La escuela de Austria contrastada: pseudociencia en Economía (VII): La falsedad de la teoría austríaca del ciclo económico… según Juan Ramón Rallo. Rallo contrastado. El papel de la URJC en la difusión de la escuela austríaca.

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Contenidos.

Introducción.
I. Trasfondo. La escuela austríaca de Economía.
II. Recordemos y refresquemos. ¿Qué dice la Teoría Austríaca del Ciclo Económico (según Hayek, Rothbard y Mises)?
III. ¿Es cierto lo que afirman los autores austríacos en su Teoría Austríaca del Ciclo Económico (TACE)?
IV. Los ciclos económicos. Desmontando creencias populares sobre ellos.
V. ¿Quién es Juan Ramón Rallo?
VI. ¿Cómo intenta escaparse Juan Ramón Rallo de las críticas que se le hacen a la TACE?
VII. Notas sobre las mentiras directas de la escuela austríaca.
VIII. Continuado con la contracrítica a Friedman sobre la TACE de Juan Ramón Rallo.
IX. El plucking model de Milton Friedman.
X. Distintas variantes de la TACE. La teoría de descalces de plazos de Rallo.
XI. La verdadera razón (aparte de otra más) por la cual la TACE es falsa.
XII. “Vale, deja de reírte de nosotros, ya hemos visto que todo esto de la teoría austríaca es falso pero… ¿por qué la prodigan, entonces, si es tan evidentemente falsa?”
XIII. La escuela austríaca en el mundo académico español. El papel de la Universidad Rey Juan Carlos en su difusión.
XIV. En defensa de la libertad de expresión bien entendida. Una confesión: mi aprecio personal a la escuela austríaca.
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Introducción.

Bueno, pues ahora que ya he terminado de pintar la fuente grande del jardín (de azul: ha quedado preciosa) y que tengo un poco de tiempo libre, vamos a continuar con el apalizamiento académico y científico hacia las magufadas de la escuela austríaca, que muuuuchos de mis lectores y mis habituales me han solicitado.

Este artículo que estáis leyendo es la continuación de este otro, donde reuní, resumí y expliqué para el profano en Economía, muchas de las críticas y falsedades que el mundo académico y científico serio del ámbito economista tenía que decir acerca de la llamada TACE o “teoría austríaca del ciclo económico” y que es, a la vez, uno más de una serie de artículos dedicados a analizar la escuela austríaca de cara al público, centrándome en exponer en un lenguaje sencillo pero fundamentado técnica y científicamente su cualidad de fraude académico y lo que se conoce popularmente en español como “magufada”.

A la inmensa mayoría del personal le quedó clara lo muy falsa que era esta “teoría”. Pero muchos ultraliberales, libertarians y aynrandianos-negacionistas del cambio climático antropogénico (no os extrañe: dado que la escuela austríaca es una magufada es muy frecuente encontrarse con que sus partidarios también comulgan o enlazan con otras magufadas, tales como el negacionismo del cambio climático, las teorías conspiranoicas del 11-S, que Obama es musulmán, etc.) como el catalán afincado en México Gerard Pairó Vinardell o el mexicano de ascendencia judía litvak Ricardo Stern creyeron ver que sí, que esa crítica podría ser cierta si me refería a la teoría austríaca del ciclo económico según la formularon Von Mises y Hayek (y añado: y Rothbard) pero no como la había formulado nuestro ínclito y nunca suficientemente ponderado “economista austríaco” patrio por excelencia (con el permiso de Jesús Huerta de Soto)… Juan Ramón Rallo.

Juan ramon rallo joven 8

Juan Ramón Rallo (derecha) de joven, en sus tiempos de estudiante, llevando una sudadera hoodie con la bandera de Gadsden, símbolo del libertarianismo (libertarismo). Desde luego, el hombre no puede decir que no apuntaba maneras ya desde chavalillo. El mensaje aparentemente contradictorio tanto ultraliberal como antisistema de Rallo se enmarca en una oleada de resurgirmiento de planteamientos radicales liberales y anarcocapitalistas de principios del siglo XXI, que han calado entre un sector juvenil (alt-righters, conspiranoicos, trolls de los grandes foros como forocoches, burbuja.info y 4chan, etc.) muy descontento con los planteamientos marxistas y socialistas de sus mayores. Es una “contrareacción” cultural más de las que se han dado históricamente entre generaciones.

Ahora destrozaremos a Rallo y “su” TACE (teoría austríaca del ciclo económico), no se me impacienten pero, antes de eso, quiero que el lector tenga en cuenta los siguientes puntos para poder empezar a entender cómo funciona la gente de esta calaña, como los ultraliberales y libertarians (y, vaya, como todo magufo como terraplanistas, negacionistas del cambio climático, homeópatas, antivacunas):

  • Primero, la teoría austríaca del ciclo económico era maravillosa y sin fisuras. ¿Cómo me llegaron a decir en algunos comentarios de los artículos más antiguos sobre la escuela austríaca? Ah, sí, que era de una “lógica impecable”.
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  • Pero cuando apareció el resumen de las críticas que hice trasladadas desde el mundo académico-científico de la Economía que mostraban que la TACE es más “tachable” que una quiniela de fútbol, de pronto, oh sorpresa, la respuesta cambió a un “extraño” (y parafraseo): “bueno, sí, pero eso es sólo para la TACE según Hayek y Mises, no según Rallo”.

Claro que sí, campeón.

Que va a cambiar mucho la crítica si en vez de exponerla Hayek la expone Rallo… por los cojones.

Y por si no se me entiende (o no se me quiere entender), me vengo a referir a que si estos partidarios de la escuela austríaca fueran mínimamente inteligentes, deberían haber hecho tal y como avisé (y no tendría ni que haberlo avisado, debería haber salido “de ellos mismos”)… y haber utilizado como base el armazón de crítica que expuse en mi anterior artículo si querían ver en qué fallaba la argumentación de Rallo (y que no es ni mío, sino el expuesto por todos los demás economistas serios que se han dignado estudiar la TACE en profundidad: Friedman, Tullock, Caplan, Krugman, etc.). Esto es, utilizando las mismas técnicas, las mismas, que expuse en ese artículo y extrapolando la recomprobación hacia lo dicho por cualesquiera otros autores (pro-austríacos o no) que vengan con posterioridad, podrían haber averiguado en qué miente Rallo como mentían Hayek, Rothbard y Mises. Dicho de otra forma: los mismos argumentos son válidos tanto para criticar a Hayek, Rothbard, Mises… como a Rallo. Porque todos mienten en prácticamente lo mismo y de la misma manera. Sí, a un nivel básico común y a simple vista… ahora lo vais a poder ver por vosotros mismos.

Repito: ¿recordáis lo que dije en los comentarios, angelitos?

¿Queréis comprobar en qué mienten Rallo, Huerta de Soto o Perico el de los Palotes con cualquier argumentación que traiga reinterpretando a su manera la TACE? ¡Pues muy sencillo! Os cogéis la argumentación de quien sea, la comparáis y recomprobáis tal y como expuse en ese artículo… y veréis cómo puede refutarla hasta un chimpancé (uno que supiera leer, obviamente).

¿¿¿Y por qué carajo no lo habéis hecho??? La respuesta de Gerard en concreto cuando le interpelé para que me leyera la gráfica de Rallo fue un rastrero y cobarde: “hazlo tú” e irse de la conversación. Señal más que sobrada de que no las tenía todas consigo. En honor a la verdad hay quien se ha atrevido a hacerlo (extrapolar mi primera crítica a la nueva argumentación-“reinterpretación” de Rallo)… pero no ha sido ningún partidario de la escuela austríaca. Es por eso por lo que he filtrado algún comentario aislado cuyo autor más o menos ha ido intuyendo por dónde iba la cosa para que no rompiera la sorpresa. Pero nótese que ningún pro-austríaco ha tenido cojones de hacer en público lo que yo mismo en público pedí que hicieran: comprobar. Y lo de “sorpresa”, como veremos, es más que relativo. Porque es evidente a simple vista, no hace falta ser ningún genio en Econometría para ver que la TACE es falsa aunque digan lo contrario Hayek, Rothbard, Rallo o el Cristo de los Faroles.

Sí, basta con comprobar (o recomprobar) lo que se afirma, uno de los pasos del método científico. El más definitivo. Pero claro, pedirle eso los austríacos/ultraliberales que son:

  • Personas muy ideologizadas y fuertemente predispuestas a favor de sus ideas/ideología y…
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  • Personas que reniegan del empleo del método científico (en Ciencias Sociales y para muchos de ellos, también en Ciencias “duras”; niegan que la Economía se pueda estudiar de manera científica)…

…es pedirle peras al olmo.

Empecemos con el trasfondo previo explicando de manera resumida qué es la escuela austríaca por si quien me lea es un lector nuevo o entra directamente a este artículo a través de los buscadores. Además, siempre es bueno refrescar y repasar conceptos.

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I. Trasfondo. La escuela austríaca de Economía.

La escuela de Austria o austríaca es una escuela de pensamiento económico, una de las dos escuelas de pensamiento principal sobre la que se sustentan las ideas y postulados del llamado popularmente neoliberalismo.

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Composición con los retratos y fechas de los principales pensadores de la escuela austríaca. Fuente.

Sí, la escuela austríaca fue una de las fundadoras del neoliberalismo. Y sí, el neoliberalismo existió, con ese nombre, tuvo acto fundacional, en el que participaron los autores principales de la escuela austríaca y hubo muchos economistas que se calificaron a sí mismos como “neoliberales” durante el siglo XX, en contra de todo lo que digan esas mentiras que circulan por internet lanzadas por sus partidarios.

Recordemos que a los partidarios del neoliberalismo, no les gusta que se les llame “neoliberales”, porque lo consideran peyorativo.

Que se jodan. El término ha quedado más que incrustado en la terminología académica y de uso común como para no utilizarlo… y con motivos de peso. De hecho, ya traté en este artículo sobre TODO lo relacionado con el neoliberalismo (evolución histórica, definiciones, políticas económicas concretas, percepciones dentro y fuera del mundo académico, autores, obras, personajes relevantes, etc.).

Por si acaso alguien NO se quiere dar por aludido, aviso y especifico que cuando me refiera a “neoliberal” o “neoliberalismo” en mis artículos, me estoy refiriendo a todos los partidarios (contemporáneos) del liberalismo económico de índole más radical: ancaps (anarcocapitalistas), monetaristas, partidarios y fanáticos del libre mercado, fundamentalistas de la libre empresa, liberales minarquistas , “austríacos”, etc., etc., etc. Vosotros sabéis quiénes sois. Y yo también. Así que vamos a dejarnos de tonterías, y vamos a llamar las cosas por su nombre… “neoliberales”. De hecho, si existe el término “neoliberalismo”, es gracias a Mises. En los escritos de Ludwig von Mises, una de las principales figuras de la escuela austríaca, el cual ya en 1922 y en 1927 hablaba de “neoliberalism” (en lengua inglesa) y “Neue Liberalismus” (en alemán), en su obra Liberalismus.

Personalmente prefiero el calificativo de “ultraliberal” para definir a los austríacos porque hay que admitir que el término neoliberal está muy traído y llevado, es un término del que se abusa mucho, de una manera muy parecida a lo que sucede con las palabras “fascista” o “rojo”. Y otra cosa no… pero el término ultraliberal no se lo pueden quitar de encima los austríacos ni con agua caliente.

Porque, desde luego, son “liberales”…

…y, sobre todo, “ultras”.

Pero ultras, ultras, ultras a más no poder.

Tan ultras que lo suyo es que es de llevarse las manos a la cabeza. Es de un radicalismo extremo. Y un auténtico disparate. En el mundo académico (de la Economía y la Psicología, porque muchos austríacos han intervenido también en esta disciplina; de hecho, a la escuela austríaca también se la llama “de Viena” o “escuela psicológica” y sus orígenes se entrelazan dentro del entorno en el que nació el freudianismo: en la Viena del siglo XIX o sea, que os podéis hacer una idea de por dónde van los tiros) se suele decir, cuando se tiene el día amable, que la escuela austríaca es heterodoxa… que es una forma educada de decir que sus autores están como cabras hartas de comer papel.

Y ojalá sólo fueran chiflados. Como veremos a lo largo del artículo ejemplificándolo con el caso de Juan Ramón Rallo no es tanto que estén majaretas como que tienen un interés (económico, personal, ideológico) para prodigar toda esa sarta de salvajadas y mentiras que largan. La mayoría de freudianos creen sinceramente que las chorradas de Freud son ciertas. Después de leer a los autores austríacos (los tontos radicales de sus partidarios sí que puede que se lo crean sinceramente) se nota a las claras de Miguel que lo que dicen no se lo creen ni ellos: lo dicen porque quieren justificar su defensa de los más ricos y de los que más dinero tienen.

A ver cómo lo explico para el que no tenga mucha idea de Historia de las corrientes de pensamiento económico. Probaré con unos símiles.

Supongo que a estas alturas, la mayoría de mis lectores sabrá que con respecto a muchas disciplinas académicas y científicas, existen fraudes y mentiras que se dan una apariencia de ciencia o veracidad pero que son falsas. Por ejemplo, la Geología es una ciencia que nos demuestra de manera empíricamente contrastable que la Tierra tiene millones de años de edad. Pues existen personas, incluso en el ámbito científico que creen, influidas por las creencias religiosas que lo enseñan, que no, que la Tierra tiene tan sólo unos pocos miles de años. También existe gente que niega que las especies de seres vivos evolucionen aun cuando la Biología demuestra que sí (“creacionistas”)… y gente que niega que la Tierra tenga una forma más o menos esférica y dice que es plana (“terraplanistas”) cuando ni tan siquiera hace falta ser geógrafo, astrofísico o geólogo: basta con ver la forma que deja la Tierra sobre la Luna, un eclipse o cómo se aleja un barco por el horizonte del mar. La escuela austríaca es pseudociencia en Economía (y Psicología).

Pero si hay dos pseudociencias con las que me guste comparar (por lo acertado) a la escuela austríaca es con la homeopatía y el freudianismo. ¿Por qué?

  • Con la homeopatía porque ésta y la escuela austríaca ambas se las dan de poder curar (economía y salud humana, respectivamente), merced a principios básicos inventados que son patrañas y falsedades recomprobables empíricamente con muy poco esfuerzo.
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  • Aunque hay que admitir que lo más similar con respecto a la escuela austríaca es su primo hermano en Psicología… el psicoanálisis freudiano. Ambas se basan en lo mismo: como autor observo sentado en el diván y luego me invento o fuerzo las relaciones a posteriori con lo que me salga de los huevos para justificar mis ideas (o ideología política) previamente establecidas, sin recomprobar ni utilizar metodología científica, sólo “filosofando”; tomo sólo los datos o casos que me interesan para justificar que he acertado, etc. ¿Os suena de algo? ¿A que sí? De la escuela austríaca suelo decir que es un “posmodernismo de derechas” (relacionado con esto: son tan radicales que la mismísima Ayn Rand llegó a decir de los libertarians, los representantes políticos de los austríacos, que eran “unos hippies de derechas”). Además, freudianismo y escuela austríaca nacieron en el mismo contexto (la Viena liberal de finales del siglo XIX) y comparten bastantes elementos comunes fruto de ello. No es que la escuela austríaca devenga del freudianismo o viceversa: es que como nacieron en el mismo ambiente, comparten cuestiones similares. La principal (pero no única ni muchísimo menos), la no comprobación científica de sus ideas porque consideran que el método científico o no vale o no se les aplica.

En Economía, y dada su importancia (ya os digo: es la Ciencia que estudia la gestión de los recursos… lo que incluye el dinero), existen multitud de líneas ideológicas incluso dentro del mundo académico que son auténticas majaderías del mismo estilo que los terraplanistas: marxistas, cartistas, anarcocapitalistas, autarquistas, etc. Una de esas… llamémoslas líneas ideológicas es el ultraliberalismo (otros términos más o menos similares: liberalismo laissez-faire, ultracapitalismo, fundamentalismo capitalista, etc.). Y dentro de éste, la escuela austríaca ocupa un lugar destacadísimo por varios motivos.

  • El principal o, como mínimo, el que más nos afectó es que es una escuela de pensamiento cuyos autores fueron especialmente “ruidosos”. Muy activos en la propaganda política e ideológica. Tras la crisis del petróleo de 1973 y debido a su encendido anticomunismo en un mundo enfrentado por la Guerra Fría, lograron convencer y llamar la atención de algunos gobernantes, especialmente los de ideología conservadora y liberal. Sí, tuvieron una época en la que lograron acceder al poder. Más específicamente algunos políticos “les prestaron oídos” e influyeron en las tomas de decisiones con respecto a las economías nacionales (conjuntamente con el monetarismo de Milton Friedman y compañía), allá por los años ochenta y principios de los noventa (gobiernos de Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Augusto Pinochet, etc.). Su influencia llegó incluso al extremo de forzar políticamente la concesión de un (mal llamado popularmente) “Premio Nobel de Economía” a su mayor representante por la época, Friedrich Hayek, para compensar el que se dio al progresista Gunnar Myrdal (fue quizás el premio nobel de Economía más polémico jamás concedido porque se acabó demostrando que varios de los integrantes del jurado pertenecían a la Sociedad Mont Pelerin… fundada por el mismísimo Friedrich Hayek). La adopción de sus ideas tuvo unos resultados desastrosos para la población en general y, muy especialmente, para los sectores más humildes (para los ricos fue “de puta madre”). Fue la época de las grandes privatizaciones, los inicios del aumento de la brecha entre ricos y pobres, la deslocalización de la industria, pérdida de poder adquisitivo de las clases medias, aumento del trabajo temporal y “basura” y muy, muy, muy especialmente, los austríacos fueron algunos de los grandes justificadores de la desregulación y la especulación masiva que condujeron a la crisis de 2007-2008 y la Gran Recesión de la que todavía sufrimos sus efectos (en el acervo popular es a estas políticas de capitalismo extremista a las que se llama popularmente “neoliberalismo” pero el neoliberalismo en sí como corriente de pensamiento económico tiene una trayectoria anterior bastante más larga). Igual que con ideas radicales y extremas como el marxismo soviético o la psicología freudiana lacaniana: cuando se ponen en práctica, sucede el desastre. Y sufren las personas. Nunca dejaré de llamar la atención ni insistir lo suficiente en que tenemos que huir de los radicalismos y extremismos: no traen nada bueno que compense por los grandísimos perjuicios que causan.
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  • La escuela austríaca se caracteriza, dentro del mundo académico (bueno, eso de que está dentro del mundo académico es… relativo y más que cuestionable; la inmensa mayoría de otras escuelas económicas, la Neurología y la Psicología científicas la consideran fuera de éste), por negarle validez al método científico y por no tener actitud científica. Si uso el calificativo de “pseudociencia” en mi serie de artículos sobre la escuela austríaca es por pura caridad. Porque técnicamente hablando es anticiencia. Lisa y llanamente. De hecho, autores como Mises le negaron textualmente validez al método científico en Ciencias Sociales (Human Action, Ch. 2, p. 32.), en algunas de las relacionadas con la Medicina (Psicología, Neurología) ¡¡¡y la escuela austríaca se precia de haber creado un método alternativo (la praxeología) superior a éste!!! Sí, una metodología estrictamente a priori (primero se establecen los resultados y luego busco sólo lo que los confirme). Ahí, con menos vergüenza que un gato asomado a una barbacoa.
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  • La escuela austríaca es de un radicalismo tan extremo que se caracteriza por negarse a utilizar o negarle validez a la recomprobación empírica, el estudio de la experiencia previa… y a las Matemáticas (muy especialmente, a la Estadística, Econometría, Cálculo, etc.). Vamos a explicar esto último porque alguno me ha venido así intentando justificarse: “pues yo veo que algunos autores austríacos utilizan números”. Sí, ya, tócate los cojones. Pero usar números no es usar matemáticas. Un tipo para defender su postura puede decir: “pues mi argumento tiene razón porque dos más dos son menos diecisiete coma cuatro”. ¿Está usando números? Sí. Pero está mintiendo como una perra en celo. Eso no es usar matemáticas. Es mentir. Tal cual. “Pues los austríacos utilizan gráficas”. Sí, ya. Y mienten sobre ellas, las falsean, las utilizan donde no sirven o las tergiversan. Eso no es usar gráficas tal y como procede. De hecho, es que no es ni actuar con honestidad. Pero vamos, independientemente de todo ello, lo que quiero reseñar es que los autores austríacos, muy especialmente los de los años cincuenta del siglo XX hasta su fundación allá por el siglo XIX (Menger, Mises, Schumpeter y demás ralea) llegan incluso a negar explícita y textualmente que las Matemáticas, la Estadística, etc., sirvan para demostrar o comprobar nada en Economía. Autores posteriores, más modernos (como Rallo) sí utilizan más explicaciones pseudomatemáticas porque no tienen más cojones en un entorno donde las Matemáticas tienen un prestigio más que merecido. Pero que su herramienta principal sigue siendo la misma que las de los otros autores: filosofía barata (como axiomas inventados), metodología sacada de los huevos y mucha, mucha, mucha ideología y politiqueo.
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  • Y hablando de mentiras. La característica que quizás más define o es más chocante de la escuela austríaca… es que miente directamente. Es un caso muy, muy, muy inusual. A ver, el marxismo, el posmodernismo francés y el freudianismo lacaniano utilizan muchísima verborrea, mucha palabrería, un discurso muy oscuro, envuelto en muchísimos términos complejos inventados o tergiversados, utilizan un lenguaje muy pomposo y recargado para intentar convencer de sus falsas teorías, como la Teoría Laboral del Valor o como las asociaciones espurias lacanianas (como que el pene se asocia a la raíz cuadrada de menos uno). Los austríacos se caracterizan por mentir directa y frontalmente. A la cara. Sin rebuscamientos ni artificios, o con los mínimos, minimísimos. Ya lo iremos viendo a lo largo del artículo (centrándonos, por supuesto, en Juan Ramón Rallo) pero es que lo de las mentiras de la escuela austríaca llega a unos niveles de salirse del parchís.
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  • Muchos de sus autores, al menos los más emblemáticos, fueron unos auténticos y soberanos hijos de la gran puta en lo personal. Como supongo os podréis imaginar, el negarle validez al método científico, a las Matemáticas, el no tener una actitud científica, ser un extremista y un radical más pendiente de justificar tus teorías de defensa de los más ricos que en buscar la verdad de los fenómenos humanos no suele correlacionarse con ser bondadoso o tener abundancia de empatía. Son conocidísimas las anécdotas de Mises echándoles broncas monumentales a sus alumnos y hablando mal de ellos (uno de ellos, Friedman, ya hablaremos de otra bronca que tuvieron) en nada que se salieran un poco de su ideología ultra(liberal), las peleas y los cruces de insultos con liberales más moderados como los ordoliberales alemanes o las peleas con su propio hermano, que era un científico de los pies a la cabeza (Richard Edler von Mises fue físico: realizó grandes aportaciones en mecánica de fluidos, aerodinámica, Estadística y probabilidad; no podían ser más diferentes); su labor de obstaculización de un liberalismo más humano; cómo trataron a las mujeres Schumpeter y Hayek; la justificación del fascismo que hizo Mises y de la dictadura pinochetista por parte de Hayek. Y mención aparte merece Murray Rothbard. Ese tipejo fue un auténtico y soberano cerdo y lo digo con todas las letras. Aparte de que fue uno de los austríacos que más vehementemente rechazó el método científico, las Matemáticas, la recomprobación empírica, la Econometría, etc., a Rothbard es que es para echarle de comer aparte: negacionista del Holocausto judío (¡¡¡siendo judío!!!), enemigo del Estado del Bienestar, revisionista del papel del Tercer Reich, se negaba casi siempre a publicar en el mundo académico y que le revisaran pares, tuvo que estudiar Matemáticas para que le concedieran la titulación de Economía pero el tipo era tan jodidamente reacio a usarlas que su tutor se negó a firmarle el equivalente a la tesis (se la tuvo que firmar un amigo personal; él decía que no se la firmaban porque en su facultad eran todos “progres”), quería privatizar el sistema judicial, justificó las torturas policiales, contrario a la concesión de derechos civiles para la mujer y las minorías… aunque sobre todo, por lo que es más conocido es por haber justificado y propuesto (en su obra Ethics of Liberty, qué título más irónico, por cierto) que se pudieran vender a los niños (más concretamente, que los padres tuvieran la potestad de poder vender “los derechos sobre sus hijos”). No es que fuera una persona total y absolutamente horrible con la que no se pudiera hablar (por ejemplo, como buen aislacionista era contrario a las guerras y tuvo un matrimonio feliz) pero ciertamente Rothbard fue un ejemplo viviente de lo que supone ser un extremista a full. El tipo era tan, tan, tan radical que aunque simpatizaba en ideología con ella, se enfadó varias veces con Ayn Rand (recordemos que esta mujer no se caracterizó nunca tampoco por su moderación) hasta que rompieron relaciones definitivamente. Telita con el colega.
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Ludwig von Mises (izquierda), cabeza visible de la escuela austríaca de Economía, uno de los pensadores más anticientíficos del siglo XX y Sigmund Freud (derecha), creador de la pseudociencia del psicoanálisis. Hoy en día los fans de la escuela austríaca se avergüenzan de la influencia del pensamiento freudiano en su ideario porque Freud acabó siendo demostrado y reconocido incluso a un nivel popular como uno de los fraudes académicos que más daño hicieron en la Historia pero no siempre fue así: mientras Freud mantuvo un buen nombre no dejaban de asociarse con su pensamiento. Mises siempre dispensó tremendas alabanzas a su compatriota y contemporáneo, hasta el punto de calificarlo de “genio”. Aunque los austríacos actuales se esfuercen por ocultarlo, es muy conocido en el mundo académico el hecho de que Mises incorporó elementos del pensamiento freudiano en la praxeología y en su ideología ultraliberal (recordemos que Freud fue un furibundo liberal). Por ejemplo: Sigmund Freud was 25 years older than Ludwig von Mises, but they were two of the most significant figures of the interwar Viennese intellectual milieu. Mises cited Freud’s books and adopted many of his analytical concepts to make his case against socialism and for a subjectivist understanding of economics. [Sigmund Freud era 25 años mayor que Ludwig von Mises, pero ambos fueron dos de las figuras más significativas del ambiente intelectual vienés del periodo de Entreguerras. Mises citó las obras de Freud y adoptó muchos de sus conceptos analíticos para hacer valer su caso contra el socialismo y a favor de una comprensión subjetivista de la Economía.] Fuente.

