Un ejemplo de mala calidad en divulgación científica. Veracidad y relevancia proporcionadas del MONIAC y la curva de Phillips. Una crítica constructiva al keynesianismo.

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Hoy vamos a pasar a hablar sobre la calidad de la divulgación científica.

Continuando con la descarga de contenido de mis redes sociales para volcarlo en este dominio, voy a aprovechar para ampliar y perfeccionar lo que ya dije en su momento.

Nota: hoy voy a hacer el experimento de no justificar el texto. Algunos de mis lectores me dicen que les resulta muy cargante para la lectura de textos tan largos como los míos.
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0. Introducción.

A principios de 2018 se me preguntó por mi opinión en calidad de divulgador sobre Economía científica por parte de uno de mis contactos acerca de este artículo de blogthinkbig.com que se encontró en el portal de noticias Hipertextual (dedicado a noticias de Tecnología y Ciencia y, por lo que he podido notar, les dan allí un tratamiento de índole más “curiosa” que técnica o plenamente detallada).

El artículo trata sobre la existencia del MONIAC, un primitivo ordenador inventado por el economista neozelandés William Phillips allá por 1949 y que, según el autor del artículo, predice crisis económicas.

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MONIAC
He aquí una imagen del llamado Phillips Economics Analog Computer (“computadora u ordenador analógico para medición económica de Phillips”), diseñado por Bill Phillips en la London School of Economics en 1949, también conocido como MONIAC (Monetary National Income Analogue Computer o “Computadora Analógica para la Medición de la Renta Nacional”). También se la llamó Phillips Hydraulic Computer (“ordenador hidráulico de Phillips”) y el Financephalograph (“finanzafalógrafo”). Esta máquina fue concebida por Bill Phillips (1914-1975), un ingeniero neozelandés que se pasó al estudio de la Economía. Bill diseñó la máquina para demostrar de una manera visual la circulación del flujo de dinero dentro de una economía. En su caso, la británica. Se tienen contabilizadas catorce de estas máquinas, y ésta en particular que aparece en la imagen se estuvo utilizando como herramienta educativa en las clases de la London School of Economics hasta mayo de 1992. Foto: Science Museum Group Collection © The Board of Trustees of the Science Museum

El autor aprovecha también para hablar de otro concepto económico (modelo) creado por este economista, la llamada “curva de Phillips”, que versa sobre la relación entre inflación y desempleo.

Este contacto me trajo el artículo para que se lo analizara porque creyó ver que era demasiado espectacular, muy sensacionalista.

Y no se equivocaba.

Voy a utilizar ese artículo como ejemplo de divulgación científica de baja calidad.

Siento tener que ser tan tajante pero creo que cuando terminéis de leer mi réplica, entenderéis los motivos. Paso a dejar el texto de ese artículo aquí para que podáis comparar cómodamente (también por si el autor modifica el texto, que lo ha hecho desde la última vez que lo leí y por si ese enlace desaparece).

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“Un ordenador hidráulico, la bola de cristal de la economía a mediados del siglo pasado

Escrito por David G. Ortiz, 3 de octubre de 2014 a las 17:30

William Phillips pasó a la historia por una curva, la que lleva su apellido, que a Merkel le suena a chino: la que establece la relación inversamente proporcional entre la inflación y el desempleo.

Menos conocida, sin embargo, es otra de las creaciones de este brillante economista neozelandés. Hablamos de MONIAC, el primer ordenador hidráulico capaz de predecir los vaivenes de la economía de un país en base a las decisiones de sus gobernantes.

El curso acelerado de economía al que hemos asistido involuntariamente desde que empezó la crisis hubiera sido mucho más sencillo –y rápido: en dos tardes, a lo Zapatero– si hubiéramos tenido a mano este particular ordenador analógico. No es que las máquinas del S.XXI que tenemos en casa, o los smartphones que llevamos en el bolsillo, tengan potencia insuficiente para cumplir esta misión. Más bien son demasiado complicados.

El enorme aparato que ves en las imágenes se llama MONIAC, un simpático apelativo que procede de la unión de ENIAC, nombre del primer ordenador digital de la historia (fabricado por IBM y casi contemporáneo de nuestro protagonista) y money. También hace referencia velada a la palabra maniac (maníaco) y son las siglas de Monetary National Income Analogue Computer. Por si fuera poco, también oirás hablar de él como el ordenador hidráulico de Phillips o el finanzafalógrafo. Impronunciable los sábados por la noche.

Cuando el neozelandés William Phillips pergeñó el artefacto en 1949, en un garaje y utilizando piezas recicladas de un viejo bombardero, su finalidad era didáctica. A punto de concluir su etapa de estudiante, pretendía hacerse con una plaza de profesor en la London School of Economics. Y vaya si lo consiguió. Su máquina dejó al respetable asombrado no sólo por su potencial educativo, sino también – y sobre todo – por su utilidad para predecir la deriva económica de un país en base a las decisiones de sus gobernantes.

Con sus dos metros de alto y su metro y pico de ancho, MONIAC luce imponente a mediados de siglo, cuando los pocos ordenadores que existen son para uso militar o gubernamental. Sus tripas, perfectamente visibles, están compuestas por cubetas y tubos montados sobre un panel de madera. Cada uno de los recipientes representa un aspecto de la economía de un país –originalmente, el Reino Unido– y chorros agua coloreada fluyen de uno a otro en representación del dinero.

