es clave para acabar con las confusiones: “latino” es todo aquel que hable una lengua que proceda del latín.

Venga del país que venga.

Esto es, tan latino es un mexicano, un brasileño, un haitiano, un español, un francés, un italiano, un angoleño como un habitante de la isla africana de Reunión o un filipino que hable español o chavacano.

Siempre y cuando se hable una lengua de origen latino, se es latino. Si no, no.

Los latinoamericanos de países donde se habla español (y los brasileños) tienden a pensar que con llamar “latino”, a secas, a alguien, ya se sobreentiende que es sólo para referirse a los latinoamericanos.

NO.

Eso es atrozmente incorrecto.

Existen millones de latinos que NO son americanos. La ya mencionada Rosalía y yo mismo somos latinos europeos. Un ecuatoguineano, que suele hablar español, es un latino africano. Y un filipino que hable chavacano o un timorense que hable portugués son latinos asiáticos.

Si usted, lector, quiere emplear el término acotado y específico para referirse a un habitante americano de lengua latina, debe decir expresamente “latinoamericano”, con todas las letras, sin abreviar. Que para eso existe la palabra: para tener un significado concreto.

Si sólo se indica “latino”, eso puede incluir a latinos americanos, europeos o de cualquier continente.

Insisto: El habitante medio de los países de lengua española y portuguesa de América (una lista no exhaustiva: México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Venezuela, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil, descendientes de hispanos y lusoparlantes de EE.UU. y Canadá y quizás algunos habitantes de Belice y las Antillas Holandesas, los que hablan Papiamento) tiende a creer que con “latino” sólo se les puede calificar a ellos.

NO.

El habitante medio de Portugal, España, Italia, Francia, Rumanía, Moldavia, Andorra, San Marino, El Vaticano, francófonos de Quebec y muchos habitantes de Bélgica, Suiza, Luxemburgo, las islas del Canal de La Mancha, ciudadanos de los departamentos de ultramar francés, francófonos de antiguas colonias francesas, filipinos zamboangueños (que hablen el chavacano), hispanoparlantes de Guinea Ecuatorial y Sahara occidental, lusófonos de las antiguas colonias de Portugal, emigrantes italófonos por todo el mundo, etc., etc., también son latinos aunque no empleen el término con la fuerza asociativa con la que lo emplean los latinoamericanos de lengua española o portuguesa. Alguien que hablara latín (por ejemplo, muchos sacerdotes católicos, historiadores y otros académicos que conocen esa lengua por motivos profesionales), también son latinos.

Romance_Languages-World-Map

Distribución geográfica institucional de las lenguas latinas (o romances) en el mundo. En naranja: lengua oficial o implícitamente reconocida como tal. En amarillo: lengua cooficial o reconocida administrativamente de algún modo. Nótese que no aparecen representados algunos países de mayoría latina como Belice: aunque el español es la lengua más hablada en ese país, no está reconocida como oficial. Tampoco aparece Filipinas: existen comunidades de hablantes latinos muy numerosas (como los chavacanos de Zamboanga) pero la lengua no está reconocida claramente a un nivel estatal (el español lo estuvo en el pasado, hasta 1987). Muchos otros países incluyen grandes poblaciones de latinos como Israel, Turquía, Alemania, etc. Recordemos: independientemente de su origen o del sitio donde viva, latino es todo aquel que hable una lengua latina.

Una pequeña apreciación: para ser calificado de “latino”, una persona debe poder hablar con fluidez una lengua latina. No basta con que conozca algunas palabras o frases sueltas. Debe poder conocer esa lengua a un nivel de conversación funcional. En líneas generales y siguiendo las normas de clasificaciones lingüísiticas, un latino sería alguien que conociera una lengua latina porque es su lengua materna o una utilizada muy frecuentemente por esa persona (segunda lengua).

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Nota 3: El requisito técnico para poder calificar a alguien de “latino” es que hable una lengua de origen latino o, como mucho, mucho… se considera popularmente (pero es incorrecto) calificar así a quien provenga o descienda de un pueblo, cultura, país (o zona geográfica definida) donde se hable mayoritariamente una lengua de origen latino. Pero eso último es “estirar mucho el chicle” de la definición, como decimos en España.

Esto es, ¿puede, por ejemplo, un descendiente de italianos que viva en Brooklyn pero que no hable italiano ser considerado “latino”? ¿O un nieto de mexicanos que viva en los Estados Unidos pero que ya no hable español?

Según las definiciones académicas, no.

Según el uso popular, sí.

Mi opinión personal es que eso dependerá de la identificación propia que haga la persona en cuestión. Es decir, si ese descendiente de italianos o mexicanos quiere sentirse latino o expresa que prefiere que lo identifiquen y califiquen así, por mí, estupendo y maravilloso. Pero, técnicamente y con las definiciones académicas estrictas en la mano, no lo sería.

Eso tiene más importancia de lo que pueda parecer porque se han dado casos judiciales (principalmente en Estados Unidos), en los que los acusados se han negado a que los califiquen como “latinos” dado que no hablan una lengua latina (o ni tan siquiera tienen ya una cultura latina) y los jueces se han saltado a la torera esa falta de identificación porque entienden (incorrectísimamente) que “latino” es una raza, característica física o afiliación étnica independiente de la lengua que se hable de la que no te puedes desprender, lo quieras o no.

Vamos a dejarlo claro: para muchísimos anglosajones blancos de Estados Unidos, ser “latino” es pertenecer a una raza (más específicamente, una de color marrón o brown, como suelen decir de manera muy racista; fuente: Cassell’s Dictionary of Slang, Weidenfeld & Nicholson, 2005 ).

No se puede estar más equivocado: ser latino (o hispano) es un rasgo cultural, no racial. “Latino” es, más específicamente hablando, un término lingüístico.

No existe una “raza latina”.

El que afirme lo contrario, miente.

“Pues algunos jueces estadounidenses y algunos activistas políticos dicen otra cosa…” Esos jueces estadounidenses y esos activistas políticos se equivocan total y absolutamente. Si lo hacen así es para poder establecer identificaciones claras entre rasgos físicos y el origen étnico o cultural. Clasificaciones “facilonas”, vaya (especialmente para que la policía pueda identificar sospechosos los unos y para obtener adeptos ideológicos de idearios políticos radicales los otros, vamos a admitirlo). Muchos de los anglosajones estadounidenses se quedan de piedra asombradísimos de encontrar latinoamericanos que hablan español y son rubios, de ojos azules y de piel clara (por ejemplo, muchos argentinos y uruguayos). Y ya cuando se enteran de que existen latinos fuera de América o de que incluso hay países con una población inmensamente mayoritaria “blanca” y que habla castellano, como España (que, para colmo, está en Europa), ya “les da un ataque cardíaco” porque se les rompen sus esquemas de organización social fruto de una incultura muy extendida en su sistema educativo (el básico, la Educación superior es otro cantar) con muy marcados sesgos racistas y supremacistas, todo hay que reseñarlo e insistir en ello. Me he encontrado muchas veces por internet que a España la llaman humorísticamente White Mexico o European Mexico:

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Nota 4: También es cierto que en los Estados Unidos de América, se da un fenómeno de identificación étnica que no se da tanto en otros países y por el que los latinoamericanos se han visto influidos culturalmente. Me estoy refiriendo al conocido hecho (que vemos frecuentemente en series de televisión y películas americanas) de que muchos descendientes de emigrantes se siguen calificando a sí mismos como todavía pertenecientes a la cultura o incluso nacionalidad de sus ancestros, por muy lejanos que éstos sean. Por ejemplo, es muy frecuente encontrarse en EE.UU. en el censo o en conversaciones informales a personas que se declaran como “irlandeses” cuando los que fueron irlandeses nacidos en la “isla esmeralda” fueron sus abuelos y él es ya un americano estadounidense más yanqui que la Coca-Cola.

Pongamos como ejemplo una hipotética conversación desenfadada entre un nacional irlandés y un estadounidense descendiente de irlandeses:

Irlandés: -Hola, soy irlandés.

Hibernoamericano: -Anda, como yo, que mis abuelos eran irlandeses.

Irlandés: -Emmm…. No, eso no funciona así. Para ser irlandés tienes que tener la nacionalidad. Si no la tienes, eres sólo un descendiente de irlandeses. Término más correctos serían: “hibernoamericano”, “hiberno-estadounidense” o, en inglés, Irish American.

De la misma forma que con el ejemplo irlandés, con… por ejemplo, un mexicano. Un descendiente de mexicanos que haya nacido en EE.UU., no se debería llamar a sí mismo “mexicano” a no ser que tuviera esa nacionalidad, sino “descendiente de mexicanos” o “de origen mexicano” (hay quien emplea otros términos como “mexicanoamericano“, “chicano“, etc.).

Hay que acostumbrarse a utilizar los términos con precisión, por más que cueste un poco de esfuerzo hablar o escribir un poco más.

En otras áreas geográficas y culturales eso no se suele dar. En Europa, por ejemplo, un descendiente de daneses que haya nacido en Italia y tenga la nacionalidad italiana no dice normalmente de sí mismo que sea danés. Se presentará como “italiano descendiente de daneses” o una fórmula similar. Si es que no dice simplemente que es italiano y ya está.

Por poner un ejemplo personal, mi bisabuelo era belga valón. Yo no digo de mí mismo que sea “belga” o “valón”. Digo que soy español (por nacionalidad) y que tuve un antepasado belga.

Por completar e ilustrar, en España depende del grado de identificación particular y de integración en la sociedad de cada persona, por supuesto, pero tú te encuentras con un descendiente de… yo qué sé, panameños que ha nacido y se ha criado en España y no tiene la nacionalidad panameña sino la española, y no suele calificarse a sí mismo de “latino”, “latinoamericano” o “panameño”. Se suele calificar como “español” o, si hila fino, como “hijo o descendiente de panameños”. Cuanto más tiempo haya pasado entre la llegada de esos ancestros originales al país, tanto más tenderá esa persona a calificarse como “español” que no como la nacionalidad de esos ancestros.

Hay excepciones, sin embargo, y hay que reconocerlo. Muchos descendientes de latinoamericanos en España, debido a que el boom de la emigración latinoamericana hacia España es muy reciente en el tiempo (principios del siglo XXI), no han tenido tiempo de asimilarse en profundidad, cosa que suele suceder en torno a la tercera generación. Eso es especialmente pronunciado en aquellos inmigrantes de rasgos físicos “indígenas” o africanos más marcados (peruanos, bolivianos, dominicanos), que siguen diciendo de sí mismos que son “latinos” o “latinoamericanos”. Pero eso es algo relativamente específico, muy ligado al fenómeno de las llamadas “bandas latinas” de delincuentes como los Latin Kings, los Ñetas o a barrios de las grandes ciudades donde estas comunidades de emigrantes sean numerosas y se identifiquen así. Nótese que el uso del término “latino” por parte de estos individuos no es, técnicamente hablando, incorrecto: son “latinos” porque hablan una lengua latina (el español). Sin embargo, sí sería mucho más inapropiado el uso del término “latinoamericano” por su parte… por la sencilla razón de que ya no nacieron ni residen en un país americano: son latinoeuropeos.

Más ejemplos de excepciones. A un descendiente de chinos que no tenga la nacionalidad china sino la española se le sigue diciendo “chino” en vez de “español” aunque el individuo en cuestión esté tan integrado que ya no sepa ni leer los caracteres sínicos y prefiera la paella al arroz tres delicias. Y aunque el buen hombre hable un español de Valladolid, no se le calificaría de “latino” (aunque estaría en todo su derecho a calificarse como tal) más que en entornos muy académicos y formales. Pero, en propiedad, sería un latino y tendría derecho a calificarse y a que le calificaran así. Eso mismo sucedió con la conocida comunidad de chinos cubanos. Ya no son “chinos” propiamente dichos, sino “cubanos”, “hispanos, “latinos” y “latinoamericanos”.