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Una preguntita que os va a escocer a más de uno como el que te echen sal Maldon después de unos latigazos. A los que os habéis tragado las teorías austríacas y, tras leer estos antecedentes se os ha quedado cara de tontos al comprobar que lo que defendíais era una gilipollez y, encima, con mala intención… ¿Vosotros os tragáis todo lo que os cuentan sin comprobar, sin estudiar los antecedentes, sin conocer a quien hay detrás? Me explico: que los austríacos son una panda de magufos con más mala leche que un cepo enterrao es del conocimiento común. A ver, vale que yo lo sabía porque tuve que estudiarlos (muy de pasada, porque como son anticientíficos no se les estudia mucho) en la facultad pero… que hoy en día tenéis más facilidades que en mi época como disponer de internet, ¿eh, chavales? Que os bastan tres o cuatro clicks de ratón para enteraros de la calaña de esta banda. No tenéis excusa (o no mucha). Cada vez que me acuerdo del desnortado que defendió en Menéame que la escuela austríaca es la más científica y los demás participantes le empezaron a largas enlaces a las obras de autores austríacos negando validez al método científico me parto el culo de la risa por siete lados distintos.

Y eso que estas últimas críticas (las personales) son las que más se conocen a un nivel popular porque constituyen un heurístico rapidito para saber de qué pie cojean los austríacos. Pero eso son críticas facilonas y al utilizarlas se puede caer en ellas en la falacia ad hominem. Las puede hacer cualquiera. Aquí, en este ensayo, yo vengo a lo de siempre: atacar al argumento en sí y no a la persona, a hacer y ofrecer al público lector críticas densas y fundamentadas. A dar información de calidad expresada mediante un lenguaje llano y accesible. Decir de alguien que era un hijo de perra por cómo trataba a los demás es fácil y divertido. Desmontar una teoría económica a través de análisis econométricos y comparativas estadísticas de una manera tal que lo pueda comprender la mayoría de los que lean es mucho más difícil. Y no abundan por internet. Menos aún, en la internet en castellano. Me vais a permitir que os lo recuerde: hasta que un servidor no se puso a repartir hostias dialécticas desmontando las magufadas de las teorías austríacas (las que aparecían en Zeitgeist, the Movie, y las que publicitaba el republicano libertarian Ron Paul a los cuatro vientos)… qué poquito os encontrabais los que buscabais esa información en español, ¿eh, pillines?

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Vengo a suplir esa carencia con los objetivos de:

-Divulgar conocimiento científico.

-Desmontar mentiras, falsedades y falacias.

-Alertar de peligros que nos pueden causar daño y perjuicio a todos.

-Hacer reír. Porque divulgar conocimiento veraz y denunciar mentiras no está reñido con tener sentido del humor (y menos aún, con la “especialidad académica” de “guasa andaluza”).

Así aumento mi densidad de trabajo: a la vez que desmonto una mentira, aprovecho para divulgar conocimiento científicamente corroborado. En este artículo en concreto, vamos a hablar de cómo se producen las crisis económicas financieras.

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II. Recordemos y refresquemos. ¿Qué dice la Teoría Austríaca del Ciclo Económico (según Hayek, Rothbard y Mises)?

Volvemos a repetir de manera resumida lo que dije en mi anterior artículo.

Seguramente sabréis y si no lo sabéis espero que entendáis intuitivamente o podáis percibir al menos que la economía de un país o del mundo… no es estable. Se producen fluctuaciones y cambios perceptibles dentro de ésta en su producción o actividad económica, ya sea a lo largo de meses o años, pero generalmente dentro de procesos de crecimiento económico que llevan mucho tiempo.

Estas fluctuaciones se pueden observar a lo largo del tiempo en forma de periodos de crecimiento muy rápido (“expansión” o “boom”), y periodos de relativo estancamiento e incluso declive de la producción (“contracción económica”, “depresión” o “recesión”). Se suelen medir con el aumento (o disminución) del Producto Interior (o interno) Bruto (PIB).

Estas fluctuaciones (periodos de crecimiento, estancamiento, declive, etc.), reciben tradicionalmente el nombre de “ciclos de negocio” o “ciclos económicos”, pero no tienen un patrón periódico que dictamine de manera mecánica o predecible cuándo van a suceder. Los economistas serios niegan incluso que haya un patrón fijo que nos permita asegurar cuándo va a haber una crisis: no es algo regular, ya hablaremos de ello.

Bueno, pues los “austríacos” dicen que ellos, sí. Que ellos son más listos que nadie y han logrado encontrar un patrón que logra predecir cuándo se va a producir un alza o una baja de producción económica o una crisis en estos “ciclos de crédito” (o “de negocio”), que es como también les gusta llamarlos a ellos.

Los “austríacos” dicen que los ciclos son consecuencia inevitable del excesivo crecimiento de los créditos bancarios (por eso los llaman “ciclos de crédito”), el cual se ve inherentemente incrementado a su vez por las dañinas e inefectivas políticas de los bancos centrales, los cuales mantienen adrede los tipos de interés demasiado bajos durante demasiado tiempo, lo que causa a su vez un exceso de creación de dinero, el cual se acaba utilizando para especular en burbujas económicas en vez de para ahorrar (los ahorros acaban mermando).

Un resumen de lo que afirma el economista español de la escuela austríaca Jesús Huerta de Soto en su obra Dinero, crédito bancario y ciclos económicos (1998):

Para la corriente austriaca, en general, el ciclo económico deviene de una expansión económica artificial, es decir, no respaldada por ahorro voluntario previo y gestada a través de una manipulación a la baja de tipos de interés, que tiende a aumentar inversiones y crear un falso auge económico, debido a una distorsión en precios relativos por la mayor masa de dinero circulante. Estas inversiones, que serían inexistentes o distintas de no ser por la mencionada distorsión, sobreutilizan los bienes de capital acumulados, desviándolos a proyectos no rentables. Tales burbujas inevitablemente acaban estallando. Cuando la emisión de nuevos medios fiduciarios cesa, las tasas de interés artificiales se acomodan a su verdadero nivel, generalmente muy superior al establecido por los bancos centrales.

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Esquema del “Ciclo de Negocios” según la escuela austríaca. Fuente: Boston Austrian Economics.

A ver si soy capaz de explicarlo para el que no tenga mucha idea de Economía. Los “austríacos” dicen que la economía nacional sube o baja por culpa de que los bancos centrales prestan mucho dinero a los bancos privados a interés muy bajo. Eso hace que circule mucho dinero bajo la forma de préstamos (los bancos privados conceden alegremente más préstamos a la gente porque ellos lo han conseguido a su vez muy baratos del banco central). Al haber tanto dinero presente en circulación y de fácil adquisición durante mucho tiempo, la gente se dedica a hacer con ese dinero locuras, y se dedica a comprar mucho y a especular a mansalva en cosas como la burbuja inmobiliaria (comprar casas y venderlas más caras). Cuando esas burbujas revientan, los sectores afectados caen, produciéndose un doloroso proceso de “reequilibrio” hacia los sectores más seguros y fiables.

¿Cómo explotan esas burbujas de mala inversión?

Según los “austríacos”, el ciclo económico se acaba revelando de la siguiente manera: los tipos de interés bajos estimulan a la gente a pedir créditos (cuesta menos pedirlos porque cuesta menos pagarlos de vuelta) a los bancos. Esta solicitud de créditos hace que se cree más dinero.

[Nota: Os recuerdo que cuando uno pide prestado a un banco con nuestro sistema de reserva fraccional, se CREA dinero, ya hablamos de ello aquí y aquí, pero os lo resumo de manera muy, muy simple: cuando uno pide prestado a un banco, no le dan el dinero, el banco resta ese dinero y ya está, sino que el banco le da el dinero al prestatario, y se queda con unas garantías firmadas por él, por el mismo valor, que SIGUEN siendo dinero (se llaman “activos”) y es por eso que el banco no resta ese dinero prestado de su libro de cuentas, el banco sólo gasta (resta) dinero si no obtiene contrapartidas de, al menos, el mismo valor a cambio (nota: un banco no puede prestar dinero hasta el infinito, existen unos límites matemáticos impuestos por el central, etc., el asunto es mucho más complejo, os lo he resumido para vuestra comodidad).]

Según los “austríacos”, tanta presencia de crédito y de dinero creado mediante crédito, no puede durar hasta el infinito, y eso es insostenible. En algún momento, con tanta presencia de dinero es inevitable que:

  1. O se acabe la gente que pueda pedir prestado para crear dinero con el que saldar las deudas de los demás, o…
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  2. …que para obtener más beneficio con el que poder pagar esos créditos de vuelta, los que pidieron prestado acaben por invertir en negocios de mucho riesgo (por ejemplo, casas en el quinto pino, casas alejadas de la línea de costa, casas hechas de malos materiales, comprar pisos pequeñísimos y viejísimos en el centro de la ciudad con la esperanza de venderlos carísimos, etc.). Porque se irán desesperando conforme vean que las inversiones “seguras” generan poco beneficio o menos del que necesitan para pagar de vuelta sus préstamos. Los “austríacos” asumen que se realizarán malas inversiones de manera masiva y que, cuando se demuestren malas, arrastrarán de vuelta con sus pérdidas a todo el sector afectado (principalmente el financiero, el de las inversiones). Es por eso que, a veces, se llama a la Teoría Austríaca del Ciclo Económico, “la teoría de la resaca”, porque sus defensores ponen como símil que las crisis financieras son como los efectos de una resaca tras una borrachera o una juerga descontrolada (la disminución o manipulación de los tipos de interés -la emisión de dinero- por parte de las instituciones financieras reguladoras).
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Hablando ya en términos económicos, los partidarios de esta teoría, creen que un periodo sostenido de bajas tasas de interés y de excesiva creación de crédito, acaba por causar un estímulo para pedir prestado al sistema financiero. Esta expansión de crédito causa a su vez una expansión del suministro de dinero, a través del proceso de creación monetaria dentro del sistema de reserva fraccional bancaria. Eso conduce a un boom insostenible de dinero creado mediante préstamos que estimula artificialmente a su vez las inversiones de riesgo para solucionar una tasa de ganancia que es cada vez menor (se gana cada vez menos porque con tanto dinero presente se copan todos los negocios seguros posibles). Una corrección de ese proceso (llamado “crunch crediticio”, “recesión” o “bancarrota”) ocurre cuando el crecimiento exponencial de la creación de crédito no se puede sostener más (o no hay más gente para pedir más préstamos o se gana de beneficio cada vez menos). Cuando eso sucede, el suministro de dinero cae repentina e inesperadamente, lo que hace que todo el mundo vuelva a reposicionar su dinero en cosas seguras o lo ahorren. O que se queden sin dinero porque lo van a perder, claro. Ése es el famosísimo y tantas veces mencionados por austríacos y ultraliberales reequilibrio o “autorregulación de los mercados”, que dictan por su propia naturaleza a dónde debe ir a parar el dinero de las inversiones, sin intervención del Estado ni de los bancos centrales.

Debido a que la intervención del Estado (gobiernos e instituciones estatales como los bancos centrales) en la economía es constante en las sociedades (especialmente a través de su intervención en los mecanismos del crédito, de los préstamos, recordemos) eso conlleva que, inevitablemente, en toda economía con un Estado intervencionista todo periodo de alza económica cause un periodo de contracción económica.

Así pues, según los “austríacos”, la solución a las crisis económicas sería evitar que el Estado interviniera en la economía y dejara actuar a su libre albedrío a los agentes económicos (empresas, emprendedores, etc.) porque son más eficientes gestionando esa economía y no causarían esas crisis económicas.

Y, ahora, para que veáis que no hay trampa ni cartón, ni “hombre de paja” ni me vengan con que los demás economistas no nos hemos leído ni entendido lo que dicen los austríacos sobre sus teoría de por qué se producen las crisis… vamos a poner lo que ellos mismitos los autores austríacos Mises y Hayek, dijeron (ya hemos visto a Huerta de Soto y hoy os voy a incluir, además, a Murray Rothbard, para completar).
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Mises

Ludwig von Mises.

1) Palabras textuales de Ludwig von Mises sobre la TACE y la relación entre ciclos económicos y tipos de interés en los créditos (en inglés).

El movimiento de ola que afecta al sistema económico, la recurrencia de periodos de boom que son seguidos por periodos de depresión, es la inevitable consecuencia de los intentos, repetidos una y otra vez, de hacer disminuir el mercado de los tipos de interés a través de la expansión de crédito. No hay forma de evitar el colapso final de un boom que ha sido creado por una expansión de crédito. La alternativa es sólo si la crisis vendrá antes como resultado del abandono de una mayor expansión o más tarde, como una catástrofe total y final del sistema monetario empleado.

Fuente: Von Mises, Ludwig. Human Action, capítulo XX.

A los ojos de susceptibles y demagogos, [la existencia de] el interés es un producto de las siniestras maquinaciones de inmisericordes explotadores. El desprecio de otras eras hacia el interés ha sido revivido por el intervencionismo moderno. [Este desprecio] se aferra al dogma de que es una de las más vitales obligaciones de un buen gobierno el bajar los tipos de interés tanto como sea posible o abolirlos del todo. Todos los gobiernos actuales están fanáticamente comprometidos con una política de dinero fácil.

El boom sólo puede durar tanto como progrese la expansión de crédito a un ritmo siempre acelerado. El boom finaliza tan pronto como no se lanzan al mercado de préstamos más cantidades adicionales de dinero fiduciario. Pero incluso aunque la inflación o la expansión de crédito continuaran sin fin, el boom tampoco duraría eternamente. Encontraría las barreras que previenen una expansión sin límite de circulación de crédito. Se dirigiría hacia la quiebra y el colapso del sistema monetario al completo.

Fuente: Von Mises, Ludwig. Human Action, capítulo XX.

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Friedrich Hayek.

2) Palabras textuales de Friedrich Hayek sobre la TACE:

La necesidad de tener una institución así [un banco central] es, sin embargo, enteramente debida a que los bancos comerciales [privados] incurren en deudas redimibles según demanda en una unidad de moneda que sólo otro banco [el central] tiene el único derecho a emitir, lo que crea en la práctica dinero canjeable en términos de otro dinero. De esta forma es como tendremos que considerar que es, de hecho, la causa principal de la inestabilidad del actual sistema financiero y, a través de él, de las amplias fluctuaciones en toda actividad económica. Sin el monopolio para emitir dinero del banco central (o del gobierno) y sin el permisivo suministro que permite la ley, no habría justificación alguna para que los bancos tuvieran que basar su solvencia en la moneda emitida por otra institución. El “sistema de una reserva”, como lo llamó Walter Bagehot es un inseparable acompañamiento del monopolio de emisión pero, sin él, innecesario e indeseable.

Fuente: Hayek, F.A. Prices and Production.

Si el suministro de dinero-capital se incrementa mediante cambios monetarios por encima de [determinada cantidad], el resultado será que el tipo de interés descenderá por debajo del punto de equilibrio y los emprendedores se verán inducidos a emplear una mayor parte de sus recursos a la producción para un distante futuro que se corresponda con el modo en que los consumidores dividan sus ingresos entre ahorro y consumo.

[Nota: Hayek hace referencia al papel distorsionador que, según él, tienen los tipos de interés manejados por el gobierno con respecto a las expectativas de los emprendedores empresariales, quienes toman decisiones equivocadas de producción porque creen que la gente, los consumidores, se irán a comportar de una cierta manera en el futuro debido a la presencia artificial de dinero en el mercado.]

Fuente: Hayek, F.A. Denationalization of Money.

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Murray Rothbard.

3) Palabras textuales de Murray Rothbard sobre la TACE. Como podréis notar, son muy parecidas a las de Mises. Eso es así porque Rothbard fue alumno de Mises. Por eso no incluí a Rothbard en mi anterior artículo, para resumir. Lo incluyo ahora porque hay quien me ha venido con que la TACE sólo lo exponían una minoría de austríacos, que no es la visión mayoritaria de los miembros más relevantes de la escuela. Y eso es falso como podéis comprobar.

[…] los ciclos de alzas y bajas son causados no por los misteriosos entresijos del sistema capitalista sino por la intervención del Estado en ese mismo sistema.

[…] Ellos [se refiere a Ricardo y la Currency School] fueron los primeros en dares cuenta de que los ciclos de alzas y bajas eran causados por interferencias en la economía de libre mercado causadas a su vez por inyecciones inflacionistas de crédito bancario, alentadas por el gobierno. Estas alzas conllevarían posteriormente una depresión, que no es en realidad más que un ajuste de la economía para corregir las interferencias del alza.

[…] la inyección de crédito bancario, alentada por el gobierno; un alza marcada por malas inversiones causadas porque las señales del libre mercado han sido falseadas por las alteración de la inflación; el final de la inflación revela estas malas inversiones; y finalmente, la depresión como corrección por parte del libre mercado de las ineficiencias y distorsiones de esta alza.

[…] Por tanto, la depresión, lejos de ser un mal demoledor, es el retorno beneficioso y necesario de la economía a la normalidad tras las distorsiones impuestas por el boom [“auge, bonanza”]. Así pues, el boom conlleva causar un bust [“quiebra”].

Fuente: Por qué suceden los ciclos de negocio. Por Murray Rothbard. Mises Institute.

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Austrian-vs-Keynesian-Economics

Comparativa de esquemas del pensamiento keynesiano (intervencionista) en Economía (izquierda) y de la escuela austríaca (ultraliberal, derecha). Las fuentes están incorporadas en la imagen.

Para dar una visión de conjunto, os dejo con el resumen (en inglés) de la TACE en la wiki del Instituto Mises:

The role of central banks.

All Austrian theorists consider the unsustainable expansion of bank credit through fractional reserve banking as the driving feature of most business cycles. However, Murray Rothbard paid particular attention to the role of central banks in creating an environment of loose credit prior to the onset of the Great Depression, and the subsequent ineffectiveness of central bank policies, which simply delayed necessary price adjustments and prolonged market dysfunction.[16] Rothbard begins with the assertion that in a market with no centralized monetary authority, there would be no simultaneous cluster of malinvestments or entrepreneurial errors, since astute entrepreneurs would not all make errors at the same time and would quickly take advantage of any temporary, isolated mispricing. In addition, in an open, non-centralized (uninsured) capital market, astute bankers would shy away from speculative lending and uninsured depositors would carefully monitor the balance sheets of risky financial institutions, tempering any speculative excesses that arose sporadically in the finance markets. The cycle of generalized malinvestment is therefore caused solely by centralized monetary intervention in the money markets by the central bank.

Rothbard asserts that this over-encouragement to borrow and lend is initiated by the mispricing of credit via the central bank‘s centralized control over interest rates and its need to protect banks from periodic bank runs (which Austrian economists believe then causes interest rates to be set too low for too long when compared to the rates that would prevail in a genuine non-central bank dominated free market).[5][13]

Interest rates pushed below the natural rate can have another serious damaging effect. They can distort the appreciation of risk. Austrian economists have claimed that interest rates include a risk premium in addition to valuing future over present consumption. It follows that interest rates below the natural rate can create an unwarranted bullishness that leads to systemic “appraisal optimism.” Error prone “marginal entrepreneurs” receive resources which would not have been available to them in ordinary circumstances.

This mistaken optimism leads to reductions in precautionary assets or “reserve assets”, which businesses hold against untoward events. Businesses conclude that they are in a less risky business environment than they had thought. The resources released by the reduction in precautionary assets can be used to maintain the boom. It is important to note that the drawdown of precautionary assets can only continue for a limited period. At some stage, precautionary assets will be reduced to a minimum below which businessmen will be reluctant to let them fall. (As an example, in the period between the 1870s and the late 1930s, commodity stocks, which may constitute an important part of precautionary assets, were at their lowest point at the end of the boom and were at their highest just before the recovery.)

Risky investments will be concentrated at the beginning of the boom when stocks of precautionary assets are high. As holdings of precautionary assts are diverted into maintaining production in excess of the sustainable production frontier, businesses gradually realize that their resilience to adverse shocks has been reduced, and shift their attention to what they perceive to be less risky but more roundabout investments. It may also help explain how the boom could become self-reinforcing. As the boom progresses, precautionary assets are reduced as they are used to sustain the exuberance of the boom and businessmen’s confidence and optimism increases. Ten years after the start of a boom, businessmen may be more optimistic than they were five years earlier merely because the boom has lasted so long and fears of recession have faded.

Following the crisis, it is natural for businesses to rebuild their precautionary assets. Until these stocks are rebuilt, the economy will lack resilience and remain unduly vulnerable to untoward events.[17]

Unemployment in the boom

In a similar vein, it is pointed out that there is generally no period of high unemployment when resources are transferred out of consumption-producing sectors into investment goods-producing sectors. There is no necessity that the transfer of resources out of investment goods-producing sectors be accompanied by high unemployment.[26]

Suppose we start in an original equilibrium position, where unemployment is at the “natural” rate, reflecting the normal turnover of workers as some businesses fail, etc. Then a $100 billion in crisp new bills is printed, and handed out to bankers. The banks lend the new money to employers, who enter the labor market with the fresh wads of cash in their pockets. Armed with the money that was just created out of thin air, the employers bid up wage rates. Seeing the higher pay, many workers quit their current jobs and take new positions in the expanding sectors. Also, some previously unemployed workers end their job search and take positions with the employers who got their hands on the new $100 billion. There is no reason for unemployment to go up in the scenario just described.

But when the influx of new money is cut off, the underlying economic fundamentals will reassert themselves. The workers who had been drawn into the expanding sectors by new money weren’t supposed to move to those sectors. The employers in the boom sectors will lose their advantage over their competitors in other sectors. Without being propped up artificially by cheap money, the bloated boom sectors will realize their unprofitability. They will cut back on operations and lay off workers.

And why don’t the laid-off workers move seamlessly back into the original niches from which they came? Why does a massive reservoir of unemployed workers build up after the bust, when no such reservoir built up during the boom? The answer is pretty simple: Workers are more eager to quit and take a better job than to be laid off and take a worse job. During the boom, workers are drawn into the expanding sectors by the promise of higher wages. They aren’t forced into the expanding sectors by getting let go from their original position; instead they voluntarily leave. No less important is the capital consumption during the boom period. Society “eats the seed corn” through malinvestment.[27]

Por si queréis una fuente más extensa: The Austrian Theory of the Trade Cycle and other essays, con textos de Mises, Hayek, Rothbard, Harbeler y Garrison.

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Más claro no os lo pueden decir.

Para que luego digan que los demás nos inventamos lo que dicen los austríacos. Reflejado queda por escrito.

Voy a insistir una vez más en este aspecto de reflejar las palabras de los autores austríacos y por favor les pido a los lectores que me perdonen por repetirlo pero es que quiero dejarlo claro y remachado y sin posibilidad alguna de debate o discusión: no nos inventamos lo que los autores austríacos dicen, reproducimos sus palabras textualmente. Digo esto para evitar troleos, desinformaciones y las afirmaciones de muchos que son ultraliberales y radicales del laissez-faire pero no conocen la obra de los autores austríacos: hay quien me ha venido diciendo (os juro por mi madre que es cierto) justo lo contrario de lo que afirman como que “los austríacos no creen que los bancos centrales sean malos o perjudiciales”.

Los cojones.

Ya habéis visto que sí.

“Bueno, pero es que todos los austríacos no proponen eso, yo tengo un profesor austríaco en la universidad de Chirimoyaville que dice que…”

BASTA.

Vamos a dejar de cogérnosla con papel de fumar.

Ésas son las ideas y afirmaciones de los autores austríacos más relevantes, los líderes y cabezas visibles de la escuela austríaca. Y, de hecho, son las ideas centrales de la inmensa mayoría de sus miembros a partir de las cuales elaboran sus variantes (como Juan Ramón Rallo, del que sí que vamos a hablar a lo largo de este ensayo por ser el referente principal de la escuela austríaca en España). Si hay por ahí algún autor austríaco aislado o partidario de esta escuela que tenga una opinión más diferenciada ni lo sé, ni me importa, ni es relevante, ni me voy a poner a escribir un ensayo de tamaño oceánico puntualizando cada punto y coma de cada mindundi que se las dé de ser austríaco. Por poner un símil, cuando analizamos a la pseudociencia de la homeopatía para desmontar sus peligrosas mentiras, lo hacemos a través de sus ideas centrales (las que formuló Hahnemann, como esa chorrada de que “lo similar cura lo similar”, lo que los homeópatas hacen con las disoluciones, etc.)…  no nos ponemos a analizar lo que cada homeópata del mundo dice. No acabaríamos nunca.