En lo alto, un cubo más grande que el resto hace las veces de Tesoro Público. Desde las arcas de la nación, el agua se trasvasa a otros contenedores (la educación, la sanidad…) simbolizando el gasto, cuya cuantía se controla con un grifo que se abre y se cierra en función de las prioridades del gobierno.

También juegan un papel importante las familias, el sistema financiero, las importaciones, las exportaciones, los impuestos, la política monetaria… Un sinfín de variables que pueden manipularse para comprobar los efectos que una decisión podría conllevar para la economía (si la economía fuera una ciencia exacta). Tenía un margen de error, según Phillips, de sólo el 2%. En aquella época, al parecer, tenían demasiada fe en los modelos matemáticos.

Tan interesante como la propia máquina es la historia de su creador, que no se ha hecho célebre precisamente por el MONIAC, sino por otra de sus aportaciones: la célebre curva de Phillips, que representa la relación inversamente proporcional que existe entre la tasa de desempleo y la inflación de una economía. Esa que Merkel olvida cuando dice “temer a la inflación” teniendo en países como España un 24,5% de paro.

Nacido en Nueva Zelanda en 1914, Phillips marchó pronto a la nación vecina, Australia, para ganarse la vida haciendo un poco de todo, desde cazar cocodrilos hasta producir películas. Tiempo después marchó a China, presenció la invasión japonesa en 1937, huyó a Rusia, la atravesó a bordo del mítico Transiberiano y llegó un año después a Gran Bretaña. En las islas estudió ingeniería eléctrica y se alistó en la Royal Air Force.

Durante la Segunda Guerra Mundial, fue destinado a Asia. Vivió una segunda invasión japonesa, esta vez en Singapur, de la que logró escapar en el acorazado Empire State. Con la mala fortuna, eso sí, de ser apresado nada más llegar a Java. Acabó en un campo de concentración donde pasó tres años. Y todo esto sucedió mucho antes de recalar en la London School of Economics e inventar el MONIAC, el primer ordenador hidráulico capaz de predecir la economía. Pero esa historia ya la hemos contado…”

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Vistal frontal integral de un MONIAC. Fuente: revista Fortune, número de marzo de 1952, página 100. Autor: William Vandivert (sí, el fundador de la agencia Magnum).

 

1. Trasfondo: la dificultad en la divulgación científica.

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Lo primero es que hay que reconocer que la divulgación científica, como actividad, tiene una gran dificultad intrínseca en tanto que tiene que combinar dos elementos que chocan mucho entre sí, ya que:

-El conocimiento técnico y científico…

-se tiene que volver accesible a la sociedad.

Es decir, existen muchísimas personas que quieren informarse sobre este tipo de conocimiento pero que no disponen de la formación para comprenderlo al mismo nivel de complejidad con el que lo entiende un profesional, técnico o científico, que ha empleado grandes cantidades de tiempo y esfuerzo en dominar esa materia.

Se trata, en muchísimas ocasiones, de simplificar y resumir conocimientos complejos a un nivel tan básico que lo pueda entender cualquiera o, mejor dicho, una mayoría de la población, sin tener mucha base y en poco tiempo.

Es muy difícil combinar rigor en la información científica con hacerla accesible, esto es, fácil de entender para cualquiera.

Como supongo os podréis imaginar, eso entraña un terrible peligro. Porque en el proceso de simplificar se pueden producir muchísimos errores. O alguien puede aprovecharse de esa “traducción simplificadora” para introducir mentiras o intereses particulares (ideológicos, políticos, monetarios, etc.) a un público desconocedor de la materia.

Una vez más, voy a ser claro y tajante: prefiero que no se divulgue antes que divulgar mal. La divulgación… o se hace bien, o no se hace.

Así de clarito lo digo.

Dicho de otra forma: para divulgar mal o de manera incorrecta, con inexactitudes, etc., prefiero dejar la información científica a palo seco en peer-reviewed papers y dejar el asunto en manos de los técnicos y científicos y el debate en el seno de la comunidad académica. Y no pasa nada por ello: mi madre nunca llegó a enterarse de cómo funciona una nave aeroespacial y aun así, la investigación y progresos aeronáuticos siguieron su curso sin mayor problema. Primero van el rigor y el progreso científico y, después, la divulgación. Sé que va a sonar un poco elitista lo que voy a decir pero los científicos tienen que debatir entre ellos, con calma, seriedad y atendiendo a la complejidad antes que permitir entrar al grueso de una población ignorante de esa complejidad a estorbarles en su quehacer preguntando: “y esto, ¿por qué lo haces así? ¿por qué no lo haces de otra forma que a mí que no tengo ni maldita idea me parece mejor?” Vamos a poner un símil: ¿os parecería eficiente que a un cirujano, en plena operación experimental, le entrase uno de la calle a mirarle por encima del hombro y a corregirle o comentarle lo que está haciendo? ¿Estaría bien que un “cuñado” típico le enmendase la plana a un ingeniero civil mientras comprueba densidades de materiales? La plana se la tiene que enmendar otro ingeniero civil o técnico en área relacionada.