Como se puede comprobar, la identificación cultura-rasgos físicos se da más cuanto más evidentemente perceptibles sean los rasgos físicos de la persona y más vinculados estén en el imaginario ideológico del observador a una cultura concreta. Recordemos que, científicamente hablando, no se ha logrado demostrar que la cultura se lleve y se transmita en los genes (no tan rápidamente, al menos, como aseguran los más racistas y xenófobos) como sí lo hacen los rasgos físicos: las culturas se adoptan y pueden influir en el desarrollo biológico de los seres humanos, pero no “se heredan genéticamente”. Vamos a admitirlo también porque en mi país también se da la situación: un descendiente de congoleños destaca más por sus rasgos físicos en nuestro entorno (bueno, depende del barrio), y hay más resistencia a decir de él que es español aunque tenga la nacionalidad mientras que a un argentino, chileno o uruguayo (especialmente los de aspecto más “mediterráneo”) pasan absolutamente desapercibidos a no ser que tengan acento marcado. E incluso cuando te enteras de sus orígenes no se les suele tener en cuenta ni aunque no tengan la nacionalidad. Excepto cuando te traen la Copa de América a Madrid sin haberla pedido y para arreglar nosotros sus desastres organizativos. En casos extremos como ése, se cabrea hasta un zurdo declarado como yo.

Obviamente, estoy hablando desde un punto de vista académico y con la visión de un ciudadano que gusta de calificarse de “normal” o, cuando menos, no extremista. Todas estas apreciaciones no serían las propias de un racista, un radical (de cualquier tipo) o un ultranacionalista. Que los hay en mi país y cada vez más. Lamentablemente.

En términos generales y legales, al menos en Europa, se tiene una nacionalidad, no una raza. Más que nada porque la definición de “raza” es muy, muy imprecisa y poco práctica para poder predecir la conducta del individuo (la cultura, sin embargo, es otra cuestión). Términos más correctos si se quiere tener educación, formales e incluso en cuestiones jurídicas serían “sinoespañol” o “español descendiente de chinos”, volviendo a un ejemplo anterior.

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¿Por qué he mencionado todo este fenómeno? Porque está relacionado con lo que estamos tratando sobre precisión en la terminología identificativa cultural. Muchos descendientes de latinoamericanos (por ejemplo, hijos de emigrantes salvadoreños ya nacidos en Estados Unidos, y que ni tan siquiera tienen la nacionalidad salvadoreña) se siguen calificando a sí mismos como “latinos” o “latinoamericanos” incluso aunque ya no hablen español (o ninguna otra lengua latina).

¿Pueden hacerlo?

Técnicamente, no. Porque para poder identificarse como “latinoamericano” deberían poder hablar una lengua latina. Muchos de estos descendientes de emigrantes ya no hablan ni una palabra de español de tan integrados que están en la cultura angloparlante estadounidense. Quedarían, pues, descartados de ser calificados como “latinoamericanos” y deberían ser calificados más bien de “descendientes de latinoamericanos” (más específicamente, “salvadoreño-americanos”). Pero si ya de por sí es largo decir “latinoamericano”, imagínate decir “descendiente de latinoamericanos”. Y más aún en nuestra era de los mensajes de texto cortos donde todo es economía de lenguaje y ahorro de escritura. Además, la mayoría de estos descendientes de latinoamericanos todavía hablan (o chapurrean) el español (o el portugués, los que descienden de brasileños), con lo cual no hay problema alguno en seguir calificándolos de “latinos” o “latinoamericanos”. Según numerosos estudios sociales (un ejemplo es: Faries, David (2015). A Brief History of the Spanish Language. University of Chicago Press), no es hasta la tercera generación que se deja de hablar el español con fluidez.

Eso sí, por definición e insistamos en ello: desde hora y momento en que dejen de hablar o conocer una lengua latina, ya no deberían ser considerados latinoamericanos ni latinos. Porque habrían adoptado otra lengua y numerosos conceptos culturales que ello conlleva: habrían pasado a ser definidos con otros adjetivos más acertados.

Pero hay que ser realista y admitirlo, en la práctica y el día a día sí lo hacen, se llaman a sí mismos “latinoamericanos” o “latinos” (preferentemente el segundo, que es más corto). En líneas generales, a mí me parece (es una observación personal basada en mis expriencias) que el término “latino/-a” es más usado en EE.UU. mientras que el de “latinoamericano” se emplea con más asiduidad en los países latinoamericanos propiamente dichos. Es más, no se suele ver tanto el adjetivo latinoamerican en el lenguaje popular del inglés estadounidense, que llega al extremo de emplear el término “latino” o “latina” tal cual, directamente tomado del español. Tal parece que los descendientes de latinoamericanos residentes en EE.UU. hayan caído en identificarse racialmente en vez de culturalmente con el término. Desde mi punto de vista, es un error y no sólo etimológico o de índole académica, sino que conleva muy graves implicaciones sociales: asociarse al discurso de diferenciación racial es abocarse a la segregación, el conflicto y socavar la tan necesaria unión de la sociedad (por más réditos electorales, ideológicos o de otro tipo que dé). Por no decir que es falso de todas, todas: no existe una raza latina.

Bueno, ésa es la situación en EE.UU. Ojito, latinoamericanos que viajen fuera porque en otros países como muchos de Europa… no admitimos tanto eso. Por aquí se exige cada vez más que te identifiques con tu nacionalidad efectiva, que no con tu cultura de origen (un ejemplo: los musulmanes). Identificarse con una cultura o con una raza está cada vez peor visto porque crea tensión social absurda y dañina (los europeos tenemos un laaaaargo historial de enfrentamientos bélicos por causa de diferencias culturales y supuestamente “raciales”). Un británico de piel oscura es primero y ante todo, un ciudadano británico, no un “negro”. Lo señalo también porque quiero que los latinoamericanos de EE.UU. (con nacionalidad legal) hagan lo mismo y dejen de tener miedo o reparos en decir de sí mismos que son ciudadanos de los EE.UU., que son american citizens de pleno derecho. Es decir, que me gustaría que dejaran de identificarse primero como latinos y después como estadounidenses porque tanto derecho tiene a ser calificado como ciudadano americano alguien cuyos padres vinieran de Cuernavaca, México como un yankee de Nueva Inglaterra con antecesores naturalizados americanos desde el Mayflower.

En Europa no decimos que somos latinos, germánicos, eslavos o celtas antes que nuestra nacionalidad efectiva. Es más, decimos incluso que somos europeos antes que identificarnos en exclusiva o principalmente por la familia lingüística de nuestra lengua materna.

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Nota 5: Obviamente, somos personas de mundo y a estas alturas ya deberíamos entender que el término “latino” se utiliza como abreviatura y por economía del lenguaje (para acortar: “latinoamericano” emplea muchas letras y sonidos; cuesta más esfuerzo y tiempo escribirlo y pronunciarlo). Pero es que el asunto está llegando a cotas absurdas, como que los latinoamericanos asumen que SÓLO ellos son latinos. No es cierto pero para nada.

En Europa, está aumentando la sensibilidad hacia el mal uso del término principalmente debido a que los italianos, que se consideran descendientes directos de la antigua Roma (“latino” venía a definir, originalmente, a los habitantes de la región italiana del Lazio, donde se encentra la ciudad de Roma), ven cómo los latinoamericanos se están apropiando de un término que tiene su origen en su geografía y cultura… y que, encima, lo están empleando mal, etimológicamente hablando. A españoles, portugueses y rumanos medio nos da igual, no es una cuestión perceptiblemente candente aunque cada vez más surgen voces de protesta (en esta época nuestra la sensibilidad está muy a flor de piel y lo políticamente correcto o incorrecto se mira con lupa cada vez más), especialmente contra quienes se quieren apoderar del término en exclusiva (como muchos grupos altermundistas americanos). Los franceses (y los francófonos, en líneas generales) directamente, es que no se consideran latinos más que en términos estrictamente lingüísticos; ellos ven su cultura como más o menos diferenciada de lo que se suele entender popularmente en el mundo como “latino”. En Europa, cuando alguien hace referencia a lo latino como cultural o “rasgo de conducta”, se sobreentiende que es algo propio de españoles, portugueses e italianos (especialmente estos últimos). Muy raramente se incluye, además, a rumanos y moldavos (correcto) e incluso a griegos (incorrecto, los griegos NO son latinos, son helenos).

Pero no, no es algo tan fuera de lo común encontrarse a europeos que se califican a sí mismos como “latinos”, si bien es sólo para cuestiones concretas y específicas. Ejemplos los tenemos a patadas: mi tío siempre se quejaba de “este carácter latino nuestro, tan loco”; en la prensa y en el mundo académico se hace muchas veces referencia a las diferencias culturales entre el sur latino y el norte germánico de Europa (con Francia en un término más o menos “intermedio”); en el uso de expresiones como “amante latino”, “ardor latino”, “ritmo latino”, “ritual latino”, “cultura latina”, la religión cristiana católica romana latina, etc. Y, todo ello, por supuesto, aparte de lo referente al mundo de la Lingüística.

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Nota 6: ¿Por qué a diferencia de los latinoamericanos no utilizamos los latinoeuropeos un adjetivo de origen lingüístico para describirnos como área cultural de grado superior? Porque en Europa no nos sirve para eso. Las lenguas latinas o romances son un subgrupo de las lenguas itálicas, a su vez parte de la familia lingüística indoeuropea (que incluye las lenguas latinas, germánicas, célticas, báltico-eslavas, el albanés, el armenio, helénicas, indoiranias…).

Tenemos tantas lenguas incluso dentro de nuestro propio subgrupo de lenguas latinas que no nos englobaría a todos ni incluso nos segmentaría bien: porque cultura similar y familia lingüística no se asocian o corresponden necesariamente, ya hemos visto el caso francés. Ya tan sólo el subgrupo latino incluye un buen elenco de lenguas y dialectos: italiano, retorrománico, occitano, gascón, mirandés, castellano, portugués, catalán, francés, aranés, asturiano, leonés, valenciano, sardo, romansh, gallego, ladino, friuliano, piamontés, ligur, lombardo, emiliano-romañol, toscano, corso, sassarés, siciliano, napolitano, veneciano, istriano, rumano, arrumano, meglenorrumano, etc. El rumano medio y el sardo medio hablan lenguas latinas, sí… pero sus culturas se parecen como un huevo a una castaña. Es por eso que utilizamos el de “europeos” para calificarnos a nosotros mismos como adjetivo referente a un área cultural común, muy especialmente desde el nacimiento de la Unión Europea. Como anécdota jocosa, me ha sucedido un par de veces que en Japón me han llegado a preguntar creyendo que era estadounidense: “american“? A lo que he respondido en inglés: “¡No me insulte, por favor, soy europeo!” Por cierto: las japoneses son pésimos para detectar el humor occidental. De verdad se creyeron que me había ofendido.

En Latinoamérica, la lengua española y el portugués, que no difiere mucho de ésta por ser ambas lenguas latinas bastante próximas, son un factor identificativo cultural muy marcado, especialmente en contraposición a la cultura anglosajona de otras partes de América y muy especialmente contrapuesta a la cultura anglosajona de los Estados Unidos. El principal elemento cultural común a todos estos países, vaya. Existen más elementos comunes como la influencia católica pero no tienen tanta fuerza “cohesionadora” social (hoy en día, al menos). Muchos activistas políticos se empeñan en identificar a Latinoamérica tanto como área geográfica como cultural… y eso es, cuando menos, discutible. Porque no se corresponden, como ya hemos visto en el caso europeo: Panamá y Bolivia tienen muy poco en común tanto en lo geográfico (costa versus montaña, ambiente tropical y caribeño versus entorno andino, comunicación con el resto del mundo, etc.) como en lo cultural (lo indígena tiene muchísima más influencia en Bolivia que en Panamá; y lo africano tiene muchísima más influencia en Panamá que en Bolivia) aparte de la lengua, si bien es cierto que tienen más en común (Historia colonial compartida, religión mayoritaria, etc.) que otras áreas consideradas agrupaciones culturales claras pero que difieren mucho más por naciones y etnias (por ejemplo, el África subsahariana).

Tengo que hacer, no obstante, una aclaración sobre la que volveremos más adelante: en EE.UU., cuando se habla de “latinos”, no se suele pensar en los brasileños (que hablan portugués). La asociación entre “latino” e “hispano” es tan elevada entre los estadounidenses, que los consideran sinónimos. Incluso a un nivel popular entre los habitantes de las Américas se tiende a pensar que “latinoamericano” hace referencia sólo a los habitantes del continente americano que hablen español. Sólo las clases más educadas de latinoamericanos saben que el término incluye a los brasileños (que no hablan español sino portugués). Y muy, muy pocos saben que deben incluir en el mismo a los haitianos o los francófonos de Quebec.