Aquí hemos venido a hablar de las (falsas) ideas centrales de la escuela austríaca.

¿Ha quedado clarito?

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III. ¿Es cierto lo que afirman los autores austríacos en su Teoría Austríaca del Ciclo Económico (TACE)?

NO.

Como ya vimos, esa “teoría” es falsa de echarse a llorar. Expuse muchas cosas en contra de esa teoría demostradas por todo tipo de economistas científicos y empiricistas como, por ejemplo:

-Los austríacos no especificaban a qué llamaban un periodo corto o largo de tipos de interés (para “no pillarse las manos” y evitar o dificultar comprobaciones).

-No realizaban modelización matemática que sirviera para recomprobar si se producían regularmente esos ciclos y como ellos decían.

-No utilizaban la rigurosidad del lenguaje matemático de ese supuesto ciclo para así poder hacer uso de las ambigüedades del lenguaje hablado y escrito.

-Expuse la incongruencia que supone que los austríacos afirmen que “pero es que los fenómenos empíricos son continuamente variables, de manera que en los acontecimientos sociales no existen parámetros ni constantes, sino que todos son “variables”, lo cual hace muy difícil, si no imposible, extraer leyes históricas o realizar predicciones”… y luego mienten diciendo que han descubierto las razones tras los ciclos económicos y sus repeticiones.

-¿Por qué los emprendedores son maravillosos y súpereficientes (más que el gobierno del Estado) según los austríacos pero luego no son capaces de detectar algo tan rematadamente simple y observable a simple vista como las supuestas distorsiones causadas por la inflación gubernamental, de los bancos centrales públicos (o de la banca privada)? Porque hasta yo que soy inversor o una simple y llana persona de la calle las tenemos en cuenta. Nunca dejaré de darle las gracias al exaustríaco Bryan Caplan por semejante “zasca”:

¿Por qué Rothbard piensa que los hombres de negocio son tan incompetentes a la hora de prevenir la política del gobierno? Él les reconoce el mérito de la previsión del emprendedor empresarial sobre todas las condiciones generadas en el mercado, pero curiosamente les encuentra incapaces de prevenir la política del gobierno o incluso de evitar caer presa de la simple ilusión contable generada por la inflación y la deflación… Debería parecer que la selección natural erradicaría a la gente de negocios con un “punto ciego” tan enorme, especialmente en economías de tipo intervencionista.

Fuente.

-Si se emplea mal el dinero creado por los bancos centrales… ¿qué nos hace suponer que se va a manejar bien el dinero creado por la banca privada (basado en oro, sound money o hard currency), que es lo que proponen los “austríacos” como “solución” al supuesto problema (que ya hemos visto que no es tal) de que los bancos centrales prestan barato causando crisis? El que el billete sea de papel o la moneda de oro no va a ser una diferencia muy relevante a la hora de decidir invertir mal, la verdad sea dicha.

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Pero lo más importante de entre todo lo que expuse (lo que señalan los economistas de actitud más científica y menos radicales) es, de menor a mayor importancia:

1. Al contrario de lo que afirma la escuela austríaca en su Teoría del Ciclo Económico no se observan ni se demuestran correlaciones fuertes entre periodos bajos de tipos de interés con crisis o depresiones económicas. De hecho, es que se observa justo lo contrario.

2. Una crisis no viene obligatoriamente causada por el boom o periodo de alza inmediatamente anterior en el tiempo.

3. Je, je… Hay que estar más ciego que un gato de escayola para dejar pasar este por alto e intentar centrarse sólo en el primero. Bueno, pues no os lo voy a repetir ahora. Es el más importante y lo dejo para el final del artículo. Así de paso os obligo a leer hasta el final. Nota: también es el más obvio.

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Pero a los tontos partidarios de la escuela austríaca (nótese que digo “partidarios”, a sus autores no se les puede calificar de “tontos” porque más bien son unos “listillos”) lo que más les llamó la atención (hasta llegar a ignorar lo demás, lo que es más básico y definitivo)… fue el primer punto. Más concretamente esto que dije sobre cómo comprobar esas afirmaciones (seguramente porque era lo más inmediato, el heurístico más rápido y fácil, la ayuda “visual” con la que incluso el que no tenga ni maldita idea de Economía más puede ver que supone un “zas en la boca”):

1º) A lo bruto, vamos a estudiar TODOS y CADA UNO de los periodos en los que el banco central de la economía más poderosa del mundo, la Reserva Federal de Estados Unidos, ha mantenido los tipos de interés bajos en periodos largos desde su creación en 1913, a ver si se corresponden con una crisis subsiguiente.

¿Ha habido quien lo haya hecho?

Sí.

Entre ellos (porque hubo muchos más economistas) el mismísimo Milton Friedman, “premio Nobel de Economía” (ese premio no se llama así, pero lo llamo así para que lo entendáis) y cabeza visible de los economistas liberales de la escuela de Chicago. Lo hizo DOS veces. Estudió estadísticamente en 1969 todos los periodos anteriores a ese año hasta 1913 (año de la fundación de la “Fed”), y lo recomprobó en 1993, para asegurarse de que en los siguientes años no se producía el ciclo económico de la escuela austríaca.

No se producía.

Los periodos de bajas tasas de interés (privado, gubernamental o el de la madre que los parió) NO se correspondían con crisis subsiguientes. No hay correlación entre las crisis con el suministro de dinero a bajo interés por parte del banco central.

Los bajos (o altos o “medianos”) tipos de interés no son, por tanto, los responsables (mejor dicho, responsables únicos o siquiera los mayores responsables) de las crisis de los ciclos económicos. Que un banco central baje los tipos de interés durante periodos largos de tiempo no implica causar una crisis económica segura.

En palabras de Milton Friedman citadas por Mark Skousen en una conversación privada que mantuvieron sobre su obra (2005, p. 161):

La explicación de Hayek y Mises sobre el ciclo de negocio se contradice con la evidencia. Es, según creo, falsa.

El informe completo de la demostración empírica de la falsedad de la teoría del ciclo económico austríaco en: Friedman, Milton. “The Monetary Studies of the National Bureau, 44th Annual Report”. The Optimal Quantity of Money and Other Essays. Páginas 261–284.

La revisión que hizo Friedman para recomprobarla hasta 1993 en: Friedman, Milton. The ‘Plucking Model’ of Business Fluctuations Revisited. Economic Inquiry: 171–177.

Como ya dije en su día… Creo que la honorabilidad del trabajo académico de Friedman (independientemente de su ideología política), uno de los economistas más reconocidos, y un liberal él mismo, está más allá de toda duda. Si uno de los suyos afirma que la teoría de los ultraliberales de la escuela austríaca es falsa… ya tiene que ser falsa de cojones. Es como si un político le dice a otro del mismo partido: “macho, te estás pasando de mentiroso”.

2º) Seguramente algún payaso dirá… “eso es una falacia de autoridad, no porque lo dijera Milton Friedman tiene que ser verdad”. El problema, queridos… es que no es una falacia de autoridad o argumentum ad verecundiam. No me estoy basando en “es verdad porque lo dijo Milton Friedman”, sino EN LO QUE DIJO Milton Friedman: que no hay correlación empíricamente demostrada entre periodos de bajos tipos de interés y crisis subsiguientes. El argumento de Milton Friedman es cierto en sí mismo lo demostrara él o el pescadero de la plaza del pueblo.

Pero vamos, que Friedman fue uno de los muchos economistas que constataron y midieron esa falta de correlación. Se cuentan por decenas. De todas las escuelas e ideologías políticas (Caplan, Krugman, Tullock, Hetzel, Yeager, Sirchin, Lachmann, Conard, etc.).

3º) Esta gráfica, más actualizada que la que os puse en el otro artículo, tiene como función que veáis más claramente por vosotros mismos lo que demostraron Friedman y prácticamente todos los demás economistas. Compárense las crisis/recesiones sufridas por EE.UU. con los tipos de interés de la Fed (la Reserva Federal, el banco central del país)… a ver si notáis algo raro.

Gráfica de los tipos de interés de la Fed cruzada con las recesiones (zonas sombreadas).

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Fuente: la tenéis en la misma imagen, es la página oficial de la Reserva Federal de la sucursal de St. Louis.

¿Lo notáis? No sigue un patrón, es bastante aleatorio, pero como podéis observar, la Fed tiene los tipos de interés MÁS BAJOS cuando hay crisis (para facilitar la recuperación económica), NO ANTES, como dicen los “austríacos”.

¿Queréis más detalle? Venga, vamos a leer la gráfica como Dios (que no existe) manda ya que parece que cuando aparecen números, el personal se asusta: observad que el último ciclo de incrementos de tipos de interés que ocurrió entre junio de 2004 y junio de 2006 fue subiendo de manera continuada del 1.00% al 5.25%. Y ahí se quedaron durante un año hasta que la Fed empezó a bajarla en septiembre de 2007.

¿Por qué en ese momento?

Porque ése fue el comienzo de la crisis económica más grande desde 1929.

Observad: la Fed bajó los tipos de interés tras el estallido de la crisis. No estaban más bajos antes de la misma ni para nada fueron estables o se mantuvieron durante un periodo largo de tiempo, que es lo que dicen los austríacos. ¿Cómo podemos afirmar eso? Porque también podemos establecer comparativa con lo que vino a continuación. La Fed los bajó mucho. De tal manera que el último periodo que fue desde septiembre de 2007 a diciembre de 2008 la hizo bajar del 5.25% hasta un 0.00–0.25%. Y ahí lo dejó, en ese margen, hasta diciembre de 2015.

Siete jodidos años.

Toma periodo largo de tipos bajos. De hecho, es que ése fue el periodo más bajo de tipos de interés de toda la jodida historia de la Fed… así como uno de los más largos.

Y nótese para apalizamiento de gilipollas, magufos y crédulos que esa bajada ya terminó “hace rato” (recordemos: diciembre de 2015 y estoy escribiendo esto en septiembre de 2019) sin que generara una crisis subsiguiente.

¡Vamos, que la TACE no logra explicar o demostrar ni tan siquiera la crisis más grave que hemos sufrido desde 1929! Ni eso.

Ya como explicación para completar para los que me lean sin tener ni idea de Economía, les explicaré que si los bancos centrales (los que no actúan como cabras locas o están corrompidos hasta el tuétano, como el de Venezuela) bajan los tipos de interés en nada que estalla una crisis económica es para facilitar el préstamo de dinero, el que éste circule, vaya, y con eso aminorar las consecuencias de una crisis o recesión, durante las cuales los mercados (la gente, las empresas, incluso muchas instituciones públicas) se asustan y lo que hacen es acaparar dinero, ahorrar y no gastar con el consiguiente parón en la economía nacional (y desempleo, etc.). A eso (bajar los tipos de interés, aunque puede incluir más medidas adicionales) se le llama en inglés easing (lo contrario de tight) monetary policy.

Y, ahora, observad la gráfica de la comparativa entre las evoluciones de los tipos de interés de la Fed y del índice del PIB.

Crecimiento del PIB de EE.UU. versus tipos de la Reserva Federal desde 1954.

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Fuente (la FED de Saint Louis).

¿Por qué una gráfica de ese tipo?

Porque…

4º) Más contundente aún es que Friedman y demás economistas demostraron (más bien comprobaron), al contrario de lo que afirmaban los austríacos… que una recesión no viene necesariamente causada por un boom.

¿Repetimos? Repetimos: Un boom económico no implica causar necesariamente una quiebra o recesión posterior.

¿Otra vuelta de tuerca? Pues venga, otra: la gente que toma como ejemplo la crisis de 2008 (porque es la única que ha vivido o la que ha notado más fuertemente) se cree la “cuñadez” simplificadora y simplista de que “los ciclos económicos” tienen periodos de alza como inicio (booms) y periodos de depresión como finales (busts, depresiones, recesiones) con causas comunes y relacionadas porque vieron que el boom previo (la burbuja inmobiliaria) causó una crisis y recesión posterior al estallar esa misma burbuja inmobiliaria. Es por ello que deducen intuitivamente que las recesiones vienen causadas obligatoriamente por los efectos de los booms inmediatamente previos.

Falso. Eso no es necesariamente así. Las distancias entre booms y recesiones son muchísimas veces tan largas y las causas tan diferentes que demuestran que no están directamente relacionados, que no tienen mucho que ver… o que no tienen nada que ver. Por ejemplo, la crisis del petróleo de 1973 no vino causada por los efectos del boom anterior. Vino causada principalmente por el aumento repentino de los precios de una materia prima indispensable: el petróleo.

Y muchas más recesiones como ésas.

¿Y eso está demostrado?

Demostradísimo.

Tanto en literatura académica:

Galbraith… en Breve Historia de la Euforia Financiera.

Manías, pánicos y cracs: Historia de las crisis financieras, por Charles P. Kindleberger, Robert Z. 

Causas de las recesiones. Investopedia.

Como siguiendo los datos macro y el registro histórico en las instituciones de investigación (gubernamentales u otras):

Fuente uno (Fondo Monetario Internacional).

Fuente dos (Fondo Monetario Internacional). Sobre las recesiones.

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La teoría de la resaca es falsa incluso a simple vista
: la crisis argentina actual (2019), por poner uno de los ejemplos más evidentes, no es fruto de lo que haya causado un periodo de crecimiento inmediatamente anterior (Argentina ha tenido pocos periodos de crecimiento “decentes” en los últimos tiempos, es un caso extremo en Economía). Viene causada por una amplia variedad de factores (muchos de ellos estructurales y que vienen de largo, de mucho antes del anterior periodo de crecimiento) entre los que se cuentan los efectos de la desconfianza de la población en su moneda (causando una inflación consiguiente), una dolarización parcial, pésima gestión gubernamental, fuga de capitales, déficit por cuenta corriente, endeudamiento externo, etc., etc., etc.

Fijaos, para mayor recochineo contra los que se creen las teorías austríacas, que incluso no se puede alegar que esa crisis argentina viniera causada por los tipos de interés bajos anteriores. Los tipos de interés llevan siendo disparatadamente altos en Argentina desde hace tiempo. De hecho, Argentina tuvo los tipos de interés más altos del MUNDO en 2018.

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La crisis argentina de 2018-2019 es un ejemplo claro de crisis económica no causada por tipos de interés bajos. Los tipos de interés argentinos fueron los más altos del mundo en 2018. La sempiterna crisis argentina tiene causas más estructurales: desconfianza de la población hacia su propia moneda, elevada inflación permanente, fuga de capitales, déficts tanto públicos como por cuenta corriente elevados, movimientos especulativos constantes con su deuda pública, etc. En la imagen, manifestantes se congregan frente a la sede del Congreso de Argentina en Buenos Aires para exigir al legislativo que prorrogue la ley de Emergencia Alimentaria. 18 de septiembre de 2019. Fotografía de Agustín Marcarian para REUTERS.

Más claro… no puede quedar. Observad con vuestros mismísimos ojos (y sufriéndolo en vuestras carnes, también muchos de vosotros) cómo las crisis económicas suceden con periodos de tipos de interés bajos… y altos.

Y nótese que si logramos mostrar ejemplos (por cierto, se logra muy fácilmente, no son casos aislados) de crisis y recesiones causadas o ayudadas a causar por factores no relacionados con los tipos de interés bajos eso ya invalida la teoría de los ciclos austríacos porque los austríacos citan textualmente que todas las crisis y recesiones se deben a ello.

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Resumiendo: economista o “persona normal” (je) que diga que las recesiones vienen causadas obligatoriamente por los efectos del periodo de crecimiento inmediatamente anterior, MIENTE.

Y miente más aún si dice que esas recesiones tienen como causa obligada un periodo de tipos bajos de interés.

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Punto.

“Pues es que a mí me parece que las crisis las causan los crecimientos anteriores”.

Eso mismo: te lo parece.

Y es incluso cierto a veces (especialmente en el caso de las especulaciones masivas, más adelante hablo de ello).

Pero no es una constante, como afirman textualmente los austríacos.

A muchas personas en el Primer Mundo les parece que eso puede ser cierto porque sólo han vivido o sufrido gravemente la crisis de 2008 y la Gran Recesión posterior, que sí vino causada claramente por los efectos del disparatado crecimiento y especulación previos. Pero… ¿a que no han vivido o no se acuerdan de otras crisis de menor calado? ¿A que no se acuerdan de que la crisis económica mundial de 1993 tuvo como uno de sus causantes principales la Guerra del Golfo?

Es una cuestión psicológica: la memoria humana es corta y está muy limitada, tendemos a acordarnos sólo o principalmente de lo que más nos afecta, de lo más intenso que nos ha sucedido en la vida.

En los 50 últimos años (1966-2015) en España hemos tenido 3 crisis aparte de la de 2008:

  1. 1975: Primera subida del petróleo. El moribundo franquismo hizo todo lo que pudo por retrasar la llegada de los efectos de la Crisis del Petróleo de 1973 pero al final acabaron llegando de pleno en…
  2. 1979-81: Segunda subida del petróleo y de las materias primas. Fue una época de elevada inflación en Occidente, especialmente en Europa. Por aquella época, en España estábamos en plena Transición y se sufrieron los efectos de la crisis del petróleo en 1979, cuando en el resto de Europa ya los estaban superando.
  3. 1993: Consecuencia de la guerra del Golfo a lo que se sumó en España una burbuja de la construcción de grandes obras y financiera (Juegos Olímpicos de Barcelona, Expo de Sevilla, etc.).
  4. 2008: Crisis inmobiliaria, financiera y de gasto público. Precedida por una burbuja especulativa de crecimiento basado principalmente en el sector inmobiliario (y su financiamiento por los bancos y cajas de ahorro) que duró desde 1994 a 2008.

Los austríacos se aprovechan de esta creencia “intuitiva” de las personas sin conocimientos técnicos o sin experiencia vital para colarles sus intenciones desreguladoras; de hecho, es que alientan esta creencia para sus intereses.

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IV. Los ciclos económicos. Desmontando creencias populares sobre ellos.

Repetimos: los ignorantes en materia económica e incluso las personas a nivel de calle, a nivel popular, creen que como los ciclos económicos o “de negocios” se llaman así, “ciclos”… son algo repetitivo con un principio y un fin eso ya quiere decir que ese principio y fin tienen que estar relacionados por narices y creen incluso que los economistas estudian eso así, entendiendo que las crisis o depresiones son consecuencia directa de los booms previos.

NO.

Por pura y dura definición, un ciclo económico (o de negocio) es un simple segmento temporal que utilizan los economistas (historiadores, sociólogos, etc.) para estudiar la evolución de la economía.

Las fechas son “marcadores”.

Pero que un ciclo económico empiece (es un ejemplo hipotético) con un boom en 1952 y terminara en la siguiente crisis o contracción, pongamos que en 1973, NO IMPLICA que esa crisis de 1973 la causara aquello que generó el boom de 1952. ¿Se entiende o tengo que poner dibujitos?

“Es que tú fíjate qué curioso: la línea A que va al punto B. Observa que antes del punto B está el punto A, eso quiere decir que A causa el punto B”.

Claaaaro que sí, guapi. Y antes del año 1983 va el año 1982. ¿El 1983 viene causado por el 1982?

Voy a poner un ejemplo para que lo veáis más claro comparando con un ciclo histórico. Se suele acotar tradicionalmente en Historia académica a la Edad Media europea desde su comienzo en el 476 d. C. con el derrocamiento del último emperador romano hasta que acabó en 1453 d. C. con la caída de Constantinopla, tras lo cual empezamos a llamar al siguiente periodo, “Renacimiento.” ¿La caída de Constantinopla vino causada por el derrocamiento del último emperador romano a manos de los ostrogodos?

NO.

Pues eso.

Es precisamente para evitar caer en esos errores, que la mayoría de economistas serios (como Mankiw) intentan evitar la expresión “ciclo económico” o “ciclo de negocios”, porque conduce a confusión al hacer creer intuitivamente, incluso entre los alumnos de Economía menos experimentados, que un punto temporal viene causado por el anterior y emplean y animan a emplear el más preciso “fluctuaciones económicas” (o similares). Es una de las razones por las cuales los austríacos se resisten a dejar de usar esas expresiones (son los que más la utilizan, conjuntamente con la expresión “ciclo de crédito”).

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Fases de un ciclo económico estándar. Nótese que en el eje de abscisas aparece “Tiempo” como variable. Tiempo… NO “causa”. El hecho de que los austríacos confundan (adrede) ambos términos haciendo creer que los ciclos económicos tienen un final causado por un principio temporal es, aparte de una mentira académica impresionante, de tener una cara dura de dimensiones cósmicas. Existenciales, más bien. Uno de los efectos de este “posmodernismo de derechas” que es la escuela austríaca.

Y ahora viene la buena (en realidad una más). El mismísimo Friedman ya alertó de eso textualmente al calificar el nombre de “ciclo” como misnomer (“término erróneo”) porque sencillamente lo que hace es describir algo de una naturaleza precisamente no cíclica (Money in Historical Perspective, Anna J. Schwartz). Es más y por completar: Friedman afirmaba que, excluyendo shocks causados por graves fluctuaciones de suministro, las depresiones en estos mal llamados “ciclos de negocio” son más bien un fenómeno monetario y que pocas veces un boom causa una depresión.

Y para mayor recochineo y visualización de la poca vergüenza de los austríacos, que abusan del término “ciclo”, ENCIMA tenemos que recordar que ellos tienen también esta idea central: “los fenómenos empíricos son continuamente variables, de manera que en los acontecimientos sociales no existen parámetros ni constantes, sino que todos son “variables”, lo cual hace muy difícil, si no imposible, extraer leyes históricas o realizar predicciones”.

Es que es la hostia de la rehostia, de la rehostia.

¡¡¡Te dicen una cosa y la contraria!!!

Y luego querrán que no nos cabreemos con ellos. ¿Qué no me cabree? Demasiado me contengo. Lo que tendría que hacer es cagarme en tós sus muertos.

Resumiendo para no desviarnos:

The business cycle, also known as the economic cycle or trade cycle, is the downward and upward movement of gross domestic product (GDP) around its long-term growth trend. The length of a business cycle is the period of time containing a single boom and contraction in sequence. These fluctuations typically involve shifts over time between periods of relatively rapid economic growth (expansions or booms) and periods of relative stagnation or decline (contractions or recessions).

Business cycles are usually measured by considering the growth rate of real gross domestic product. Despite the often-applied term cycles, these fluctuations in economic activity do not exhibit uniform or predictable periodicity. The common or popular usage boom-and-bust cycle refers to fluctuations in which the expansion is rapid and the contraction severe.

Fuente original: Rebalancing Fixed and Variable Pay in a Sales Organization: A business Cycle Perspective, por Pankaj M. Madhani.

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Son los austríacos, no los economistas en general, los que afirman que las recesiones vienen causadas por el boom anterior.

¿Y por qué afirman e insisten los austríacos en que las depresiones o recesiones vienen causadas por los booms anteriores?

Principalmente para desviar la atención pública sobre la responsabilidad del sector privado y los especuladores que son los que causan muchísimas de estas crisis y, a su vez, echarle la culpa al Estado de que sucedan repetidamente y sin solución. Si logran hacer creer eso, es una situación win-win para ellos: salvan el culo de aquellos a quienes defienden (los especuladores, los que más dinero tienen y buscan ganar a toda costa), le salvan la cara a su amado capitalismo y, de paso, le echan la culpa a lo que odian (el Estado, la intervención estatal en economía) porque les dificulta manejar su dinero como a ellos les dé la gana (principalmente especulando).

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El famosísimo libro The Web of Debt: The Shocking Truth about Our Money System and How We Can Break Free, de Ellen Hodgson Brown, originalmente publicado en 2007, es una de las obras actuales que han servido de vehículo de difusión de numerosas teorías conspiranoicas actuales sobre economía. El libro llegó a ser utilizado como fuente por el autor de los pseudodocumentales Zeitgeist, Peter Joseph Merola, más concretamente para Zeitgeist, Addendum. El libro contiene disparates más allá de toda medida, es un batiburrillo de conspiranoias (algunas con tufo antisemita), la mayoría basadas en desacreditar en lo posible el papel de los bancos centrales, muy especialmente el americano: la Reserva Federal (o FED). La autora, seguidora del político libertarian y seguidor de las ideas austríacas Ron Paul, toma numerosas ideas y falacias de fuentes de esta “escuela”, ya que los austríacos son enemigos totales de la intervención del Estado en economía, sobre todo a través de los bancos centrales.

Pero también lo dicen porque les viene muy bien para popularizar sus ideas, especialmente entre descontentos, los predispuestos ideológicamente, y los que tienen tendencia a pensar más a través de heurísiticos e ideas simples y facilonas. Nótese que las ideas y métodos de la escuela austríaca casan y encajan muy bien con las creencias conspiracionistas o “conspiranoicas”: ideas básicas simples a partir de las que enlazar un entramado argumental que te lleva a un sitio interesado (en el caso austríaco, “axiomas indiscutibles” a partir de los cuales montarse su película); términos forzados, inventados o tergiversados (“ciclos”, “ciclos de negocio”); ideas simplificadoras que no tienen en cuenta la complejidad de los fenómenos y su estudio (las crisis suceden por culpa del Estado y los bancos centrales), pruebas falsas (como las correlaciones); intencionalidad política e interés personal detrás (desregulación, justificación del rico, de la especulación, difusión del ultraliberalismo laissez-faire); rechazar la presencia de mayor cantidad y calidad de pruebas en sentido contrario que de las que aprueban tu teoría; tomar sólo los datos que refuercen tu teoría (cherry-picking); preselección de datos, apriorismo y establecimiento de conclusiones previas al estudio… y a las conclusiones; ausencia de actitud científica, odio a “la Ciencia oficial” y mainstream; negarle validez a la recomprobación empírica, a las Matemáticas; abusar de la desconfianza natural hacia las instituciones; extremismo y radicalismo; uso del esperpento y espectáculo mediático y en las redes sociales, etc., etc., etc.

