Crónicas del Apocalipsis de Andar Por Casa.

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Hola a todo el que se lo merezca. Esto no va a ser uno de mis acostumbrados artículos, sino una crónica donde voy a ir reuniendo todos mis textos describiendo mi experiencia personal durante la crisis mundial del coronavirus (o COVID-19), más concretamente, dando la visión de un:
economista, profesional del sector de la venta y un simple ciudadano afectado por la cuarentena establecida por el gobierno español el 15 de marzo de 2020.

Espero que la posteridad valore este humilde testimonio histórico, ja, ja…

La mayoría de estos textos provienen de los escritos para mis amigos y contactos en mi perfil de facebook pero he estimado más conveniente ir recogiéndolos y corrigiéndolos aquí, en mi dominio, para dar también un mayor y mejor acceso.

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14 de marzo.

Muchísimas gracias a todos por vuestras muestras de apoyo y ánimo.

Seguramente habréis notado que no he estado conectado para nada durante algún tiempo. No he parado en el trabajo. Llevo un par de semanas infernales. Para el que no lo sepa, le diré que sí, me he presentado voluntario y he pospuesto mis días libres para echar una mano en mi empresa de venta al por mayor. Hemos abierto nuestras puertas al público minorista (sin que nos obligara el gobierno, a partir de hoy, sí es obligatorio) para aliviar la sobrecarga de abastecimiento de centros más comunes y conocidos para el gran público como Mercadona, Lidl, etc.

Pero, sobre todo, lo he hecho porque no quería que se expusieran las compañeras que son madres ni los compañeros inmuno-deprimidos.

Muchas personas creen que lo de aplaudir por los balcones a los que trabajan directamente contra los efectos de la pandemia no ha servido de nada. A mí, sí.

La verdad es que me ha emocionado. Llevo veinte años trabajando en el sector de la distribución comercial y dieciocho como vendedor al por mayor y nunca había visto una situación semejante. En estos últimos días he visto lo peor y lo mejor de mi sociedad pero he de admitir que NO tengo queja alguna de la solidaridad entre compañeros y que, a la hora de la verdad, incluso mi empresa y mis jefes han estado ahí, apoyando y dando el callo.

No he tenido muchas ocasiones en mi vida de sentir un gran orgullo por mi profesión pero hoy es una de ellas. Somos vendedores. Somos abastecedores. Somos los soldados de infantería, las fuerzas de choque de la cadena de distribución: agricultores, productores, distribuidores, logística, etc. Somos quienes garantizamos que a la gente, a nuestra sociedad, no le falte lo mínimo para vivir.

Muchos me conocen por ser un divulgador sobre Economía como ciencia social. Otros, por ser inversor. Hoy soy, ante todo y sobre todo, un profesional de la economía básica, la de a pie de calle, la microeconomía del día a día. La que se nos olvida muchas veces (por darla por sentado) que es la más fundamental.

Hoy, muchos de mis clientes habituales nos han dado las gracias (especialmente a los compañeros que facturan) y yo les he tenido que pedir perdón por no poder atenderles en términos más profesionales ni abastecerles al mismo nivel que siempre. Muchos de ellos son ya más amigos que clientes. Todos lo han entendido. Sí, muchos están enfadados pero han entendido la excepcionalidad de la situación. No les he abrazado por las normas sanitarias de respeto de la distancia de seguridad, vaya, pero que si hubiese podido, lo habría hecho.

Recordemos que sin la solidaridad entre las personas que conforman la sociedad, ésta no funciona. Y ante situaciones de estrés o excepcionales como las que vivimos por la pandemia del coronavirus, os agradezco las muestras de apoyo… pero más os agradecería a TODOS que pusiérais de vuestra parte:

-Respetad las recomendaciones de las autoridades sanitarias: mantener la distancia de seguridad, lavarse las manos frecuentemente, no toser ni estornudar a la cara, llevar guantes y mascarillas si os es posible, no viajar ni trasladarse si no es imprescindible (no he visto más madrileños en Córdoba en mi vida), etc.

-Por favor, sed solidarios, no traigáis niños ni ancianos a nuestros centros. Nunca había visto tantos niños en mi vida como profesional. Es una irresponsabilidad mayúscula.

-No os dejéis llevar por el pánico y no acaparéis, no es necesario. Os garantizo que los profesionales del sector, como los sanitarios, farmacéuticos, etc., vamos a estar ahí. No va a ser por nosotros que caiga la cadena de distribución. El lunes, repondremos nuestros stocks normalmente.

-Respetad a los trabajadores. Ya nos gustaría a nosotros estar también aislados con nuestras familias y no expuestos en primera línea ante el público. Y, sin embargo, muchos trabajadores están ahí, respondiendo a la situación y muchas veces por sueldos muy escasos y condiciones laborales más que mejorables. Tened en cuenta eso, por favor. Un poco de empatía.

-Tened en cuenta también lo excepcional de la situación y conformaos con los productos que hay, no seáis tiquismiquis. No exijáis leche semi con calcio extra ordeñada de vaca lechera virgen santanderina de la marca x si no queda.

-Vamos a lo básico: a comprar los insumos y productos más necesarios. No es el momento de acudir a nuestros centros a por sombrillas ni conjuntos para terrazas.

-En líneas generales, sé que a lo mejor estoy pidiendo mucho pero lo voy a resumir en… tened sentido común. Que no es el más común de los sentidos. Poneos en la situación de otros y antes de hacer nada, preguntaos si lo que estáis haciendo puede o no ser correcto.

Sobre la respuesta institucional. ¿Se podría haber hecho mejor? Sin duda. Pero también se podría haber hecho mucho peor (Boris Johnson, a ti y a tu maldito gobierno de psicópatas no os pienso perdonar JAMÁS).

En cuanto a mis compañeros… Me da vergüenza decirlo en público pero lo tengo que hacer.