Tan pocos lo saben que es muy difícil encontrar un buen mapa de Latinoamérica. Un ejemplo gráfico: en este mapa que os pongo a continuación observamos las diferencias entre Latinoamérica, Hispanoamérica y Sudamérica. Es uno de los mejores mapas que he podido encontrar, de una web de estudios geopolíticos y de relaciones internacionales. Pero nótese que el mismo autor admite que no ha incluido al Quebec francófono y que debería haberlo hecho. Las otras definiciones sí están bien expresadas gráficamente. Observo que ha incluido a Belice como Hispanoamérica y Latinoamérica. Desde mi punto de vista, ha hecho lo correcto.

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Descripción del mapa. Los términos Hispanoamérica, Iberoamérica, Latinoamérica e incluso Sudamérica a menudo se utilizan de manera indistinta, creando unas confusiones importantes. Aunque todas ellas se encuentran en el continente americano, presentan diferencias sustanciales: Hispanoamérica son aquellos territorios que pertenecieron durante siglos a la Corona española y cuyo idioma oficial es el español o al menos una parte muy importante de los residentes tienen como lengua materna este idioma. De manera más informal, las zonas de Estados Unidos con abundante presencia de hispanos también entran dentro de esta categoría. Iberoamérica abarca los territorios hispanoamericanos mas Brasil, durante mucho tiempo territorio perteneciente a Portugal. Este concepto ha acabado cristalizando en las llamadas Cumbres Iberoamericanas. Latinoamérica es el concepto cuyo enfoque es el más cultural. Además de los dos anteriores, considera parte de esta zona los territorios pertenecientes a otros estados latinos, esto es, Francia. Así, se añaden la Guayana Francesa, las islas caribeñas gobernadas o que fueron gobernadas desde París o Haití. En una interpretación más extensiva también entrarían los territorios francófonos de Canadá —como Quebec—. Sudamérica es una definición geográfica. Abarca la sección sur del continente americano, desde Panamá al sur de Chile y Argentina.

 

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Nota 7. El único elemento claramente en común a todos los países de Latinoamérica (si no se quiere tener en cuenta a los francófonos) es la proximidad de sus lenguas de origen ibérico (español y portugués), con lo cual debería ser calificada más bien como Iberoamérica. Desde mi punto de vista (y el de las definiciones estrictas del mundo académico), identificar el término “Latinoamérica” como área geográfica física es un error tremendo, y como un área cultural definida… algo más que discutible porque dado que “Latinoamérica” engloba desde el Quebec francófono al Brasil lusófono y el México hispanoparlante… englobar a esos tres territorios como culturalmente próximos es menos adecuado que ceñirse al término “Iberoamérica”, que incluiría al Brasil lusófono y el México hispanoparlante excluyendo al Quebec francófono, con el que los otros dos tienen muchísimo menos en común. Es decir, más similares son entre sí en cultura los países de lengua española y portuguesa (Iberoamérica) que todos los países de lengua latina de América (Latinoamérica), si bien los que están verdaderamente cohesionados en lo cultural y lingüístico son todos los países de lengua española de América (Hispanoamérica).

“Iberoamérica” sería, pues, un término de uso más correcto y ajustado a la realidad de uso cotidiano que el que se le suele dar popularmente a “Latinoamérica”. De hecho, ése es el término que utilizábamos en España y Portugal hasta hace poco, el que se utilizaba en el mundo académico y científico (y el que se nos enseñó a la escuela a todos los que fuimos a la EGB). Más adelante expandiré más el tratamiento del término “Iberoamérica” porque hay muchísimo que puntualizar. Al contrario de lo que la gente piensa, “Iberoamérica” no es un término estrictamente lingüístico sino histórico.

Lo voy a decir con todas las letras: el uso popular que se hace hoy en día del término “Latinoamérica” en el continente americano es rematadamente incorrecto.

Hay muchos más países y personas latinos en Europa, Asia, África e incluso en la mismísima América de lo que los propios latinaomericanos imaginan.

Volviendo a lo nuestro: como la lengua mayoritaria entre los latinoamericanos es el español (y en menor medida el portugués) y como es la lengua el factor diferenciador y englobador cultural más claro en aquel contexto geográfico, es por eso que utilizan ese adjetivo de orden superior y para englobar un área cultural concreta (y hay que admitirlo: opuesta a la anglosajona de Norteamérica). Hasta tal punto que muchos identifican erróneamente latinoamericano con hispano.

Hablando de “hispano”, pasemos a los siguientes términos.

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III. Definición de “hispano” e “hispanomaericano”.

Hispano RAE

III.1) hispano, na

Del lat. Hispānus.

1. adj. Natural de Hispania. U. t. c. s.

2. adj. Perteneciente o relativo a Hispania o a los hispanos.

3. adj. español. Apl. a pers., u. t. c. s.

4. adj. Perteneciente o relativo a Hispanoamérica.

5. adj. Dicho de una persona: Que es de origen hispanoamericano y vive en los Estados Unidos de América. U. t. c. s.

6. adj. Perteneciente o relativo a los hispanos de los Estados Unidos de América.

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Así pues, hispano es, entre otras cosas, todo aquel que sea español, hable el español o provenga de Hispanoamérica

“¿Que hable español?”, se preguntará más de uno.

Sí. Véase el significado tercero:

Español RAE

Continuemos con “hispanoamericano”:

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Hispanoamericano RAE

III.2.) hispanoamericano, na

1. adj. Natural de Hispanoamérica, conjunto de los países americanos donde el español es la lengua oficial. U. t. c. s.

2. adj. Perteneciente o relativo a Hispanoamérica o a los hispanoamericanos.

3. adj. Perteneciente o relativo a españoles y americanos.

Así pues, hispanoamericano es algo relativo a los países del continente americano donde se habla principalmente el español… y a los hablantes de español que se encuentren en el continente americano. O algo relativo a españoles y americanos.

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Mapa de Hispanoamérica. En verde oscuro, la Hispanoamérica política, esto es, donde el español es lengua mayoritaria y reconocida oficial o implícitamente de algún modo en un país americano. En otros tonos de color verde, y mostrando un porcentaje de hablantes de español sobre el total local, otras áreas de importante presencia hispanoparlante. Nótese que Puerto Rico no es, políticamente hablando, parte de Hispanoamérica (no es un Estado independiente, sino asociado), pero lo es absolutamente en térrminos lingüísticos, ya que lo habla el 99% de su población. Del mismo modo, en Belice lo habla el 73,7% de su población pero dado que no es allí lengua oficial (lo es el inglés), técnicamente no consta como país de Hispanoamérica en lo político pero sí en lo lingüístico. El único estado de los EE.UU. que hace un reconocimiento administrativo (cultural) hacia el español es Nuevo México, debido a que casi la mitad de su población es hispanoparlante y el idioma tiene una presencia continua en su suelo desde hace cuatro siglos, mucho antes de la que tuvo el inglés. Brasil (país mayoritariamente de habla portuguesa) queda excluido de la definición. Fuente: Hispanoamericaunida.org.

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IV. Comentarios técnicos a las definiciones de “hispano” e “hispanoamericano”.
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Hablantes de español en el mundo

Hablantes de español en el mundo. Año 2011. Fuente: basado en datos de Ethnologue.

Nota 1: Para ser hispano, a secas, en principio, tienes que hablar español (o ser de nacionalidad española: “español” e “hispano” son sinónimos). Lo cual se aplica, sobre todo, a la mayoría de países del continente americano pero debe quedar siempre presente que hay más países y territorios hispanoparlantes en el mundo y que, por tanto, el término “hispano” se puede aplicar a muchísimas personas que no tienen relación con el continente americano.

Esto es, tan hispano es (o debería ser) un mexicano como un español, un uruguayo, un judío sefardí, un habitante de Guinea Ecuatorial, Sahara occidental, o Filipinas siempre y cuando ese alguien hable español o idiomas criollos derivados del mismo (y recordemos: o tenga la nacionalidad española).

El témino hispano tiene pues, por características definitorias fundamentales:

A) -conocer el idioma español (o derivados, como el chavacano o el judeoespañol)

B) -o tener la nacionalidad española (un vasco de Bizkaia que sólo hablara euskera y no español o un inglés nacionalizado español que no hablara ni jota de la lengua de Cervantes, también serían hispanos por pura y dura definición; más específicamente si ambos fueran “naturales”, esto es, hubieran nacido en territorio español).

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Nota 2: Hay una excepción para poder calificar a alguien de “hispano” sin ser español ni hablar el español.

Que se descienda de un hispanoamericano o se tenga orígenes hispanoamericanos y se viva en los Estados Unidos de América.

Porque tiene el significado concreto de poder designar con él a un grupo específico de personas al margen de la lengua que hable.

La abreviación tan usada hoy en día de “hispano” (Hispanics, en inglés, con uso oficial incluso en la administración americana) es correcta para denominar con ella a los hispanoparlantes del continente americano o sus descendientes, hablen o no el español siempre y cuando se emplee para referirse a aquellos que vivan en los Estados Unidos de América.

Un ejemplo bastante posible: un hijo de emigrantes portorriqueños que sí hablaran el español, pero que ha nacido en EE.UU., viva en Nueva York y que él mismo no hablara español, por definición, es un hispano. La mayoría se califican a sí mismos, no obstante, como nuyorriqueños (Nuyorican, en inglés).

Insistimos: aunque no tenga ni puñetera idea de español, esa persona es un hispano.

¿Es descendiente de hispanoamericanos y vive en los Estados Unidos de América? Sí. Pues es hispano. Se considere a sí mismo hispano o no. Obviamente a quien decida no ser considerado como tal o cual cosa se le suele respetar su decisión personal pero en cuanto a atenernos a la definición, no puede esquivarla: es hispano.

No suele ser el caso más común, al menos a día de hoy (en un futuro, con la evolución demográfica y social ya se verá) lo normal es que los descendientes de hispanoamericanos residentes en Estados Unidos hablen algo de español. Pero no, no es necesario conocer la lengua castellana para definir a alguien como “hispano” en los Estados Unidos de América. Ni jurídicamente ni conforme a las definiciones académicas lingüísticas.

Otrosí: un descendiente de hispanoamericanos que naciera en Canadá (o en Papúa Nueva-Guinea), tuviera la nacionalidad canadiense (o papú) y no hablara español, no sería hispano. Si no hablan español, el término “hispano” sólo se aplica a los descendientes de hispanoamericanos residentes en los Estados Unidos de América. Sólo a ellos. Porque tienen una importancia social y unas características históricas muy, muy marcadas y relevantes. En un futuro y dependiendo de los movimientos demográficos, quizás la definición cambie y se expanda para englobar a descendientes de hispanoamericanos en otros países pero, a día de hoy, sólo se aplica a los que residan en los Estados Unidos de América.

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Nota 3. Ya sé que suena a obvio pero estamos aquí para enseñar a utilizar con precisión y correctamente los términos. Un hispano puede ser de cualquier país siempre que tenga nacionalidad española o hable español. Un hispanoamericano es un hispano con orígenes en un país americano.

¿Puede un hispanoamericano provenir de algún país americano que no tenga por lengua oficial o mayoritaria el español? Por supuesto. Un descendiente de venezolanos que haya nacido en y viva en Canadá después de que sus padres hubieran huido de Venezuela huyendo del chavismo, es un hispanoamericano… siempre y cuando hable el español y un latinoamericano siempre y cuando hable alguna lengua latina (como el español… o el francés canadiense, cosa que podría ser más que posible). Si no cumpliese esos requisitos, no. Sería un “canadiense descendiente de hispanoamericanos o latinoamericanos” o un “canadiense de origen hispanoamericano o latinoamericano”. Pero vamos, lo normal no es decir de sí mismo “soy descendiente de hispanoamericano o latinoamericano”, lo más seguro es que una persona así dijera “soy descendiente de venezolanos” y punto, que es más directo y específico. Otro ejemplo: un brasileño que, habiendo nacido en Brasil, haya pasado a vivir en Argentina, y haya olvidado el idioma portugués, mayoritario en el país de la samba, pasando a hablar sólo el español, también es un hispano.

Nótese que, en principio y teóricamente, a un descendiente de españoles que viva en Estados Unidos, que no tuviera la nacionalidad española y que no hablara español no se le podría describir como “hispano”. El término se circunscribe a aquellos con orígenes hispanoamericanos, no con orígenes hispanoeuropeos. No creo que sea un caso muy común o relevante en términos cuantitativos (un sobrino segundo de mi padre es un caso real: nació en EE.UU., hijo de española, no tiene la nacionalidad española y no habla español) pero… ahí queda la anotación. Algún asimilado más habrá con esas características y, es mi opinión personal pero… no, no se le puede calificar de “hispano”. Estaría demasiado alejado de lo que significa ser “hispano”. Lo señalo porque la definición de la RAE lo que busca es describir a un grupo muy numeroso pero concreto de habitantes de los EE.UU. con una serie de características propias (como una historia común) que ellos mismos reconocen como propias y aglutinantes, que precisa de un término para describirles y en el que no se incluiría una persona como la que he descrito. El censo de los EE.UU., sin embargo, sí considera Hispanics a estas personas, pero no el mundo académico en español. Aunque, insisto, su número es relativamente reducido y ya dependerá de cómo quiera esa persona que lo califiquen (este sobrino de mi padre, por ejemplo, se califica a sí mismo de “medio español”).