¿Por qué os creéis que las ideas de la escuela austríaca tienen más eco, se repiten y alientan más desde forocoches, burbuja.info, 4chan, Taringa, pseudodocumentales como Zeitgeist, the Movie o Money As Debt que desde el mundo académico, técnico y científico?

Y todavía se extrañan los austríacos de por qué no se les acepta en el mundo científico y académico. Bueno, en realidad sus partidarios tienen la cara tan dura de volver eso a su favor: “si los demás no nos aceptan es porque tenemos la razón, les causamos incomodidad con nuestros implacables argumentos, es un complot para no dar a conocer la verdad”.

¿No os habéis parado a pensar (a comprobar) que quizás, tan sólo quizás sea porque… lo que decís es mentira?

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“Pues el austríaco Juan Ramón Rallo dice que sí que hay una correlación entre bajos tipos de interés y descalce de plazos con crisis”.

Por mí como si dice misa en arameo clásico: no es cierto. A ver, ¿qué queréis que os diga? A las pruebas físicas y empíricamente comprobables me remito (y no sólo a las palabras críticas de Friedman). Hablar es gratis. La grandeza de la libertad de expresión es que todos podemos decir prácticamente lo que queramos (con excepciones legales) y la miseria de ésta es esa misma: que cualquiera, incluidos los radicales y extremistas pueden decir prácticamente lo que quieran aunque muchas veces sean barrabasadas. Es el precio que pagamos por disfrutar de ella. De esa justificación-revisión que hace Rallo de la TACE hablaremos más adelante por ser precisamente el tema de este artículo.

Esas dos gráficas que os puse anteriormente, muy especialmente la primera, supusieron un bombazo para muchos cuando las expuse en mi anterior artículo de crítica a la TACE porque con un solo vistazo, de manera visual, quedaba destruida la idea austríaca de cómo suceden las crisis económicas de índole financiera. Estas gráficas (y similares) eran muy desconocidas en la internet e incluso el mundo académico en lengua española. Pero son archiconocidas en lengua inglesa. En inglés la magufada que suponen las ideas austríacas llevan décadas refutadas y conocidas. Los austríacos o sus partidarios que propagan sus ideas en español no las conocían. Ellos creían que sus ideas y, muy especialmente la Teoría Austríaca del Ciclo Económico eran imbatibles, ejemplares, perfectas, “impecables”, que no tenían críticas posibles o eran mínimas. Je, como si hicieran falta esas gráficas para demostrar las falsedades de la escuela austríaca que se ven (y ojo al dato que es lo verdaderamente importante y hablaremos al final de ello) de manera directa.

Seguro que después de haber leído eso más de uno estará temblando porque todavía y a estas alturas no se ha dado ni cuenta de lo que estoy señalando. Y lo tiene delante de las narices.

En fin, que lo que yo me he reído viendo ponerse nerviosos a los austríacos no tiene nombre.

Y más aún me reí cuando vi que los muy hijos de la Gran Ramera de Babilonia se centraban única y exclusivamente en la gráfica como si les fuera la vida en ello.

Esto va dedicado a los que se creyeron la TACE: la gráfica, queridos… es un detalle. Una minucia. Un parche. Una anécdota. Es una cuestión casi que meramente visual. Una explicación para tontos, incultos y monguers.

Lamentablemente para vosotros, lo que demostró Milton Friedman (y recordemos e insistamos: muchos más economistas de todas las tendencias, conservadores y liberales incluidos) o lo que se ve en las gráficas es lo mismo que corroboraron otros muchísimos economistas.

Pero, sobre todo y ante todo, lo que es verdaderamente importante, es que la ausencia de correlación entre tipos de interés (sean bajos o no) y crisis financieras NO ES EL ÚNICO ARGUMENTO Y NI TAN SIQUIERA EL PRINCIPAL EN CONTRA DE LA TACE.

Con tal de odiar y desbaratar a la gráfica se os pasado ese pequeño detalle: que la gráfica da igual. Aunque me la hubiese inventado o hubiera estado equivocada (que no lo está, por supuesto, cualquiera puede recomprobarla). Sigan leyendo. Verán qué festival del humor.

Ahora, el autor austríaco español por excelencia (insisto: con el permiso de Jesús Huerta de Soto), Juan Ramón Rallo, ante la avalancha de risas y críticas recibidas tras la exposición de aquel artículo, ha modificado esa teoría levemente, lo justo para dar a entender que es correcta pero no exactamente como la expusieron Mises y Hayek… sino como él la explica.

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V. ¿Quién es Juan Ramón Rallo?

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Juan Ramón Rallo Julián. Foto tomada de su web personal. Parece que tiene algo de calor.

Este señor es Juan Ramón Rallo Julián (nacido en Benicarló, Castellón, el 13 de marzo de 1984). Es un economista (también está licenciado en Derecho) y profesor universitario español de orientación (ultra)liberal y uno de los mayores difusores en la actualidad de la escuela austríaca tanto en inglés como en español aunque principalmente en nuestra lengua.

De hecho, a Rallo se le conoce más que por su labor académica (muy escasa en aportaciones técnicas y científicas; tiene muy pocas citaciones y se estira menos que un chicle de mármol: cuando uno se lee sus papers dan ganas de sacarse los ojos con un tenedor oxidado ante tanto minimalismo y racanería investigativa) por su presencia en los medios de comunicación realizando análisis económicos. Que lo llaman mucho para entrevistas y debates porque es muy polémico, vaya. Siendo (ultra)liberal ya os podréis hacer una idea de en qué “medios de comunicación” participa más y dónde lo llaman sobre todo. Sí, exacto: en medios de líneas editoriales tendentes al liberalismo y el conservadurismo: Libertad Digital, OKDiario, VozPópuli, El Confidencial… aunque también ofrece su visión en diarios de prensa dedicados a la actividad económica, como Expansión (diario que ha dado muchos “bandazos ideológicos” en su línea editorial).

Rallo es hoy en día profesor y codirector del máster en economía del Centro de Estudios Superiores Online de Madrid Manuel Ayau (OMMA) y en la Escuela Superior de Negocios ISEAD. También ofrece (cómo no) conferencias universitarias aparte de impartir esos másters relacionados con Economía. Ya hablaremos de los puñeteros másters y su relación con la infame universidad Rey Juan Carlos de Madrid por la cual se doctoró (también estudió en la de Valencia). ¿Sabéis quién le supervisó su tesis doctoral? Ouh, yeah, el ooootro economista austríaco español por antonomasia: su profesor Jesús Huerta de Soto.

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Una fotografía de Jesús Huerta de Soto con una de sus “citas” más “célebres”. Adjunto el texto adulatorio, redactado por uno de sus exalumnos (argentino para más señas) y que es más ilustrativo que la propia imagen. Para que luego digan que una imagen vale más que mil palabras: “Mi gran maestro Jesús Huerta de Soto, el que sin dudas me ha enseñado más que cualquier otro sobre el significado de la economía y la visión multidisciplinar que debemos tener cada profesional de una ciencia social. Sumado a su visión de la política y sus enormes argumentos para acabar todas las instituciones públicas que lo único que generan caos, deficiencias y violencia sistemática. Ir a un modelo Anarco capitalista es la mayor fuente de inspiración para seguir esforzándome y capacitándose cada día más. #JesusHuerta #Jesushuertadesoto #universidadreyjuancarlos #economia #economiaaustriaca #economiaespañola #siglodeoroespañol #nuevosestudiosdeeconomiapolitica #mercadolibre #libremercado #liberalismo #juandemariana #capitalismo #anarcocapitalismo #agradecimiento #argentina🇦🇷 #españa🇪🇸 #madrid Huerta de Soto received a bachelor’s degree in economics in 1978 and a PhD in economics in 1992, from Complutense University. His MBA in actuarial science is from Stanford University, 1985. In 2000 he became a full professor of Political Economy at Universidad Rey Juan Carlos in Madrid.Since 2007 he is director of the Austrian Economics MasterProgram Master Economía de la Escuela Austríaca at the Rey Juan Carlos University”. Y por si no hubiera suficientes tagas, ahí van unas cuantas más: @eslibertadorg @misesreport @javiermilei @misesarg @resistencialiberal @juanramonrallo Fuente.

Háblame sobre endogamia en el mundo universitario. Ya trataremos pormenorizadamente el papel de Rallo, Huerta de Soto y la universidad Rey Juan Carlos, en la cual ha impartido clases. Es un tema que se repite de manera recurrente al tratar sobre la escuela austríaca en español.

Ah, y también vende libros. Sobre economía y liberalismo. Cito algunos títulos de su bibliografía, los que me parecen más “esclarecedores” de por dónde va este hombre y que denotan su ideología:

  • Liberalismo: los 10 principios básicos del orden político liberal (marzo de 2019)
  • Contra la Teoría Monetaria Moderna (febrero de 2017)
  • Contra La Renta Básica (mayo de 2015)
  • Podemos: Deconstruyendo a Pablo Iglesias (junio de 2014) (junto con John Müller (coordinador), José Fernández-Albertos, Lorenzo Bernaldo de Quirós, Pablo Rodríguez Suanzes, Paloma Cuevas, Marisa Gallero, Esteban Hernández, Fran Carrillo, Anna Grau)
  • Una Revolución Liberal para España (marzo de 2014)
  • Los errores de la vieja economía (2012)
  • Una alternativa liberal para salir de la crisis
  • Un modelo realmente liberal (coordinador, octubre de 2012)
  • El liberalismo no es pecado (junto con Carlos Rodríguez Braun, noviembre de 2011)

Ejem… más claro no lo puedo poner.

Seguimos.

Aparte de todo ello, es socio fundador del Instituto Juan de Mariana, institución dedicada (entre otras cosas) a vender las bondades del liberalismo del que también fue director.

Rallo ha participado en varias polémicas y enfrentamientos con oponentes ideológicos. Algunas, de muy gran difusión. Llegó a decir que había que cerrar los medios de comunicación estatales y la ola de indignación que eso provocó motivó a su vez el que se le vetara participar en medios públicos, más específicamente, Radio Televisión Española (que es pública).

Nótese también que esas declaraciones las realizó en la (manda huevos) mismísima Primera cadena de RTVE en el también infame programa dirigido por la muy desprestigiada Mariló Montero, protagonista de multitud de barbaridades, difusión de magufadas y meteduras de pata.

Programa, presentadora e invitados que llegaron a donde llegaron cuando el ente televisivo estuvo dirigido por… el Partido Popular (conservador) en España. Creo que no hace falta mucho más que decir.

Para que os hagáis una idea los que me leáis desde Sudamérica, Rallo vendría a ser una versión seria del payaso de Javier Milei. Para los que no conozcan al argentino Javier Gerardo Milei les diré que es otro economista partidario del libertarianismo ultraliberal que se dedica a propagarlo llamando la atención de los medios de comunicación con sus excentricidades típicas de… eso, un payaso (y que me perdonen los payasos profesionales).

Javier Milei

El economista libertariano argentino Javier Milei. Haciendo el payaso (a la izquierda… y a la derecha, también). Milei es una figura muy conocida en Argentina y Sudamérica, donde tiene un cierto culto entre un sector muy concreto (en Taringa es poco menos que Dios): el mismo que ha captado en nuestra época a los seguidores de la alt-right. Su histrionismo y la creación de polémica barata es su principal arma para difundir las ideas del anarcocapitalismo y la escuela austríaca. El que considere a este tipo un referente en… algo es que está enfermo, directamente.

Porque eso sí lo tiene y yo no le niego a nadie los (en este caso, pocos) méritos que tiene. Y si bien Rallo defiende magufadas por lo menos tiene la mínima decencia de no hacerlo desde el histrionismo, comportándose como un mono de circo, disfrazándose o haciendo cabriolas para llamar la atención. Y lo hace con un mínimo sentido del academicismo.

Mínimo.

Muy mínimo.

Nótese eso sí… que lo que Milei hace a gritos y haciendo el ganso, Rallo lo hace desde una apariencia de seriedad aunque de vez en cuando también pegue gritos o cree polémicas con la intención de llamar la atención. Hasta su profesor, el también austríaco Jesús Huerta de Soto, es mucho más esperpéntico y dado a los golpes mediáticos. Pero, en el fondo, todos hacen lo mismo: divulgar una ideología que, de puro radical, extremista y magufa, no encuentra otra forma de llamar la atención del gran público. Porque lo que es en el mundo académico, técnico y científico están más que vistos, contrastados y no se les presta atención.

Nota: qué triste es que se preste más atención al que más grita y se comporte de forma más ridícula que a los científicos que desarrollan su labor de manera queda, tranquila y aséptica. En más de una ocasión hemos debatido en foros técnicos si los economistas que tienen una actitud más científica no deberían vestirse de colorines y comportarse como frikis televisivos para poder llamar la atención de la misma forma, sólo que en pos de la Ciencia Social en vez del maguferío (una cosa al estilo de Bill Nye o Beakman’s World pero en Economía). Es una de las razones por las cuales divulgo en un estilo llano y desenfadado: porque la Ciencia también hay que publicitarla, debe ser difundida y debe llamar la atención del poco entendido, no cediendo ese espacio a la pseudociencia y el extremismo ideológico.

Bueno, pues hasta aquí lo que de momento nos interesa saber sobre esta persona humana a la cual, de ahora en adelante, me referiré para acortar como Rallo o “Juanrra”. Así que… te gusta la polémica, ¿no, Juanrra? [Chema cruje los nudillos.] Ea, pues ahora el polémico voy a ser yo, hombre. También tengo derecho, ¿no?

¿Y qué tiene que ver el Juanrra con la Teoría Austríaca del Ciclo Económico?

Pues eso que dije anteriormente: que dado que la TACE es impepinablemente falsa tal y como la expusieron los autores más emblemáticos de la escuela austríaca de la cual es miembro y difusor… él ha venido a decir algo así como “sí, mis ídolos economicistas Mises y Hayek se equivocaron (no tengo más cojones que admitirlo) pero no tanto como dan a entender los cientificistas y economistas serios, con cambiar tres o cuatro conceptos o términos la teoría sigue siendo válida. De hecho, es que es la más acertada para explicar cómo suceden las crisis económicas”.

Obviamente… una mierda va a ser eso cierto tampoco.

Comprobemos ese “obviamente”, no nos limitemos a decirlo.
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VI. ¿Cómo intenta escaparse Juan Ramón Rallo de las críticas que se le hacen a la TACE?

Y, ahora, les voy a quitar TODA posibilidad de defensa a los austríacos. No voy a citar frases aisladas de Rallo, voy a poner sus artículos ENTEROS para que no les queden patéticas excusas de “hombre de paja” ni “salidas de contexto”.

La ventaja que tenemos los economistas o, ya puestos, los que intentamos tener actitud científica con respecto a utilizar a Rallo y no a Huerta de Soto para apalizar las magufadas ultraliberales austríacas es que Juanrra comete el inmenso error de sistematizarlas y resumirlas, no como Huerta de Soto que, como dicen en EE.UU., “escribe mamuts”. Rallo nos lo pone muy fácil a los escépticos y combatientes contra el absurdo y la mentira… Nos lo pone “a huevo”, no tenemos que rebuscar mucho ni esforzarnos en traducir un lenguaje aburridamente pseudotécnico como el que utiliza Huerta de Soto (o un marxista de los de antes, ya puestos). Obviamente, Juanrra lo hace (escribir resumidamente) con la intención de divulgar sus chorradas ultraliberales a un público más amplio, para ganar más adeptos y que le presten oído más fácilmente. No es lo mismo engatusar a un público con pocos renglones y pocas ideas sueltas que a través de un tochazo infumable como los de Huerta de Soto.

En fin, Rallo dice sobre la TACE (y, más específicamente sobre el papel en su refutación de Milton Friedman) esto:

Circula por internet la conveniente leyenda de que Milton Friedman refutó empíricamente la teoría austriaca del ciclo económico al demostrar que no existía relación alguna entre las reducciones de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal y las crisis económicas. Como es sabido, Mises y Hayek (entre otros) pretendieron explicar la recurrencia de períodos de auge y depresión aduciendo que el sistema bancario (no necesariamente la banca central) conseguía reducir de manera artificial los tipos de interés, incentivando con ello un período de malas inversiones generalizadas (boom) que inexorablemente conduciría a su colapso y posterior reajuste (depresión). Por tanto, si Friedman verdaderamente hubiese demostrado la ausencia de correlación entre reducciones de los tipos de interés y las crisis, debería uno plantearse si la teoría austriaca adolece, en efecto, de alguna falla interna. Pero ¿es así? ¿De verdad Friedman enterró la teoría miseana y hayekiana de las depresiones?

Pues no. De entrada, Friedman en ningún momento estudió la correlación entre reducciones de los tipos de interés y crisis económicas; pero, además, aunque lo hubiese hecho, probablemente se habría visto forzado a reconocer que existe una fuerte vinculación entre ambos fenómenos.

Lo que, en cambio, analizó Friedman en 1964 y en 1993 fue otro asunto distinto: ¿existe correlación entre la intensidad de un período de expansión económica y la intensidad del subsiguiente período de recesión? Y la conclusión que alcanzó fue que no, que la duración e intensidad de las depresiones era básicamente aleatoria: en algún momento, y por algún motivo, la economía encallaba y lo hacía con variables niveles de gravedad. El de Chicago, sin embargo, sí encontró una relación entre la intensidad de esas aleatorias recesiones y el brío de la recuperación subsiguiente: crisis medianas eran seguidas por recuperaciones medianas y crisis vigorosas por recuperaciones igualmente vigorosas. Era, pues, como si la economía se situara normalmente sobre su tendencia de crecimiento a largo plazo y, de vez en cuando, se fuera descolgando en forma de crisis transitorias: es lo que Friedman denominó su Plucking model.

A juicio del de Chicago, el hecho de que no hubiese relación entre la expansión económica previa y la recesión posterior sembraba “serias dudas sobre la veracidad de aquellas teorías que consideran que la causa de las depresiones profundas se debe a los excesos cometidos durante la expansión previa (el ciclo económico de Mises, como claro ejemplo)”. Pero ¿realmente la teoría austriaca es incompatible con las observaciones empíricas que realiza Friedman? Me temo que, para desgracia de quienes se escudan en el de Chicago, no.

Primero porque, como el propio Friedman reconocía en sus artículos, existe un obstáculo muy considerable para llegar a tal desenlace: ¿cómo definimos el período de expansión al que vinculamos el período de depresión subsiguiente? La opción más sencilla es la que adoptó el de Chicago: tomar como expansión el período inmediatamente posterior a la última recesión. Mas esta elección tiene un problema: ¿qué sucede si buena parte de la magnitud de las crisis se debe a las distorsiones acumuladas e insuficientemente depuradas durante las anteriores crisis? Por ejemplo, gran parte de la intensidad de la crisis actual se puede explicar no sólo por las malas inversiones y el sobreendeudamiento que se acumuló entre 2001 (última recesión) y 2008, también por los desequilibrios gestados con anterioridad a 2001: no olvidemos que en esa fecha Alan Greenspan consiguió reinflar la burbuja crediticia antes de que una recesión que apenas duró nueve meses consiguiera purgar todos los errores acumulados. Sólo por esto los resultados de Friedman, como él mismo admitía, deberían ser puestos en cuarentena.

Pero, en segundo lugar, existe una dificultad todavía mayor para considerar que el de Chicago efectivamente refutó a los de Viena: básicamente, que no es incompatible con la teoría austriaca. Ninguna economía puede operar en cada momento por encima del nivel que se deriva del pleno uso de sus recursos: cuando todos los factores estás ocupados, crecer todavía más es muy complicado. La cuestión, por tanto, es si la utilización plena que se realiza de esos recursos es sostenible o no (es decir, si esos factores están fabricando riqueza o, en cambio, se insertan en malos planes de negocio). Y de eso justamente trata la teoría austriaca del ciclo económico: pronosticar que la manipulación de los tipos de interés provocará no un exceso de inversiones en general, sino de malas inversiones (el perfil temporal y de riesgo de los planes de negocio será incompatible con las preferencias y necesidades de los ahorradores). Mises y Hayek no afirmaron que, durante los booms, la economía fuera a crecer por encima de su potencial (algo harto complicado), sino que crecería de manera insana y, en consecuencia, estaría condenada a pinchar. De nuevo, por consiguiente, las observaciones de Friedman no contradijeron en nada la teoría austriaca.

En definitiva, aunque pueda resultar muy cómodo apelar a la autoridad de Friedman para echar por tierra las ricas conclusiones alcanzadas por autores de la talla de Hayek o Mises a cuenta de los ciclos económicos, me temo que no sirve: no sólo plantea la cuestión de manera errónea, sino que llega a conclusiones plenamente compatibles con la teoría austriaca. Será menester, pues, buscar mejores argumentos.

Fuente.

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Venga, la primera en la frente.

Juanrra: Circula por internet la conveniente leyenda de que Milton Friedman refutó empíricamente la teoría austriaca del ciclo económico al demostrar que no existía relación alguna entre las reducciones de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal y las crisis económicas. […]si Friedman verdaderamente hubiese demostrado la ausencia de correlación entre reducciones de los tipos de interés y las crisis, debería uno plantearse si la teoría austriaca adolece, en efecto, de alguna falla interna. Pero ¿es así? ¿De verdad Friedman enterró la teoría miseana y hayekiana de las depresiones? […]Pero ¿realmente la teoría austriaca es incompatible con las observaciones empíricas que realiza Friedman? Me temo que, para desgracia de quienes se escudan en el de Chicago, no.

Pues sí.

Milton Friedman:

Creo que la teoría del ciclo de negocios de la escuela austríaca ha hecho al mundo una gran cantidad de daño. Si retrocedes hasta los años treinta, que fue un momento clave, tenías a los austríacos en Londres, a Hayek y a Lionel Robbins, diciendo que teníamos que dejar caer el mundo hasta el mismísimo fondo. Que tenías que dejar que se curara solo. Que no podías hacer nada sobre eso. Que sólo lo empeorarías. Tenías a Rothbard diciendo que era un gran error no dejar que el sistema financiero colapsara. Pienso que al animar a realizar estas políticas de no hacer nada tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, hicieron auténtico daño.

Fuente: entrevista titulada Mr. Market realizada por Epstein a Milton Friedman en el Barron’s Magazine del 24 de agosto de 1998. La entrevista completa, aquí.

Ea, toma, ve comiendo.

¿Quieres más, Juanrra? Tú no te preocupes, guapetón, que hay más. Más palabras de Milton Friedman, se entiende:

Milton Friedman, tras examinar la historia de ciclos de negocio en los Estados Unidos (1993, p. 171): there appears to be no systematic connection between the size of an expansion and of the succeeding contraction, añadiendo que:

For one thing, it would cast grave doubt on those theories that see as the source of a deep depression the excesses of the prior expansion (the Mises cycle theory is a clear example). (1993, p. 172).

Fuente.

Me cago en Dios que hasta cita por nombre a Mises, Juanrra. ¡Si tú mismo recoges parte de la cita!

¿¿¿NO TE DA RETORCER ASÍ LAS PALABRAS, MACHO???

¿Los papers y la investigación académica? ¡Sin problema!

Las fuentes y el informe completo de la demostración empírica de la falsedad de la teoría del ciclo económico austríaco (y de las que se basan en correlacionar crisis con tipos de interés y periodos de expansión con crisis) en: Friedman, Milton. “The Monetary Studies of the National Bureau, 44th Annual Report”. The Optimal Quantity of Money and Other Essays. Páginas 261–284.

La revisión que hizo Friedman para recomprobarla hasta 1993 en: Friedman, Milton. The ‘Plucking Model’ of Business Fluctuations Revisited. Economic Inquiry: 171–177.

Mark Skousen mencionando las palabras de Friedman en una conversación privada que mantuvieron sobre su obra (2005, p. 161):

La explicación de Hayek y Mises sobre el ciclo de negocio se contradice con la evidencia. Es, según creo, falsa.

Basta de citas que como siga poniendo, no acabo. Además, que eso es fácil y divertido y lo que me interesa es explicar esto un poco para el que no tenga ni puñetera idea: y una mierda el descubrimiento de Friedman viene a corroborar a la escuela austríaca. ¡¡¡LO QUE HACE ES CONTRADECIRLA!!!

¿Hay más? ¡Mucho más! Leamos:

As pointed out by Friedman (1964 [1969]), if the credit-cycle view is correct, the magnitude of the preceding boom would predict the magnitude of the following bust. However, Friedman found that the magnitude of the cyclical expansions in output fails to forecast the magnitude of subsequent cyclical declines in output.

Robert L. Hetzel, The Great Recession: Market Failure Or Policy Failure?

Los economistas más serios y con actitud más científica lo que hacen notar, como Friedman, es que existe una asimetría dentro de los ciclos económicos (o “de negocio”) entre booms y busts, entre alzas y bajas, entre épocas de prosperidad y depresiones. No se equiparan, no están igualados.