Os quiero, coño.

P.D.: hoy ha sido la primera vez en cinco años que mi jefe me ha dado las gracias con lágrimas en los ojos.

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15 de marzo.

Comienza la cuarentena decretada por el gobierno.

España, hoy.

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16 de marzo.

Muy buenas. Seguimos con mis Crónicas del Apocalipsis de Andar Por Casa (COVID-19 version).

Recordatorio: soy profesional de la venta al por mayor desde hace dieciocho años y llevo veinte en el sector de la distribución. Y soy un progresista declarado. Paso a detallar el cómo una cosa está relacionada con la otra.

1) Bueno, pues ya tenéis ahí vuestro papel del culo. ¿Contentos, cabrones? Nos habéis tenido a todos los compañeros (incluso comerciales; yo me centro en las bebidas) de un puto centro mayorista reponiendo el puto pasillo del papel higiénico desde las cinco de la mañana. Os dije que teníamos garantizado el suministro pero ellos, noooooooo… tenían que acapararlo. Ahora vais a tener para cagar de aquí a que el Córdoba C. F. gane el Mundial de Clubes. Qué exageraos y qué irracionales sois, coño.

Nota: si alguien pregunta por qué siempre es el papel higiénico de los primeros productos en ser acaparados es debido a varios factores:

-Uno, que es un producto de primera necesidad con multitud de usos, más de los que os pensáis.

-Otro, que al ser muy voluminoso, es muy “escandaloso” cuando desaparece de las estanterías (síndrome FOMO). Es decir, la gente se asusta más al ver un estante vacío y el papel higiénico se ve más vacío y más pronto que, por ejemplo, las bolsas o latas pequeñas.

-Otra razón es porque mucha gente cree, intuitivamente (como pasó en Japón en el 73, durante la Crisis del Petróleo), que su proceso de fabricación depende de materias primas que se agotan pronto (en Japón creían que se hacía con derivados del petróleo); eso es falso, es un bulo.

2) La línea de distribución sigue intacta. En otra cosa no, pero en logística, abastecimiento y supermercados, España es una potencia mundial.

3) Con excepciones y salvedades. Ya están comenzando a llegar las primeras producciones de gel desinfectante, alcohol, guantes y mascarillas… pero no las podemos poner a la venta. Pertenecen al Estado, que es el que va a distribuir estas primeras producciones (como debe ser). Ya ha venido la Policía a llevarse la primera partida, que es para los hospitales y nuestro sistema sanitario. Bendito Estado del Bienestar. Si de algo está sirviendo esta crisis es para tapar las bocas a los privatizadores y liberales de medio pelo. Acordaos a la hora de votar en las próximas elecciones. Si tenemos un Estado es para algo. Principalmente para asegurar el bienestar de su población, como en esta ocasión. Si alguien vive en un Estado que no funciona (Venezuela), que le pida cuentas rebelándose contra él; y si alguien no está de acuerdo con que haya un Estado porque es, qué sé yo, anarcocapitalista o ultraliberal… que coja las maletas y se largue con su puta madre a tomar mucho por culo, que no obligamos a nadie a vivir aquí.

4) Nuestro país, nuestras reglas. No pienso consentir ni por asomo que vengan desde fuera a vendernos o a convencernos de que es mejor no tener un Estado del Bienestar (“es que es caro”, “es que muchos parásitos se aprovechan de él”, “es que no quiero pagar impuestos”, “es que en EE.UU. no lo tienen y ellos son una superpotencia”). En Estados Unidos que hagan lo que les salga de los huevos pero a nuestra Europa que la DEJEN EN PAZ, y dejen de vendernos un sistema que está estropeado desde la mismísima base y que no tiene en cuenta al conjunto de su población. Como español y como europeo medio no me cambio por un yanqui medio.

A ver si lo dejo claro: si yo tengo un Estado y un gobierno, es para que me sirvan. Es la máquina (el Estado) la que debe servir a la persona, NO AL REVÉS. Si es al revés… ¿para qué cojones quiero un Estado? ¿De qué le sirve al ciudadano americano medio vivir en una superpotencia si luego está endeudado hasta las cejas con créditos universitarios y no tiene un sistema sanitario público universal y gratuito? ¿Para presumir de tener bases militares en Corea del Sur? Uf, eso te va a servir que no veas cuando a tu familia le afecte una pandemia (por cierto: ¿quién ha manejado mejor esta pandemia: EE.UU. o Corea del Sur? Hala, a responder cuál estado es más “social”). O se le rompa un brazo a tu hijo. O tu mujer tenga que dar a luz. Por dejarlo dicho más claro: las banderas no dan de comer ni curan a nuestras familias, lo hacen los sistemas institucionales sociales. Agita la banderita si quieres pero lucha por conseguir un Estado del Bienestar, capullo.

5) Estado del Bienestar que los europeos y españoles no tenemos por nada, sino porque nosotros pensamos en nuestra población en general, no el individuo aislado. Nuestro trabajo nos ha costado conseguirlo y trabajo nos cuesta mantenerlo. Y, sinceramente, no estoy descontento. Mejor dicho, estoy más descontento con el actuar de la población general (con el acaparamiento, el no respetar las normas sanitarias ni la cuarentena) que con la respuesta institucional (gobierno, fuerzas del orden, sistema sanitario, logística, etc.), que está siendo mucho más sensata y eficiente. Ésa es la diferencia entre un país del Primer Mundo y otro que no: que los sistemas e instituciones funcionan al margen de la irracionalidad del ciudadano medio (más o menos, tampoco vamos a decir que esto esté siendo perfectamente llevado pero, coño, comparado con Brasil, esto es gloria bendita). Lo que me vengo a referir… que prefiero millones de veces más vivir en un Estado europeo o asiático del Primer Mundo con cobertura sanitaria pública que vivir en el ultraliberal Estados Unidos de América o en un país donde su gobierno descuide aposta y manifiestamente el bienestar de su población (Reino Unido, México o Brasil). Más de un estadounidense nos está mirando con envidia asesina nuestro sistema sanitario gratuito universal, y más de un británico se está lamentando de haber votado al psicópata de Boris Johnson, que los ha dejado a merced del virus, tal cual. Eso para que aprendáis a NO votar populismos radicales y, menos aún, si pertenecen a la Alt-Right o el ultraconservadurismo desalmado tan imperante en estos tiempos que corren. Al próximo que os venga “vendiendo” las bondades de la privatización sanitaria, lo mandáis a la mierda; y si es un lobby o una empresa, a pedir formalmente su expulsión de territorio nacional. Ya hemos podido comprobar qué funciona y qué no. O siendo más precisos, qué funciona peor.