Es cierto que tenemos que divulgar sobre Ciencia porque la población general tiene que entender aunque sólo sean los conceptos básicos de aquello que nos hace avanzar como sociedad y especie, tiene que aprender cosas como que es bueno destinar fondos públicos a la investigación espacial, que el uso de combustibles fósiles tiene un gran peligro porque causa cambio climático y los alimentos transgénicos son un avance eficiente que ayuda a eliminar el hambre en el mundo. La gente debe entender cuestiones sobre su salud, economía y aprender a entender cómo funciona la electricidad.

Simplemente quiero reseñar que eso hay que hacerlo bien.

Es más, mi opinión personal es que no se debe dejar la divulgación en manos de cualquiera sino en:

1) Conocedores especialistas en la materia
2) que a la vez sean especialistas en divulgación.

Entrando más en profundidad, sí, considero que debería existir una formación específica reglada para poder divulgar Ciencia de manera autorizada.

Por si alguno intentara torpemente el echarme en cara eso, le recordaré o le señalaré por si no lo sabe, que aparte de economista inversor soy técnico en marketing y he estudiado Publicidad y RRPP. En mi persona no se da el caso de “en casa del herrero, cuchillo de palo” ni el de “aplíquese el cuento.”

Hablando ya más específicamente, estoy en contra de utilizar artificios como la espectacularidad, el sensacionalismo, el énfasis en la característica de “único” o “radical” de aquello que se quiera divulgar, de remarcar lo novedoso y el “¿a que no sabíais esto?”, entrar en cuestiones tangenciales en lugar de centrarnos en lo básico, hacer de la simplificación un carácter genérico de la enseñanza de Ciencia e incluso estoy en contra de divulgar conceptos muy complejos ante un público demasiado poco formado (considero que la enseñanza de los conceptos se tiene que acompasar con la madurez y la experiencia del individuo que la recibe: enseñarle Econometría o Física cuántica a un niño de cuatro años me parece una barrabasada en la que acabaremos cayendo como se siga pretendiendo enseñar idiomas… ¡incluso a los fetos!).

Esas cuestiones, por más que sirvan para llamar la atención y atraer público no me gustan como forma de llamar la atención para divulgar Ciencia. Ni nos interesan como sociedad. Porque, en líneas generales, causan el divulgar errores y falsedades (intencionadas o no) y se suelen utilizar muchas veces no ya para divulgar sino para atraer la atención sobre el “divulgador” o sus intenciones. Que no siempre son buenas.

Entiéndase: no estoy en contra de utilizar elementos como infografías coloridas, el humor o incluso la bronca o la estética poética inspiradora para llamar la atención. Yo mismo empleo todo eso.

Estoy en contra de la falta de rigor y de exactitud.

Si un divulgador no es capaz de lograr ambas cosas, que haga el favor de no divulgar porque causa más problemas que ayuda.

Espero haber dejada clara mi postura que creo que es bastante sensata.

Y, ahora sí, vamos a ver un ejemplo de lo que digo comentando ese artículo sobre el MONIAC y la obra de Phillips.

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2. ¿Tan revolucionario fue el MONIAC?

El artículo hace referencia a la existencia de un ordenador hidráulico (sí, de ésos que utilizan lógica de fluidos) analógico, de los primeros tiempos de la informática (1949), creado por el conocido economista (y más cosas) neozelandés William Phillips (1914-1975).

“Hablamos de MONIAC, el primer ordenador hidráulico capaz de predecir los vaivenes de la economía de un país en base a las decisiones de sus gobernantes.”

Ese ordenador no predice un carajo.

Así de claro.

Ahora hablamos de ello.

Como podréis leer, el artículo está redactado de forma que llame la atención por lo espectacular y lo curioso en vez de detallando correctamente el logro técnico científico en sí o dándole la importancia proporcional que merecería el asunto. Es decir, ese ordenador ni es un logro espectacular, ni lo es tampoco el concepto económico en el que se basa, están sobredimensionando algo que, en puridad, no merece los calificativos de brillantez y acierto que le están prodigando, como si nos estuvieran descubriendo la pólvora y los huevos fritos. Primero, que no hay pólvora. Y, segundo, que aunque fuera un material explosivo… no arde bien. Cada vez estoy más cabreado con este estilo de divulgación. Porque “eso” no es divulgar con rigor: es querer llamar la atención con el clickbait y tiene su peligro porque al divulgar entre el personal que no tiene mucha idea, se corre el peligro de informar cosas que, con tal de apelar a la espectacularidad… directamente, no son ciertas: ese ordenador no predice crisis económicas.

Yo entiendo que los periodistas y articulistas de divulgación tienen que comer pero, lo siento mucho, NO soy partidario de estas formas, el rigor va por delante de la divulgación. Vuelvo a insistir en ello porque de eso va este artículo: en líneas generales, prefiero no divulgar a que se divulgue mal. Así de tajante. Demasiados problemas causan la desinformación, (como las fake news y la posverdad) como para que, ahora, contribuyamos nada más y nada menos que desde la divulgación.