Esa asimetría quiere decir… que no se corresponden, vaya.

El hecho de que a una recesión no tenga la misma magnitud de gravedad, “el mismo tamaño”, que no sea “igual de gorda” que el boom que la precedió inmediatamente en el tiempo nos viene a indicar… que no se corresponden necesariamente, esto es, que no proviene la una del otro.

Como dicen Friedman, Hetzel y Skouse, si la teoría de los ciclos de Mises (o cualquiera que viniera a decir eso mismo) fuera cierta (que la depresión viene causada por el boom anterior), tendrían la misma magnitud. Pero no la tienen. Hay muchos periodos de expansión fuertes a los que les sigue una crisis moderada y viceversa: crisis gravísimas cuyo periodo de expansión inmediatamente anterior en el tiempo fue débil.

¿Queréis verlo gráficamente?

Econometría al canto:

GDP_growth_1923-2009

Cambios anuales de crecimiento del PIB de los Estados Unidos entre 1923 y 2009. Los datos se muestran anualmente hasta 1946 y trimestralmente a partir de 1947. Datos tomados por Jay Henry desde la FED.

¿Queréis una aproximación más detallada aún? Datos cruzados de la duración de recesiones y contracciones en la economía de los EE.UU. The National Bureau of Economic Research.

Es que el colmo de la desvergüenza: una prueba irrefutable (más) de que la teoría austríaca es directamente falsa y Rallo, por arte de birlibirloque, limitándose a decir lo contrario a la cara del lector, dice que… ¡¡¡¡LE DA RAZÓN A LA TEORÍA AUSTRÍACA!!!!

¡Con dos cojones y un palito!

Ya para completar y aumentar cultura económica: Friedman lo que vino a decir que lo que se corresponde entre un periodo de expansión y su crisis posterior es la velocidad a la que se producen. Por su época el porqué no se conocía muy bien. Hoy tenemos más explicaciones procedentes de campos que no son necesariamente pertenecientes a la Economía.

Pero ésa, señoras y señores, no es la única falsedad en las palabras de Rallo ni por asomo.

¿Seguimos?

La segunda, en los dientes.

Juanrra: “De entrada, Friedman en ningún momento estudió la correlación entre reducciones de los tipos de interés y crisis económicas;”

¡¡¡Mis cojones treinta y tres, hombre ya!!!

Sí estudió las correlaciones entre tipos de interés y crisis económicas.

Shortperiod fluctuations in the quantity of money played an important role in business cycles and might be the major explanation of them. […] I collected data on the quantity of money, income, prices, indexes of industrial production, interest rates, and the like. There is no doubt that sufficient data are available to make comparative studies feasible.

Friedman, Milton. “The Monetary Studies of the National Bureau.” In The National Bureau Enters Its 45th Year: Forty-fourth Annual Report of the National Bureau of Economic Research, 7-25. New York: National Bureau of Economic Research, 1964.

¿Te crees que por incluir “reducciones” te vas a escapar, Juanrra? Milton Friedman, tal y como dijo, estudió todo lo que había que tener en cuenta, el mayor número de variables (y factores) posible. Si un técnico estudia los ciclos económicos en profundidad va a tener que estudiar, POR COJONES, porque no hay más remedio, reducciones y ampliaciones, altas y bajas, expansiones y depresiones, booms y busts, tipos de interés y la madre que parió a Panete.

Por poner un símil, así, rapidito: estudiar el cáncer sin estudiar las células pues como que se haría dificilillo, ¿no?

Cualquiera que se lea la obra de Friedman concerniente al estudio de los ciclos va a encontrar alguna referencia a los tipos de interés sin mucho esfuerzo… pues porque no tiene más remedio que encontrarla.

Juanrra, si todavía hubieras tenido la precaución de decir: “Friedman en ningún momento estudió la correlación entre reducciones de los tipos de interés y crisis económicas [de manera aislada, por separado]” pues todavía medio te lo podríamos tolerar porque es cierto que estudió muchas cosas sobre las fluctuaciones económicas a la vez, no necesariamente factor aislado a factor aislado. Pero al afirmar que no las estudió para nada tú mismo te pillas te los dedos. Y note el lector que no lo dice de esa manera  porque sí. Sino para evitar reconocer que Friedman, efectivamente, estudió de alguna forma los tipos de interés con respecto a las crisis porque eso sería reconocer que sí que lo hizo.

Es más.

Rallo tiene la cara tan dura como el titanio endurecido al fuego lento de decir para guardarse las espaldas (algo intuiría de que alguien podría tomarse la molestia de recomprobar sus palabras): “no, no estudió esa relación pero aunque lo hubiera hecho, tampoco, tampoco, ¿eh? Ni os molestéis en recomprobar si lo estudió porque de todas maneras no iba a servir para nada que te lo digo yo, te lo juro por Snoopy”.

¡A ver si nos enteramos! Que no es ya que lo digan Milton Friedman o su madre, que no es ya que lo hayan demostrado la mayoría de economistas (y se sigue demostrando) que han estudiado el tema, que no es que sea de sentido común, es que no su… ce… de.

De ser eso cierto, habría una crisis por cada vez que el banco central modifica los tipos de interés a la baja, muy especialmente durante periodos más o menos largos. Y hemos tenido periodos de esos SIN crisis, como ya ha quedado constatado y demostrado, como lo podemos ver con nuestros ojos y se puede notar en nuestros cuerpos serranos.

Tercera. Uppercut directo a la mandíbula. Rallo: aunque lo hubiese hecho, probablemente se habría visto forzado a reconocer que existe una fuerte vinculación entre ambos fenómenos.

Bueno, vamos a ver esa “fuerte vinculación” para comprobarla. Tengo curiosidad. Clickamos en el enlace que da Rallo y…

Rallo 404

Yo es que me meo de la risa. De verdad, es que no puedo con esta gente.

Bueno, le voy a conceder el beneficio de la duda (no debería conociendo su “historial” pero hoy estoy de buenas) de que ese enlace condujera a alguna parte (me imagino que a algún sitio donde hablara de su teoría de los “descalces de plazos”, la trataremos después).

Pero en definitiva da igual dónde condujera ese enlace.

Porque ya vimos en anteriores apartados que NO EXISTE CORRELACIÓN ENTRE CRISIS Y TIPOS DE INTERÉS de ningún tipo: ni altos ni bajos. Punto. Se acabó. Fin de la cuestión. ¿Te gustaría para justificar tu ideología, Juanrra? Pues me parece muy bien pero la triste realidad (para ti y afortunadamente para todos los demás) es que NO.

De hecho, está DEMOSTRADO ECONOMÉTRICA Y CIENTÍFICAMENTE (¡denme mayúsculas más grandes!) que se han producido burbujas y booms con tipos de interés bajos y altos.

Why low interest don’t cause bubbles. Business Insider.

Costes y beneficios de tener tipos de interés bajos. FED de Saint-Louis.

Que alguien levante a Rallo del suelo que no he acabado de fregar el piso con él.

De existir esa correlación ya las habríamos podido demostrar estadística y econométricamente, fuera Friedman o el guardia de la Campana el que se pusiera a hacerlo. Es absoluta y totalmente falso que bajos tipos de interés prolongados estén correlacionados por cojones con crisis económicas. Es más, los tipos de interés en general no están correlacionados sistemáticamente con las crisis económicas, menos aún como factor causante principal.

Porque… y aquí empezamos a repartir las verdaderas hostias dialécticas: no hay una sola causa tras las crisis económicas.

Y… ¿por cuál vamos ya? La cuarta era, ¿no?

Esto es otra mentira frontal: Circula por internet la conveniente leyenda de que Milton Friedman refutó empíricamente la teoría austriaca del ciclo económico al demostrar que no existía relación alguna entre las reducciones de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal y las crisis económicas.

FALSO. Estás poniendo palabras en boca de otros economistas (falacia de hombre de paja). Los economistas más científicos no niegan que las reducciones de tipos de interés de un banco central (o privado) puedan tener algún efecto a la hora de causar crisis económicas.

Lo que negamos (porque observamos que no se produce: las crisis económicas se producen con tipos de interés bajos y altos) es que eso sea LA causa primigenia, la más importante o tan siquiera la de más constante presencia para causar una crisis económica de índole financiera.

Los tipos de interés (altos, bajos o “entremedios”) son UNO de los factores que pueden provocar o moldear algo tan complejo como una crisis económica y eso es algo que sabe o debería saber cualquiera, no sólo un entendido o un estudiante de Economía.

Porque factores hay a patadas, algunos son:

-Volatilidad del gasto y la inversión (que la gente compre más o menos; por ejemplo, que un periodo de ventas navideño sea escaso en ventas suele implicar muy malos resultados para buena parte de la economía).

-Confianza del consumidor (modas, tendencias: ¿os tengo que recordar que una crisis económica llegó a suceder porque se especuló con bulbos de tulipanes?).

-Innovaciones tecnológicas que alteren el ciclo económico (por ejemplo, la crisis de las dot com vino provocada por la especulación con nuevas tecnologías relacionadas con internet; la aparición de los teléfonos móviles causó el que las personas tuvieran un gasto adicional más).

-Variaciones en los stocks de productos (por ejemplo, que se agoten las reservas de hidrocarburos).

-Fluctuaciones en el gasto público. El mero hecho de que el gobierno gaste más o menos puede provocar crisis económicas.

-Ciclos económicos generados por causas políticas (por ejemplo, antes de unas elecciones se suele producir mucho movimiento económico).

-Políticas monetarias (del gobierno o del banco central). Ahí sí entra la influencia de los tipos de interés. Pero que hay más (como el control de reservas de divisas).

-Fluctuaciones en las exportaciones e importaciones (que se venda o se compre más o menos al exterior puede causar una crisis económica).

-Y chorrocientas mil más.

Hay que ver la recontraputa manía que tienen los radicales o extremistas de cualquier tipo de pretender explicar problemas o cuestiones complejas de manera simplona echándoles la culpa a una sola o pocas causas (las que les interesan, por supuesto) y así poder convencer más fácilmente al público, el cual no está para procesar complejidades que lleva explicar tiempo y espacio y lo que quiere son explicaciones sencillas y fáciles. Para la alt-right los problemas o raíces que lo causan todo son la inmigración y el “feminazismo”; para los comunistas, la cuestión prioritaria es la explotación capitalista. Sí, ya, y para los hinchas del Betis la cuestión prioritaria es ganarle al Sevilla, da igual en qué lugar de la clasificación esté el equipo o los títulos que se dejen de conseguir por centrarse en ello.

Lo vuelvo a repetir: de existir esa correlación que afirma la TACE se podría demostrar estadística y econométricamente y le darían diecisiete “premios nobeles de Economía” al que hubiera demostrado algo tan simple y evidente como eso.

¿Habéis visto lo que le hemos sacado a Rallo tan sólo en las primeras líneas de su argumentación? Una mentira frontal detrás de otra, y otra, y otra… Pues eso no ha sido sino la antesala del dolor que le espera.

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VII. Notas sobre las mentiras directas de la escuela austríaca.

Voy a hacer un alto en el camino antes de continuar con lo que dijo Rallo para hablar sobre lo que ya mencioné como característica intrínseca y la más chocante de la escuela austríaca: las mentiras frontales y directas.

Y aunque os parezca una hipérbole, necesito este alto a título personal. No me estáis viendo redactar el artículo pero lo juro por la salud de mis sobrinas que tengo las venas de las sienes hinchadas, bruxismo galopante y los ojos inyectados en sangre ante tan poca vergüenza y tal avalancha de falsedades soltadas a hierro pelado.

Mentiras frontales, directas y evidentes como las de la escuela austríaca, el terraplanismo, la homeopatía y demás bazofia similar hacen que me cabree más que un gremlin bautizado, que encima de estar mojado y transformado en monstruo, ahora es cristiano.

Necesito desahogarme y le ruego al lector que me perdone por el cabreo que voy a soltar pero la situación lo merece. Y el que piense lo contrario se equivoca objetivamente. Por no decir que no enfadarse con semejante sarta de mentiras y, encima, mentiras tan graves es de no tener sangre en las venas.

Hasta el momento habéis podido comprobar sin necesidad de tener unos grandes conocimientos en Economía, sino con vuestros propios ojitos… la cantidad y gravedad de las falsedades austríacas (y eso tan sólo hablando de su teoría del ciclo económico, el día en que hable de la praxeología, va a faltarme espacio en el disco duro). Tan sólo recomprobando afirmaciones ya os podréis haber hecho una idea de la salvajada que supone la escuela austríaca.

Quiero remachar mucho este asunto porque los escépticos notamos o creemos notar que las sociedades no se toman con la seriedad que merece el peligro que suponen las pseudociencias, los radicalismos y las actitudes anticientíficas como la escuela austríaca, el movimiento antivacunas, el psicoanálisis, el terraplanismo, la homeopatía…

¿¿¿No entendéis, no os enfada el que os mientan y, encima, os mientan para haceros daño y, más encima aún, para aprovecharse de vosotros???

No estamos hablando de unas pocas cuestiones: es que es una mentira tras otra, tras otra y vuelta, y sigue y, cuando crees que no pueden caer más bajo, doblan la apuesta en la siguiente.

No estamos hablando de errores: son mentiras conscientes, que conforman entramados completos, sistemas de creencias amplias, con multitud de ramificaciones.

No son fallitos o tiquismiqueces que uno pueda obviar así como si no tuvieran importancia. Son mentiras de índole cósmica, de tamaño gargantuesco, titánico, galáctico… que atentan no ya contra la Ciencia o la recomprobación empírica sino contra la pura, dura y llana observación directa.

¿Entendéis cómo se siente un médico cuando le viene un homeópata diciendo que “lo similar cura lo similar” y cuando un antivacunas le dice que “las vacunas causan autismo”? ¿Entendéis ya por qué los economistas, especialmente los de índole y actitud más científica y amantes de la recomprobación empírica consideran a la escuela austríaca una magufada (peligrosa)?

No estamos mintiendo.

No estamos exagerando.

La estamos citando tal cual.

Lo estamos exponiendo ante vuestros mismísimos ojos.

Estamos tomando sus afirmaciones una a una y una a una las estamos desmontando y sin dificultad. De cada “perla” que sueltan por sus bocas salen, como si fuera un archivo comprimido .rar una avalancha de mentiras, tergiversaciones, falsedades, conceptos inventados, falacias…

Pero lo que quiero reseñar a los lectores y nunca podré dejar de hacer especial hincapié en ello y espero que os llame la atención por la gravedad que supone ese hecho porque es quizás la causa principal de entre las muchas por las cuales el mundo académico rechaza a la escuela austríaca: las mentiras frontales, las descaradas, las de no tener vergüenza.

Los austríacos te dicen A y resulta que es Z. Te dicen que es blanco y resulta que es negro. Y como veremos más adelante, te señalan un bolígrafo y te dicen que es un elefante africano.

Posmodernismo de derechas.

Psicoanálisis freudiano económico.

Y llamémoslas por su nombre, coño ya con tanto cogérsela con papel de fumar: MENTIRAS.

“Hombre, los economistas escépticos y científicos es que sois muy exageraos, es que no merece la pena enfadarse por eso”.

Una polla como una olla con las venas hinchadas.

¿¿¿¿Te parece poco que venga un pavo y te suelte lo contrario de lo que es… aunque se pueda demostrar e incluso se vea a simple vista??? ¿Tanta tolerancia le tenéis a la mentira? ¿Tantas tragaderas? ¿Se monta de la de San Quintín por los capítulos finales de Game of Thrones y el cabrearse con las mentiras de la escuela austríaca os parece “exagerado”?

¡Pues estamos hablando nada más y menos de mentiras que contribuyeron a las crisis económicas y a las políticas de recortes, causando miseria y sufrimiento sin cuento!

Y, aparte, que esas falsedades que dicen no las dicen por gusto o porque se hayan equivocado inocentemente (ya habéis visto los antecedentes y currículos de sus autores para corroborar esa falta de inocencia… y lo que nos falta por ver en siguientes apartados): las dicen con la intención de convencer para que en nuestras sociedades se adopten políticas ultraliberales como desmantelar el Estado del Bienestar (sanidad y educación públicas y gratuitas, pensiones públicas), privatizar empresas y bienes públicos (hay algunos como Rothbard, que pretendían privatizar el sistema judicial), bajar o eliminar los impuestos, abaratar los despidos… ¿Sigo o todavía no os habéis enterado del peligro?

Al decir, como afirmaba Rothbard que los gobiernos son los causantes de las crisis al intervenir en la economía con los tipos de interés, ya te están intentando convencer de que los bancos centrales son perjudiciales (cuando son los que contribuyen a financiar al Estado en sus presupuestos y, con ello, nuestro Estado del Bienestar), que el gobierno no debería intervenir en economía y debería dejar hacer y especular a los que tienen mucho dinero que ellos son los que entienden y saben y no causan crisis económicas (no, mis cojones), y que los impuestos hay que dejar de pagarlos porque eso es un cáncer para la economía, especialmente para los bolsillos de los más ricos, entre los que ellos se encuentran.

Voy a poner un símil con la pseudociencia en Medicina: todo fueron risas y mucho ji-ji y mucho ja-ja con las estupideces que decían los antivacunas… hasta que empezaron a amontonarse los muertos. Los pocos que os enterábais de en qué consistían las mentiras de los homeópatas decíais que eso era una chorrada inofensiva, que por qué tanto cabreo con la homeopatía, que no era para tanto. Y la realidad os dio una buena hostia a los “buenistas”, “neutralistas”, “terminomedioístas” y “noesparatantistas” cuando empezaron a aumentar los problemas de salud en las personas que utilizaban medicamentos homeopáticos, las cuales no se curaban porque dejaban de emplear o no usaban los que de verdad curan: los comprobados científicamente. Por no mencionar y aquí señalo con el dedo a una de las políticas más creyentes en la escuela austríaca en España (la ultraliberal Esperanza Aguirre), que muchos potenciaban la homeopatía como alternativa privada para desmantelar el sistema de salud público y gratuito. Vamos, la rehostia de la rehostia: encima de que te quitan la Salud Pública… te meten un sustituto que hay que pagar… ¡¡¡y que no te cura!!!

Pues con la escuela austríaca lo mismo pero en Economía.

Yo creo firmemente que una persona a la que no le hierva la sangre ante la tomadura de pelo que suponen las pseudociencias y, más aún, las que mienten directamente y, más aún, las que intentan destruir nuestro (poco o mucho) bienestar económico como sociedad en beneficio de los que las difunden no se está comportando como debería un ser humano neurotípico.

¿Que tú quieres creer que existe el yeti? Eres tonto pero, por lo menos, tu magufada me afecta poco en lo personal. Ahora… ¿aceptarte que me mientas diciendo que la responsable de las crisis es la intervención del gobierno o de los bancos centrales para luego eliminarlos o minimizarlos, dejar de pagar impuestos, quitarme el Estado del Bienestar y dejarte manejar el dinero especulando?

¡¡¡Ni hablar del peluquín!!!

Con esas cuestiones y esto es un llamamiento que hago a la sociedad hay que cabrearse, no aceptarlo y no aceptar que se prodiguen o se expresen sin denunciarlo a voz en grito y alertando de lo gravísimas que son.

Con las pseudociencias hay que enfadarse, hay que combatirlas y hay que denunciarlas.

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VIII. Continuado con la contracrítica a Friedman sobre la TACE de Juan Ramón Rallo.

A juicio del de Chicago, el hecho de que no hubiese relación entre la expansión económica previa y la recesión posterior sembraba “serias dudas sobre la veracidad de aquellas teorías que consideran que la causa de las depresiones profundas se debe a los excesos cometidos durante la expansión previa (el ciclo económico de Mises, como claro ejemplo)”. Pero ¿realmente la teoría austriaca es incompatible con las observaciones empíricas que realiza Friedman? Me temo que, para desgracia de quienes se escudan en el de Chicago, no.

Pues sí.

Primero, insisto en que Friedman no fue el único economista ni por asomo en demostrar la falsedad de esa correlación. La demuestran prácticamente todos los que la han estudiado. Rallo “se escuda” en defender la veracidad de la escuela austríaca como si las críticas que se le han hecho a su TACE provinieran únicamente de la labor de Friedman… o tan siquiera fueran las más relevantes.

Y, segundo, por supuesto, más mentiras directas. Observad que Juanrra recoge la misma cita que os puse (traducida al español y cortada por donde le interesa): there appears to be no systematic connection between the size of an expansion and of the succeeding contraction […] For one thing, it would cast grave doubt on those theories that see as the source of a deep depression the excesses of the prior expansion (the Mises cycle theory is a clear example).

Fijaos que viene a decir: “Friedman no habló en contra de la TACE. Bueno, vale, sí, Friedman dijo esto directamente en contra de la teoría de ciclo de negocios austríaca pero en realidad lo que quiso decir es que la teoría austríaca de verdad que es cierta porque globos dentro del frigorífico y me tiro pedos bajo las sábanas”.

Me recuerda al chiste que me contó un colombiano sobre el expresidente Uribe (basado en un chiste de Los Simpsons): “Uribe no es un paramilitar. Podrá ser fanático, corrupto, usurpador de tierras, paramilitar, mentiroso y manipulador pero nunca fue un estrella del porno”.

Vamos a ver: Friedman dijo que booms y busts (depresiones) ni son equiparables en magnitud… ni los booms causan depresiones obligatoriamente al contrario de lo que afirma la escuela austríaca.

Rothbard, por ejemplo, y haciéndose eco de Mises, afirmó tajantemente que cada boom causa una depresión. Y eso es falso de echarse a llorar.

Y a eso se añade lo de las intensidades: que lo que se observa es que ni los periodos de distancia temporales ni las intensidades entre uno y otro son regulares ni pollas en vinagre.

Seguimos con las palabras del amigo Juanrra:

Lo que, en cambio, analizó Friedman en 1964 y en 1993 fue otro asunto distinto: ¿existe correlación entre la intensidad de un período de expansión económica y la intensidad del subsiguiente período de recesión? Y la conclusión que alcanzó fue que no, que la duración e intensidad de las depresiones era básicamente aleatoria: en algún momento, y por algún motivo, la economía encallaba y lo hacía con variables niveles de gravedad. El de Chicago, sin embargo, sí encontró una relación entre la intensidad de esas aleatorias recesiones y el brío de la recuperación subsiguiente: crisis medianas eran seguidas por recuperaciones medianas y crisis vigorosas por recuperaciones igualmente vigorosas. Era, pues, como si la economía se situara normalmente sobre su tendencia de crecimiento a largo plazo y, de vez en cuando, se fuera descolgando en forma de crisis transitorias: es lo que Friedman denominó su Plucking model.

a) Mentira, ya hemos visto que Friedman sí analizó los tipos de interés incluyéndolos conjuntamente con más factores. Dicho con sus propias palabras. Lo que está haciendo Rallo es decir que en la exposición de su Plucking model, no se centró en eso.

b) Ni yo he dicho lo contrario.

Eso lo expuso en Friedman, Milton. “The Monetary Studies of the National Bureau.” In The National Bureau Enters Its 45th Year: Forty-fourth Annual Report of the National Bureau of Economic Research, 7-25. New York: National Bureau of Economic Research, 1964.

Se nota y no poco que Rallo se ha ceñido a la exposición del Plucking model de Friedman sin notar, obviando (o desconociendo) que se explayaba más (cosa lógica, es ahí donde tiene que hacerlo) en los Informes Anuales para el Buró de Investigación Económica estadounidense.

Primero porque, como el propio Friedman reconocía en sus artículos, existe un obstáculo muy considerable para llegar a tal desenlace: ¿cómo definimos el período de expansión al que vinculamos el período de depresión subsiguiente? La opción más sencilla es la que adoptó el de Chicago: tomar como expansión el período inmediatamente posterior a la última recesión. Mas esta elección tiene un problema: ¿qué sucede si buena parte de la magnitud de las crisis se debe a las distorsiones acumuladas e insuficientemente depuradas durante las anteriores crisis? Por ejemplo, gran parte de la intensidad de la crisis actual se puede explicar no sólo por las malas inversiones y el sobreendeudamiento que se acumuló entre 2001 (última recesión) y 2008, también por los desequilibrios gestados con anterioridad a 2001: no olvidemos que en esa fecha Alan Greenspan consiguió reinflar la burbuja crediticia antes de que una recesión que apenas duró nueve meses consiguiera purgar todos los errores acumulados. Sólo por esto los resultados de Friedman, como él mismo admitía, deberían ser puestos en cuarentena.

Y sigue mareando la perdiz para tratar de esquivar el grueso de la crítica.

Quiero que el lector vea claro cómo Rallo da capotazos para esquivar la embestida del toro:

-Si Rothbard (y lo cito a él porque fue el que más contundentemente expuso la idea tras la TACE pero que Mises dijo lo mismo con otras palabras) dice esto:

[…] Por tanto, la depresión, lejos de ser un mal demoledor, es el retorno beneficioso y necesario de la economía a la normalidad tras las distorsiones impuestas por el boom [“auge, bonanza”]. Así pues, el boom conlleva crear un bust [“quiebra”].

Fuente: Por qué suceden los ciclos de negocio. Por Murray Rothbard. Mises Institute.

-Y lo recomprobamos (sea Friedman, yo mismo o el cartero de mi pueblo).

-Y vemos que no sucede.

-Pues entonces, esa afirmación es FALSA. No se ajusta a la realidad.