6) Y, relacionado con esto… bendita soberanía alimentaria, es la que ha mantenido intacta nuestra red de producción y distribución: si tenemos comida abundante a nuestra disposición es porque (todavía) producimos muchísima en nuestro territorio. Con la desindustrialización y deslocalización de los años ochenta y noventa los (neo)liberales nos la metieron pero que bien metida. Menos mal que no lo hicimos con la alimentaria (y aquí le doy las gracias a Francia, que hizo hincapié a nivel europeo en no perder la producción alimentaria nacional). Si algo ha demostrado esta crisis es que la deslocalización total de la producción de bienes es un error tremendo. Vamos a poner un ejemplo con las mascarillas. Se agotaron rapidísimamente. ¿Por qué? Porque la inmensa mayor parte de la producción provenía de China u otros países de Oriente.Todos mis proveedores eran chinos menos uno, que era europeo. ¿La razón? Que en China las hacían más baratas. No se producían apenas en territorio nacional. Cuando ha surgido una crisis o emergencia grave, la producción china o no llega porque les hace falta para su población o, sencillamente, no basta. ¿Podemos volver a fabricarla nosotros? Sí, pero como espero podáis entender, abastecer de mascarillas, por más que sea un producto relativamente sencillo de fabricar, a cerca de cincuenta millones de españoles y población flotante, en las cantidades necesarias para cada uno, de la noche a la mañana y a un precio asequible, NO es fácil. Ésa es la razón por la que el Estado ha intervenido la producción y está forzando esa fabricación. Y bien que hace. Son cuestiones que no se puede dejar en manos del mercado por más que un liberal se niegue a admitirlo.

Como en ese ejemplo, la tecnología china del 5G, la producción energética o la industria militar. Tenemos que garantizar un mínimo eficiente de producción propia de bienes y servicios estratégicos y fundamentales para nuestra población. Sea deficitaria o no.

Les agradezco enormemente el altruismo de la población sinoespañola entregando mascarillas a nuestros sanitarios y fuerzas del orden, es un gesto que les honra pero eso no debe hacernos olvidar que si nosotros no tenemos mascarillas es porque sólo las producían y distribuían ellos.

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Resumiendo: que la solidaridad entre personas es magnífica, yo aliento personalmente a ello y dando ejemplo, ahí estoy como profesional y como activista pero eso no basta para acabar con una crisis generalizada. No podemos depender sólo de la buena voluntad de los miembros de una comunidad ni de acciones aisladas. Lo verdaderamente importante porque es lo que nos beneficia a todos es la respuesta conjunta institucional y estatal. Es decir, tenemos que tener sistemas que funcionen… y que funcionen para todos.

Es por ello que aliento también a una respuesta institucional y coordinada ante problemas que afectan a todo el mundo, a todo el planeta. Todos vivimos en esta canica azul que flota en el espacio. Necesitamos un gobierno mundial de índole social para enfrentarnos a todas las amenazas comunes que nos afectan a todos.

Como, por ejemplo, el cambio climático. Que el coronavirus no nos haga olvidar que tenemos amenazas más graves aún y que nos afectan a todos los humanos.

Aprovechemos la conciencia global que se está generando con esta crisis para buscar soluciones, acciones y respuestas coordinadas no ya como personas, naciones, países o Estados.

Sino como especie.

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17 de marzo.

Bueno, pues con la reducción de la presencia de consumidores con la cuarentena y, muy importante también, de la “intensidad” de compras, la empresa de venta al por mayor donde trabajo ha decidido “racionalizar” el horario de trabajo y nos ha podido dar a los voluntarios (la primera tanda de trabajadores), los más “quemados”, algunos de los días libres que nos debía. Yo estoy entre ellos, como sabréis (entre los voluntarios y los más “quemados”, digo).

1) En principio, haríamos en torno a cuatro días de trabajo y tres libres. Otros centros están enviando a sus casas a los trabajadores por turnos, reduciendo las horas para recuperarlas en meses posteriores, etc. Eso va según empresas y según acuerdos con trabajadores y sindicatos.

2) La fuerza de ventas, recursos humanos, administración, etc., se dedicaría a sus funciones a través del teletrabajo. Es muy probable que esta crisis ayude a implantar definitivamente el teletrabajo en nuestra economía.

3) Quedan suprimidos los turnos partidos, horas extras, etc., y muy probablemente achiquemos los horarios de apertura pero eso último se verá más adelante.

4) Las fuerzas del orden están muy severas con el respeto a la cuarentena (como debe ser). Nuestra empresa nos ha dado un “salvoconducto” sellado y con número de atención con el que poder justificar nuestros desplazamientos a nuestro puesto de trabajo. Como suministradores de productos básicos, somos sector estratégico, y estamos a las órdenes directas de los ministerios de Sanidad y de Interior.