Dicho eso, pasemos a detallar, primero el asunto técnico en sí…. y, después, el concepto económico del que se habla (la curva de Phillips).

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Alban William Housego “A. W.” “Bill” Phillips, miembro de la Excelentísima Orden del Imperio Británico (18 de noviembre de 1914 – 4 de marzo de 1975), fue un economista británico de origen neozelandés que empleó la mayor parte de su carrera académica como profesor de Economía en la London School of Economics. Su contribución más conocida al ámbito del estudio académico fue la conocida como “curva de Phillips“, modelo que describió en 1958 en su paper: The Relation between Unemployment and the Rate of Change of Money Wage Rates in the United Kingdom, 1861-1957. También fue el creador (diseñador) del ordenador hidráulico analógico conocido como MONIAC (Monetary National Income Analogue Computer) en 1949. Fotografía: Library of the London School of Economics and Political Science.

El “ordenador”, creado por Phillips, quien antes que economista fue ingeniero (tardó once años en sacarse la titulación de economista), hecho a partir de materiales desechados por los bomberos de Lancaster con un presupuesto de 400 libras esterlinas de la época (1949), consistía en un armazón de 2 metros de alto por casi metro y medio de ancho y casi uno de profundidad donde se contenían una serie de tanques de plástico transparentes conectados por tuberías, todo ello sujeto por planchas de madera. Cada tanque representaba, con agua coloreada, algún aspecto de la economía británica (Phillips era neozelandés pero desarrolló su trabajo economista principalmente en el Reino Unido). Encima del armazón se situaba el tanque que representaba los fondos de la Tesorería británica. El agua representaba el dinero y con el agua de la Tesorería se iban llenando los otros tanques, o sea, una representación de cómo un país gastaba el dinero de su presupuesto (había tanques para Salud, Educación, etc.). El gastar más en Salud o Defensa, p.e., afectaba al gasto en otras partidas. El agua se podía bombear (y con diferentes velocidades) de vuelta al tanque superior para representar los impuestos, etc. Había más formas de representar conceptos económicos en este sistema tales como: inyección de agua para representar inversiones, desagües para despilfarros, etc. (las salidas finales de agua de las versiones más avanzadas se podían incluso conectar a impresoras de la época para dibujar gráficas).

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Esquema simplificado de un MONIAC. Figura 11.1 del capítulo 11 en The History of the Phillips Machine, Nicholas Barr (2000). El artículo se puede encontrar en Leeson, Robert, (ed.) A. W. H. Phillips : Collected Works in Contemporary Perspective. Cambridge University Press, Cambridge, págs. 89-114.

Así pues… ¿qué tenemos aquí?

Eso no es un ordenador con capacidad para predecir una mierda.

Es una herramienta educativa.

Me enseña que si saco agua de un lado ésta va a parar a otro. Me muestra las repercusiones de una acción.

Y ésa era la intención de Phillips: poder mostrarle a los políticos (y a sus alumnos en la London School of Economics) las repercusiones de sus políticas a un nivel extremadamente simple (recordemos: en aquellos tiempos no existían ordenadores como los conocemos hoy en día y estaban a disposición sólo de estamentos muy especializados, como el militar). Pero vaya, que no es nada que no se pueda lograr en una pizarra con unos cálculos de contabilidad básicos, también. Phillips hizo esa máquina porque creía ver (y no se equivocaba) que los políticos tomaban decisiones sin visualizar sus posibles efectos. EL MONIAC lo que venía a hacer era poner, a la vista de un lego, de un no entendido, una situación relativamente compleja para que, de un vistazo, entendiera esa situación.

Como ya deberíamos saber, las representaciones esquemáticas como las fórmulas matemáticas y los números, no son tan fácilmente comprensibles a simple vista como una imagen. Es por eso que se usaban vidrieras representando escenas religiosas en las iglesias para educar en religión al pueblo y usamos gráficas hoy en día en todas las áreas académicas, técnicas y científicas. Por decirlo de una forma más clara para que lo podáis entender: si ese artefacto es “capaz de predecir los vaivenes de la economía de un país” tal y como afirma el artículo, por esa regla de tres entonces un libro de contabilidad presupuestaria también es capaz de predecir los vaivenes de la economía de un país… y de forma mucho más acertada. Si alguien considera un logro extremo o alucinante un ábaco o un libro de colores pues chico, qué quieres que te diga… cuando te enteres de que existen las calculadoras te va a dar un infarto de la emoción, ¿no?

Ahora bien, todo muy bonito y aparentemente muy claro, ¿verdad? ¿Cuál es el problema?

Son varios.

El principal es que todo aquel que se entera de la existencia del cacharrito, lo flipa en colores. “¡Uy, se tenía ya en 1949 un ordenador que predecía crisis! ¡Impresionante! ¡Fijaos en Phillips, que hablaba chino, criaba cocodrilos, fue gerente de cines, ingeniero, creaba aparatos para hervir agua en los campos de prisioneros, un genio incomprendido como Tesla!”