-No estamos hablando de intensidades ni pollas en vinagre.

-Y aunque estuviéramos hablando de ellas, eso también desmiente la teoría de ciclos austríaca porque booms y recesiones tampoco se corresponden en intensidad.

-¿Un boom (de la intensidad que sea) causa o conlleva causar una depresión (de la intensidad que sea) por cojones? NO.

Pues ya está. El pavo se pone a hablar de intensidades para escaquearse del impepinable hecho de que los booms NO CAUSAN, no generan necesariamente la siguiente crisis o depresión.

¿Repetimos? Repetimos. Todas las veces que haga falta hasta que les sangren los ojos y los oídos:


-1) Un boom no genera necesaria y obligatoriamente la siguiente crisis en el tiempo.

-2) Booms y crisis siguientes en el tiempo no se corresponden en intensidad.

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Rallo:

A juicio del de Chicago, el hecho de que no hubiese relación entre la expansión económica previa y la recesión posterior sembraba “serias dudas sobre la veracidad de aquellas teorías que consideran que la causa de las depresiones profundas se debe a los excesos cometidos durante la expansión previa (el ciclo económico de Mises, como claro ejemplo).

¡¡¡Joder, y tanto que siembra serias dudas!!!

Como que la desmiente totalmente.

Pero vamos, que insisto en que no hace falta leer a Friedman o a cualesquiera economistas que demuestran como falsa esa sandez. Es que basta con leer una simple gráfica de correlación.

A Rallo (y a cualquier austríaco) lo que le preocupa con ansia viva es que el nombre de Friedman esté asociado a ese debunking de la TACE porque como es un archiconocidísimo economista y, para colmo, de tendencia liberal más que demostrada y con un (relativo) buen nombre académico, parece como si la crítica de Friedman valiera más por eso que por el hecho empíricamente demostrable de la argumentación en sí: ¡que no hay correlación demostrada entre tipos de interés y crisis, me cago en Dios, en Allah y en la Virgen del Rocío!

Rallo:

Primero porque, como el propio Friedman reconocía en sus artículos, existe un obstáculo muy considerable para llegar a tal desenlace: ¿cómo definimos el período de expansión al que vinculamos el período de depresión subsiguiente? La opción más sencilla es la que adoptó el de Chicago: tomar como expansión el período inmediatamente posterior a la última recesión. Mas esta elección tiene un problema: ¿qué sucede si buena parte de la magnitud de las crisis se debe a las distorsiones acumuladas e insuficientemente depuradas durante las anteriores crisis? Por ejemplo, gran parte de la intensidad de la crisis actual se puede explicar no sólo por las malas inversiones y el sobreendeudamiento que se acumuló entre 2001 (última recesión) y 2008, también por los desequilibrios gestados con anterioridad a 2001: no olvidemos que en esa fecha Alan Greenspan consiguió reinflar la burbuja crediticia antes de que una recesión que apenas duró nueve meses consiguiera purgar todos los errores acumulados. Sólo por esto los resultados de Friedman, como él mismo admitía, deberían ser puestos en cuarentena.

Friedman “puso en cuarentena” sus resultados sobre INTENSIDADES pero el que un boom no genera obligatoriamente la siguiente crisis/depresión no lo discute ni Friedman ni el papa de Roma.

Por no mencionar que eso es una fórmula de cortesía obligada y de actitud científica en la elaboración de papers. Como el consabido: “se deberían realizar más estudios sobre este aspecto”. TODOS los economistas “ponen en cuarentena” (o deberían) sus resultados, no sólo Friedman. Ésa es la actitud científica.

Repito e insisto en que el lector lo acabe de constatar y ver claro el carácter ladino del discurso austríaco: Juanrra se pasa a una cuestión secundaria (las intensidades, y ni eso de las intensidades le da la razón a la TACE) para evitar hablar del grueso de la crítica (no ya de Friedman sino de la mayoría del mundo académico economicista): un boom no causa obligatoriamente la crisis/depresión siguiente independientemente de su intensidad.

¿Que hay muchas “distorsiones”?

Muchísimas. Y precisamente ése es el argumento científico y técnico principal para reírse de los que pretenden explicar fenómenos tan complejos como las crisis con pocos elementos y, encima, simples. Esas mismas “distorsiones” y que ya mencionamos anteriormente (como problemas de suministro, cambios de tendencia, políticas económicas, malas cosechas, etc.) son factores, al margen de o añadidos a los tipos de interés, que pueden causar una crisis económica. Esto es y vamos a ir adelantando lo que se viene al final del ensayo: no todas las crisis están causadas por los mismos motivos ni de la misma manera. Los austríacos mienten al asegurar que todas las crisis económicas son causadas por lo mismo.

Pero que haya muchas o pocas “distorsiones”, Juanrra, no te salva del hecho de que un boom económico no crea obligatoria ni necesariamente la siguiente depresión.

Lo voy a decir todas las veces que haga falta, aunque me repita más que la morcilla de Burgos.

Juanrra:

Pero, en segundo lugar, existe una dificultad todavía mayor para considerar que el de Chicago efectivamente refutó a los de Viena: básicamente, que no es incompatible con la teoría austriaca.

Mentira. Es TOTALMENTE incompatible.

No hay defensa al respecto: la escuela austríaca dice que la crisis/depresión es fruto del periodo de expansión inmediatamente anterior en el tiempo. Eso es falso y está demostrado físicamente.

De la misma forma, la intensidad entre depresiones y booms inmediatamente anteriores no se corresponde. Esto es otra razón más para negarle validez a la teoría austríaca de los ciclos.

Todo lo demás que se añada, como esto: “Ninguna economía puede operar en cada momento por encima del nivel que se deriva del pleno uso de sus recursos: cuando todos los factores estás ocupados, crecer todavía más es muy complicado. La cuestión, por tanto, es si la utilización plena que se realiza de esos recursos es sostenible o no (es decir, si esos factores están fabricando riqueza o, en cambio, se insertan en malos planes de negocio)” ya es irrelevante.

Punto pelota y se acabó.

Rallo:

Y de eso justamente trata la teoría austriaca del ciclo económico: pronosticar que la manipulación de los tipos de interés provocará no un exceso de inversiones en general, sino de malas inversiones (el perfil temporal y de riesgo de los planes de negocio será incompatible con las preferencias y necesidades de los ahorradores).

1) Y eso es falso. Las buenas o malas inversiones se dan con altos y bajos tipos de interés.

2) Por no mencionar que el argumento es falaz en sí mismo: ¿qué cojones tiene que ver el que alguien (un banco central, por ejemplo) te haga fácil el pedir un préstamo para que TÚ como emprendedor lo emplees mal? Ese razonamiento de los “austríacos” es similar al caso del padre que le presta dinero a su hijo para irse a la universidad. El padre es el banco central y el hijo el banco privado o el inversionista particular que ha pedido prestado. El hijo se encuentra con ese dinero… y en vez de irse a la universidad se lo gasta en drogas. Meses después la Policía le entrega al padre su hijo, drogado y con todo el dinero gastado… y resulta que después de haberlo gastado se había dedicado a robar para poder seguir drogándose. La Justicia, obviamente, exige responsabilidades. ¿A quién?

El razonamiento “austríaco” es: la culpa es del padre (el banco central) por prestarle el dinero fácilmente al hijo (el inversor privado). Si no le hubiera prestado, el hijo no se habría drogado.

Sí, ya. Perooo… ¿no os parece, digo sólo que os parece… que la culpa es más bien… del hijo? El padre, como mucho, tendrá la responsabilidad indirecta por no haber vigilado bien a su hijo (que es lo que debe hacer un banco central con un banco privado), pero de ahí a decir que la culpa directa es del padre, va un abismo. Su intención era buena: prestar dinero para un bien de su vástago (el banco central busca fomentar el crecimiento económico de la sociedad). El responsable directo de lo que se hace con el dinero es la persona que lo gasta, no quien lo presta. El que lo presta se limita a prestarlo, no le pone una pistola en el pecho a nadie para que cometa delitos con él o lo invierta mal.

El razonamiento “austríaco” es aberrante ya desde sus mismos inicios. ¿Todos (o la mayoría) acabaremos drogándonos? ¿Nadie iría a la universidad con ese ejemplo?

3) Y si de verdad eso fuera así (“la manipulación de los tipos de interés provocará no un exceso de inversiones en general, sino de malas inversiones”), como dicen Tullock y Caplan: ¿cómo es que los emprendedores, inversores y profesionales que están pendiente continuamente de los mercados y que los austríacos alaban como los agentes económicos más eficientes (¡más que el Estado!) no tienen en cuenta que “están manipulados”?

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Gordon Tullock.

Tullock:

El segundo defecto que le encuentro a Rothbard tiene que ver con su aparente creencia de que la gente de negocios nunca aprende. Uno podría pensar que la gente de negocios se puede equivocar un par de veces en los primeros giros del ciclo de Rothbard y que no anticiparían que una tasa de interés bajo acabará por subir más tarde. Que continúen siempre siendo incapaces de figurarse eso, sin embargo, parece bastante improbable. Normalmente, Rothbard y otros austríacos aseguran que los emprendedores están bien informados y realizan buenos juicios.

Fuente.

 .

Bryan Caplan

Bryan Caplan.

Caplan:

¿Dónde emerge el desacuerdo [con la teoría “austríaca” de crecimiento económico]? Lo que yo niego es que las inversiones artificialmente estimuladas tengan tendencia alguna a convertirse en “malinversiones”. […] La objeción es simple: dado que los tipos de interés están artificial e insosteniblemente bajos, ¿por qué cualquier hombre de negocios haría sus cálculos de obtención de beneficio basándose en que los tipos de interés se mantendrán indefinidamente bajos? No, lo que sucedería es que los emprendedores se darían cuenta de que los tipos de interés son sólo temporalmente bajos, y tendrán eso en cuenta.

Hablando claro, los austríacos están asumiendo que los emprendedores tienen extrañas e irracionales expectativas. De hecho, Rothbard cita esto expresamente: “los emprendedores están entrenados para estimar los cambios y evitar errores. Pueden manejar fluctuaciones irregulares[…]

Fuente.

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Volvemos con Juanrra: Mises y Hayek no afirmaron que, durante los booms, la economía fuera a crecer por encima de su potencial (algo harto complicado), sino que crecería de manera insana y, en consecuencia, estaría condenada a pinchar. De nuevo, por consiguiente, las observaciones de Friedman no contradijeron en nada la teoría austriaca.

Falso. Es que ésa no es la crítica. Te estás escaqueando de responder a lo principal: que depresiones y booms no se corresponden ni en tipos de interés, ni en tiempo. Y, ya puestos, ni en intensidad.

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IX. El plucking model de Milton Friedman.

Y ahora, ya para completar y proporcionar un poco de culturilla económica general a un público no entendido en Economía: Friedman lo que encontró fue que la recuperación de una crisis fuerte venía acompañada de un periodo de crecimiento fuerte posterior. La correspondencia sería mayor cuanto más fuerte fuera la crisis:

Friedman( 1969), who asked whether ” …the magnitude of an expansion [is] systematically related to the magnitude of the succeeding contraction? Does a boom tend on the average to be followed by a large contraction? A mild expansion by a mild contraction”?( p.271). On the basis of simple rank correlation coefficients, he found no systematic connection between the size of an expansion and that of the subsequent contraction, but did find that “a large contraction in output tends to be followed on the average by a large business expansion; a mild contraction, by a mild expansion”. Friedman (1992) reiterated these findings and presented some additional evidence in support of his ‘plucking model” of business fluctuations.

Are deep recessions followed by strong recoveries? Results for the G-7 countries, Nathan S. Balke y Mark A. Wynne (septiembre de 1995).

plucking model

Gráfica explicativa del Plucking model de Milton Friedman. Fuente.

Según el modelo de Milton Friedman, la producción económica real no puede físicamente superar un cierto nivel como techo; la economía “rebota” contra el límite (techo)… hacia abajo, con una crisis. Sucediera ésta por malas inversiones o no. Es decir, las fluctuaciones de una economía nunca pueden superar dicho techo (la línea de crecimiento “sostenible” o “potencial” a largo plazo) y terminan “rebotando” hacia abajo.

Encontró que las fluctuaciones económicas son, como ya hemos dicho, asimétricas, que las recesiones son transitorias (no permanentes: los periodos de crecimiento suelen superar en duración a los de recesión, al menos, en el Primer Mundo) y, de hecho, que la duración de una recesión no depende de las expansiones previas ni es muy relevante para determinar la recuperación posterior. Prácticamente toda la recomprobación empírica y la literatura académica posteriores, coinciden. Es decir…

No existen los ciclos económicos regulares.

Repetimos: Friedman, lo que encontró como relación entre booms y depresiones es que, a mayor fuerza de la depresión, tanta mayor fuerza de la recuperación posterior.

No al revés.

Esto es, la fortaleza de un boom no dictamina la fortaleza de una depresión posterior.

O sea, que a final de cuentas es OTRA razón más para desmentir la teoría austríaca, la cual asegura que es el boom previo el que determina la depresión posterior.

El porqué se produce una recuperación fuerte tras una crisis fuerte está sujeto a debate en el seno de la comunidad científica y académica. Más que nada porque es un fenómeno en el que no sólo participa la Economía sino la Psicología, la Sociología e incluso la Biología. De lo poco que sabemos es que parece ser un fenómeno natural que se encuentra también en la Naturaleza: tras un periodo de recesión biológica (por ejemplo, tras estar cerca de la extinción, tras una plaga o, muy estudiado en el caso de los humanos, tras una guerra), se producen explosiones demográficas de recuperación.

¿Eso que creyó encontrar Friedman está corroborado científicamente?

Sí, pero con puntualizaciones (por ejemplo, en la última Gran Recesión es bastante debatible que eso haya sucedido así). Más concretamente, habría que decir que lo que Friedman encontró tiene una fuerte correlación estadística. Pero ambos fenómenos no se identifican total y absolutamente, especialmente según cómo se defina qué es una recesión y qué un boom.

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Nota 1: Una vez más, qué se entiende por “fuerte” o “moderado” está sujeto a debate. Muchos economistas aseguran no encontrar recuperaciones fuertes correspondientes a crisis fuertes. No, al menos, al corto plazo: dos ejemplos serían la recuperación tras la Gran Depresión (años treinta del siglo XX) y aquella que sufrimos recientemente, la Gran Recesión (segunda década del XXI). Es cierto que para lo catastrófica que fue la Gran Recesión (dieciocho meses en EE.UU.), la cosa se recuperó rápido en términos de “números gordos” pero también es cierto que para el común de los mortales, esa recuperación no se ha manifestado de manera evidente todavía hoy.

Nota 2: Otra cuestión muy importante: nótese que todo esto de lo que estamos hablando es referente al estudio de economías del Primer Mundo, que son los que ofrecen datos para un estudio de mayor calidad. No sabemos a ciencia cierta si esto se produce también en las economías de países inestables o del Tercer Mundo.

Tras esto, concluimos y terminamos de resumir la faena en que Rallo dice esto…

En definitiva, aunque pueda resultar muy cómodo apelar a la autoridad de Friedman para echar por tierra las ricas conclusiones alcanzadas por autores de la talla de Hayek o Mises a cuenta de los ciclos económicos, me temo que no sirve: no sólo plantea la cuestión de manera errónea, sino que llega a conclusiones plenamente compatibles con la teoría austriaca. Será menester, pues, buscar mejores argumentos.

Todo mentira.

Demostrado.

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X. Distintas variantes de la TACE. La teoría de descalces de plazos de Rallo.

¿Queda algo más por decir?

Mucho más. Pero, antes, lo que quiero que el lector note, por si alguno me viene con ésas (muchos intentaron escaquearse conmigo de la misma), que encontrará por internet (¿dónde si no?) distintas variantes o versiones de la teoría austríaca del ciclo económico…

o, ya puestos, una infinidad de teorías, a cada cual más loca que la anterior…

que vienen a demostrar que han descubierto la razón o las razones tras los ciclos económicos.

Como ya hemos visto, todas ellas son falsas obligatoriamente.

Porque los ciclos económicos en sí mismos no son regulares. Y no existe una única causa tras las crisis económicas o los periodos de expansión.

Repetimos: cualquiera que diga que ha encontrado la razón tras todos los ciclos económicos, miente. Da igual que le busque la relación entre las crisis con los tipos de interés, la migración de la anchoa cantábrica o los pedos que se tira la reina de Inglaterra.

Ya está demostrado que esas relaciones son espurias, interesadas o incompletas.

Es más… el que logre demostrar una correlación fuerte entre una cosa y la otra, suele lograrlo porque fuerza la relación.

Porque hace cherry-picking (selecciona sólo los datos que le interesa para demostrar su teoría). Hay un ejemplo muy gracioso que seguramente os hayáis encontrado anteriormente que viene a correlacionar el aumento de la temperatura global con el número de piratas.

Un ejemplo de estas teorías del tipo “yo, yo sí que puedo demostrar las causas tras las crisis económicas” es la variante del TACE que expone el mismo Juan Ramón Rallo con su teoría del descalce de plazos.

Obviamente, a Rallo no se le puede escapar pero que ni por asomo que la TACE, tal y como la exponen Mises, Rothbard y Hayek es falsa a simple vista en sus argumentaciones: los bajos periodos de tipos de interés NO se correlacionan con crisis siguientes. ¿Qué es lo que hace él para no participar (del todo) en el vapuleo de la teoría austríaca? Decir que él la ha refinado hasta el punto de hacerla válida y sin críticas. Cambia tres o cuatro palabras, lo justo para marear al lector ocasional y confundirlo, haciéndole creer que la base es correcta y él lo que hace es “mejorarla” de cara a las críticas.

“La teoría miseana no es que sea falsa, lo que pasa es que… mmm… está incompleta, eso, sí. Le falta un pelín para ser perfecta. Yo vengo a completarla. La verdadera razón tras las crisis económicas son los descalces de plazos”.

¿Qué cojones es un descalce de plazos?

A grandes rasgos, esto: 

el descalce de plazos. Si un banco toma “depósitos” (que para nosotros son préstamos) a un año, y luego los presta a veinte años, puede ocurrir que el “descalce” conduzca al banco a la quiebra.

Fuentes (tal y como lo entienden los ultraliberales).

Inbestia.

El Instituto independiente.

Grosso modo, la diferencia de tiempo entre el préstamo y la devolución.

Seguramente, más de un lector antiliberal esté babeando de regusto ante lo que anticipa que va a ser una masacre de esa “teoría”, ¿verdad?

Pues no: la voy a dar por buena.

“¿¿¿Cómoooooorrrrlll??? Pero… pero… ¿no la vas a desmontar?”

¿Para qué? Si ya sabemos de antemano que no es cierta.

Mejor dicho: el descalce de plazos puede ser cierto como una de las causas de una crisis económica. Porque es una de las formas de ausencia de liquidez (más adelante trataremos sobre ello).

Vamos a repetirlo porque hay muchísima gente que no se entera: las crisis económicas y, más específicamente las financieras, suceden por multitud de factores. Multitud. Son fenómenos muy complejos en los que intervienen muchísimos factores. Tanto que es imposible físicamente encontrar UN solo factor que las cause todas, que es lo que pretenden hacer ver los austríacos. Ni tan siquiera existe un factor mayoritario.

Eso es lo que descubrió la Economía científica:

A) Que las crisis suceden por multitud de factores.

B) Pero sí que es cierto que se demuestra un porqué común a cómo se producen.

Repito lo que dije en el anterior artículo sobre este tema:

Primero, lo que mencionó Tullock, un dato importantísimo y que ni los austríacos ni otros radicales de la Economía se paran a señalar…

El tercer defecto que le atribuyo trata de la aparente creencia de Rothbard de que las depresiones y los booms son cíclicos. Existen análisis estadísticos que detectarían esos ciclos si existieran

Por internet y por otros sitios de más que dudosa seriedad a la hora de efectuar análisis económicos… se empeñan en buscar las posibles relaciones entre crisis económicas con los más variopintos motivos: con los tipos de interés, con la llegada al poder en determinados países de un partido de izquierdas o de derechas, con las fluctuaciones de la menstruación femenina, hay incluso grupos de inversores que reacionan las crisis con los movimientos de los astros.

Que no os engañen: en el caso austríaco no hay ni tan siquiera correlación. En la mayoría de asociaciones que os encontraréis no hay ni regularidad. Si hubiera relación empíricamente comprobable, ya la habríamos descubierto. Hay decenas de millones de personas buscándola continuamente desde hace siglos, ya que sería la llave para ganar una pasta inmensa (o salvarse de antemano). Eso de buscar correlaciones entre las diferentes crisis económicas con sucesos o fenómenos concretos y regulares específicos se abandonó hace años en el estudio serio de la Economía como se abandonó la búsqueda del Santo Grial.

Cualquiera que os venga con que ha descubierto la correlación demostrada entre crisis económicas con lo que sea, MIENTE.

Por mucho que algunos se empeñen en buscarle tres pies al gato, no existen correlaciones demostradas entre las crisis económicas y financieras… con una causa específica. Esto es, no suceden por ciclos regularmente ni previsiblemente.

Nanay de la China.

Por ponerlo más claramente expuesto: da igual cuál correlación busquen los austríacos, marxistas, cartistas, o quien coño quieran. Si de verdad existiera esa correlación que señalan en cada una de sus diferentes teorías…

…LA ESTADÍSTICA PODRÍA DEMOSTRARLA.

Es por eso que cuando los demás economistas pedimos a cualquiera que nos venga con “¡Eh! ¡Yo sí sé a qué se deben regularmente las crisis económicas!”, que modelice matemáticamente ese “descubrimiento”. Para que podamos comprobar si de verdad sucede esa correlación regularmente y sin fallos como él asegura.

Todavía estamos esperando.

Algunos, como los austríacos, ni se molestan en formular matemáticamente: saben de sobra que ello demostraría que su correlación (cualquiera: bajos tipos de interés, “descalce de plazos” de Rallo, etc.), no sucede. Y es por eso que los economistas notamos que los austríacos “no utilizan matemáticas”… no que no las utilicen para nada, sino que no utilizan modelización… y que las matemáticas que utilizan (si es que llegan a utilizarlas, porque recordemos que los austríacos le niegan a las matemáticas validez como herramienta de análisis de la realidad) ESTÁN FALSEADAS. Aquí, una explicación de Hazlitt de pura vergüenza, como ejemplo.

La Economía como ciencia demostró hace la tira de años (y continúa recomprobándolo año tras año) que no existe una única causa de una crisis económico-financiera. Son multitud de factores o “motivos” los que influyen en su aparición. Sí se ha demostrado, no obstante, la presencia de alguna característica común. ¿Quieren saber más? Pues sigan leyendo a Paul Krugman:

Paul Krugman

Paul Krugman.

Esta “teoría de la resaca” es perversamente seductora –no porque ofrezca un camino fácil para salir, sino porque no lo ofrece. Convierte los meneos de nuestras gráficas en una representación teatral sobre la moral, un cuento sobre el orgullo y la caída. Y ofrece a sus adherentes el placer especial de dispensar un doloroso consejo con una clara conciencia, seguros en la creencia de que no son gente sin corazón, sino que están meramente practicando el “amor severo”. Poderosas como puedan parecer estas seducciones, deben ser resistidas –porque la “teoría de la resaca” está desastrosamente equivocada. Las recesiones no son necesariamente la consecuencia de las expansiones.

[…]

La “teoría de la resaca” puede hacer verdadero daño. Esos puntos de vista “liquidacionistas” jugaron un importante papel en la difusión de la Gran Depresión –con teóricos “austríacos” tales como Friedrich von Hayek y Joseph Schumpeter argumentando sin descanso en lo más profundo de aquella depresión, contra cualquier intento de restaurar cualquier tipo de “frágil” prosperidad expandiendo el crédito y el suministro de dinero. Y estos mismos puntos de vista están contribuyendo en su medida a inhibir la recuperación de las deprimidas economías mundiales en este mismo y preciso momento.

[…]

Y, de hecho, la llave a la revolución keynesiana en el pensamiento económico –una revolución que convirtió a la “teoría de la resaca” en general y a la teoría austríaca en particular en algo tan obsoleto como los epiciclos fue que John Maynard Keynes se dio cuenta de que la cuestión crucial era no por qué la demanda de inversión caía a veces, sino por qué tales caídas causaban que toda la economía cayera.

[…]

Aquí está el problema: como un problema de simple aritmética, el gasto total en una economía es necesariamente igual al ingreso total (toda venta es también una adquisición, y viceversa). Así que si la gente decide gastar menos en bienes de inversión, ¿no significaría eso que deberían decidir gastar más en bienes de consumo -ello implicaría que toda caída de inversión debería estar siempre acompañada de su correspondiente alza en consumo? Y si eso sucede, ¿por qué debería haber un incremento del desempleo?

Fuente.

Ahora ya sabéis por qué los economistas serios abandonaron hace tiempo la búsqueda de la correlación de una crisis económica con un algo específico: desde Keynes sabemos que los motivos de que aparezca una crisis pueden ser… cualquier cosa: una plaga, una bajada o subida de tipos de interés, un cambio climático, una guerra, un terremoto, una especulación bursátil masiva, un desfalco o bancarrota gubernamental o bancaria o que un gobernante se levantara con el día tonto y decidiera cambiar la moneda del país.