5) Queda prohibida la venta de TODO producto no esencial, lo que viene a significar que sólo vendemos productos de primera necesidad, la mayoría de ellos, alimentos, y muy especialmente, los de larga duración. Seguridad ha precintado nuestras áreas de bazar, productos electrónicos no esenciales, temporada, mobiliario, etc. Hemos bloqueado más de diez mil referencias.

6) Muchos de los productos frescos con fecha de caducidad corta, pasan a ser reducidos progresivamente de precio hasta su retirada para facilitar su venta. Las impresoras de etiquetas llevan todo el día echando humo. Nuestra frutería, antes gigantesca, se ha quedado entre nada y menos aún. Se acabó el pedir aguacates y bolsas de kilo de rúcula y canónigos. A partir de ahora, lo esencial: patatas, tomates, naranjas, plátanos, etc.

7) Relacionado con ello… No voy a mentir: es MUY probable que, cuando termine la cuarentena, se inicien grandes cantidades de despidos. Esto va a ser un “palo” tremendo a nuestra economía, las pérdidas van a ser cuantiosas y si las empresas quieren sobrevivir, seguramente se tengan que llegar a acuerdos de reducción de plantillas o, como mínimo, expedientes de regulación de empleo temporal. La inmensa mayoría de mis clientes (os recuerdo: hosteleros, bares, restaurantes, hoteles, etc.) han tenido que cerrar y me han confesado que si no cierran definitivamente, van a echar a muchos trabajadores. El gobierno está anunciando medidas paliativas como el posponer el pago de hipotecas, agua, luz, etc., para los sectores más vulnerables, y ayudas para las empresas (financiación y reducción de impuestos) pero está por ver si eso bastará, especialmente si la cuarentena se prolonga mucho (se espera que quede en tres semanas, al menos) y, muy especialmente, si llega a entrar en la temporada turística.

8) Tampoco voy a mentir en lo referente a que envidio sanamente a los trabajadores de algunas empresas (me refiero especialmente a Mercadona) cuyos propietarios han tenido el inmenso “detalle” de subirles el sueldo como agradecimiento por su sobreesfuerzo y dedicación. Es cierto que mi empresa no es el mismo sector (somos mayoristas, no minoristas) y que ha tomado otras medidas menos directas, tales como reducirnos el precio de lo que compramos en nuestra misma empresa pero no puedo evitar “notar” que si lo hace es para evitar pérdidas y no como agradecimiento. Y sí, os recuerdo que fui sindicalista durante trece años.

9) Siguen llegando productos de higiene pero, una vez más, tengo que señalar que la mayor parte se destina al gobierno, que lo distribuye entre sanitarios y fuerzas del orden y una parte mucho más pequeña, de momento, es de consumo interno nuestro, para nuestros trabajadores (guantes, alcohol sanitario y geles). En nada que estemos abastecidos, procederemos a vender, ya sí, al público sin mayor problema. Un poco de paciencia que la producción está saturada. Lo de las mascarillas va para largo, es quizás el producto del que más cuesta abastecerse porque, como señalé en el anterior post, no se producía localmente a una escala suficiente.

En líneas generales, lo que quiero reseñar con mis posts de seguimiento personal (y como profesional) de la crisis del coronavirus es que, si bien la situación es muy seria y no la estamos llevando todo lo bien que me gustaría (yo personalmente haría más hincapié en las respuestas de alivio económico y en evitar el uso masificado del transporte público), lo cierto es que se está llevando bastante mejor de lo que me esperaba a nivel institucional (insisto: estoy mucho más descontento con la respuesta ciudadana) y, más específicamente, mucho mejor que en otras sociedades y países (lo estamos haciendo bastante peor que Corea y Japón pero bastante mejor que Reino Unido, EE.UU. o Latinoamérica).

Sé que existe mucho resentimiento y enfado hacia nuestros gobiernos por parte de muchos ciudadanos, pero quiero insistir en que mis lectores entiendan que todo esto es una situación a nivel GLOBAL, que es la primera vez que nos vemos obligados a tomar medidas tan severas y tajantes en, por ejemplo, nuestra España, una sociedad muy abierta económica y socialmente y demasiado acostumbrada a conductas laxas y que, por ello, vamos “sobre la marcha” en muchas cuestiones. Que esto nos sirva de entrenamiento para la próxima vez porque, como cualquiera puede entender, cada vez somos más una sociedad planetaria, interconectada y globalizada, y nos enfrentamos a amenazas comunes. Nuestro planeta está superpoblado por nosotros, los humanos, y no va a ser la última vez que tengamos que enfrentarnos a un problema causado por nosotros mismos.

Mucho ánimo y mucha paciencia.

P.D.: Me voy a echar a dormir un rato que “creo” que me lo he “ganao”, oye.

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18 de marzo.

Hoy ha sido uno de los días libres que postergué voluntariamente después del palizón que nos hemos dado las semanas previas de histeria colectiva acaparadora en mi empresa de suministros al por mayor. Así que, después de levantarme a las desusadas (para mí) once horas de la mañana, he tenido tiempo de reflexionar y de escribir sobre una serie de circunstancias que, estando relacionada con esta crisis del coronavirus que padecemos, me atañe per-so-nal-men-te.

Hoy voy a hablar, largo y tendido, de preparación ante cualquier tipo de contingencias (como la pandemia del COVID-19), decisiones estratégicas y vitales… y libertad de expresión.

“Joder, cuántas cosas”, se estará diciendo más de uno. ¿Verdad que sí?

España se halla en cuarentena desde el pasado domingo. En principio durante dos semanas aunque es muy probable que sea durante más tiempo si así lo estiman las autoridades pertinentes. Toda la población, salvo excepciones contadas, debe permanecer confinada en sus lugares de residencia. Esta poco común circunstancia ha hecho que muchas personas se planteen muchas cuestiones en su vida.