Y no es para fliparlo tanto. Como podéis ver, el MONIAC es simple hasta decir “¡basta!”, una máquina de andar por casa como las que creaba Bill cuando era ingeniero y reparaba radios. Por establecer una comparativa cercana (ordenadores británicos de la época), la máquina de descifrado de Alan Turing sí fue un logro impresionante… y mucho más eficaz y con más implicaciones ciertas que sentaron las bases de un inmenso posterior desarrollo científico.

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Phillips dando clase con dos MONIAC con los que realizar un análisis comparativo entre dos economías de dos países diferentes. Imagen: Leeson, Robert, (ed.) A. W. H. Phillips : Collected Works in Contemporary Perspective. Cambridge University Press, Cambridge, página 109.

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3. El concepto tangencial: la curva de Phillips.

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El otro gran problema, éste mucho más serio, es que para algunos de mentes simples o aficionados a lo espectacular, la existencia de esa máquina analógica venía a demostrar que su teoría como economista, la llamada “Curva de Phillips”, por la que es más famoso, era cierta. Eso es falso o, mejor dicho, muy tergiversado. En el artículo y me hace gracia que se nota que el autor busque no pillarse los dedos afirmándolo, no viene explicitada esa identificación así de claramente pero dado que me lo llevo encontrado en infinidad de otros lugares por internet desde hace años y dado que en el artículo sí se afirma que el MONIAC puede predecir los vaivenes de la economía, sumado a que sí menciona también la curva de Phillips y a la referencia que se hace en el mismo a que Angela Merkel no la conoce… es como si lo dijera, sólo que veladamente. Y aunque no lo dijera (ahora soy yo el que no se pilla los dedos, donde las dan, las toman), procedo a aclarar que eso no es cierto para completar la crítica.

Phillips fue muy buena persona. Nada más lejos de mi intención que el manchar su recuerdo. Como el hombre sufrió tanto durante la Segunda Guerra Mundial (fue prisionero de los japoneses), se interesó mucho por la sociedad y el sufrimiento de las personas. Llegó a estudiar Sociología porque quería contribuir a mejorar las condiciones de vida de la población. No le gustó esa área académica (por lo visto la impartían de manera muy aburrida) y se pasó a otra donde creyó ver que tendría más repercusiones: la Economía… en la London School of Economics. Y como era tan buena gente a la vez que un académico consciente, se sumó a la escuela keynesiana de Economía (que combina amor con la investigación con una preocupación por el bienestar de la sociedad y su población).

Bueno, pues de tanto observar los fenómenos económicos, Bill creyó notar que se daba históricamente (1861-1957) una relación inversa entre la tasa de desempleo y la tasa correspondiente de inflación (aumento de precios) dentro de una economía nacional (la británica). Y lo detalló en el paper de 1958 titulado The Relation between Unemployment and the Rate of Change of Money Wage Rates in the United Kingdom, 1861-1957.

A saber, que si el empleo aumentaba, aumentaban a su vez los precios. Y viceversa: si el desempleo aumentaba, los precios se estancaban o disminuían. Phillips no fue el primero en ver esta relación, Irving Fisher ya creyó verla allá por los años veinte del siglo XX pero fueron Samuelson y Solow, entre otros economistas, quienes se hicieron eco de esta teoría y la fijaron de la siguiente forma: con altas tasas de inflación, el desempleo sería bajo. La representación gráfica del concepto daría pues, una curva (“curva de Phillips”).

Una nota muy, muy, muy importante y que los economistas liberales actuales suelen callarse… es que ya en los sesenta, Samuelson y Solow advirtieron que ese análisis que hicieron se circunscribía a periodos de tiempo cortos. Que no podían demostrar que el fenómeno se diera a largo plazo, vaya.

Fuente: Samuelson, Paul A.; Solow, Robert M. (1960). Analytical Aspects of Anti-Inflation Policy. American Economic Review. 50 (2): 177–194. JSTOR 1815021.

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Representación gráfica básica de la curva de Phillips.

¿Es cierta esa relación que muestra la curva de Phillips?

Después de décadas de investigación, experimentación y observación lo que podemos decir es que:

-A corto plazo parece ser cierta.

-A largo plazo, no.

Pero hay que hacer una serie de anotaciones porque la cuestión, si no se explica, se “carga” ideológicamente, se enturbia el debate académico y se hace más difícil de entender para el público no entendido. Si habéis investigado por vuestra cuenta, habréis notado que hay por internet una pelea tremenda entre partidarios y detractores de la puñetera curva… porque se ha transformado en una pelea entre “izquierda” y “derecha”, entre intervencionistas y liberales. ¿Por qué?

Porque Phillips no estudió directamente la relación entre inflación y desempleo (esos fueron Samuelson y Solow a través del estudio de lo que dijo Phillips). El neozelandés lo que quería averiguar específicamente era si había correlación entre el poder negociador de los trabajadores para decidir su sueldo y la inflación, no exactamente la relación entre empleo e inflación. Hablando muy, muy, muy en bruto: Phillips creía que, a mayor inflación (aumento de precios), más fácil les resultaría a los trabajadores presionar a los empresarios empleadores para obtener un buen sueldo.