Lo importante no es buscar el motivo regular de la aparición cíclica de una crisis PORQUE NO EXISTE… lo importante es que, ahora, sabemos que TODAS las crisis económicas tienen como característica común que gran parte de la población, de los mercados, quiere tener más dinero a la vez y “de sopetón”… que circulante o líquido (sea éste moneda de oro, saco de trigo, billete o anotación contable): se pide mucho más dinero repentinamente del que hay disponible para poder ser usado.

Ése… es el problema. Tan simple (y tan difícil de entender para el fanático) como eso.

Os acabo de resumir siglos de investigación académica en Economía en unos cuantos párrafos (vamos, en realidad el mérito corresponde a Tullock, Caplan, Krugman y a todos los que lo han sabido explicar).

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Por si alguien me quiere preguntar más sobre por qué la teoría de descalce de plazos de Rallo en concreto y en específico es falsa o incorrecta, lo haré pero le advierto que no tiene por qué obcecarse mucho con ello porque, como hemos visto, da igual si es cierta o es falsa en tanto en cuanto ya está demostrado de antemano que no es ni la única causa ni la más relevante para entender por qué suceden las crisis y que incluso como poder, puede ser una de las causas.

Para empezar, el mismísimo Rallo admite (no puedo evitar reírme) con vergüenza que no tiene muy desarrollada su propia teoría (ya vimos que ni su enlace conduciendo a una explicación de la misma funciona):

Crítica de otros liberales.

La crítica de Adrián es razonable, sobre todo habida cuenta de que los principales defensores de la teoría de la liquidez (que, en realidad, no habría que limitar a Antal Fekete y un servidor sino extender, al menos, a Francisco Capella y, sobre todo y ante todo, José Ignacio del Castillo) no hemos escrito ningún tratado o libro profundizando en el asunto. En mi caso, dado el tiempo que dedico para escribir, podrá parecer extraño e incluso sospechoso: si es una teoría tan profunda y tan fundada, ¿por qué no la ha resumido en un libro? Básicamente, porque los tratados de teoría monetaria han de estar muy bien hilados y son muy amplios, así que difiero su tratamiento para más adelante.

Texto en la web de Juan Ramón Rallo.

A ver, como ya hemos podido comprobar, el cómo suceden todas las crisis económicas se debe a que, por las causas que sean, los agentes económicos (personas, empresas, etc.) necesitan hacer uso de inmensas cantidades de dinero líquido (en poco espacio de tiempo). Es, pues, cierto, que la falta de liquidez es la razón más importante para que se produzca una crisis económica.

El problema de Rallo (y de todo economista radical) es que cometen el error interesado de hacer ver que la causa de esa falta de liquidez es concreta y específica, que esa falta de liquidez se debe a aquello que más les “interesa” explicar. En su caso, al descalce de plazos. Y, una vez más, hoy día ya deberíamos saber que la falta de liquidez se puede deber a multitud de causas.

Voy a poner un ejemplo clarito: cuando sucedió el terremoto de Kobe de 1995, Japón, se produjo tal devastación que los ciudadanos y empresas japonesas (y el Estado nipón), recuperaron a toda prisa el dinero que tenían invertido (incluso perdiendo por retirarlo rápidamente, antes de plazo) por todo el sudeste asiático pues… coño, porque les hacía falta para reconstruir su país.

Fuente académica.

Eso provocó una oleada de crisis económicas en los países donde tenían invertido su dinero porque, de la noche a la mañana, dejaron de tenerlo: muchos bancos se quedaron con pocos fondos, muchas empresas locales se quedaron sin el dinero para pedir prestado, los mercados bursátiles japoneses cayeron a plomo, etc. Esa falta de liquidez repentina causó una sucesión de crisis económicas locales.

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Más claro no puede quedar el impacto del terremoto de Kobe de 1995 en la bolsa japonesa y el yen japonés. Ni bajos tipos de interés ni pollas. Fuentes: en la misma imagen.

El caso más conocido de afectación fue el hundimiento del Banco de Barings. Un bróker, Nick Leeson, había estado especulando con gigantescas cantidades de dinero en fondos de inversión japoneses y singapurenses. Al retirar muchos inversores japoneses repentinamente su dinero (repito: incluso perdiendo) y caer con ello los indicadores bursátiles nipones, dejaron con el culo al aire a todos los que habían estado especulando con ese dinero o en esas bolsas, Leeson entre ellos. O a los que simplemente lo hubiesen estado usando para invertir honradamente. Para evitar perder, Leeson se dedicó encubiertamente a gastar más dinero de su banco para sostener el valor de sus títulos que habían bajado por la huida japonesa. Nótese que los bancos centrales ni sus tipos de interés tuvieron poco que ver en esta crisis económica, al contrario de lo que aseguran los austríacos, que les echan de continuo la culpa de estas crisis.

Por dejarlo de una de forma mejor expuesta… lo del descalce de plazos no es que sea absolutamente falso sino que si ése fuera el problema básico de por qué suceden las crisis económicas, estaríamos todo el día de crisis económicas porque siempre hay descalce de plazos. Es más, siempre hay algo de falta de liquidez. Continuamente. Ahora mismo, en este mismísimo momento, hay por todo el mundo miles de millones de dólares, euros, etc., atrapados en descalce de plazos, siendo invertidos por bancos, fondos de inversión, fondos de pensiones, amigos, círculos sociales o por mi madre, que tiene una cuenta de ahorro a plazo fijo por cinco años.

El motivo principal de por qué suceden las crisis económicas, pues, no es necesariamente que tengamos paralizada mucha cantidad de dinero en inversiones, plazos fijos, etc., que sí, puede ser importante en un momento dado ¡pero es que eso estará siempre ahí! sino que, de repente, de sopetón, en poco espacio de tiempo, todos (o la mayoría), reclamemos gran cantidad de liquidez. Porque eso es lo que verdaderamente causa el que “se pillen” unos a otros préstamos y deudas con sus respectivas recuperaciones.

Es descalce de plazos en el sistema bancario es una de las muchas formas que adopta la falta de liquidez. Es decir, el hecho de que no haya liquidez (insistimos: por la causa que sea) de manera repentina, es más grave y más básico que la forma en por qué no hay liquidez. Porque ésta (la falta de liquidez) puede asumir numerosas formas… y se da de continuo. No podemos evitarla por el simple y llano hecho de que somos humanos con una economía humana y que incluso en los estadios más primitivos de nuestra civilización, se dan procesos de deuda, préstamo y apalancamiento (la mismísima cosecha tiene su propio proceso de apalancamiento bajo la forma de destinar esfuerzo, costo de oportunidad y semillas a un producto futuro… que puede fallar). Cada vez que se produzca un disloque (como un terremoto o un desfalco masivo), sieeeeempre va a haber alguien (banco, empresa, ciudadano) al que eso va a pillar con el pie cambiado en términos de dinerito. Otro ejemplo: cuando se usaba dinero en forma de monedas de oro (o metal), la falta de liquidez venía dada no ya porque se tuvieran depositadas estas monedas a plazo fijo o acaparadas quietas en una cámara acorazada (que también) sino porque no había suficientes para satisfacer la demanda de la población y las empresas. No había suficientes para reflejar la economía del momento. Eso causaba crisis continuas y recurrentes (muchísimo más que con el dinero en formato de papel moneda o electrónico). Nótese que éste es uno de los mayores motivos si no el principal en contra de (volver a) usar el oro como moneda que, de hecho, es una de las obsesiones de los austríacos. Lo mismo que he dicho del oro se puede aplicar a cuando se usaban sacos de trigo como moneda en el Egipto faraónico.

Una vez más, si alguien me pregunta por qué los austríacos predican tanto el volver al oro, sound money o cualquier otra forma de dinero de escasa creación con la de desventajas que conlleva, os repito esto:

Imaginaos una sociedad de diez millones de personas con una economía en la que circulen diez mil millones de unidades monetarias de curso legal (dólares, etc.).

Imaginaos que en esa sociedad, de repente o en muy poco espacio de tiempo, queden sólo tres unidades monetarias.

Imaginaos la puta barbaridad que valen ahora esas tres monedas.

Imaginaos la inmensa cantidad de poder que tendrían los pocos que controlasen esas tres monedas… que, para colmo, tenderían a ir siempre hacia los dueños de los medios de producción (los ricos) dada su misma naturaleza de escasez.

¿Qué es más fácil, controlar diez mil millones de monedas o tres monedas?

Pues ahí tenéis el verdadero motivo.

Toooodo gira alrededor de lo mismo. En última instancia siempre aparecen sus intereses, los de los más ricos, de fondo. ¿Por qué para los ultraliberales, neoliberales, austríacos y ricos en general prefieren combatir obsesivamente la inflación (normalmente fruto del aumento de la masa monetaria) antes que el desempleo? Porque la inflación es más peligrosa para ellos: su dinero pierde valor (las políticas de generación de empleo, que suelen ser contrarias a las de combate de la inflación, les son contraproducentes: ellos ya tienen su empleo y/o fuentes de financiación). Nótese que ésta es la gran razón tras la aplicación conservadora-liberal de políticas de austeridad en la Europa dirigida por la conservadora Merkel, al contrario que la política expansiva de creación de dinero y empleo del mucho más progresista gobierno Obama en EEUU. ¿Por qué quieren desregulación? Para poder hacer y deshacer a su antojo lo que quieran con su dinero en términos de inversión independientemente de las consecuencias. ¿Para qué necesitan de arreglar una crisis financiera con una devaluación monetaria que les afecta al valor de su dinero cuando pueden hacer lo mismo con una devaluación interna que para colmo consiste en pagarle menos a tus empleados?

¿Por qué los más ultras y radicales de liberalismo y del capitalismo insisten tanto en la vuelta al oro o la implementación de sistemas monetarios donde la moneda sea más escasa y valga más? Para que el dinero que ellos tienen/ganan valga MÁS AÚN.

A todos los tontos que se crean las propuestas de la escuela austríaca, permitidme deciros que os están dando por el culo… y, encima, os está gustando.

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Volviendo al tema del debunking de la teoría de descalce de plazos de Rallo, insisto: no es que no sea un factor de las causas de las crisis económicas. Es obvio que si se tiene mucho dinero apalancado en inversiones en el sistema financiero, eso genera falta de liquidez “en la calle”. Pero es que eso es obvio y ya lo sabemos todos. O deberíamos.

Vamos, por decirlo de forma que todo quisqui lo pueda entender:

  1. Rallo viene a descubrirnos la pólvora y los huevos fritos: nos está diciendo lo que ya sabemos desde los años de la polka y recomprobado en los treinta del siglo XX. Y el tipo, encima, presumiendo de haber hecho un descubrimiento grandioso.
  2. Comete un fallo horroroso (e interesado) al limitarse en circunscribir esos efectos de falta de liquidez al sistema bancario cuando cualquier economista sabe que la falta de liquidez se ha dado históricamente con bancos y sin bancos. Por ejemplo, cuando usábamos monedas de metal o sacos de trigo.
  3. Y no lo hace inocentemente. Lo hace porque lo que pretende es forzar la relación de las crisis económicas dentro del sistema bancario y así poder, más tarde o más temprano, echarle las culpas de lo que sea al banco central estatal (que con sus decisiones desinforma al emprendedor, “distorsiona la información” y tal y cual; se ve que los emprendedores que tan buenos son para verlas venir e improvisar en un entorno de mercado no son capaces de predecir los subeybajas de los tipos de interés del banco central). Me imagino que todavía no habrá acabado su libro sobre la teoría de descalce de plazos porque todavía está intentando hacer encaje de bolillos para juntar todo ello.
  4. De todas formas (y mira que ya lleva hostias dadas la teoría), es muy sencillo desacreditar matemáticamente esa teoría. De ser responsables los descalces de plazos… ¿por qué no causan las crisis regularmente? De ser cierto lo de los descalces de plazos, estaríamos de crisis… todo el puto día.
  5. Por no mencionar que el descalce de plazos se da incluso con ausencia de entidades bancarias estatales… y de regulaciones. ¡¡¡COÑO, JUANRRA!!! Vaya puta mierda de teoría, macho, ¿no habías caído en eso, tú que como ultraliberal siempre hablas de eliminar regulaciones? ¿O qué pasa? ¿Si sólo hay bancos privados y sin regular (que es lo queréis los ultraliberales) no se va a producir el descalce de plazos? Anda y vete a cagar. El descalce de plazos se produce sí o sí o también por el mero hecho de depositar, prestar o invertir, ya puestos. El descalce de plazos no es un fenómeno particular de los bancos, es un fenómeno general del proceso de mercado. Del mero y simple hecho de tener una economía humana. Si las crisis económicas son producto de los descalces de plazos, entonces deberían verse sus efectos (y efectos similares) en todos los tipos mercados (la industria naval, la hostelería, la producción agrícola, etc.) en mayor o menor medida cada vez que hay crisis. Es más, cuando hay crisis no se observa que todos los tipos de mercado ni actúen igual, ni se recuperen igual ni se vean afectados de la misma forma por estos descalces de plazos. Nótese que esto último es en sí el germen de otra hostia para la teoría austríaca, que explicaré más abajo. Sigan, sigan leyendo.
  6. Al no explicar (o no mencionar) el innegable y evidente hecho de que los descalces de plazos se dan en mercados regulados y sin regular, y centrarse en el mundo bancario cuando en realidad se dan en todo mercado… lo que hace es darle la razón a Keynes. La gente… ¿por qué coño pone su dinero de tal forma que quede en descalce de plazos si eso es peligroso y causa crisis? Ah, sí: animal spirits… porque quiere ganar más pasta. Pues vaya con los inversores racionales, los emprendedores previsores y los superhombres liberales que no se dejan llevar por las distorsiones ajenas al mercado producidas por los malvados bancos centrales. En última instancia, siempre aparece que el ser humano es irracional, avaricioso y codicioso (en mayor o menor medida). La codicia humana, el ansia por ganar dinero, la especulación (que no es sino forzar los límites de los préstamos, descalces de plazos incluidos)… es MAYOR causa de crisis económicas, un motivo subyacente más omnipresente que los descalces de plazos, Juanrra.

Un ejemplo desenfadado:

Paco el inversor libegal cuñado: -Joder, Manolo, ¿Me puedes prestar diez mil euros? Me hace falta para la operación de vesícula de Venancia, mi mujer, que lleva cinco años malucha.

Manolo el keynesiano de andar por casa: -Pero, vamos a ver, ¿sabías que más tarde o más temprano le iba a hacer falta el dinero para la operación y no ahorras?

Paco el inversor libegal cuñado: -No, si el dinero lo tengo. Lo que pasa es que lo puse en el fondo de inversiones del Bank Of Quintanilla que me da un buen beneficio. Y si lo saco ahora, me penaliza y como las acciones están bajas, le pierdo encima.

Manolo el keynesiano de andar por casa: -Si es que siempre te ha podido el ansssia por la pasta, macho.

Resumiendo: Paco ha apalancado su dinero, sin previsión racional porque le ha podido el ansia (animal spirits). Tiene una crisis económica personal.

Lo más importante: la solución. Sea por descalce de plazos o por su puta madre en escabeche, lo que todos los economistas serios señalan (o deberían señalar si no fueran liberales) es que, entonces, si el problema básico es la falta de liquidez… ¡¡¡coño!!! ¡La solución es aumentar esa liquidez! ¡¡¡NO CONSTREÑIRLA MÁS AÚN QUE ES LO QUE PREDICAN LOS AUSTRÍACOS!!!

Si el problema de las crisis es que no hay suficiente dinero para todos, la solución es precisamente abrir el grifo, no cerrarlo. Ya tenemos experiencia de sobra con estas cuestiones: la Gran Depresión (años treinta del siglo XX) y la Gran Recesión (esta última que sufrimos desde 2008), se han visto aumentadas precisamente por haber aplicado políticas de recortes en vez de políticas expansivas.

Nótese que ésta es la gran razón tras la aplicación conservadora-liberal de políticas de austeridad en la Europa dirigida por la conservadora Merkel, al contrario que la política expansiva de creación de dinero y empleo del mucho más progresista gobierno Obama en EEUU.

Una vez más, en palabras de Krugman:

Como a menudo sucede en Economía (o, ya puestos, en cualquier desafío intelectual), la explicación de cómo suceden las crisis, aunque sea una explicación lograda sólo tras un viaje intelectual épico, resulta ser de los más simple. Una recesión sucede cuando, por cualquier razón, una gran parte del sector privado intenta aumentar sus reservas de dinero líquido a la vez. Aun a pesar de toda su simplicidad, la visión de que una recesión tiene por causa un exceso de demanda de dinero hace de la teoría de la resaca un sinsentido. Porque si el problema es que la gente quiere colectivamente mantener más dinero del que hay en circulación, ¿por qué no simplemente incrementar el suministro de dinero?

Pues los “austríacos” se oponen a eso, que es la solución decente a una crisis económica: abrir la mano y gastar para reactivar la economía (políticas económicas anticíclicas). Los “austríacos” piensan que lo que hay que hacer cuando estamos en una recesión… es cerrar el grifo (políticas económicas procíclicas), que los bancos no presten y que se joda el que necesite pedir prestado, que ya se regulará solo el mercado, se lleve por delante a quien se tenga que llevar.

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Bueno, pues no perdemos más el tiempo en esta mierda de la teoría austríaca del ciclo económico (Rallo’s version) que, como hemos podido comprobar la desmonta un chimpancé con poco esfuerzo (¿por qué os creéis que los austríacos no tienen renombre ni consideración de seriedad en el mundo académico? Coño, con vuestros ojos lo habéis podido comprobar) y pasamos a dos puntos verdaderamente más importantes.

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XI. La verdadera razón (aparte de otra más) por la cual la TACE es falsa.

Yo, de verdad… es que… no sé cómo cojones es que hace falta que yo escriba (vuelva a escribir) esto.

Me tiemblan las fibras de la pura ira ante la estupidez y el fanatismo que deja ciegos a los fans (que los hay y cada vez más) del ultraliberalismo.

Mira que llevamos ya hostias dadas a la Teoría Austríaca del Ciclo Económico por todos lados: que si los ciclos no son regulares, que una crisis no viene causada obligatoriamente por el boom anterior, que si las tasa de interés bajas no se corresponden con crisis económicas, que si Milton Friedman sí que destrozó la TACE, que si la versión de Rallo es más falsa aún que la de Mises, etc., etc. y recontraetcétera.

Pues… ¿sabéis qué?

Que nada de eso importa una mierda.

Sí, lo que estáis leyendo: esos argumentos importan una maldita mierda llena de moscas verdes gordas para demostrar que la TACE es falsa.

Los austríacos, ancaps, aynrandianos, fans de Milei y ultraliberales… y todo tontopollas alt-righter que se cree el nuevo superhombre emprendedor y luego resulta que vive con sus padres comiendo doritos mientras trollea foros y chats defendiendo el ultracapitalismo… han mirado hasta la última coma con tal de desacreditar estas críticas.

TODO menos la mismísima base.

Que la TACE es falsa se demuestra…

EN EL MISMO PUTO ENUNCIADO, PANDA DE SUBNORMALES.

¿En qué es falsa la Teoría Austrica adel ciclo Económico con la que los austríacos dicen que demuestran cómo suceden las crisis económicas? Pues muy fácil: que LAS CRISIS ECONÓMICAS NO SUCEDEN COMO DICEN ELLOS.

Tan simple y tan sencillo como eso.

[…] los ciclos de alzas y bajas son causados no por los misteriosos entresijos del sistema capitalista sino por la intervención del Estado en ese mismo sistema.

[…] Ellos [se refiere a Ricardo y la Currency School] fueron los primeros en dares cuenta de que los ciclos de alzas y bajas eran causados por interferencias en la economía de libre mercado causadas a su vez por inyecciones inflacionistas de crédito bancario, alentadas por el gobierno. Estas alzas conllevarían posteriormente una depresión, que no es en realidad más que un ajuste de la economía para corregir las interferencias del alza.

[…] la inyección de crédito bancario, alentada por el gobierno; un alza marcada por malas inversiones causadas porque las señales del libre mercado han sido falseadas por las alteración de la inflación; el final de la inflación revela estas malas inversiones; y finalmente, la depresión como corrección por parte del libre mercado de las ineficiencias y distorsiones de esta alza.

[…] Por tanto, la depresión, lejos de ser un mal demoledor, es el retorno beneficioso y necesario de la economía a la normalidad tras las distorsiones impuestas por el boom [“auge, bonanza”]. Así pues, el boom conlleva causar un bust [“quiebra”].

Fuente: Por qué suceden los ciclos de negocio. Por Murray Rothbard. Mises Institute.

¿Os acordáis de lo que ya expuse?

Hablando ya en términos económicos, los partidarios de esta teoría, creen que un periodo sostenido de bajas tasas de interés y de excesiva creación de crédito, acaba por causar un estímulo para pedir prestado al sistema financiero. Esta expansión de crédito causa a su vez una expansión del suministro de dinero, a través del proceso de creación monetaria dentro del sistema de reserva fraccional bancaria. Eso conduce a un boom insostenible de dinero creado mediante préstamos que estimula artificialmente a su vez las inversiones de riesgo para solucionar una tasa de ganancia que es cada vez menor (se gana cada vez menos porque con tanto dinero presente se copan todos los negocios seguros posibles). Una corrección de ese proceso (llamado “crunch crediticio”, “recesión” o “bancarrota”) ocurre cuando el crecimiento exponencial de la creación de crédito no se puede sostener más (o no hay más gente para pedir más préstamos o se gana de beneficio cada vez menos). Cuando eso sucede, el suministro de dinero cae repentina e inesperadamente, lo que hace que todo el mundo vuelva a reposicionar su dinero en cosas seguras o lo ahorren. O que se queden sin dinero porque lo van a perder, claro. Ése es el famosísimo y tantas veces mencionados por austríacos y ultraliberales reequilibrio o “autorregulación de los mercados”, que dictan por su propia naturaleza a dónde debe ir a parar el dinero de las inversiones, sin intervención del Estado ni de los bancos centrales.

Pero vamos, que si no os fiáis de mí, os paso de nuevo con Caplan, Tullock y Krugman (total, el que inventó Ctrl + C y Ctrl + V es amigo mío):

Bryan Caplan:

La teoría austriaca también sufre de inconsistencias internas. Si, como dice esa teoría austríaca, las preferencias iniciales de consumo/inversión “se recomponen a sí mismas”, ¿por qué las industrias de bienes consumibles no disfrutan de un alza gigantesca durante depresiones duraderas? Después de todo, si los precios de los bienes de capital son demasiado elevados, ¿no están demasiado bajos los precios de los bienes de consumo? […] La teoría austríaca predice un declive del empleo en algunos sectores, pero un incremento en otros; así que no hace nada por explicar por qué el desempleo es alto durante las “alzas” y bajo durante las “bajas”.

Fuente (la traducción desde el inglés es mía).

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Gordon Tullock:

El segundo defecto que le encuentro a Rothbard [Nota: uno de los autores “austríacos” que elaboró la teoría del ciclo de crédito de la escuela austríaca] tiene que ver con su aparente creencia de que la gente de negocios nunca aprende. Uno podría pensar que la gente de negocios se puede equivocar un par de veces en los primeros giros del ciclo de Rothbard y que no anticiparían que una tasa de interés bajo acabará por subir más tarde. Que continúen siempre siendo incapaces de figurarse eso, sin embargo, parece bastante improbable. Normalmente, Rothbard y otros austríacos aseguran que los emprendedores están bien informados y realizan buenos juicios. […]

El tercer defecto que le atribuyo trata de la aparente creencia de Rothbard de que las depresiones y los booms son cíclicos. Existen análisis estadísticos que detectarían esos ciclos si existieran y eso es lo que se ha aplicado a los datos históricos. El resultado de estos análisis muestra más un camino aleatorio que un ciclo. Ya que Rothbard enfatiza como uno de los puntos fuertes de su teoría el que explica el ciclo natural de depresiones y booms, esta revelación estadística debería parecerle de la mayor importancia.

Pero esto son minucias y no mi objeción principal. [Nota: más claro no se os puede decir.] Mi objeción principal, poniéndola de forma bastante contundente, es que si el proceso que Rothbard describe de verdad sucediera, debería haber continuamente multitud de bancarrotas corporativas y gente de negocios saltando por las ventanas de sus oficinas, y sólo habría como consecuencia un poco de desempleo temporal.

Fuente (la traducción desde el inglés es mía).

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Paul Krugman:

Y, de hecho, la llave a la revolución keynesiana en el pensamiento económico –una revolución que convirtió a la “teoría de la resaca” en general y a la teoría austríaca en particular en algo tan obsoleto como los epiciclos fue que John Maynard Keynes se dio cuenta de que la cuestión crucial era no por qué la demanda de inversión caía a veces, sino por qué tales caídas causaban que toda la economía cayera.

[…]

Aquí está el problema: como un problema de simple aritmética, el gasto total en una economía es necesariamente igual al ingreso total (toda venta es también una adquisición, y viceversa). Así que si la gente decide gastar menos en bienes de inversión, ¿no significaría eso que deberían decidir gastar más en bienes de consumo -ello implicaría que toda caída de inversión debería estar siempre acompañada de su correspondiente alza en consumo? Y si eso sucede, ¿por qué debería haber un incremento del desempleo?