Seguro, segurísimo que habéis comentado esta crisis y lo que implica con gente de vuestro entorno (familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.). Y seguro que, también, muchas personas han (hemos) aprovechado para empatizar con los demás y pues como que nos hemos puesto en contacto con personas con las que, normalmente, no mantenemos mucho contacto. Algunos hemos aprovechado para llamar a familiares lejanos, amigos o conocidos con los que no se tiene mucho trato.

¿A que os ha sucedido que, inevitablemente, hemos tenido que hablar de cuán bien preparados estábamos ante una crisis así?

“Hombre, primo, ¿cómo te ha pillado lo de la gripe china?” “Chema, ¿tú habías visto venir todo este follón?” “Compi, ¿cómo te las estás arreglando?”

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Punto número 1. Muchas personas me han preguntado si había visto venir con antelación esta crisis.

La respuesta es: NO.

No tengo por qué mentir ni me las voy a “dar de chulo” con algo que no es cierto. Mucha gente en mi entorno me tiene por alguien bien informado y que se prepara con antelación porque soy inversor y estoy muy pendiente de informativos, noticias, tendencias, intento siempre que puedo mantenerme actualizado y tener una cultura general, etc.

Y es cierto que he visto venir algunas cosas con muchísima antelación (y me he aprovechado de ello) como, por ejemplo, la fuga de empresas de Cataluña con el “prusés” o la debacle del peso argentino en 2019… que tampoco tiene tanto mérito (prever la devaluación del peso argentino es como pescar en un barril con escopeta). Eso me ha ganado una injustificada fama de “adivino” en mi entorno, y digo eso porque dos o tres aciertos aislados no bastan para una relación estadística fuerte. Pero si alguien espera de mí que pueda ver con meses de antelación la aparición de un nuevo tipo de gripe en la China central y que ésta se iba a expandir por todo el mundo, creando una crisis sociopolíticoeconómica de tres pares de cojones, le diré que si yo fuera capaz de prever eso, me habrían levantado hace tiempo una estatua delante de la Puerta de la Concepción de la Mezquita-Catedral de Córdoba con la dedicatoria: “al Nostradamus andaluz”.

He visto venir esta crisis del COVID-19 como prácticamente todo el mundo: siguiendo los noticiarios en español y (mi ventaja personal) en inglés. Es decir, la he visto venir muy ligeramente antes que el español medio. Ya está. Ni soy epidemiólogo ni sé manejar los modelos matemáticos de predicción que estos científicos utilizan.

Por dejarlo más claramente expuesto: nadie puede saber de todo (el que diga lo contrario, miente cochinamente), y estas cuestiones se salen de mi área de expertización; soy economista inversor y vendedor mayorista… no médico ni biólogo y mi tiempo personal, muuuuy limitado, está más dedicado a seguir la economía. Autoridades científicas, instituciones y expertos en esas áreas existen que son las encargadas de avisarnos. Y a través de éstas fue como me enteré de la aparición y expansión de esta pandemia.

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Punto número 2. “Ah, entonces, te ha pillado desprevenido”.

La respuesta es: TAMPOCO.

“¿Cómo es eso? ¿No estás diciendo que no la viste venir?”

A ver: que yo no sepa que se va a producir una pandemia de un nuevo tipo de gripe en China no significa que yo no esté preparado en general. Yo estoy preparado siempre contra todo tipo de imprevistos en la medida de mis posibilidades, sean éstos una pandemia, un terremoto, una guerra o un apocalipsis zombi.

Y ahora es cuando voy a hablar de decisiones estratégicas vitales. Esto es, decisiones a largo plazo.

Tomar este tipo de decisiones es una mezcla de cultura, conocimiento específico (Teoría de Juegos, matrices de decisión, etc., ampliamente tratadas en Economía y Mercadotecnia, de algo me tiene que haber servido estudiar)… y experiencia, por supuesto. Una vez más, nadie tiene la solución a todo. Ni yo ni prácticamente nadie vamos a poder enfrentarnos a todo tipo de problemas: si me cae un meteorito encima poco voy a poder hacer. Pero sí puedo tomar decisiones generalistas que me ayuden a sortear la mayor parte de la dificultades que surjan.

El ejemplo más claro que puedo poner: cuando elegí el sitio donde vivir, me tomé mucho tiempo y le tuve que dedicar un inmenso esfuerzo físico y económico a levantar una casa personalizada en medio de una finca agrícola con huerto, agua propia, embalse… A lo largo de los años he ido perfeccionando en lo posible añadiendo naves de almacenamiento, comprando generadores, placa solar, haciendo un gimnasio, una alacena fría, etc. Y todo ello de la mano de profesionales y técnicos, informándome y dejándome aconsejar (porque uno, recordemos, no puede saber de todo). Tan inmenso fue el esfuerzo que tuve que hacer que tardé cuatro años tan sólo en encontrar una finca con las características que yo quería: vacía, con agua subterránea, legal, urbanizable y a muy poca distancia de una ciudad grande (para tener lo mejor de los dos mundos: el rural y el urbano). Fue como buscar una aguja en un pajar.

¿Por qué hice eso? Porque, ponderando, esto es, analizando pros y contras, concluí (a título personal, no se nos olvide que cada persona tiene unas necesidades particulares) que nos convenía, a los míos y a mí, el vivir en una finca en un pueblo por multitud de factores.

Expongo algunos:

-Seguridad personal (ante terremotos, inundaciones, robos, incendios…).

-Un mínimo de autoabastecimiento (agua, agua caliente, fruta, hortalizas, condimentos, leña, algunas infusiones…).

-Espacio amplio (anda que no echaréis de menos el tener espacio los que estáis confinados por la cuarentena) personal y tanto para todo tipo de actividades (deporte, lectura, manualidades, coleccionismo, audiovisuales…) como para nuestros gatos y mis queridísimas plantas.

-Calidad de vida (no tener que aguantar ruidos, vecinos, estrés social, disponer de piscina…).