Como os podréis imaginar, eso desembocó de inmediato (y todavía dura) en una bronca tremenda entre quienes defienden a muerte la veracidad de la curva porque vendría a demostrar que con una inflación elevada, los trabajadores tendrían más capacidad de negociación (podrían exigir mejores sueldos) y entre quienes la niegan porque no demuestra esta relación y sería mejor centrarse en combatir la inflación porque nos afecta a todos mientras que el desempleo sólo afecta a algunos (“pobres desgraciados”).

Según esta teoría de la curva de Phillips, los gobiernos podrían ser permisivos con una tasa de inflación relativamente elevada porque ello acarrearía un descenso del desempleo. Este modelo vendría a demostrar que existe un trade-off (“solución de compromiso”, “relación coste-beneficio”) entre inflación y desempleo. De esta manera, se podrían emplear políticas monetarias y fiscales para estimular la economía, aumentando el producto interior bruto y haciendo descender el desempleo cediendo en algo de inflación como “coste” de esa relación “coste-beneficio.” Los gobiernos, tendrían, pues, una herramienta a su disposición para saber qué medidas tomar.

En resumidas cuentas, el modelo de la curva de Phillips abrió un debate entre quienes dicen que lo más importante que hay que combatir es el desempleo (izquierdistas, economistas progresistas, pobres, obreros, trabajadores…) y los que prefieren combatir la inflación (conservadores, economistas liberales, ricos, empresarios…).

¿Quién está en lo cierto?

Ninguno.

Mejor dicho, todos tienen algo a lo que agarrarse para decir que tienen la razón.

Porque la puñetera curva es un modelo simplísimo que no sirve para establecer a ciencia cierta qué es lo que hay que hacer… y lo que muestra, al menos a simple vista, es que a corto plazo es cierta pero al largo, no.

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Un caso donde la curva de Phillips parece demostrar su fiabilidad en el corto plazo (seis años): relación entre tasa de inflación y desempleo en Japón en el periodo 1986-2002. Fuente: INE Chile. Nota por si alguien se extraña de las tasas de desempleo negativas: es una tasa ajustada, de pleno empleo. Sí, los japoneses son así.
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Otro caso, uno donde la relación entre tasa de inflación y desempleo predicha por la curva de Phillips no se demuestra como cierta al largo plazo. Gráfica: inflación versus desempleo desde enero del 2000 a agosto de 2014 en EE.UU. Fuentes: FRED Database.

Ya os he comentado en numerosas ocasiones que eso se demostró como falso cuando surgió la crisis del petróleo de los setenta y las crisis económicas asociadas: se incrementaron tanto el desempleo como la inflación (la famosa “estanflación” que Milton Friedman predijo que sucedería aunque él no fuera el primero en nombrarla así). Desde entonces, se ha vuelto a recomprobar en numerosas ocasiones.

Friedman lo que vino a decir es que, al largo plazo, las políticas que no combatieran la inflación porque esperaban con ellas aumentar el empleo, fracasarían porque no lo reducirían… y nos quedaríamos sufriendo tanto el desempleo como una elevada inflación. Y de ahí algunos autores ya deducen (especialmente el mencionado Friedman y Phelps) que una política monetaria, al largo plazo, no puede afectar al desempleo y éste volvería a una “tasa natural” (la famosísima NAIRU: tasa de paro no aceleradora de la inflación). Hasta ahí, los liberales tienen la razón… lo que no te dicen con la boca grande es que, como demostró Blanchard, también se tiene razón en que sí sirve al corto plazo el que los gobiernos e instituciones monetarias intervengan para disminuir el desempleo permitiendo el aumentar la inflación y viceversa. Este “viceversa” es muy importante porque les señala dolorosamente a los liberales, que no quieren ver la intervención del gobierno ni en pintura… que es posible disminuir la inflación que tanto odian, justamente a través de esa intervención. Recordemos: a los ricos lo que verdaderamente les afecta es que su dinero pierda valor con el aumento de precios (inflación)… a ellos no les preocupa tanto el desempleo como a los demás (porque ya tienen su empleo).

La cuestión es que la relación entre inflación y desempleo hay que vigirlarla de manera “personalizada” porque no es una relación directa mecánica: no puedo solucionar las cosas apretando un botón y esperando un resultado fijo. Como gobernante o director de políticas económicas, se tiene que tener eso en cuenta. Por ejemplo y hablando muy a lo bestia, sé que me puedo fiar de ella al corto plazo si los factores exógenos no son muy poderosos, etc… pero cúando empieza el shift del corto al largo plazo no lo voy a tener claro hasta que me empiecen a llegar los datos. Y, para entonces, puede que sea tarde.

Entonces, ¿la curva de Phillips no sirve para nada? Hombre, para nada de nada, no, tampoco es eso, como hemos podido comprobar. A cada uno, lo suyo. Yo sé que mis lectores quieren respuestas binarias de “sí” o “no”… y eso, en una ciencia social como la Economía, donde las respuestas no se suelen dar en términos de blanco o negro sino en una escala muy variada de grises, no es posible.

Lo valioso de la curva de Phillips, una vez más, es su carácter como herramienta educativa (justo como el MONIAC), como concepto que hay que tener siempre presente. Porque es capaz de representar de manera muy simple una asociación muy compleja (empleo y subidas de precios; porque sabemos que existe lo que no sabemos es reflejarlo “al milímetro” ni, muchísimo menos, predecirlo). El problema es que, aparte de ser “terriblemente simplista” (en palabras de Hossfeld) para describir una cuestión terriblemente compleja y en la que entran numerosísimas variables en liza, la curva es que, simplemente, no es cierta o, mejor dicho, no tan cierta como nos la quieren vender los que patrocinan la relación entre el ordenador MONIAC y la teoría económica.