Krugman, como Caplan y Tullock, se refiere a que si los booms o expansiones generan un aumento del empleo sólo o principalmente en los sectores afectados, ¿por qué cuando hay una recesión se ven afectados todos los sectores masivamente en cuanto a desempleo? ¿No debería haber una recolocación hacia los nuevos sectores favorecidos por las bajadas de precios de una recesión, tal y como dicen los “austríacos”? La “teoría austríaca”, que predica el reequilibrio propio de la autorregulación del mercado no explica esa inconsistencia interna, sobre la cual “pasan de puntillas” porque si no, se vería a las claras que el tan cacareado proceso de “reequilibrio de los mercados” de los “austríacos” no sucede. No tal y como lo explican ellos. Tras una crisis y en una recesión prolongadas, los parados de los sectores afectados no se resitúan en “sectores seguros”, ni mucho menos lo hacen rápidamente. Lo normal es que sigan parados mientras dure la recesión. Tras una crisis, lo que sucede es que aumenta el desempleo total, no sólo el de los sectores afectados por el boom anterior (mientras que en un boom sólo aumenta el empleo en los sectores afectados). Krugman continúa diciendo que para salir de esa situación hay que intervenir porque dejándola sola, puede continuar así muchísimo tiempo (caso de la Gran Depresión).

Mira que lo puse bien clarito en el anterior artículo.

Pero noooo… ellos no se dieron (o no se quisieron dar) cuenta. Los muy gilipollas vieron la gráfica que demostraba que los tipos de interés bajo no se correspondían con crisis económicas y con eso ya se pusieron nerviosos, como pollos sin cabeza y empezaron ya a despotricar de todo… menos de lo más gordo.

Lo teníais delante de vuestras mismísimas narices.

Vamos a ver, criaturitas del Señor. Voy a ponéroslo con un ejemplo para tontos del culo a ver si así lo entendéis.

Imaginaos que os viene un tipo que os dice: “los eclipses de sol se producen porque los elefantes africanos cagan mucho tal y como demuestra esta gráfica del Chorripineich Agromenanuer Socialist Institute. Es por eso que los eclipses podemos ver el sol de color verde fosforito, porque los gases de la descomposición de las heces suben hasta la atmósfera y le hacen cambiar de color”.

Los más tontos, se cuestionarían la gráfica porque supuestamente y por el nombre, proviene de una institución socialista y empezarían a hablar de cuestiones políticas e ideológicas.

Los moderadamente tontos, se irían a recomprobar la gráfica.

Los más listos se leerían bien el enunciado de la exposición y dirían: “pues yo me asomo durante los eclipses a ver el sol y no veo que se ponga verde; lo que ha dicho el pavo ése es mentira de echarse a llorar”.

Pues con la TACE lo mismo: no demuestra una mierda sobre las crisis económicas por el simple y prostituto hecho de que las crisis no suceden como las describen los austríacos. La de veces que me he llevado las manos a la cara de desesperación ante  el fanatismo viendo cómo por internet se intentaba (especialmente) desacreditar la gráfica que demostraba que los tipos de interés bajos no se correspondían con crisis económicas. Le echaron de todo encima a la puta gráfica. De todo. Hubo hasta quien decía que estaba hecha con Photoshop (en vez de recomprobarla en la FED de Saint Louis).

Pero NI UNO se centró o tan siquiera mencionó el “detallito” de que las crisis económicas no suceden como dicen los austríacos.

Olé ahí el pensamiento crítico.

Y la ceguera del fanático.

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XII. “Vale, deja de reírte de nosotros, ya hemos visto que todo esto de la teoría austríaca es falso pero… ¿por qué la prodigan, entonces, si es tan evidentemente falsa?”

Pues porque tienen un interés personal en hacerlo.

Con esas teorías lo que pretenden es defender sus intereses y los de aquellos para quienes trabajan: los más ricos.

A ver si nos enteramos ya de una puñetera vez: los austríacos no tienen un interés honrado, sincero, científico, académico, en enseñar la realidad de la economía (si lo hicieran, deberían recurrir al método científico, la recomprobación empírica contrastable y el uso de las Matemáticas, cosas de las que reniegan abiertamente, recordemos). Se están inventando teorías para justificar el poder manejar el dinero como a cada uno, muy especialmente los que más tienen, quieran. No están proponiendo una explicación alternativa sobre la realidad física con visos de ser cierta: nos están vendiendo ideología política (y una agenda económica interesada) encubierta bajo la forma de teoría académica.

“¿Y qué problema tienes con eso?”

Con que defiendan sus intereses, ninguno.

Lo tengo con el hecho de que mientan para defender esos intereses.

Es decir, a mí no me importa que me venga uno y me diga a la cara: “mira, José María, me parece muy bien tu interés científico por conocer de verdad el cómo se producen las crisis económicas y te reconozco que la teoría austríaca es un montón de mierda llena de falsedades. Pero lo que yo quiero es hacer con mi dinero lo que me dé la gana. Quiero especular y ganar mucha pasta aunque con ello se queme el Amazonas o se hundan en la miseria millones de personas”.

Y, ¿sabéis qué? Que el que me venga con ésas está en su más que absoluto derecho a poder decirlo. Es más, le valoro a título personal el que me venga con esa sinceridad. Una sinceridad falta de empatía y propia de psicópatas, pero sinceridad a fin de cuentas. Las personas están en su más que perfecto derecho a defender sus intereses personales. Lo que incluye el querer ganar (o mantener) ingentes cantidades de dinero.

A lo que NO deberían tener derecho (y os recuerdo el art. 20.1.d) de la Constitución española), y me opongo a ello con todas mis fuerzas es a MENTIR para defender esos intereses.

¿Quiere usted especular para ganar dinero?

Perfecto.

¿Quiere usted especular para ganar dinero mintiendo si hace falta y cagándose en la Ciencia social?

NO.

Por ahí no paso.

Ni debería nadie.

“José María, no te metas tanto conmigo, no soy un fanático, es que yo creo sinceramente que las ideas de la escuela austríaca son ciertas”.

Mira, chico, si te crees sinceramente que dos más dos son un bolígrafo con medio tomate, es que tienes un serio problema… que va más allá de una mera asociación emocional. Es que estás mal de la cabeza. Como muchos otros afectados por el fenómeno del conspiracionismo, con el que tanto se enlaza la escuela austríaca. Os recuerdo que muchos freudianos de tradición lacaniana dicen que la raíz cuadrada de menos uno es igual al pene.

Yo entiendo que los ultraliberales, ancaps y demás queráis envolveros en el manto de la seriedad académica porque, quieras que no, algún adepto más va a caer, siempre vais a convencer a alguien intentando poner un mínima máscara o halo de seriedad universitaria que simplemente presentándose y decir directamente: “quiero hacer con mi money lo que me salga de los huevos; y quiero ganar mucho más, fácilmente y a toda costa”. Lo que yo digo es que los psiconormativos y las personas de tendencias más científicas, tenemos que oponernos a ello (a que se les considere como otra posibilidad cierta de analizar la realidad) y luchar justo en la dirección de eliminar estas creencias pseudo y anticientíficas del mundo académico serio de la Ciencia, de la misma forma que se luchó para eliminar del mismo ámbito a la religión. Más que nada porque la escuela austríaca, como el terraplanismo, como el psicoanálisis, no sirven para estar en y comprender el mundo: un ingeniero aeronáutico que salga de la universidad creyendo que la Tierra es plana va a acabar estrellando un avión, un psicoanalista no va a saber tratar el autismo y un economista austríaco como asesor va a acabar causando crisis económicas.

¿Qué ventaja tiene la Ciencia? Que, como decía Richard Dawkins: It works, bitches! Por eso las cosas las estudiamos científicamente, al contrario que la escuela austríaca. Porque así podemos comprender cómo funciona el mundo de verdad, manejarlo e intentar vivir mejor.

Vuelvo a repetir que es lo mismo que sucede con muchísimas otras pseudociencias (aunque, insisto, dado que reniega del método científico, a la escuela austríaca habría que calificarla de “anticiencia”): la escuela austríaca no es sino otra forma más de, para lograr unos objetivos particulares, mentir sobre la realidad física intentando mantener una (muy mínima) apariencia de veracidad. Es lo mismo que la homeopatía o el psicoanálisis freudiano: llevan la tira de años demostrados como teorías y métodos falsos. Pero falsos… con peligro para las personas.

No es ninguna broma la escuela austríaca: sus teorías han influido terriblemente en el sufrimiento causado a millones de personas con las políticas de austeridad. Políticas que, para colmo, no han resultado ser eficientes o tan eficientes como las contracíclicas (keynesianas o no).

¿Queréis recomprobar por vosotros mismos que esto es así? ¿Que tienen un interés en ello? Siempre digo que no os fiéis ni de mi palabra, y que recomprobéis lo que digo.

Veámoslo.

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XIII. La escuela austríaca en el mundo académico español. El papel de la Universidad Rey Juan Carlos en su difusión.

Como supongo muchos de los que hayáis estudiado Economía en España todo este rollo de la escuela austríaca es relativamente reciente en nuestro país (y en nuestra lengua). Su difusión con fuerza comenzó a raíz de la creación de la Universidad Juan Carlos de Madrid (URJC) en 1996.

¿Y para qué carajo quería Madrid oooootra universidad más en su suelo, si ya tenía muchas? ¿Tantos alumnos había como para requerir la creación de otra más? Muy sencillo: las fuerzas conservadoras observaban que no tenían una universidad “propia”, con su ideología, en o cerca de los pasillos del poder, en la capital de España. Es cierto y hay que admitirlo, la endogamia en la universidad española estaba muy escorada hacia el izquierdismo (como en la Carlos III). Muchos políticos, empresarios, etc., se quejaban soto vocce de que en esas universidades sólo se enseñaba “socialismo” y “marxismo” y que salían muy pocos técnicos que dieran la cara hablando con apariencia de sabio y de autoridad, de las bondades de las políticas liberales y de que había que ir desmantelando el sacrosanto (en España) sistema de Seguridad Social.

Y esas fuerzas conservadoras y liberales dieron un por culo tremendo para que se creara una universidad de su tendencia ideológica.

Fue en esta universidad, de nueva creación (durante el primer mandato del Partido Popular), donde se gestó todo un entramado propagandístico del ideario liberal. Una parte de ese entramado fue la adopción por parte de la facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (que incluye Derecho y Economía) de las teorías austríacas, las que más furibundamente defendían el capitalismo laissez-faire, la desregulación del mercado, la privatización a saco matraco, etc. No se tardó mucho en notar que empezaban a salir voces chillonas de esa universidad (habréis visto comentarios de exalumnos austríacos en mis artículos) y como que todos o prácticamente todos los profesores universitarios austríacos salían de allí (cuando antes de los noventa no se encontraban ni buscándolos con el candil de Diógenes). Estos profesores (como Jesús Huerta de Soto) formaban a alumnos que luego ocupaban otros cargos en la misma universidad (Juan Ramón Rallo), creaban revuelo mediático, polémica, disensión académica, institutos de difusión, titulaciones y cursos… “polémicos” de másters, daban conferencias, etc.

Como podéis estar comprobando… es prácticamente la misma estrategia que adoptaron los austríacos en Hispanoamérica con la universidad guatemalteca Francisco Marroquín, de donde salieron personas como la ínclita y nunca bien ponderada Gloria Álvarez.

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Gloria Álvarez, quizás la cara más reconocible del propagandismo ultraliberal y austríaco en las Américas. Fuente: la Vanguardia de México.

Por cierto, que esa universidad tienen numerosos acuerdos bilaterales con la URJC y con el Instituto Juan de Mariana, etc., etc. “Dios los cría y ellos se juntan”, que diría mi muy católica abuela. Es la misma estrategia que usan los evangelistas para predicar su religión en los países de lengua española: en España no tienen éxito, se van a los países de Hispanoamérica, que no tienen tanta preparación académica previa… y luego lo vuelven a intentar en España ya con gente captada que sabe nuestra lengua, tiene nuestra cultura, se cuela entre los intersticios de nuestra sociedad, etc.

Sigamos.

Es muy conocido el hecho de que Huerta de Soto obtuvo su más famoso premio en la universidad Rey Juan Carlos por un tratado sobre lo fantásticas que son las pensiones privadas. Planes de pensiones privados (1984). También tiene este otro “trabajo”: Ahorro y previsión en el seguro de vida (2006).

Punto nº1. Las pensiones privadas son un MOJÓN demostrado como inversión. Y os lo dice un inversor como yo. Pero por si no me creéis.

Punto nº2. Huerta de Soto es dueño de una empresa que vende pensiones privadas, heredada de su abuelo: España, S.A.

¡Qué jodío Huerta de Soto! Un tipo que defiende la desregulación, el laissez-faire y la privatización de lo público, ganando su buen sueldo a costa del Estado en una universidad pública… y enseñando a futuros inversores desde el punto de vista interesado de uno que vende planes de pensiones privados… que son, probablemente, una de las peores formas de invertir tu dinero (en España).

Luego dicen los austríacos que es que se les tiene manía. Amos, no me jodas.

Obviamente, aquello no podía acabar bien (como no acabó bien Guatemala con las enseñanzas en economía que recibió su gobierno por parte de profesores de la Francisco Marroquín).

La universidad Rey Juan Carlos se convirtió en un antro de corrupción de los gordos, con escándalos vinculados con políticos (de todo tipo pero especialmente del Partido Popular) que fueron acumulándose y estallando uno detrás de otro, sobre todo durante el mandato como presidente de Mariano Rajoy.

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Bueno, vamos a parar aquí porque si no, agoto el espacio disponible de almacenamiento en mi web.

Lo que quiero que comprobéis es que pseudociencia, mentiras académicas y corrupción (política y económica) van de la mano. ¡No tiene más remedio! Las mentiras, especialmente las de índole más básica, acaban afectando al causar mal desempeño en la realidad física.

Fue lo mismo que sucedió históricamente con la intromisión del psicoanálisis y el posmodernismo en el mundo académico y universitario francés y argentino. O los problemas que causaron el tolerar la homeopatía en la universidad alemana o los que trajeron ser tolerantes con la enseñanza del creacionismo en el sistema educativo estadounidense.

Ahora, nos enfrentamos a que aumentan el número de muertos por no ser vacunados y que los terraplanistas están empezando a aumentar en número.

Y que surgen incontables economistas de ciertas facultades que predican políticas de austeridad procíclicas ante las crisis cuando la evidencia empírica apunta a lo contrario.
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XIV. En defensa de la libertad de expresión bien entendida. Una confesión: mi aprecio personal a la escuela austríaca.

Esto que viene a continuación es un resumen, un desahogo personal y algo que quiero sacar de dentro desde hace mucho.

Llevo muchísimo tiempo desmontando bulos, mitos, falsas creencias y falsas teorías de la conspiración. Ya deberíais conocer mi recorrido como activista social en favor del sentido crítico, el racionalismo, la lógica, el escepticismo, el método científico (incluso en Ciencia Social) y la denuncia de falsedades, muy especialmente las relacionadas con la pseudociencia y el extremismo político.

Es cierto que siempre que he tenido la oportunidad he pedido muchísimas veces que se saque a la escuela austríaca del currículum académico universitario de la misma forma que lo he pedido con el marxismo, la homeopatía o, más en general, con la religión en la educación (soy un activista por el laicismo efectivo). Pero nótese que nunca les he quitado a las personas que creen en esas gilipolleces el derecho a poder expresarse. Una cosa es pedir eliminar algo de un recorrido curricular y otra, muy distinta, prohibir que se exprese un mensaje.

Admito y reconozco que hay días que me he levantado de la cama como un talibán cientificista y si por mí hubiera sido, le habría quitado a todo el mundo el derecho a ser tonto y habría prohibido no ya difundir esas ideas sino cualquier mentira porque me ha parecido entender que la mera exposición a una idea, por evidentemente estúpida que sea, puede hacer que alguien (especialmente los más ignorantes o los más… a ver cómo lo digo… “débiles”) caiga en ellas: si ponemos a un millón de personas a sumar dos más dos segurísimo que alguno hay que por guasa, ganas de trolleo, porque esté cabreado, chiflado, estresado, etc., diga cualquier resultado que no sea “cuatro”.

Pero esos días de los que hablo son los menos.

Hay una cuestión relacionada con todo ello que me han preguntado en muchas ocasiones y que yo mismo he tenido que investigar (y testar) profusamente hasta poder dar una respuesta clara y concisa: ¿tienen las personas derecho a decir estas mentiras? ¿Puede venir un loco, un malvado, un tonto o alguien que simplemente se haya levantado cabreado a decir mentiras del nivel: “la tierra es plana”, “las vacunas causan autismo” o “los periodos largos de bajos tipos de interés causan crisis económicas”?

La respuesta, si bien hay mucho que puntualizar es que, a grandes rasgos, sí.

Hay excepciones como, por ejemplo, los delitos de odio. Pero son muy, muy específicas y muchas pseudociencias no entran en ello. Y relacionado con las pseudociencias, cada vez están más incluidas en nuestro reglamento legal las limitaciones a la homeopatía, remedios milagrosos, psicoanálisis, etc. Pero esas limitaciones nos está costando obtenerlas a los activistas sangre, sudor y lágrimas. Sí, aun cuando deberían aplicarse a la de ya y por mera inercia del sistema judicial (en vez de por acción social) porque esas mentiras afectan nada más y nada menos que a la salud de las personas. Muere gente por causa de estas creencias. Yo mismo en su día intenté denunciar ante los tribunales a los negacionistas del SIDA.

No me dejaron.

Es más, se pudieron muy nerviosos los fiscales cuando intenté hacerlo.

¿Por qué?

Por el mismo motivo por el que no se puede denunciar una creencia por falsa que sea: por ejemplo, la creencia en dioses está sustentada en falsedades (los dioses no existen), y en torno a esa creencia se forman entramados que, obviamente, no deberían tener reconocimiento alguno… ni existir, ya puestos (colegios privados religiosos, exenciones fiscales, derecho a procesionar y detener el tráfico, matriculaciones de inmuebles, etc., etc.). El cristianismo y el islam, por citar algunos, son sistemas de creencias más que falsos y probados como tales. Pero no puedo prohibirlos. Sus seguidores son muchos y el intentar hacer algo que, de todo punto es razonable (eliminar los efectos de su creencia de la esfera pública), generaría una tensión social que muy probablemente acabara en conflicto violento.

Como sociedad, optamos por anteponer la paz pública y la tolerancia a la imposición de la verdad o, mejor dicho, a la eliminación y castigo de la mentira como concepto.

Porque es más fácil. Tal cual.

Intentar frenar la mentira demostrable empíricamente conllevaría el colapso total de nuestra convivencia social.

Y tengo que admitir eso.

Mi papel aquí consiste no en convencer de su error al ya convencido (eso es muy difícil)  sino en que estas falsedades no se extiendan más. En ofrecer al que busque un contraste y una comprobación, eso mismo. Pero no puedo pretender frenar una marea de emocionalismo humano.

Por no señalar dolorosamente que el intentar hacer efectivo ese “freno de la mentira” implica una cantidad de trabajo inmensa y tener que destinar ingentes cantidades de recursos (más policía, jueces especializados, tribunales, presupuestos gigantescos, etc.). Muy pocos gobiernos estarían dispuestos a meterse en un “fregado” que incluso podría acabar afectándoles a ellos. ¿Os imagináis poder denunciar a un gobierno o a un político si pudiéramos demostrar empíricamente que miente? Estarían prácticamente todos en la cárcel con ese sistema tan sólo tirando de hemeroteca. No podemos esperar mucha ayuda de las instituciones, especialmente las más políticas y jurídicas: por uno u otro motivo, no les interesa esta lucha.

Es decir, el sistema de Derecho democrático occidental (principalmente romano y germánico) está basado en la asunción de que tengo que comer mierda a montones, aguantar y envainármela aunque yo sea capaz de demostrar empíricamente que eso es una mierda y una falsedad como creencia o como ideología. Insisto en que estoy hablando en líneas generales: el poder denunciar la creencia en que no existió el Holocausto judío ya fue un auténtico triunfo. No ha habido muchos triunfos como ése. Sólo en casos extremos y específicos se puede penalizar la mentira (falsedad en documento público, etc.) pero no en general y especialmente si afecta a creencias como las ideologías (que a final de cuentas es lo que es la escuela austríaca: una ideología). ¿Que a mí me gustaría que el movimiento antivacunas fuese considerado también un caso extremo? Pues sí. Pero repito lo dicho: mucho trabajo, poca ganancia y rédito electoral para solucionar un problema que muchos gobernantes, políticos y juristas consideran que es mejor tolerar y dejar pasar… sí, mientras se acumulan los muertos.

Lo vuelvo a repetir: la grandeza de la libertad de expresión es que todos podemos decir prácticamente lo que queramos (con excepciones legales) y la miseria de ésta es esa misma: que cualquiera, incluidos los radicales y extremistas pueden decir prácticamente lo que quieran aunque muchas veces sean brutalidades. Es el precio que pagamos por disfrutar de ella.

Lo voy a dejar claro desde primerísima hora: Juan Ramón Rallo (y los autores austríacos) tienen derecho, al menos dentro de la jurisdicción española, a poder exponer y difundir sus ideas, aunque podamos demostrar empíricamente sin mucho esfuerzo que no son ciertas.

Sí, aunque sean más falsas que un tsunami en Bolivia.

Como les acoge a los marxistas y terraplanistas para poder seguir difundiendo las suyas. “¿El marxismo?”, se preguntará algún sorprendido. Sí, el marxismo también es pseudociencia demostrable como tal. Y lo digo a viva voz: tanto quiero ver a la escuela austríaca fuera de las aulas universitarias como al marxismo. Conmigo no va la incoherencia o la hipocresía de decir: “me opongo sólo a lo falso que no va con mis ideas, lo que vaya con mis ideas, aunque sea falso, lo acepto o lo tolero”. NO. Yo no tolero lo que sea falso, venga de donde venga. Ésa es una de las grandes lecciones que quiero dar sobre sentido crítico, objetividad y pensamiento científico y racional.

De hecho, y para delicia de algún lector liberal que pase y lea, le puedo afirmar que el mismo varapalo que le he dado a la escuela austríaca como pseudociencia se lo he dado al marxismo como pseudociencia, también. Sírvanse pasar y leer (y disfrutar).

Volviendo a lo nuestro. A Rallo, por ejemplo y en concreto, le acoge el art. 20 (1. c) de la Constitución española en cuanto a libertad de cátedra porque es profesor universitario.

Pero y es un grandísimo pero… a todos ellos les recuerdo que el mismo derecho que a ellos les acoge para predicar sus ideas, me acoge a mí para demostralas o exponerlas ante el público como inciertas. Es más, también me acoge a mí el art. 20 tanto en:

Se reconocen y protegen los derechos:

a) A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.

como en:

d) A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. […]

Además, tengo otro motivo para ser tolerante con la exposición de las pseudociencias, más específicamente las de índole más académica y soft, como la escuela austríaca, a diferencia de las más hard, como el movimiento antivacunas (a las cuales directamente es que quiero que se las prohiba y se les aplique castigo de índole penal):

a) Me sirven para poner al límite los conocimientos de la Ciencia empíricamente demostrable y a revisar sus fundamentos. Vamos a admitirlo: uno no se para a pensar a menudo en la base de la realidad a no ser que venga un payaso como Milei o un “listo” como Hayek y te la cuestione.

b) Me sirven para, a través de su debunking, enseñar auténtico conocimiento respaldado por la evidencia. Esto es una verdad como un castillo: muchas personas no se interesan por un tema hasta que no tienen que ver en qué se equivoca o hasta que no tiene que discernir a través de una polémica qué es lo cierto y qué no. Es una especie de educación a la inversa (o como la ingeniería inversa).

c) Me parto el culo de la risa con ella.

Lo voy a reconocer en público: a la escuela austríaca le tengo un cariño especial, personal. Es mi pseudociencia. Aquella a la que le he dedicado más tiempo y esfuerzo. Y la que más me ha hecho reír.

Y no quiero censurarla.

Quiero que la saquen de la universidad, por supuestísimo (y dejarla sólo como estudio de recorrido histórico del pensamiento economicista como… pues yo qué sé, como todavía se estudia el modelo geocéntrico en Astronomía, para saber qué pensaban en tiempos anteriores). Pero… ¿prohibir y censurar la exposición de sus ideas?

No.

Probablemente (o eso quiero pensar) nuestros descendientes lejanos (si no nos hemos exterminado a nosotros mismos por el camino) miren un día hacia atrás desde su momento histórico y digan… “vaya tela las gilipolleces que pensaban en Economía los tarados de nuestros ancestros, ¿eh?” y ya hayan descartado las cuestiones pseudocientíficas porque hayan adquirido como especie un sentido más racional que el que tenemos ahora y empleen el método científico hasta para ir a cagar, llegando a prohibir (o eliminar) el concepto de “mentira”. Pero, ahora mismo, he de admitir que prohibir algo sólo sirve para potenciarlo mediante contrareacción (funciona más el limitarlo; sé de lo que hablo: os recuerdo que estudié Marketing).

No todo el mundo tiene unos esquemas mentales funcionales, ni una educación, ni una biología personal sin problemas, etc. Hay que comprenderlo y hay que actuar en consecuencia.

Entender esto fue un viaje épico personal. De toda la vida he sido un intolerante contra lo anticientífico. Y sigo siéndolo. Pero… hasta yo, como ser humano, tengo emociones. No soy un robot. Puta carcasa biológica, tete. Y tengo días en los que estoy “blandito”. Hoy es uno de ellos. Mañana, ya veremos.

Ah, por cierto. Dedicado con humor a Juan Ramón Rallo de parte de unos paisanos míos:

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