-Y, el que más nos atañe: salud. Viviendo como lo hacemos Isabel y yo estamos mucho menos expuestos (que NO inmunizados) a las enfermedades, la contaminación, etc.

Más ejemplos de decisiones a largo plazo y/o generalistas:

-Mi vehículo personal es un monovolumen, prácticamente una furgoneta. He llegado a transportar frigoríficos en él. Esto es verídico: he tenido compañeros que se han reído de mí por ir a trabajar en una furgoneta y quien me ha echado en cara el no comprarme un coche “mejor” con el dinero que tenía. Las risas me las he pegado yo cuando ellos no pudieron cargar en su coche el papel higiénico que acaparaban. O tenían que llamar a una empresa de mudanza. Por no decir que mi “furgo” es mucho más barata y económica en combustible. Lo vuelvo a repetir: el pragmatismo va por encima de la estética y la experiencia no deja de recordármelo.

-Yo no he necesitado acaparar: tengo alacenas frías y secas, y naves. A lo largo del año tengo insumos más que sobrados de todo tipo. Sí, incluido el papel higiénico. A mí no me habréis visto desesperado cargando paquetes de papel del culo. Tengo de sobra y desde muuuuuuucho antes de la pandemia del coronavirus. No sé si habéis visto por internet esas imágenes de gente que tenía que “guardar” las gigantescas cantidades de papel higiénico que acapararon… en sus balcones.

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-No compro “ropa de marca”. Compro ropa militar, prepper o survival. Muy buen precio para su inmensa calidad.

Diversificar ingresos. Nunca dejaré de hacer hincapié en la necesidad de NO depender únicamente de una fuente de ingresos. Son la gran salvación en tiempos de incertidumbre económica. Como durante una crisis.

Estudiar y formarse en cuestiones prácticas y de utilidad personal. Lamento profundamente el tiempo que perdí estudiando Música por imposición paterna. No he lamentado ni durante un solo segundo mi formación en Economía, Técnico fitosanitario, Jardinería o Estadística. Y, aunque “ya hago mis pinitos” lo próximo va a ser Fontanería… por la cuenta que me trae.

¿Tiene desventajas mi elección? Por supuesto. Por ejemplo, es bastante más caro el mantenimiento de una casa aislada y es necesario tener siempre un vehículo a mano), pero las ventajas las compensan y sobrepasan ampliamente, al menos desde mi punto de vista… que no tiene por qué ser el de todas las personas.

Digo esto último porque no quiero “vender ninguna moto”: sé que lo que he expuesto no será igualmente válido para todo tipo de personas. Hay gente que necesita, por motivos de trabajo, de vivir de alquiler en una gran metrópoli y hay gente que NO considera “calidad de vida” un entorno rural porque valora muchísimo más la vida nocturna propia de una ciudad o el acceso a determinados servicios que, hay que admitir, no abundan en los pueblos, como los especialistas médicos. Otros, considerarán el mero hecho de tener un automóvil un gasto prescindible en una urbe con un buen transporte público. Y muchos de los que me lean, simplemente, no se lo podrán permitir económicamente o no en el mismo grado o plazo de tiempo.

A lo que iba. ¿Nos acechan grandes peligros? ¡Indudablemente! Pero yo he hecho lo que estaba en mi mano para prevenirlos. Me puedo ver afectado por cualquier amenaza haga lo que haga pero, si algo me ha enseñado la Estadística, es que esfuerzo y prevención se correlacionan con éxito y disminución de problemas.

Es más, no me oculto: ¿he fallado en algo a la hora de prevenir esta crisis del coronavirus? Sí, no he podido hacerme con mascarillas. Como expliqué en el anterior post, se agotaron muy pronto porque la producción, deslocalizada, se hacía en China. Mi madre dispone de ellas pero dado que es alérgica y población de riesgo y yo soy joven y resistente… no voy a ser TAN cabrón de pedirle algunas. Me lo anoto para la próxima y, oye: de los errores se aprende.

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Punto número 3. Así pues, mucha gente me ha preguntado que cómo estaba de preparado para esta cuarentena. Y si me preguntan, yo respondo. Y mi respuesta no ha gustado a mucha gente porque se han sentido ofendidos por comparativa.

A ver…

a) Si no quieres que te respondan, no preguntes, alma de cántaro.

b) No llevo la vida que llevo para chulearme de o “vacilar” a nadie (en líneas generales). Lo que hago es siempre, ante todo y sobre todo, en beneficio de mi gente y del mío. Esto es, no me he levantado mi casa para presumir ante mis primos lejanos. Y no, no tengo la fotografía de mi casa en la cabecera de facebook para reírme de tu desgracia encerrado durante una cuarentena en un piso interior de barrio de San Cugat del Vallés. Es más, es que no tenía ni puta idea de tu situación personal. Reclamo mi derecho a la libertad de expresión, y poder comunicar lo que estimo oportuno dentro de los límites legales, no tengo por qué callarme por no herir unos sentimientos de inferioridad que son más tontos que el que asó la manteca. Y la próxima vez, te va a llamar para preocuparse por ti durante una emergencia tu puta madre, yo no.

c) Con salvedades y excepciones. Admito en público (es más, me enorgullezco de no tener por qué ocultarlo) que sí, ha habido algunas ocasiones en las que me he reído de algunas personas usando estas decisiones de largo plazo exitosas como herramienta. Principalmente contra conspiranoicos, magufos, fanáticos religiosos, ultraliberales, fascistas y demás ralea de índole anticientífica y emocional (todavía me estoy riendo del aynrandiano mexicano Ricardo Stern que se mofaba de mí por vivir “en un pueblo perdido de Andalucía”). 1) Falso. 2) ¿Quién se ríe ahora?