Insisto: tú no puedes, como divulgador, afirmar tajantemente que la relación entre la inflación y el desempleo queda demostrada por la curva de Phillips o que ésta predice crisis y dictamina políticas económicas concretas porque eso es falso.

Tenemos que atenernos a la rigurosidad científica. Porque si no, la podemos acabar “cagando.”

Incluso a corto plazo hay algunas ocasiones en las que la curva se demuestra como tergiversada (son los problemas de simplificar) porque el fenómeno de la relación entre inflación y desempleo es muy complejo y no tiene en cuenta muchos factores exógenos, así que creer en ella puede provocar tomar políticas económicas incorrectas (si justificamos en demasía combatir el desempleo frente a la inflación se nos puede disparar la inflación; tanto que, al final, aumente a su vez el desempleo y nos quedemos con los dos males, resultando peor el remedio que la enfermedad).

De hecho, si algo viene a demostrar la curva es que hay que ser flexibles en la aplicación de las políticas económicas y no atenerse a los extremos ideológicos como hacen los keynesianos radicales como Axel Kicillof de centrarse en el desempleo y si se dispara la inflación que lo haga aunque se derrumbe la economía productiva del país (Argentina en su caso), o combatir la inflación antes que nada como dicen los ultraliberales del estilo de Mises y si se mueren de hambre los pobres desempleados pues que les den por culo, no haber sido pobres. Nota: estoy exagerando para que se me entienda. Pero, con los dos ejemplos que he puesto… no mucho.

En la actualidad, los bancos centrales aunque la tienen presente para detectar problemas a corto plazo ya ni usan la curva de Phillips en su forma primigenia sino muy modificada para tener en cuenta ese shift o cambio a largo plazo. Personalmente, considero que la variante de Blanchard está muy depurada.

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3.1. Evaluación y comprobación econométrica de la curva de Phillips.

Veamos una explicación más clara pero más profunda, más técnica, a través de gráficas que… oh, sí, provienen de Principios de Economía de G. Mankiw. Nunca ponderaré lo suficientemente bien ese libro. Los que no quieran o no puedan seguir el ritmo, que pasen al apartado 3.2 o directamente al 4, sobre las conclusiones.

Primero, veamos la teoría y planteamientos:

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¿Se produce lo que describe el modelo de la curva de Phillips con datos del mundo real? Veámoslo. A corto plazo, parece que sí…

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El problema viene cuando empezamos a analizar periodos más largos…

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Hasta llegar a ver que la “curva de Phillips”se transforma en un churro, en cualquier cosa menos una curva cuanto más largo es el periodo estudiado:

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3.2. Una crítica al keynesianismo.

Como hemos podido comprobar, es contundente.

Tanto como que los partidarios originales de la curva de Phillips (la mayoría, keynesianos… de hecho, Phillips era keynesiano), en la actualidad, han modificado, en virtud de esa demostración empírica, sus apreciaciones. Por ejemplo, los modelos macroeconómicos neokeynesianos de equilibrio general estocástico dinámico, incluyen los precios rígidos como forma de perfeccionar la relación positiva entre tasa de inflación y el nivel de demanda, lo que conlleva una relación negativa entre la tasa de inflación y el desempleo. A esta relación se la llama la “curva de Phillips neokeynesiana.” Ésta implica que una inflación incrementada puede bajar el desempleo temporalmente, pero no puede hacerlo permanentemente. Es una corrección científica, técnica, ajustada a lo que sucede realmente con los datos en la mano.

Una vez más, lo podemos ver en el trabajo de Blanchard y Galí (2007).

Así, sí.

Señalo esto último porque lo importante de que se produzca un avance científico o una comprobación es que nos haga acercarnos a la realidad y a la búsqueda de la verdad. No empecinarnos en el politiqueo o el emocionalismo.

Es decir, si el análisis y recomprobación empírica de la curva de Phillips muestra que la relación entre inflación y desempleo es cierta al corto plazo pero no al largo cuando como keynesiano creías que sucedía en ambos periodos, te honra el modificar lo que hasta entonces creías (te puedes permitir incluso el evolucionar a “neokeynesiano”). Es la forma científica de actuar: si tu hipótesis se demuestra errónea… la modificas y la vuelves a recomprobar. Hay que ser riguroso y atenerse a la verdad aunque estuvieras equivocado.

Y no pasa nada. Todo el mundo se equivoca, nadie nace sabiendo y la Ciencia se construye sobre la base de demostración de errores previos. Todos los días estamos perfeccionando nuestro conocimiento (y más, en Ciencias Sociales como la Economía).