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Nota 4. Sobre sentimientos. Muchos latinoamericanos que hablan español (hispanoamericanos, vaya), muy especialmente algunos de los ideología más extremista que viven en los Estados Unidos tienen la idea incorrecta de que no se les puede definir, calificar o describir como hispanos si ellos no quieren. Lo siento… pero no. No sólo es correcto sino absolutamente legítimo el hacerlo.

Es cierto que las interpretaciones pueden ser variadas. Pero uno no puede negar lo que es. No se pueden negar los hechos físicos independientemente de los sentimientos que se tengan. Como hablar una lengua.

Pero puntualicemos.

Existe una corriente ideológica de tendencia tercermundista (o altermundista) y ultraizquierdista (aunque hay de todo) que, por contraposición a los efectos más perniciosos de la llamada Conquista española y portuguesa de las Américas, intenta evitar a toda costa cualquier asociación con lo que sus seguidores perciben como cultura colonialista. Es cierto que la Conquista de América no fue ni muchísimo menos un fenómeno histórico sin traumas y que muchísimos conquistadores no fueron precisamente angelitos (es más, fueron unos auténticos cabrones) pero de ahí a negarse a usar definiciones que decriben características físicas (como el uso de una lengua) va un abismo. Eso incluye el definirse como “hispano”. Estas personas fuertemente ideologizadas son algunas de las grandes “culpables” de malinterpretar el término “latino” como exclusivo para referirse a ellos (latinoamericanos) porque lo perciben como más “propio” o que nada tiene que ver con la cultura de los conquistadores, a su parecer.

Eso es retorcer a conveniencia definiciones más que establecidas.

Y, aun así, fallar más que un perro cuidando un asado.

Vamos a poner un ejemplo personal con los que quiero ilustrar lo absurdo de tener según qué sentimientos o ideas equivocadas. A fin de cuentas, lo que pretendo con mis artículos de divulgación es no sólo divulgar información precisa y veraz sino también madurez y sentido común.

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Francisco Franco Bahamonde (1892-1975), dictador de España desde 1936 a 1975.

Os explico: soy descendiente de represaliados por el franquismo. Este tipo de la imagen fue Francisco Franco Bahamonde, dictador de corte fascista de España en el periodo que va de 1936 hasta su muerte en 1975.

Bajo sus órdenes se fusiló a mi bisabuelo y fueron torurados mi abuelo y mi tío abuelo (mi abuelo murió posteriormente a raíz de esas torturas que sufrió en la cárcel) y se condenó al ostracismo social y al hambre y a la miseria a mi familia materna durante décadas por ser ateos, sindicalistas, republicanos y de ideas progresistas (mi bisabuelo fue el último alcalde republicano de su pueblo y llegó a fundar una de las pocas escuelas no religiosas para niñas de la España de entonces).

Obviamente como os podréis imaginar, no le tengo mucho cariño. Es más, me cago en su puta casta.

Pero… ¿sabéis qué? Que ni por todo el mal que hizo puedo negarle a ese hombre que fuera hispano o latino. Porque lo era.

¿Hablaba español y era español? Sí. Pues era hispano. Por partida doble, para colmo (natural de España y hablaba español).

¿Hablaba algún idioma latino? Sí. Franco hablaba dos idiomas latinos: español y gallego (fue el idioma que utilizó para hablar con los embajadores de otro dictador, el portugués António de Oliveira Salazar porque le era más fácil comunicarse así). Así pues, era latino.

Por más odio justificado (o no) que yo pueda tenerle a alguien, no puedo quitarle sus características físicas. Como hablar una lengua. Ni se atiene a la realidad, ni es lo justo ni ayuda en nada.

De igual forma, Jorge Videla, Augusto Pinochet, Fidel Castro, Alfredo Stroessner, Anastasio Somoza, Daniel Ortega o Nicolás Maduro podrán ser calificados por unos u otros de dictadores, genocidas o simple y llanamente de hijos de puta. Pero son hispanos y son latinos mal que me pese.

Santiago Ramón y Cajal

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), médico español que recibió el premio Nobel de Medicina en 1906 por su descubrimiento del sistema neurológico. Un hispano y un latino de pro. En España se le conoce en términos históricos como el líder de la llamada Generación de Sabios. Fotografía: Archivo de El País.

Tan hispanos como muchos otros grandes hispanos que realizaron grandes aportaciones a la Humanidad o destacaron mucho como Santiago Ramón y Cajal, que salvó a millones de vidas, Ortega y Gasset, Miguel de Cervantes, Juan Sebastián Elcano, Luis Buñuel, Frida Kahlo, Diego Rivera, Sor Juana de la Cruz, Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Carlos Santana, Lionel Messi, René Favarolo, Carlos Gardel, Mario Vargas Llosa, Hernando de Soto, Javier Pérez de Cuéllar, etc, etc.

Y tan latinos como Julio César, Francisco de Asís, Voltaire o… Hernán Cortés. Ah, ¿no habíais caído en eso? Pues sí, el conquistador de México era, por definición, latino. Porque hablaba el español e incluso algo de latín (es más, estudió Derecho latino en Salamanca). Eso para que veáis lo absurdo de emplear mal los términos. Así que si alguien prefiere llamarse latino por no llamarse hispano porque asocia este último término a los conquistadores… que sepa que está cayendo en un error tan estúpido como risible.

Y eso es lo que hay. Y no porque esos dictadores impresentables que he mencionado sean latinos o hispanos tengo yo o cualquiera que tener vergüenza de usar el calificativo que por derecho (y por hecho físico) me corresponde de “latino” y de “hispano”.

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Hernán Cortés (1485-1547), conocido por ser el conquistador de México, era tanto hispano como latino (por partida doble: hablaba castellano y conocía bastante latín por haber estudiado Derecho romano en Salamanca).

Ser hispano no tiene el significado intrínseco de ser un conquistador o un malvado. Tiene el significado de hablar una lengua: el español. Simple y llanamente eso. Hablar una lengua como el español te califica de hispano pero eso no te hace responsable de todo el daño que hayan hecho otros hispanos, otra gente que haya hablado la misma lengua. Por esa regla de tres, si te quieres calificar de latino por no asociarte con el calificativo de hispano, te recuerdo que también hubo muchos latinos que cometieron todo tipo de desmanes. Algunos de ellos, incluso latinoamericanos no hispanos como Getúlio Vargas, dictador de Brasil o Jean-Claude Duvalier, dictador de Haití. Y también: los que hablan inglés hoy en día no tienen que sentir vergüenza por las atrocidades cometidas durante el Imperio Británico, no tienen por qué desprenderse del calificativo de “angloparlante” o “anglosajón” por eso, que les corresponde lo quieran o no por el hecho físico de que hablan inglés.

Es más, como ya hemos visto, se puede incluso ser hispano en EE.UU. sin tan siquiera hablar español.

Como nota curiosa, tuvimos un debate en la facultad con uno de los profesores de Derecho porque salió en las noticias un caso en los Estados Unidos de América donde el juez calificó de Hispanic a un acusado como término de identificación racial (ahora seguiremos hablando de eso) y aunque éste no hablara el español. Le planteamos el siguiente caso: ¿alguien que, conociendo la lengua española y no tenga la nacionalidad, se podría negar a que se le calificase de “hispano”? La respuesta: como poder, podría intentarlo de la misma forma que podría intentar dejar de ser considerado persona humana. Pero le sería prácticamente imposible denunciar a quien le calificase como tal. Porque dado que es una característica definitoria demostrable, no es constitutivo de delito sino que es una cuestión cierta y en su derecho estaría cualquiera a llamarle “hispano” haciendo uso de su derecho de libertad de expresión como ese derecho le permite a alguien llamar a otro “rubio” si éste tiene el pelo de color amarillo. Ningún juez de la jurisprudencia española debería admitir a trámite el caso. Por dejarlo más claramente expuesto, no podemos tomarnos como insulto cualquier término. Eso lo estimará el juez. Otra cosa sería que el individuo en cuestión se negase sistemáticamente a utilizar la lengua española aun conociendo su uso: está demostrando fehacientemente con ello que se niega a ser considerado como tal. Pero si la utiliza, está perdido: en teoría y en principio, no puede negarse a ser calificado como “hispano”. Obviamente, tomaos esto que os digo con un grano de sal porque fue una conversación informal y centrada en un hipotético caso en España. En EE.UU., con su jurisprudencia de sistema germánico anglosajón, las cosas van por otro derrotero, a diferencia del Derecho Romano imperante en la mayor parte de Europa.

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Nota 5: Diferencias entre definiciones académicas y uso cotidiano en España. Por definición estricta de la RAE (siendo muy puntillosos, todo hay que decirlo), también sería hispano un habitante natural de un país con el español como lengua oficial aunque no lo hablara. Ésa es la definición de la RAE pero muchas personas no la consideran completa porque no se atiene a la esencia de la definición. Por ejemplo, un peruano que sólo hablara quechua sería también un hispano según esta definición pero eso no es lo que considera el grueso de la población de, por ejemplo, España; se le llamaría más bien “amerindio” o “nativo americano” si se es educado… o “indio”, “machupichu” o “tiraflechas” si se está en modo guasón o racista pero debido a la sensibilidad que existe hacia estos temas de identificación cultural o racial, normalmente la gente no lo dice abiertamente. Personalmente, recomiendo tener tacto y educación con estos temas.

Queda un poco sujeto a discusión si casos como el de un filipino que hablara español sería considerado hispano o no… pero dado que el significado tercero establece como sinónimo de “hispano” todo aquel que sea español o perteneciente o relativo al español (como lengua), muchos sí le consideraríamos como tal, especialmente teniendo en cuenta que la cultura filipina está extremadamente influenciada por la española y la mexicana (religión católica, bailes, nombres y apellidos, comida, mitología, mestizaje, etc.). Más reticencias habría para definir como “hispano” a, por ejemplo, un saharaui que hablara español. Porque su cultura ha sido mucho menos influenciada por la de España o los países hispanoamericanos. Un saharaui pertenecería más bien a una cultura árabe hassaniya… pero sí, ateniéndonos a las definiciones se podría decir que es hispano (e incluso latino) si hablase el español, especialmente si fuera su lengua principal. Más concretamente, sería un “hispanohablante“.

Es decir y perdón por señalar lo obvio pero es que este texto va dedicado a NO dejar dudas a los lectores: ¿se puede ser hispano sin ser español o hispanoamericano? ¿Existen países y territorios hispanoparlantes fuera de América? Por supuesto. Existen millones de personas en Europa (España peninsular, Andorra, Gibraltar), África (islas Canarias, ciudades autónomas y dependencias españolas del norte de África, Guinea Ecuatorial, Sahara occidental) y Asia (algunas zonas de Filipinas y Borneo) que hablan español o lenguas criollas derivadas del mismo. También hay algunas comunidades de judíos sefardíes que conservan el ladino o judeoespañol como lengua, principalmente en Turquía e Israel. Muchas de esas personas no son naturales de España, que sería el otro requisito para ser considerado “hispano”.

A toda persona que hable el español, sea ésta su primera lengua o no, se le puede calificar de “hispano”.

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Nota 6: En principio, quedan excluidos del término “hispano” o “hispanoamericano” los brasileños… porque en su mayoría hablan portugués. Si un brasileño hablara español podría catalogársele de “hispano” e “hispanoamericano” desde el punto de vista lingüístico (que no exactamente cultural). Digo esto porque es tremendamente común en EE.UU. y relativamente frecuente entre hispanoamericanos el creer que los brasileños son también hispanos porque lo único que los diferencia del hispano medio es que “hablan un español raro” (el famoso predicador evangelista Josue Yrion, que habla español, habló así de sus fieles brasileños), y para muchos anglosajones yanquis (y muchos incultos, en general) todo lo que hay de Río Grande para abajo habla español o es “algo que tiene que ver con México”. No: en principio los brasileños son latinos, latinoamericanos y lusoamericanos, pero no hispanos ni hispanoamericanos.