Tengo muchas razones para “chulearme” de ellos pero la principal es que, dado que esta gente es emocional, no sirve de mucho exponer ante ellos sólo argumentos asépticos y refrendados científicamente para convencerles de que están equivocados. Si con eso bastara, no existirían creyentes religiosos ni “obreros de derechas”. Primero, por supuesto, que lo que hago es la exposición de pruebas científicas y empíricamente contrastadas y de índole racional. Pero me imagino que a otros compañeros divulgadores científicos les ha sucedido que, de inmediato, pasan a la descalificación personal y el ad hominem y no falla que la mayoría de ellos nos califiquen de losers como en: “ya está el 100tifiko, seguro que vives con tus padres y comes doritos en tu habitación de hikikomori”, “seguro que eres virgen”, “un loser” o el que más combato con el ejemplo: “si sigues la Ciencia oficial, mal te va a ir en la vida”.

¿”Mal en la vida”? ¿A los que usamos la cabeza y la Ciencia? No conozco más cantidad de losers y perdedores de la vida que justamente entre conspiranoicos, magufos y “obreros de derechas”. Porque no se atienen a la realidad. Porque no piensan racionalmente.

Muchos de éstos, se precian de pronosticar el próximo apocalipsis o crisis. A lo que yo añado: “claro, como que siempre estáis pronosticando la próxima crisis o desastre… así acierto yo también, ¿no te jode?” El próximo año va a haber una crisis económica, pandemia, guerra, etc. Y si no pasa ese año, al siguiente. Y si no, al otro. Y si no, al de más adelante.

Y, aunque como el reloj estropeado, acierten dos veces al día… luego no se saben aprovechar de ello ni solucionarlo.

Vamos a ver gilipollas… para eso me quedo con, los que como Krugman, aciertan la próxima crisis precisamente usando la Ciencia y la racionalidad. Además… ¿de qué te sirve estar todo el puto día prediciendo el fin del mundo o presumiendo de conocer la “berdad” que el gobierno oculta… si luego no sabes aprovecharte de ello? Seréis muy “capaces” pero… qué poquitos sois capaces de tener o mantener pareja; de ganar dinero invirtiendo; o un trabajo bien remunerado.

O de, simplemente, tomar medidas racionales a largo plazo como las que he enumerado.

Por ejemplo… ¿cuántos de entre los magufos que supuestamente “predijeron” la burbuja inmobiliaria se quedaron viviendo de alquiler en vez de comprarse una vivienda cuando bajaron de precio? Por no hablar de que fallan mucho más de lo que (supuestamente) aciertan. ¿Os acordáis de los que decían que “iban a acabar regalando las viviendas con las tapas de yogur”? Que eso se le olvida calcular a mucha gente que escucha las opiniones conspiranoicas: se fijan en lo poco que aciertan y no en lo muchísimo que fallan.

Es decir, que estar mal de la cabeza y fracasar en la vida, tienen una fuerte correlación estadística (fuente: Saraceno B., Barbui C., para la O.M.S.; Gerald C. Ogbuja para el Harris County Psychiatric Center).

Y cuando le añado a los argumentos racionales y científicos el “peso” del éxito personal, es increíble, oye, el cómo rabian, se quedan sin tan siquiera esa patética excusa. Muchos, los más soft o los que no están tan mal de la cabeza, incluso se replantean su estupidez. ¿Debería hacerlo así? No si éste fuera un mundo aséptico y perfecto. Pero o aceptamos que la mente humana es irracional y que muchos de nuestros congéneres son muy irracionales y hay que responderles así o es precisamente a nosotros, los miembros psiconormativos de la sociedad, a los que NO les va a ir bien. Porque no estaremos aceptando esa triste realidad.

Yo no me las doy de adivinar la llegada del apocalipsis antes que nadie. Ni es cierto, ni me hace falta y, en verdad, eso no es lo estrictamente importante. Me voy a enterar con muy poca diferencia con respecto a ti, magufo.

Y en caso de que llegue el apocalipsis tan anunciado por ti, a mí me va a pillar prevenido de antemano y con la hipoteca pagada.

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19 de marzo.

Venga, unas palabritas rápidas de resumen de la situación, y me acuesto que vuelvo a estar reventado.

¿Por qué?

Porque estamos aplicando reducciones horarias ya que viene muy poca gente a comprar. En mi empresa ya han mandado a la tercera parte de la plantilla a casa a teletrabajo y a los que son mayores de sesenta años o tienen gente enferma a su cargo. Seguramente apliquemos un ERTE (expediente de regulación temporal de empleo).

Obviamente, no cumplo los requisitos y tengo que seguir acudiendo… añadiéndosele a mi carga de trabajo la de los compañeros que se van.

Lo digo muy en serio… Estoy harto, terriblemente cansado de ser siempre el primero en la línea del frente de combate. Es una puta constante de mi puta vida. Sieeeeempre tiran de mí para todo. No ya en el trabajo sino en la familia y en muchas otras cuestiones sociales. ¿A quién se ponía de delegado de la clase? A Chema. ¿A quién intentan hacer presidente de la comunidad de vecinos (o, peor, aún, tesorero)? A Chema. Cuando hay un problema con un pedido o un cliente, llamemos a Chema. ¿Quién es el que sustituye a todo el mundo? Chema. ¿Quién cuida a todos los enfermos de su familia? Chema. ¿Me puedes decir dónde invertir? Chema.

Estoy un poquito hasta los cojones de que el premio por ser levemente más competente que la media sea… una pala más grande. Y, muchas veces, no me dan ni la pala.

Inisisto: si de algo me está sirviendo esta situación de la cuarentena por el coronavirus, es para replantearme mi vida definitivamente. Ya tenía planeado dejar de trabajar pero ahora es que cuando todo esto termine, y aprovechando que he pagado la hipoteca y he obtenido algún ingreso extra, me voy sí, o sí, o también. Vamos, que se lo he comunicado a mi jefe. Se ha echado a temblar, por lo que eso significa y por la pasta que me tiene que dar.