Pero eso va también para el otro lado: si se demuestra que es posible y beneficioso el poder modificar a corto plazo el desempleo a través de la intervención en inflación, al contrario de lo que esperaba un liberal… su deber es reconocerlo y modificar sus posturas. Pero, a diferencia de la inmensa mayoría de keynesianos, que sí han cambiado cuando procede, todavía estamos esperando a que lo hagan los liberales (especialmente los más dogmáticos): para ellos, la intervención estatal no es justificable de ninguna manera… aunque los datos indiquen lo contrario.

Lo vuelvo a repetir: eso de las escuelas económicas y la afiliación ideológica y política, es basura. Más concretamente, no es la forma más objetiva de actuar o comportarse, ni como técnico ni como persona, si me descuidan.

Es la Ciencia lo que nos tiene que guiar. Los números, los datos empíricamente comprobables son lo más próximo a la verdad. No lo que haya dicho Fulanito o Menganito como autor.

Si Friedman (o cualquiera) demuestran algo como cierto, hay que aceptarlo. Yo, en concreto, no voy a tener ningún empacho en ello. Mi mentalidad es netamente científica y racional. ¿Me gustaría que sucediera lo mismo con los liberales cuando Krugman o Stiglitz demuestran algo como cierto que no les agrada?

Sí, pero si me disculpan, me voy a sentar. Esperar de pie tanto tiempo es muy cansado.
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4. Conclusión.

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Mi crítica viene a decir que estoy hasta los cojones de que se utilicen asociaciones espurias para darle veracidad a conceptos tangenciales.

Me explico: ahí fuera hay mucho personal (principalmente radicales de los que se denominan “chairos” en Hispanoamérica o “perroflautas” en España) interesado en publicar lo “extraordinario” de la existencia del MONIAC, un ordenador primitivo… para darle una vuelta de tuerca y afirmar que la curva de Phillips también es totalmente cierta por pura lógica… y después pegan el salto para decir que la inflación no es tan peligrosa y que se puede uno poner a imprimir billetes sin problemas. Pues no. Que yo haya inventado un tornillo no me da la razón si afirmo que la Tierra es plana.

Ciertamente, como estudioso de la teoría económica keynesiana, admito que:

1) –la curva de Phillips es una herramienta básica educativa con una utilidad innegable,

2) –la inflación dentro de determinados márgenes es menos peligrosa que el desempleo (sí, a mí me gusta más pensar en el bienestar de las personas porque, además, lo considero más beneficioso a niveles macro y de output),

3) –se está produciendo un avance significativo en la investigación sobre la relación entre empleo e inflación a largo plazo que está dándole la razón a la teoría keynesiana una vez corregido el efecto a largo plazo (una vez más el trabajo de Blanchard y Galí).

Pero tenemos que tener el rigor suficiente y/o la honorabilidad de la proporcionalidad. A cada uno, lo suyo. El MONIAC es una hermosa herramienta educativa pero… simple y limitadísima. Incluso comparándola con gráficas estadísticas. Su existencia NO justifica afirmar o sugerir que la curva de Phillips es cierta. Porque ésta también es muy simple y está limitadísima… y está más que superada.

No simplifiquemos en cuestiones de extrema importancia, démosle a cada cosa la importancia que realmente merece.

Y, señores… no flipemos con lo primero que nos encontremos por internet, ¿vale?

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5. Bibliografía.

 

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Sobre el MONIAC:

Hally, Mike (2005), Electronic Brains: Stories from the Dawn of the Computer Age. Joseph Henry Press, páginas 187–205.

“Historical perspectives – The Moniac A Hydromechanical Analog Computer of the 1950s – IEEE Journals & Magazine”. 23 de abril de 2018.

A. W. H.(Bill) Phillips, MBE and the MONIAC”(PDF). Archivado desde el original (PDF) del 12 de agosto de 2013. Fecha de 28 de noviembre de 2012.

Leeson, Robert, (ed.) A. W. Phillips: Collected Works in Contemporary Perspective. Cambridge University Press, Cambridge. Octubre de 2011.

New Zealand Institute of Economic Research (NZIER). (2015). Moniac machine.

Ng, T., & Wright, M. (diciembre de 2007). Introducing the MONIAC: an early and

innovative economic model. Reserve Bank of New Zealand: Bulletin, 70(4).

Reserve Bank Museum (3 de septiembre de 2007). A. W. H. (Bill) Phillips, MBE and The

MONIAC.

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Sobre la curva de Phillips:

A. W. Phillips, The Relation between Unemployment and the Rate of Change of Money Wage Rates in the United Kingdom 1861–1957 (1958).

Principios de Economía, de N. Gregory Mankiw. Sexta edición. Parte 35: La disyuntiva a corto plazo entre inflación y desempleo.

Federal Reserve Bank of Boston, “Understanding Inflation and the Implications for Monetary Policy: A Phillips Curve Retrospective”, FRBB Conference Series 53, 9–11 de junio, 2008, Chatham, Massachusetts.

Milton Friedman, The Role of Monetary Policy (1968) 58(1) American Economic Review 1.

Hoover, Kevin D. (2008).“Phillips Curve”. Dentro de David R. Henderson (ed.). Concise Encyclopedia of Economics (segunda ed.). Indianapolis: Library of Economics and Liberty.

Qin, Duo (2011). “The Phillips Curve from the Perspective of the History of Econometrics”. History of Political Economy. 43 (Suppl. 1): 283–308.

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