Insisito: muchos estadounidenses y muchos hispanoamericanos desconocen o ignoran que los brasileños hablan una lengua latina diferenciada del español… el portugués.

Hay quien dice que dado que “hispano” hace referencia a la antigua provincia romana de Hispania y dado que ésta englobaba al actual Portugal (aunque este país se correspondiera más o menos con la antigua Lusitania; de ahí portugués = “lengua lusa”) y a la península ibérica se la ha conocido tradicionalmente como Hispania… que todo lo relacionado con Portugal y su lengua (el portugués), también debería poder ser calificado de “hispano”. Estas personas entieden que Hispanoamérica incluiría, pues, también al Brasil que habla portugués y fue colonia portuguesa.

Ésas son opiniones particulares con muy poco arraigo tanto en el uso popular como académico. Básicamente, quien las prodiga “se la está cogiendo con papel de fumar”, aunque hay que reconocer que esa opinión tiene una base con raíces históricas.

¿De dónde viene esta asociación amplia entre los hispano y lo luso (portugués)?

A lo largo de la Edad Media fue muy frecuente el hecho de llamar a la península ibérica (Portugal incluida), Hispania. Era una forma de simplificar para extranjeros, sabios, etc., el poder agrupar a todos los diversos reinos de esa área geográfica tan definida físicamente pero tan diversa políticamente. No fue hasta el siglo XVI que empezaron a diferenciarse claramente en términos culturales portugueses de españoles. Hasta entonces, ambos se calificaban mutuamente de “cristianos” (por oposición a los musulmanes, con los que guerreaban continuamente) y los portugueses llamaban a los españoles por el adjetivo de “castellanos” (o aragoneses, navarros, etc.). Pero hasta entonces, tanto castellanos como portugueses se veían a sí mismos todos juntos como españoles. Más concretamente como “hispanos”, como naturales de la península europea que comenzaba en los Pirineos (Hispania). Al mismísimo Luis de Camoens (Luís Vaz de Camões,  1524-1580) el poeta nacional portugués, se le atribuye la frase:

falai de castelhanos e de portugueses, porque espanhóis somos todos

Se conservan incluso protestas portuguesas formales (de parte de Manuel I de Portugal) por el atrevimiento de Fernando el Católico de llamarse “rey de España”. Eso fue cambiando con el tiempo. Los portugueses veían cómo los españoles se iban apropiando de un calificativo que ellos mismos veían también como propio. Eso se acentuó desde el fin de la Unión Ibérica aunque no fue hasta el siglo XVIII (Tratado de Utrecht, 1715) que los portugueses lo dieron por imposible y empezaron a reconocer que el uso del adjetivo “español” e “hispano” se empleaba sólo para caracterizar lo referente a lo que hoy es España propiamente dicha y la lengua castellana (española).

En la actualidad, insisto en que ya me gustaría a mí pero hay que ceñirse a la realidad: lo hispano, al menos como término lingüístico, no incluye necesariamente lo portugués.

Nótese que este proceso de apropiación de un término que por definición engloba a más personas pero que lo asume como propio y exclusivo un grupo particular de éstas, es muy parecido a lo que está sucediendo actualmente con el término “latino”.

Nota 7:

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Así pues, latinoamericano e hispanoamericano NO son sinónimos. Todos los hispanoamericanos son latinoamericanos, pero no todos los latinoamericanos son hispanoamericanos.

De la misma forma, todos los hispanos son latinos pero no todos los latinos son hispanos.

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Nota 8: Como ya hemos visto, Hispanoamérica es el conjunto de países del continente americano donde el español es lengua oficial. Esa definición se queda corta porque hay países americanos en los que el español es la lengua oficial de facto más que de iure (porque no consta en su Constitución o simple y llanamente porque sus políticos no se han molestado en recoger jurídica y administrativamente ese hecho). México es el ejemplo más conocido: el español es la lengua más hablada en el país pero no es su lengua oficial (no tiene lengua oficial); en México lo que hay son “lenguas nacionales”, el español una de ellas.

En líneas generales, por costumbre y uso se considera que un país es hispanoamericano cuando el español sea lengua oficial o la más hablada de un país americano. El listado es el siguiente: México, Colombia, Argentina, Perú, Venezuela, Chile, Ecuador, Guatemala, Cuba, Bolivia, República Dominicana, Honduras, El Salvador, Paraguay, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Uruguay.

Existen, además, dos excepciones en las que el territorio está considerado como hispanoamericano aunque haya que puntualizar:

Puerto Rico es un “país”, pero no es un Estado independiente sino un Estado Libre Asociado a los EE.UU. En la práctica todos los que hablamos español consideramos a Puerto Rico como un territorio netamente hispano y latinoamericano por razones culturales, lingüísticas, históricas, etc.

La otra excepción es Belice. Oficialmente su lengua es el inglés. En la práctica, la gran mayoría de su población habla más el español, ya sea como primera o segunda lengua. Así pues, se le considera un país latinoamericano e hispanoamericano de hecho más que de derecho.

Mención aparte merecen los EE.UU. de América.

Estados Unidos tiene una gran población hispanoparlante (es el segundo idioma más hablado del país y es el segundo país del mundo con más hispanohablantes tras México) pero el español no es la lengua mayoritaria ni está reconocida como oficial (salvo algunas excepciones culturales como en el estado de Nuevo México). Ni tan siquiera sumando a todos los habitantes que hablan una lengua de origen latino logran superar a los que emplean el inglés. Estados Unidos no es, pues, ni un país latino o latinoamericano ni hispano o hispanoamericano. Tiene territorios con población de amplia mayoría hispanoparlante (como Miami, por ejemplo, con una población hispana del 70%) o de origen latinoamericano (como Los Ángeles y el sur de California), sí, pero en puridad no se le puede calificar como tal a todo el territorio nacional estadounidense.

Aquí podéis ver un mapa de los Estados Unidos que muestra la distribución de hispanoparlantes en su territorio en el año 2000, según el censo nacional (Puerto Rico no incluido):

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De la misma forma, existen comunidades y áreas donde los hispanoparlantes son mayoría en otros países americanos (como guettos o barrios en grandes ciudades) pero cuando se habla de pertenecer a Hispanoamérica o Latinoamérica, normalmente nos referimos coloquial y académicamente a “países” entendiendo como tales a Estados independientes (con la gran salvedad de Puerto Rico, que es un territorio políticamente muy definido).

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Evolución del número de hablantes de español según el censo estadounidense desde 2006 a 2016. Nótesela evolución ascendente.

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Nota 9: Países o territorios latinoamericanos que no son hispanoamericanos, es decir, el idioma que se habla mayoritariamente en ellos es de origen latino pero no es el español: Brasil con el portugués; Aruba y Curaçao con el papiamento; Quebec, Saint Pierre et Miquelon, San Bartolomé, Guadalupe, Martinica, San Martín, Guayana Francesa con el francés; Santa Lucía y Haití con lenguas criollas basadas en el francés.

Hay muchos más territorios americanos con poblaciones bastante numerosas que hablan una lengua de origen latino (como Granada o Dominica o algunas partes de Canadá que no son Quebec), comunidades de expatriados, barrios de comunidades étnicas, etc., pero recordemos: para ser considerado latinoamericano, un país (o territorio muy definido políticamente) debe tener como mayoritaria entre su población u oficial según su legislación, una lengua de origen latino. Por ejemplo, en Canadá el francés no es mayoritario, pero sí es una lengua oficial. Más específicamente, es la lengua mayoritaria de un territorio altamente autónomo y definido en lo político: la provincia de Quebec.

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V. Otros términos identificativos con los que a veces se condude “hispano” o “latinoamericano”.

V.1. Iberoamericano.

Iberoamericano RAE

Volvemos a esta cuestión.

Si alguien deseara englobar sólo a los países y hablantes de español y portugués del continente americano (en muchísima menor medida, otras lenguas originarias de la península ibérica), debería emplear el término “iberoamericano”. Tan iberoamericano es un mexicano como un brasileño, pero en principio NO se le aplicaría a un habitante de Canadá, Guayana, Guayana Francesa o de Surinam a no ser que esa persona hablara, por lo que fuera, español o portugués. En principio existen otras lenguas ibéricas (catalán, valenciano, gallego, vasco, mirandés, bable, etc.), de las cuales sólo el vasco no es latina pero, como ahora veremos, el término iberoamericano no es estrictamente lingüístico. Por eso es que hay que señalar que un hablante de, por ejemplo, sólo vasco que viviera en Estados Unidos (hubo comunidades históricas así), no sería considerado exactamente iberoamericano.

Iberoamericano, como término lingüístico, se sobreentiende que sólo hace referencia a los idiomas español y portugués.

Lo vuelvo a repetir: el uso que se le da popularmente al término Latinoamérica para englobar sólo a países americanos que hablan mayoritariamente español o portugués es incorrectísimo. Porque ese término engloba también (y son millones de personas, no nos olvidemos) a aquellos que hablen otras lenguas latinas. Como el francés: técnicamente, el término Latinoamérica se aplicaría también al Quebec francófono, Haití, Santa Lucía y dependencias francesas en América (como muchas islas del Caribe, Saint-Pierre et Miquelon y la Guayana francesa).

El usuario medio de la palabra Latinoamérica no sabe, desconoce o simplemente le da igual tener en cuenta ese hecho. Pero está utilizando el término de manera incorrecta.

El usuario habitual de la palabra Latinoamérica lo que debería hacer por mor de la exactitud y precisión, es utilizar el término Iberoamérica si se quiere referir a los países de América que tengan como lengua mayoritaria el español o el portugués. O incluso a los que tengan más lazos culturales e históricos.

¿”Históricos”?

Sí.

Nótese que el término “Iberoamérica” es especialmente amplio porque es un término con connotaciones geográficas e históricas claras. No lingüísticas. Voy a poner unos ejemplos: algunos que quisieran utilizar Latinoamérica sólo para englobar con él a los países de lengua española o portuguesa podrían querer negarse a utilizar el mucho más correcto “Iberoamérica” porque, con ese término entienden que se debería excluir también a las islas antillanas que hablan Papiamento (Aruba y Curaçao), que es una lengua criolla de origen portugués. Otros, que sí quisieran incluir a Haití, lo verían excluido. O a Jamaica. O a Trinidad y Tobago.

Error.

Iberoamérica no hace referencia a la lengua. Hace referencia a un conjunto de países por Historia. Porque formaron parte de los reinos de España y Portugal. Para eso existen los diferentes términos: para tener mayor precisión.

Aruba y Curaçao fueron colonias españolas. Por poco tiempo, pero lo fueron. De la misma forma que Haití (hubo varios periodos de conquista española), Belice, Jamaica, Bahamas, Guayana, Trinidad y Tobago, etc. La Guayana francesa, por ejemplo, fue territorio portugués cuando fue ocupada por el reino de Portugal durante las guerras napoleónicas.

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Iberoamérica histórica. Posesiones españolas (en rojo) y portuguesas (En color púrpura) entre 1790-1810. En color fucsia, zonas de influencia o que estuvieron bajo control temporal.

Muy, muy pocas islas del Caribe no fueron colonias españolas. Las más pequeñas, principalmente.

Con esa definición, incluso los Estados Unidos podrían ser considerados parte de Iberoamérica porque casi el 60% del territorio que hoy día son los Estados Unidos fueron parte (teórica o efectiva) del reino de España, precisamente las partes donde hoy día habitan más hispanos: California, Nuevo México, Arizona, Oklahoma, Nevada, Florida, Luisiana, Mississippi, etc., y que, con la excepción del valle del Mississippi se los dejamos a los mexicanos pero luego éstos los fueron perdiendo sucesivamente en varias guerras contra los EE.UU.). Pero dado que la definición hace referencia a países y no a territorios, los Estados Unidos como país no fueron colonia española al completo, así que no se le debería aplicar el término “Iberoamérica” más que parcialmente (por ejemplo, en términos de estudios históricos).

Si bien es cierto que en Europa, cuando hacemos uso del término “Iberoamérica”, no hablamos de “territorios” sino que pensamos en el conjunto de países actuales que fueron colonias de España y Portugal; más concretamente a los que hoy en día mantienen la lengua española o portuguesa como mayoritaria.

Pero incluso esa idea es relativamente errónea. Por pura y dura definición, Iberoamérica es el conjunto de países que en su día fueron parte de los reinos de España y Portugal.