No sé si os está pasando lo mismo, pero la cuarentena está aumentando mucho el mal humor general. Hasta yo me estoy poniendo más serio y gruñón de lo que acostumbro. No me queda paciencia porque me la han agotado entre la sobrecarga de trabajo y multitud de otras cuestiones que se están acentuando durante esta crisis. Hoy vengo “cargadito” de anécdotas sobre eso mismo:

1) -Por lo que a mí respecta, la monarquía está finiquitada. A la salida de esta crisis pido formalmente un cambio de régimen de gobierno y la adopción de una república federal europea. Es decir, que no pido sólo la abolición de la monarquía española sino la de TODAS de la Unión Europea, y más aún, la eliminación del papel de Jefe de Estado en TODOS los países de la UE, adoptando un único jefe de Estado para todos los europeos, con el consiguiente ahorro y la centralización de la representación de todos los ciudadanos de nuestra Unión. Ya trataré todo eso en un artículo específico. Siempre he sido republicano pero es que ahora ya lo EXIJO. Ese discurso a la nación de Felipe VI ha sido una tomadura de pelo evidente y, encima, ni una palabra de los escándalos del rey mal llamado “emérito”. Así que “muchas gracias por todo”, a tomar por culo, ahorro en las cuentas del Estado, etc., etc., etc.

2) -Poca paciencia que se me ha manifestado hoy en ooootro ejemplo personal. Ha venido a comprar congeladores industriales un sacerdote católico. Tenemos bloqueada la venta de todo producto que no sea de primera necesidad pero nuestro gerente ha estimado que esa venta lo era. Y como sólo estoy yo en el centro, le tuve que ayudar a cargar. Antes de irse… va el colega y me da una pegatina con el Corazón de Jesús y me dice: “para que la pegues en la puerta de tu casa”. Ponía: “No entres en esta casa, pues está protegida por Dios”. Sé que el hombre lo hizo con buena intención. Pero yo no estaba para gilipolleces: le rompí la pegatina delante de su cara y la tiré a la papelera delante de él. Estoy hasta los cojones de la religión: no nos está ayudando en prácticamente nada, y los fondos que se le destinan serían valiosísimos para aliviar esta pandemia… por no hablar del papel en la expansión del virus a través de las reuniones religiosas. Es la Ciencia la que nos salvará, no tu puto dios inexistente. Religiosos: NO sois parte de la solución, sois parte del problema.

3) Ahí no intervine yo. Al salir del trabajo, había una mujer paseando a su perro. Está permitido en el estado de alarma. Lo que es “un poco extraño” es que pasee el perro por un polígono industrial a cuatro kilómetros de Córdoba, y a seis de la vivienda más cercana, coño. Varios conductores pitaron al pasar a su lado, se avergonzó y se fue.

4) -Por el lado más serio: los muertos se amontonan en Italia. Si nos creemos las estadísticas chinas, supuestamente Italia ha superado a China en fallecidos por el COVID-19. Efectivamente, lo peor está por llegar. Aún no hemos alcanzado el pico máximo. En España, las muertes superan ya las ochocientas en estos momentos. La mayoría de nuevos casos son ancianos de residencias de mayores y sanitarios afectados por contacto.

5) -¿Y qué podemos hacer al respecto y que también colma mi paciencia por incumplirse sistemáticamente? Lo vuelvo a repetir: todo el que pueda que se quede en su puta casa. Al entrar en mi urbanización, sorprendí a varios albañiles construyendo un chalet. Y como yo ya venía “calentito” del trabajo, frené, me bajé del coche y les increpé que estuvieran trabajando en una puñetera cuestión que no es de primera necesidad. “Hombre, es que tenemos que comer”. “Sí, y mataros y matarnos ya de paso, acudid a las ayudas del decreto del estado de alarma”. Llamé a la Guardia Civil. Ya no sé qué pasaría después. Pero como los vuelva a ver mañana, otra vez que llamo.

No paséis ni una.

6) En tono entre más humorístico y triste… Mi empresa está rebajando a precios de costo (liquidando, vaya) una inmensa cantidad de productos alimentarios. La idea es deshacernos de cosas perecederas que van a caducar y evitar en la medida de lo posible toda pérdida (“merma”). Nos han pedido ayuda incluso a los trabajadores (hacer la compra en nuestra empresa). Obviamente, la mayoría son alimentos premium. Personalmente me he llevado incluso ternera Wagyu. Hemos tenido que dividir en lotes pequeños para consumo familiar porque nuestros formatos son de mayorista. Tengo los frigoríficos y alacenas que cuesta cerrarlos, Isa y yo estamos abastecidos ‘a full’. Un búnker antinuclear de un redneck americano es una mierda pinchá en un palo al lado de mi casa: nada de latas de judías… paté francés de oca a la naranja. Si llegamos al verano sin cuarentena, las playas españolas van a parecer un cuadro de Botero: todos gordos.

7) La situación es tan grave que todos los gobiernos (¡incluidos el FMI y los EE.UU.!) han sacado a Keynes de su tumba. La lluvia de dinero es inmensa.

Lluvia de millones

Todo el mundo con dos dedos de frente coincide: si de algo sirvió la Gran Crisis de 2008 fue para entender que cerrar el grifo del dinero NO es la solución. La solución es abrirlo. Con los liberales y libertarianos que se oponen a estas medidas hay que hacer justamente como los que están entorpeciendo la solución de la crisis del coronavirus (religiosos, antivacunas, conspiranoicos, ultraderechistas): se les ignora y se les imponen. BASTA de hacer caso a quienes no sólo no ayudan sino que estorban (e incluso causan) el problema.

Espero que esta crisis ayude precisamente a entender eso de una vez por todas.