El diccionario panhispánico de dudas recoge explícitamente esta definición:

Iberoamérica. Nombre que recibe el conjunto de países americanos que formaron parte de los reinos de España y Portugal: «Don Juan Carlos destacó ayer, en la inauguración de la II Conferencia de Justicia Constitucional de Iberoamérica, Portugal y España, que los tribunales constitucionales aseguran la primacía de la Constitución» (País [Esp.] 28.1.98). No debe usarse para referirse exclusivamente a los países americanos de lengua española, caso en que se debe emplear el término Hispanoamérica ( Hispanoamérica). Su gentilicio, iberoamericano, se refiere normalmente solo a lo perteneciente o relativo a Iberoamérica, esto es, a los países americanos de lengua española y portuguesa: «Los tiros del festival van, decididamente, por la música española, portuguesa e iberoamericana» (Abc [Esp.] 16.8.96); pero en ocasiones incluye también en su designación lo perteneciente o relativo a España y Portugal: «José Hierro obtuvo ayer el IV premio Reina Sofía de poesía iberoamericana» (Vanguardia [Esp.] 2.6.95).

Eso incluye a muchos más países de los que os podáis imaginar. Muchos de esos países ni tan siquiera tienen hoy por lengua mayoritaria el español o el portugués. Un ejemplo es Trinidad y Tobago: fue colonia española hasta 1802, su capital se llama Port of Spain (Puerto España) y tiene una cultura muy influenciada por la venezolana, que es hispánica. Pero no se habla el español mayoritariamente allí (sólo el 5% de la población lo habla), sino el inglés, lenguas criollas derivadas de éste y algunas lenguas de la India como el bhojpuri. Eso sí, Trinidad y Tobago pasará a formar parte tanto de Hispanoamérica como Latinoamérica en 2020, año en que el español (supuestamente) se convertirá en lengua cooficial. Pero, hasta este año, 2019, por definición, Trinidad y Tobago sólo es parte de Iberoamérica y sólo por motivos históricos.

Otro ejemplo es Belice: quedaría total y absolutamente incluido.

Como nota curiosa y por si alguien se ha quedado extrañado… El personal tiende a pensar que el “imperio español” se circunscribió sólo a América y Filipinas. No. Hubo territorios que el español corriente desconoce que fueron colonias españolas. ¿Un ejemplo? Taiwán. Sí, Taiwán (el norte de la isla) fue colonia española (la Formosa española). Y Brunei. Y buena parte de Polinesia y Micronesia.

Nótese que el término “Iberoamérica” es especialmente adecuado para el uso que se le quiere dar en América, ya que excluye específicamente a territorios como Quebec, que es francófono y nunca formó parte de los imperios español y portugués y, vamos a admitirlo, es el que más desentona en una definición que quiere englobar culturalmente a muchos otros países que son más homogéneos entre sí. Vengo a decir esto porque es de todo punto absurdo usar el término Latinoamérica que incluye a Quebec y que sí, es un territorio que habla mayoritariamente una lengua latina (el francés) y deja fuera a Jamaica y Trinidad y Tobago que, aunque sean países donde se hablen mayoritariamente lenguas no latinas son muchísimo más similares en cultura con respecto a países de su entorno como Cuba o Venezuela. Incluso tienen más lazos históricos. Quebec está más integrado en una cultura norteamericana que no propiamente latina o afrocaribeña.

Y es precisamente por todo lo expuesto que el término Iberoamérica es muchísimo más acertado para emplearlo tal y como lo hacen en el continente americano con el uso (amplio) que le dan a Latinoamérica. Si alguien quiere utilizar un término con el que englobar a todos los países americanos de lengua mayoritariamente latina sin incluir a los francófonos Quebec, Haití y demás países caribeños que no hablan ninguna de estas lenguas originales (esto es, sin lenguas criollas), podría hacer uso de la expresión “Iberoamérica” y obviar a los países y territorios que dejaron de ser colonias españolas y portuguesas antes de la gran oleada de independentismos del siglo XIX. O decir Iberoamérica lingüística, de lengua iberoamericana, etc.

Es mi opinión personal pero creo, sinceramente, que no falta mucho para que la definición de la RAE se vuelva más precisa aún en esa dirección de acotación lingüística como, por ejemplo: “conjunto de países americanos donde la lengua mayoritaria u oficial es el español o el portugués” y dejando así el listado de países pertenecientes a esa definición en “Hispanoamérica más Brasil”.

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Iberoamérica lingüística: conjunto de países americanos cuya lengua mayoritaria reconocida u oficial son el español o el portugués. Se incluye Puerto Rico que no es un Estado independiente pero cuya lengua oficial es el español y quedan excluidos Belice (que, aunque mayoritario, no es oficial) y las islas antillanas con el Papiamento como lengua mayoritaria al no ser portugués propiamente dicho (es una lengua criolla supuestamente derivada del mismo).

Sí que es cierto, no obstante, que en el mundo académico inglés se confunden al afirmar que Iberian America es sólo el conjunto de países de América donde se habla español y portugués. Muchos latinoamericanos y anglosajones creen, erróneamente, que españoles y potugueses nos referimos a Iberoamérica como un término exclusivamente lingüístico. Es un término más bien histórico aunque hoy en día se utiliza eminentemente para clasificar países por su lengua. Nótese que, por definición y, a veces (por contexto) puede incluir a España y Portugal entre el listado de “países iberoamericanos”.

El término “iberoamericano” ambién tiene una asociación política, por la que mucha gente se confunde con lo que significa ser iberoamericano, ya que se incluyen países que no son americanos o netamente hispanófonos o lusófonos. El listado político de países iberoamericanos, es decir, de los países miembros asistentes de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno, son: Andorra, Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Además de los miembros de pleno derecho existen otros miembros asociados, como Guinea Ecuatorial, Haití, Filipinas, Timor Este o Puerto Rico, que es un Estado libre asociado de los Estados Unidos, y no un estado independiente.

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Nota 1. ¿Se debe incluir al mundo cultural afrocaribeño dentro del término Latinoamérica? Vamos a dejarlo claro, en las islas del mar del Caribe existen países (muchos de ellos son sólo algunas islas, y muy pequeñas) que, sin hablar español o portugués, hablan otra lengua latina (o no latina) y tienen una cultura con algunos elementos comunes con respecto a los países del continente americano que hablan mayoritariamente español y portugués.

Pero desde mi punto de vista y el del mundo académico de las Ciencias Sociales, esos países tienen más en común entre ellos que con los países hispanos y Brasil. Un ejemplo muy, muy claro reside en la influencia africana. Es un hecho reconocido y evidente que la influencia africana es muy importante en la conformación de algunos países hispanoamericanos (por ejemplo: Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, Colombia, etc.) y de Brasil. Pero mientras que en esos países es muy importante, en los países insulares caribeños es decisiva: porque las poblaciones de origen africano prácticamente conforman la totalidad de los mismos o la inmensa mayoría. Países insulares caribeños como Jamaica, Santa Lucía, Dominica, Saint Kitt y Nevis, Trinidad y Tobago, etc., tienen ese elemento definitorio en común.

Los países isleños del Caribe de habla hispana, esto es, Cuba, República Dominicana y Puerto Rico tienen más en común con otros países hispanos del continente americano. Su lengua y cultura son netamente hispanas y, por tanto, latinas. Esos tres países pertenecen por derecho a Latinoamérica, Iberoamérica e Hispanomaérica.

Jamaica, por ejemplo, sólo pertenecería (y sólo por motivos históricos, no lingüísticos) a Iberoamérica.

Técnicamente hablando, también serían parte de Latinoamérica las islas de las Antillas Holandesas donde se habla papiamento y todos los territorios francófonos de las islas del Caribe pero, dado que sólo Haití y Santa Lucía son estados independientes (los demás son dependencias de Francia, como San Bartolomé o terrorios asociados a Holanda, como Aruba), existe una gran discusión acerca de si se los debe incluir en ese término. Personalmente, yo no lo haría.

La mayoría del mundo académico (por ejemplo, en estudios económicos) no incluye al Caribe no hispano en el término “Latinoamérica” o especifica “Latinoamérica y el Caribe”.

Seamos sinceros: cuando se habla de Latinoamérica no se suelen incluir más países del Caribe insular que Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, los que hablan español.

La gran excepción es Haití.

Desde mi punto de vista, la francófona Santa Lucía (su lengua principal es el patois, una lengua criollas de origen francés) pertenece más bien al mundo afrocaribeño y anglosajón (su lengua oficial que no mayoritaria es el inglés), así que puede ser descartada sin mayor problema pero le pese a quien le pese, no hay grandes motivos para descartar a Haití, que es un país latinoamericano con sobrado derecho. Es cierto que es un país diferenciado de su entorno hispánico y tiene muchísimo más en común con otros países isleños afrocaribeños (su población es mayoritariamente afroamericana) pero su papel histórico en la conformación de otros países americanos (los Estados Unidos y Venezuela incluidos) y sus relaciones (económicas, culturales, etc.) con éstos son incuestionables.

Como poder, se puede incluir al mundo caribeño no hispano dentro de Latinoamérica pero, sinceramente creo que es, una vez más, estirar mucho, mucho la definición. Salvo a Haití, yo no incluiría a más países del Caribe isleño que no hablaran español en una hipotética “esfera cultural latinoamericana”. Ni tan siquiera a los hablantes de papiamento o a los criollos de Santa Lucía. Que me perdonen estos últimos, no se me enfaden pero… su importancia relativa (son muy pocos habitantes y con poco peso social, económico y cultural en el conjunto de las Américas) como para hacer una excepción con ellos. Eso sí, y lo vuelvo a repetir: técnicamente y por definición, forman parte de Latinoamérica por hablar lenguas de origen latino.

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V.2. Lusoamericano.

Este término se aplica a cualquier persona (y país) del continente americano que hable portugués. Eso aplica sobre todo para brasileños pero también para cualquier persona que hable portugués como, por ejemplo, los emigrantes portugueses en Venezuela (si es que queda alguno que no haya huido del chavismo) o, de manera un poco más discutible, los hablantes de papiamento de las Antillas neerlandesas.

Digo “discutible” porque los filólogos no se ponen de acuerdo en si el papiamento es una lengua criolla de origen español o portugués. Mi opinión personal después de haberla visto en clases de Lengua en el instituto, es que es de origen portugués (la hipótesis sobre la que más se trabaja es que fuera traída o desarrollada por antiguos esclavos africanos de los portugueses).

Ya lo veremos en un apartado sobre la evolución histórica del término pero cuando empezó a usarse el término “Latinoamérica” en el siglo XIX, muchos hablantes de español lo usaban incorrectamente para designar con él sólo a la América de habla española. Es más, excluían específicamente a Brasil.

Eso fue cambiando con el paso del tiempo pero todavía hoy hay algunos hispanoamericanos que se resisten a reconocer (o desconocen) que en Latinoamérica va incluido Brasil. Donde más se da el caso es entre los hispanos de Estados Unidos: muchos no conciben que Latinoamérica incluya a algún país que no hable español mayoritariamente, como Brasil o Haití (o Quebec). Tan profunda es la creencia que algunos hispanoamericanos la incluyen incluso en sus definiciones:

El concepto de latino es un término muy presente en nuestro idioma y que en la actualidad utilizamos muchísimo para designar a aquellos individuos que tienen un origen latinoamericano, es decir que han nacido en algún país perteneciente a Latinoamérica o América Latina, entre otros: Argentina, Bolivia, Chile, Uruguay, Venezuela, Cuba, Paraguay, México, Colombia, Costa Rica, Ecuador, entre otros. Una de las características básicas y más reconocibles de los latinos es que hablan el idioma español.

El subrayado es mío. Sencillamente brutal…

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Nota 1. Ahora, voy a hacer una crítica a los míos, mis compatriotas. En España, tradicionalmente, ha habido una especie de “resistencia” o reparos a admitir a Brasil dentro de lo que consideramos nuestra esfera de influencia cultural particular hispánica. Esto es, para nosotros, los países de América que nos importan tradicionalmente son… los que hablan español. Y como que se dejaba un poco aparte al Brasil lusófono, no aparecía en nuestros medios de comunicación tanto como México o Argentina, no se estudiaba su literatura ni su historia en el colegio o el instituto como la hispanoamericana, no había tantas relaciones comerciales como, por ejemplo, con Chile o Cuba. Nosotros los españoles siempre hemos utilizado el término “Hispanoamérica”, ante todo y sobre todo. Y como que “molesta” que, de unos años para acá, se empleen más el término Latinoamérica o Iberoamérica “por culpa de Brasil”.

De acuerdo en que el término Latinoamérica es incorrecto tal y como se usa popularmente hoy en día, ya lo hemos visto a lo largo del artículo pero lo que no se puede hacer tampoco es poner reparos a la presencia de un país que, aunque hable una lengua ligeramente diferente al español dominante en América, tiene unas similitudes asombrosas con ese entorno hispánico. Como que, en términos de importancia, sólo le separa la lengua (lengua que, para colmo, es latina, y, para colmo de colmos, de las latinas más próximas al español).

Todo eso está cambiando en España. Afortunadamente. Principalmente porque a Brasil no se le puede ignorar: es el país más grande, más poblado y económicamente más poderoso de Latinoamérica e Iberoamérica. Y les recuerdo a todos los que les ponen reparos a la presencia de Brasil (muchos de ellos, ultranacionalistas) en la terminología lingüística y geopolítica americana que tenemos bastante más elementos en común de los que se imaginan de forma muy inculta: Brasil fue colonia española durante los sesenta años de la Unión Ibérica y varios de sus estados actuales fueron parte de la corona española hasta mediados del siglo XVIII e incluso principios del XIX (Acre, Matto-Grosso, Rio Grande do Sul, partes de Santa Catarina…). Y todo ello sin mencionar las importantísimas relaciones comerciales con el gigante iberoamericano (España es uno de los principales inversores en el país; empresas como Santander, Telefónica e Iberia tienen una grandísima presencia) y que el español es la segunda lengua más estudiada en su territorio. Es decir, que Brasil no nos es tan ajeno como muchos podrían afirmar. Por no decir que excluir a alguien por esa razón tan nimia es de mentes estrechas y de perdedores.

Y por si alguien me lo pregunta después de haber leído eso: sí, soy iberista y hablo portugués. Eso sí, el portugués brasileño se me atraganta un poco: tengan en cuenta que el acento con el que estudié la lengua fue el portugués europeo.

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VI. Latino, latinoamericano o hispano NO son términos raciales sino CULTURALES (lingüísticos). El concepto de La Raza.

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Portada del libro Viva La Raza. A History of Chicano Identity & Resistance, por Yolanda Alaniz y Megan Cornish. 2008.

No me voy a detener mucho en esto porque no lo merece.

No existe una raza hispana o una raza latina por más que en EE.UU. aseguren lo contrario en algunas decisiones judiciales (en su censo sí distinguen y recogen bajo el término “hispano de cualquier raza”) o algunos movimientos radicales.

Por ejemplo, puede haber hispanos blancos, mestizos, amerindios, negros (muchos afroamericanos de Cuba, Rep. Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Guinea Ecuatorial), orientales (filipinos, zamboangueños), árabes (como los saharauis y marroquíes que hablan español) y judíos (como los sefardíes que hablan ladino).

Lo repetiremos hasta la saciedad: hispano y latino son términos lingüísticos y lo más básico que hay que entender de ellos es que hispano es aquella persona que hable español y latino la que hable una lengua latina (como el español). Tan simple y tan sencillo como eso.

Aunque muchos hispanoamericanos y algunos españoles hablen de “La Raza” eso hace mención al mestizaje americano y culturas asociadas al mismo, sobre todo a una cultura con idioma español pero NO a una etnia concreta. “La Raza” es una cuestión empleada de manera muy variopinta (incluso contradictoria) principalmente por algunos humanistas hispanistas, ideólogos franquistas y fascistas españoles y, muy especialmente, en México y por parte de descendientes mexicanoestadounidenses (chicanos), para mostrar orgullo por su ascendencia mestiza.

Pero no existen unos rasgos físicos que denoten la pertenencia a una raza específica. Repetimos: incluso la definición de raza es polémica por vaga e imprecisa.

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VII. ¿Existe una cultura latinoamericana? ¿Cómo se define “hispano” o “latino” en los Estados Unidos de América?

En principio, no existe una cultura latinoamericana.

No al menos, una unificada. Todos los países americanos (y sus habitantes) donde las lenguas latinas sean oficiales o mayoritarias tienen pocos elementos en común: un quebequés, un haitiano, un mexicano, un chileno y un brasileño no tienen tanto en común entre ellos como el quebequés con el haitiano, y el mexicano con el chileno. Incluso el brasileño tiene más en común con el mexicano y el chileno (y quizás con el haitiano) que con respecto al quebequés.

Si es que existe una cultura parecida a lo que se intenta expresar con el uso actual e incorrecto de Latinoamérica, es la hispanoamericana porque esa sí que comparte elementos comunes muy marcados y que vienen de largo. Aparte de la lengua y literatura en común (el español), todos esos países tienen un larguísimo periodo histórico en común de trescientos años, la influencia de la Iglesia Católica (que no fue tanta en el Haití francófono, por ejemplo), registros legales y documentales, movimientos migratorios y mestizaje, lazos económicos, etc.

Brasil tiene bastante similitud con los países hispanos pero no se puede hablar de tanta similitud como la que pueda haber entre Argentina, Uruguay y Chile. A uno le secuestran, le ponen una venda en los ojos y lo sueltan en medio de Uruguay y a no ser que pregunte no sabe si está en Argentina. A uno lo sueltan en Brasil y reconoce de inmediato al país si oye hablar a la gente. Si a uno lo sueltan en Haití puede que no sepa dónde está… pero casi seguro que le entra la duda de si está en África (en el África francófona).

Entonces, ¿por qué se habla de Latinoamérica como un área cultural definida?

Porque…

en muchos países de la América hispanoparlante y, especialmente, en Estados Unidos, cuando se habla de Latinoamérica, se piensa en países donde se habla español y cuando se dice “latino”, se piensa en alguien que habla español.

Es un error. Y grave. Pero muy común.

Tan común como que en el censo estadounidense se ven obligados a emparejar los términos “latino” e “hispano”:

About Hispanic Origin

The U.S. Office of Management and Budget (OMB) requires federal agencies to use a minimum of two ethnicities in collecting and reporting data: Hispanic or Latino and Not Hispanic or Latino. OMB defines “Hispanic or Latino” as a person of Cuban, Mexican, Puerto Rican, South or Central American, or other Spanish culture or origin regardless of race.

People who identify with the terms “Hispanic” or “Latino” are those who classify themselves in one of the specific Hispanic or Latino categories listed on the decennial census questionnaire and various Census Bureau survey questionnaires – “Mexican, Mexican Am., Chicano” or ”Puerto Rican” or “Cuban” – as well as those who indicate that they are “another Hispanic, Latino, or Spanish origin.”

The 2010 Census question on Hispanic origin included five separate response categories and one area where respondents could write in a specific Hispanic origin group. The first response category was intended for respondents who do not identify as Hispanic. The remaining response categories (“Mexican, Mexican Am., Chicano”; “Puerto Rican”; “Cuban”; and “another Hispanic, Latino, or Spanish origin”) and write-in answers can be combined to create the OMB category of Hispanic.

Repetimos: cuando en EE.UU. se dice de alguien que es “latino”, es prácticamente seguro que quieren decir “hispano” o “hispanoamericano”.

Pero no, no son lo mismo.

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VIII. Etimología e historia del término Latinoamérica.

Vamos a tratar de explicar de dónde viene el término Latinoamérica porque es muy importante para entender tanta confusión concerniente al significado del mismo.

A quien visite el continente americano le queda claramente expuesto a la vista (y al oído) que existen dos grandes áreas culturales que separan el continente: la que habla lengua inglesa (Angloamérica, América anglosajona), y la que no (Latinoamérica). La que no es de lengua inglesa es de lengua perteneciente de manera inmensamente mayoritaria a la familia lingüística latina (español, portugués y francés más las lenguas criollas relacionadas). Hay más áreas culturales, por supuesto (la inuit, culturas nativas, la neerlandófona e incluso en su día hubo colonias danesas en el Caribe), pero las más releventes en términos de peso sociocultural, político y económico acabaron siendo esas tres.

Esas lenguas latinas fueron traídas por las potencias coloniales de España (la mayoritaria), Portugal y Francia desde finales del siglo XV. Esa similitud lingüística y cultural provocó ya desde el siglo XIX, una vez independizadas la gran mayoría de esas colonias, el que algunos autores englobaran a las nuevas naciones (o territorios definidos). Si bien es cierto que existen más elementos comunes a las naciones americanas de lengua latina (por ejemplo, la influencia católica y el Derecho romano), el mayor elemento cultural de unión suele ser… la lengua. Y es, por tanto, la lengua el factor determinante para clasificar a América por regiones culturales.

Y geopolíticas.

Las primeras referencias al carácter o cultura latina de buena parte de la población de las Américas comienza ya desde principios del siglo XIX.

Michel Chevalier, un ingeniero y economista francés de filosofía sansimonista escribió ya en la tercera década del siglo XIX sobre la “raza latina” que habitaba América. Chevalier era uno de tantos utópicos de la época, y lo que pretendía era poco menos que llamar a una unión de pueblos latinos (en Europa y América) que, por razón de su cultura común, pudieran sobreponerse al otro elemento común (la influencia católica) y hacerle frente a lo que él veía cada vez más como intromisiones imperialistas de los pueblos de origen eslavo (de religión ortodoxa, en su época Rusia era un imperio expansionista… y hoy día, también), germánico (él mencionaba a los “teutones”, los alemanes) y a los de lengua inglesa… que, para colmo, eran mayoritariamente protestantes.

Nótese que ya desde primerísima hora:

A) -el término nace como enfrentado o contrapuesto a otra área cultural en auge y con tendencias imperialistas y expansionistas: más concretamente, la anglosajona.

B) -las primeras menciones a una América latina hacen referencia a una “raza”. Eso provocaría confusiones en un futuro al entender muchos activistas que de verdad existe genéticamente una raza latina. Están equivocados. Estos primeros autores hacen más bien referencia a “raza” pero mezclada con la idea de “cultura” (por aquel entonces y, como parte del racismo imperante, no se diferenciaba muy bien una cosa de la otra).

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Pero lo que es el concepto en sí de América Latina es posterior, de mediados de siglo.

Existen DOS teorías enfrentadas acerca de si el término Latinoamérica es una invención propia de autores americanos o de si proviene de fuera del continente.

¿Por qué la confusión?

1. Porque tradicionalmente, la historiografía le atribuye la invención del término “Latinoamérica” a autores franceses que intentaban hacer valer la idea de la invasión francesa de México. Recordemos que con Napoleón III, Francia intentó crear un estado títere en México bajo el reinado impuesto de Maximiliano de Habsburgo (el llamado Segundo Imperio Mexicano). Los franceses lo que pretendían era utilizar este concepto de América latina como opuesta al imperialismo británico de cultura anglosajona, uno de los adversarios geopolíticos de Napoleón III (aunque el mayor adversario y el que acabó venciéndolo fue… Prusia) y tener una ayuda ideológica con la que conseguir más colonias y poder económico y político con el que hacer frente tanto a ingleses como alemanes.

Lo que hicieron estos autores franceses (periodistas y propagandistas, como Felix Belly) fue revivir en los años sesenta del siglo XIX la idea de Chevalier de una raza latina enfatizando los elementos culturales comunes latinos de Francia con las antiguas colonias de España y Portugal con la intención de que estos nuevos países latinos de América miraran más a Francia como modelo cultural en vez de a sus antiguas metrópolis. Los autores franceses llegaron a crear una revista llamada La revue des races Latines, dedicada a promocionar el movimiento panlatino. El término “América latina” fue empleado en esta revista ya en 1861. Nótese que en esta revista, se incluye específicamente a hablantes del portugués como miembros de la raza latina, como los brasileños. Es decir, los franceses sí empleaban correctamente el término porque eran conscientes de que “latino” es todo aquel que hable una lengua latina.

El gobierno francés de Napoleón III entendía como Amérique latine todos los territorios francófonos de América… Quebec y sus propias colonias incluidas, por supuesto, pero con un detalle importante añadido: la gran Luisiana, también; por aquel entonces los cajouns y criollos francófonos de Nueva Orleans eran todavía muy numerosos, todos los países donde se hablara mayoritariamente el español y el portugués… incluidos los territorios hispanoparlantes de los Estados Unidos que, por aquel entonces eran los del sudoeste (California, Nuevo México, Nevada, Texas, etc.) y Florida y que estaban habitados por numerosos hispanoparlantes como californios, tejanos, criollos, etc.

Este intento de ocupación militar, de anexión política y de expansión cultural fracasó (a Maximiliano lo fusilaron) pero según algunos autores actuales (Leddy Phelan, John A. Britton), sembró la semilla para que posteriores autores, políticos, filósofos, etc., de Latinoamérica retomaran el concepto y el término. Nota: desde este fracaso, que los franceses no han vuelto a hacer mucho hincapié en un “imperialismo latino”; insisto en que en Europa, al menos, los franceses no hacen alarde de su carácter latino y se consideran bastante al margen de la cultura netamente latina del sur de Europa: Italia, Portugal y España).

Esta es la teoría más frecuentemente estudiada incluso en el mundo académico de los Estados Unidos de América.

2. Pero esos autores se equivocan rotundamente. Se lo atribuyo al hecho de que no conocen bien el español. La primera referencia propiamente dicha a Latinoamérica (v. Arturo Ardao, Aims McGuinness y Rojas Mix) y que la historiografía actualizada utiliza fue en una conferencia en París de junio de 1856 titulada Iniciativa de la América. Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas, redactada por el político liberal chileno Francisco Bilbao Barquín.

Bilbao Barquin

El filósofo y político liberal chileno Francisco Bilbao Barquín (1823-1865) fue el primero en utilizar (que se sepa) el término Latinoamérica aunque con él excluía a Brasil y Paraguay, por ejemplo.

Una vez más y polémicas cronológicas aparte, nace en un contexto de oposición a otra área cultural, la misma de siempre: la anglosajona. Bilbao en su conferencia, y el diplomático colombiano José María Torres Caicedo mencionaba en su poema Las Dos Américas mencionaban ya las intromisiones de los Estados Unidos en las repúblicas hispanoparlantes al sur de su frontera y la expansión bélica, como la que realizó a costa de México (guerra mexicano-americana) o la expedición de filibusteros de William Walker a Nicaragua.

¿Cuál es el problema de este concepto? Que ya nació equivocado. Porque Bilbao excluía específicamente a Brasil de ser considerado “Latinoamérica”. Para los creadores del término Latinoamérica, éste hacía referencia exclusivamente a los países de lengua hispana.

Ya para finales de los años cincuenta del siglo XIX, y muy poco antes de la intervención francesa en México, el término Latinoamérica ya era empleado por los californios hispanoparlantes en sus periódicos (por ejemplo, El Clamor Público, periódico en español de Los Ángeles en aquel tiempo). Y lo hacían entendiendo como tal a la América de habla española. No incluían en ella a ningún hablante de otro idioma, latino o no.

En concreto, los redactores de ese periódico utilizaban la forma explícitamente abreviada (es decir, reconocían que era una abreviatura) del término, aplicando el adjetivo “latinos” para referirse a los hablantes de español.

Y durante mucho tiempo, se continuó con esa idea, que todavía continúa influyendo las opiniones de muchas personas.

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¿Y por qué no usaron el término “hispano” que es exactamente el que estaban buscando?

Por varios motivos:

1. Por no asociarse a la antigua metrópoli colonial (España).
2. Por desconocimiento del término. En nuestro mundo globalizado e interconectado, nos sonará extraño pero en aquella época, la cultura académica no estaba muy difundida, sólo reservada a los ricos o a los religiosos. Y menos, en territorios que hasta hacía bien poco habían sido colonias, poco desarrolladas e incluso interconectadas. Muy pocas personas tenían acceso a libros o a una cultura en condiciones. Todavía hoy, esa herencia pesa bastante: el nivel educativo (especialmente el básico) de muchos países hispanoamericanos, con honradas excepciones, es muy bajo.
3. Es un término que por aquel entonces era más bien poético, lírico. Ni los mismos españoles lo usábamos mucho. No estaba muy extendido ni en la época colonial y recordemos que hasta los mismos portugueses lo emplearon (también poética y metafóricamente) durante mucho tiempo como propio.
4. “Latino” les sonaba a algo relacionado con una cultura más elevada (la del antiguo imperio romano) que “hispano”. Tenía como más glamour.
5. Y estaba más asociado a algo que era otro factor de cohesión muy importante y opuesto a sus enemigos culturales: la religión católica. Recordemos que los anglosajones son mayoritariamente protestantes.

6. En mucha menor medida, por otra cuestión cultural: los hispanoamericanos, como otra herencia cultural española, hacen uso del Derecho Romano (latino). Los anglosajones, aquellos a los que se contraponen como esfera cultural, hacen uso de un Derecho germánico, más basado en el carácter consuetudinario y en la búsqueda de antecedentes legales.

Muchos autores hispanistas, americanos incluidos (como el chileno Jaime Yzaguirre, de tendencias conservadoras), se han quejado formalmente de que el uso y abuso del término Latinoamérica ha servido para diluir el incuestionable y evidente carácter hispánico de gran parte de América.

Pero, insisto: la realidad es que, a día de hoy, aunque se utilice de manera extremadamente errónea, el término Latinoamérica está demasiado arraigado en el uso como para revertirlo si no es empezando desde un sistema educativo muy formal, y haciendo hincapié en un uso preciso de la terminología.

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IX. Situación actual. Opinión personal.

En la actualidad y con el paso del tiempo, los hispanoamericanos (algunos) acabaron incluyendo al Brasil lusófono (qué remedio: lo tienen al lado, geográficamente hablando) como parte genuina de Latinoamérica. Pero el error de no incluirlos como “latinos” o “latinoamericanos” se sigue cometiendo incluso hoy en día, especialmente entre los estadounidenses, para los que sigue pesando mucho la idea original errónea de que latino es igual a hablante de español. Es más, y recuerdo: a día de hoy se sigue cometiendo el error de no incluir como latinos o latinoamericanos a los francófonos de Quebec, Haití, Santa Lucía, Guayana Francesa y otras dependencias francesas de América, ni a los hablantes de papiamento, etc.

Resumiendo mucho, muchísimo: en España y en Portugal lo sabemos, pero en Latinoamérica no saben que están utilizando mal el término y que lo llevan haciendo mal desde el principio.

El error (intencionado o no) viene desde tan atrás en el tiempo y está ya tan extendido que hasta yo mismo considero prácticamente imposible el revertirlo.

Un ejemplo de los más conocidos: se suelen separar los doblajes del mundo audiovisual en “español de España” y “español latino”. No hay ningún dialecto del idioma español que NO sea latino. Lo que hay es español con acento de Latinoamérica (latinoamericano), más correctamente habría que decir “hispanoamericano”. Pero español latino… sólo hay uno, maldita sea. Acostumbraos a escribir bien y a usar los términos correctamente. Más que nada porque, como se puede comprobar, se cae en el absurdo. Y ofende.

A portugueses y españoles (y me imagino que a otros latinos del mundo) no nos importa mucho ese error. Al menos, de momento. Salvo cuando suceden cosas como lo que traje a colación al principio del artículo: que le nieguen su condición de “latino” a “latina” a quien le corresponde. Como a Rosalía.

Lo vuelvo a repetir: yo, como español, no voy por ahí gritando mi condición de latino a los cuatro vientos y declarándome el más fervoroso latino del mundo. Porque mi condición de latino es una más de las que conforman mi herencia cultural. Y no es de la que más presumo o la que tiene más relevancia para mí. Antes que latino soy sevillano, andaluz, español y europeo, cierto. Por dejarlo claro, a millones de españoles, portugueses, rumanos, etc. no nos importa tantísimo que nos califiquen de latinos como a los latinoamericanos.

Pero que somos latinos no nos lo puede negar nadie.

Por dejarlo expuesto de una forma más clara: normalmente no me importa un pimiento que me digan latino o no. Ahora bien, viene un inculto negándome que soy latino (o se lo niegan a Rosalía), me vuelvo más latino que Julio César y, dependiendo del contexto o de cómo me haya levantado de humor ese día, le echo una bronca que sordo lo dejo, le pongo una denuncia ante los tribunales o le arreo dos hostias: una con la mano abierta a la ida y otra del revés aprovechando la vuelta. Y suerte tendréis de que soy moderado en la cuestión porque si os pilla un italiano lo más seguro es que os estampe la cabeza contra la pared.

¿Estamos?

Una cosa está clara: que no voy a tolerar ni la ignorancia ni la xenofobia, vengan de donde vengan. Y menos, si es hacia mi pueblo, mi cultura y mi persona.

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X. Resumen:

Latino es (entre otras definiciones) alguien que hable una lengua latina. Venga del país que venga. Ese país puede ser americano o no.

Latinoamérica es el conjunto de países o territorios política y culturalmente muy definidos de América que hablan mayoritariamente una lengua latina (incluidas las criollas). Ése es su significado estricto. Oficialmente y en términos de definición académica son los siguientes: Quebec, México, Guatemala, Honduras (quizás Belice), El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Haití, Puerto Rico, Aruba, Curaçao, Santa Lucía, dependencias caribeñas francesas: Guadalupe, Martinica, San Pedro y Miquelón, San Martín y San Bartolomé así como la Guayana Francesa, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil.

Latinoamericano, como adjetivo aplicado a una persona es alguien que provenga del anterior listado de países y territorios, o alguien muy vinculado a ellos por razón de origen o alguien que, hablando una lengua latina, sea natural del continente americano.

Hispano es (entre otras definiciones) alguien que hable español. Venga del país que venga. Con una gran excepción: se puede ser hispano y no hablar español siempre que se descienda de hispanoamericanos y se resida en los EE.UU. de América. Sólo esas personas.

Hispanoamérica es el conjunto de países o territorios política y culturalmente muy definidos de América que hablan mayoritariamente el español, más específicamente donde sea lengua oficial: México, Guatemala, Honduras (quizás Belice), El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Chile, Argentina, Uruguay.

Hispanoamericano, como adjetivo aplicado a una persona es alguien que provenga del anterior listado de países y territorios, o alguien muy vinculado a ellos por razón de origen o alguien que, hablando el español, sea natural del continente americano.

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Latinomérica, utilizado en sentido general, hace referencia a los territorios de América donde prevalecen los idiomas español, portugués o francés con lo cual se define como territorios de América que una vez fueron parte de los imperios coloniales español, portugués y francés. En este sentido, Latinoamérica se solapa con Iberoamérica si se excluyen los territorios en los que se habla francés.

El nombre se usa erróneamente a veces para englobar a toda América al sur de los Estados Unidos. Con este sentido se intenta enfatizar una historia socioeconómica similar de esta región tan diversa, más centrada en términos de colonialismo informal o criptoracismo que de aspectos culturales. Para evitar tan tremenda simplificación y racismo paternalista soterrado, muchos autores utilizan para ello la expresión “Latinoamérica y el Caribe”, separando a las naciones del Caribe con una cultura de influencia más africana y separada de la hispánica y la brasileña.

El término Latinoamérica se utiliza ante todo y sobre todo para dividir América en dos esferas macroculturales más o menos definidas: la anglosajona, que habla inglés (Angloamérica) y la que habla lenguas romances o latinas. Si bien existen muchos países de habla inglesa en América (Estados Unidos, Canadá, Guayana, Jamaica, Belice y muchos territorios insulares caribeños), el contraste cultural y geopolítico entre Latinoamérica y Angloamérica casi siempre se centra, cuando hablamos de la última en los Estados Unidos (y, en menor medida, Canadá), viniendo a ser una repetición de enfrentamientos socioeconómicos entre Norte y Sur, entre ricos y pobres. Es muy frecuente en lenguaje informal (pero erróneo) equiparar Latinoamérica a Sudamérica o a todo lo que esté al sur de Estados Unidos, y en identificar Angloamérica con Norteamérica.

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Bibliografía y fuentes.

Diccionario panhispánico de dudas. Real Academia española.

Ethnologue.com

CIA. The World Factbook.

Ardao, Arturo. Génesis de la idea y nombre de América Latina. Caracas: Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 1980.

Martínez Estrada, Ezequiel. Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina. Mexico” Universidad Nacional Autónoma de México, 1962.

Mignolo, Walter, The Idea of Latin America. Oxford: Wiley-Blackwell, 2005.

Phelan, John Leddy. (1968). Pan-latinisms, French Intervention in Mexico (1861–1867) and the Genesis of the Idea of Latin America. Mexico City: Universidad Nacional Autonónoma de México 1968.

Edmund Stephen Urbanski (1978), Hispanic America and its Civilization: Spanish Americans and Anglo-Americans, Norman: University of Oklahoma Press.

James Lockhart and Stuart B. Schwartz Early Latin America: A History of Colonial Spanish America and Brazil, 1983.

Bomfim, Manoel. A América latina: Males de origem. Rio de Janeiro: H. Garnier, 1905.

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